Viage al Parnaso La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia) · Unidad 12 de 27
CAPITULO VIII. — parte 1
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Al caer de la maquina excesiva Del esquadron poetico arrogante Que en su no vista muchedumbre estriba:
Un poeta, mancebo y estudiante, Dixo: caipaciencia, que algun dia Será la nuestra, mi valor mediante.
De nuevo afilaré la espada mia, Digo mi pluma, y cortaré de suerte Que dé nueva excelencia á la porfia.
Que ofrece la comedia, si se advierte, Largo campo al ingenio, donde pueda Librar su nombre del olvido y muerte.
Fue desto exemplo JUAN DE TIMONEDA, Que con solo imprimir se hizo eterno Las comedias del gran LOPE DE RUEDA.
Cinco vuelcos daré en el propio infierno Por hacer recitar una que tengo Nombrada: _El Gran Bastardo de Salerno_.
Guarda Apolo, que baxa guarde rengo El golpe de la mano mas gallarda Que ha visto el tiempo en su discurso luengo.
En esto el claro són de una bastarda Alas pone en los pies de la vencida Gente del mundo perezosa y tarda.
Con la esperanza del vencer perdida No hay quien no atienda con ligero paso, Si no á la honra, á conservar la vida.
Desde las altas cumbres de Parnaso De un salto uno se puso en Guadarrama, Nuevo, no visto, y verdadero caso.
Y al mismo paso la parlera fama Cundió del vencimiento la alta nueva, Desde el claro Caistro hasta Jarama.
Lloró la gran vitoria el turbio Esgueva, Pisuerga la rió, rióla Tajo, Que en vez de arena granos de oro lleva.
Del cansancio, del polvo, y del trabajo Las rubicundas hebras de Timbreo Del color se pararon de oro baxo.
Pero viendo cumplido su deseo, Al son de la guitarra Mercuriesca Hizo de la gallarda un gran paseo.
Y de Castalia en la corriente fresca El rostro se lavó, y quedó luciente Como de acero la segur Turquesca.
Pulióse luego, y adornó su frente De magestad mezclada con dulzura, Indicios claros del placer que siente.
Las reynas de la humana hermosura Salieron de do estaban retiradas, Mientras duraba la contienda dura:
Del arbol siempre verde coronadas, Y enmedio la divina Poesia, Todas de nuevas galas adornadas.
MELPOMENE, TERSICORE, Y TALIA, POLIMNIA, URANIA, ERATO, EUTERPE, Y CLIO, Y CALIOPE, hermosa en demasia
Muestran ufanas su destreza y brio, Tegiendo una entricada y nueva danza Al dulce son de un instrumento mio.
Mio, no dixe bien, mentí á la usanza Del que dice propios los agenos Versos, que son mas dinos de alabanza.
Los anchos prados, y los campos llenos Están de las esquadras vencedoras, (Que siempre van á mas, y nunca á menos)
Esperando de ver de sus mejoras El colmo con los premios merecidos Por el sudor y aprieto de seis horas.
Piensan ser los llamados escogidos Todos á premios de grandeza aspiran, Tienense en mas de lo que son tenidos:
Ni á calidades, ni riquezas miran, A su ingenio se atiene cada uno, Y si hay quatro que acierten, mil deliran.
Mas Febo, que no quiere que ninguno Quede quexoso dél, mandó á la Aurora, Que vaya, y coja _in tempore oportuno_
De las faldas floriferas de Flora Quatro tabaques de purpureas rosas, Y seis de perlas de las que ella llora.
Y de las nueve por estremo hermosas Las coronas pidió, y al darlas ellas En nada se mostraron perezosas.
Tres, á mi parecer, de las mas bellas A Partenope sé que se enviaron, Y fue Mercurio el que partió con ellas.
Tres sugetos las otras coronaron Alli en el mesmo monte peregrinos, Con que su patria y nombre eternizaron.
Tres cupieron á España, y tres divinos Poetas se adornaron la cabeza, De tanta gloria justamente dinos.
La envidia, monstruo de naturaleza, Maldita, y carcomida, ardiendo en saña A murmurar del sacro dón empieza.
Dixo: será posible que en España Haya nueve poetas laureados? Alta es de Apolo, pero simple hazaña.
Los demas de la turba defraudados Del esperado premio, repetian Los himnos de la envidia mal cantados.
Todos por laureados se tenian En su imaginacion antes del trance, Y al cielo quejas de su agravio envian.
Pero ciertos poetas de romance Del generoso premio hacer esperan A despecho de Febo presto alcance.
Otros, aunque latinos, desesperan De tocar del laurel solo una hoja, Aunque del caso en la demanda mueran.
Vengase menos el que mas se enoja, Y alguno se tocó sienes y frente, Que de estar coronado se le antoja.
Pero todo deseo impertinente Apolo resfrió, premiando á quantos Poetas tuvo el esquadron valiente.
De rosas, de jazmines y amarantos Flora le presentó cinco cestones, Y la Aurora de perlas otros tantos.
Estos fueron, letor dulce, los dones Que Delio repartió con larga mano Entre los poetisimos varones.
Quedando alegre cada qual, y ufano Con un puño de perlas y una rosa, Estimando el premio sobrehumano.
Y porque fuese mas marabillosa La fiesta y regocijo, que se hacia Por la vitoria insigne y prodigiosa,
La buena, la importante Poesia Mandó traer la bestia, cuya pata Abrió la fuente de Castalia fria.
Cubierta de finisima escarlata, Un lacayo la truxo en un instante, Tascando un freno de bruñida plata.
Envidiarle pudiera Rocinante Al gran Pegaso de presencia brava, Y aun Billadoro el del señor de Anglante.
Con no sé quantas alas adornaba Manos y pies, indicio manifiesto, Que en ligereza al viento aventajaba.
Y por mostrar quan agil y quan presto Era, se alzó del suelo quatro picas, Con un denuedo y ademan compuesto.
Tú, que me escuchas, si el oido aplicas Al dulce cuento deste gran Viage, Cosas nuevas oiras de gusto ricas.
Era del bel troton todo el herrage De durisima plata diamantina, Que no recibe del pisar ultrage.
De la color que llaman columbina, De raso en una funda trae la cola, Que suelta con el suelo se avecina.
Del color del carmin ó de amapola Eran sus clines y su cola gruesa, Ellas solas al mundo, y ella sola.
Tal vez anda despacio, y tal á priesa, Vuela tal vez, y tal hace corbetas, Tal quiere relinchar, y luego cesa.
Nueva felicidad de los poetas! Unos sus escrementos recogian En dos de cuero grandes barjuletas.
Pregunté, para qué lo tal hacian? Respondióme Cilenio á lo vellaco Con no sé que vislumbres de ironia:
Esto que se recoge, es el tabaco, Que á los vaguidos sirve de cabeza De algun poeta de celebro flaco.
Urania de tal modo lo adereza, Que puesto á las narices del doliente, Cobra salud, y vuelve á su entereza.
Un poco entonces arrugué la frente, Ascos haciendo del remedio estraño, Tan de los ordinarios diferente.
Recibes, dixo Apolo, amigo, engaño. Leyome el pensamiento. Este remedio De los vaguidos cura, y sana el daño.
No come este rocin lo que en asedio Duro y penoso comen los soldados, Que están entre la muerte y hambre en medio.
Son deste tal los piensos regalados, Ambar y almizcle entre algodones puesto, Y bebe del rocio de los prados.
Tal vez le damos de almidon un cesto, Tal de algarrobas con que el vientre llena, Y no se estriñe, ni se va por esto.
Sea, le respondi, muy norabuena, Tieso estoy de celebro por ahora, Vaguido alguno no me causa pena.
La nuestra en esto universal señora, Digo la poesia verdadera, Que con Timbreo y con las musas mora,
En vestido subcinto á la ligera El monte discurrió, y abrazó á todos, Hermosa sobre modo, y placentera.
O sangre vencedora de los Godos! Dixo: de aqui adelante ser tratada Con mas suaves y discretos modos
Espero ser, y siempre respetada Del ignorante vulgo que no alcanza, Que puesto que soy pobre, soy honrada.
Las riquezas os dexo en esperanza, Pero no en posesion, premio seguro Que al reyno aspira de la inmensa holganza.
Por la belleza deste monte os juro, Que quisiera al mas minimo entregalle Un privilegio de cien mil de juro.
Mas no produce minas este valle, Aguas sí, salutiferas y buenas, Y monas que de cisnes tienen talle.
Volved á ver, ó amigos, las arenas Del aurifero Tajo en paz segura, Y en dulces horas de pesar agenas.
Que esta inaudita hazaña os asegura Eterno nombre, entanto que dé Febo Al mundo aliento, y luz serena y pura.
O marabilla nueva, ó caso nuevo, Digno de admiracion que cause espanto, Cuya estrañeza me admiró de nuevo!
Morfeo, el dios del sueño por encanto Alli se apareció; cuya corona Era de ramos de beleño santo.
Flogisimo de brio y de persona, De la pereza torpe acompañado, Que no le dexa á visperas, ni á nona.
Traia al silencio á su derecho lado, El descuido al siniestro, y el vestido Era de blanda lana fabricado.
De las aguas que llaman del olvido, Traia un gran caldero, y de un hisopo Venia como aposta, prevenido.
Asía á los poetas por el hopo, Y aunque el caso los rostros les volvia En color encendida de piropo,
El nos bañaba con el agua fria, Causandonos un sueño de tal suerte, Que dormimos un dia y otro dia.
Tal es la fuerza del licor, tan fuerte Es de las aguas la virtud, que pueden Competir con los fueros de la muerte.
Hace el ingenio alguna vez que queden Las verdades sin credito ninguno, Por ver que á toda contingencia exceden.
Al despertar del sueño asi importuno, Ni vi monte, ni monta, dios, ni diosa, Ni de tanto poeta vide alguno.
Por cierto estraña y nunca vista cosa, Despavilé la vista, y parecióme Verme en medio de una ciudad famosa.
Admiración y grima el caso dióme, Torné á mirar, porque el temor ó engaño No de mi buen discurso el paso tome.
Y dixeme á mi mismo: no me engaño. Esta ciudad es Napoles la ilustre, Que yo pisé sus ruas mas de un año:
De Italia gloria, y aun del mundo lustre, Pues de quantas ciudades él encierra, Ninguna puede haver que asi le ilustre.
Apacible en la paz, dura en la guerra, Madre de la abundancia y la nobleza, De Eliseos campos, y agradable sierra;
Si vaguidos no tengo de cabeza, Pareceme que está mudada en parte De sitio, aunque en aumento de belleza.
Qué teatro es aquel donde reparte Con él quanto contiene de hermosura, La gala, la grandeza, industria y arte?
Sin duda el sueño en mis palpebras dura, Porque este es edificio imaginado, Que excede á toda humana compostura.
Llegose en esto á mí disimulado Un mi amigo, llamado Promontorio, Mancebo en dias, pero gran soldado.
Creció la admiracion viendo notorio Y palpable, que en Napoles estaba, Espanto á los pasados acesorio.
Mi amigo tiernamente me abrazaba, Y con tenerme entre sus brazos, dixo: Que del estar yo alli mucho dudaba.
Llamóme padre, y yo llamele hijo. Quedó con esto la verdad en punto, Que aqui puede llamarse punto fijo.
Dixome Promontorio: yo barrunto, Padre, que algun gran caso á vuestras canas Las trae tan lejos ya semidifunto.
En mis horas mas frescas y tempranas Esta tierra habité, hijo, le dixe, Con fuerzas mas briosas y lozanas.
Pero la voluntad que á todos rige, Digo el querer del cielo, me ha traido A parte que me alegra mas que aflige.
Dixera mas, sino que un gran ruido De pifaros, clarines y tambores Me azoró el alma, y alegró el oido.
Volví la vista al són, vi los mayores Aparatos de fiesta que vió Roma En sus felices tiempos, y mejores.
Dixo mi amigo: Aquel, que ves que asoma Por aquella montaña contrahecha, Cuyo brio al de Marte oprime y doma,
Es un alto sugeto, que deshecha Tiene á la envidia en rabia, porque pisa De la virtud la senda mas derecha.
De gravedad y condicion tan lisa, Que suspende y alegra á un mismo instante, Y con su aviso al mismo aviso avisa.
Mas quiero antes que pases adelante En ver lo que verás si estas atento, Darte del caso relacion bastante.
Será DON JUAN DE TASIS de mi cuento Principio, porque sea memorable, Y lleguen mis palabras á mi intento.
Este varon en liberal notable, Que una mediana Villa le hace Conde, Siendo rey en sus obras admirable.
Este, que sus haberes nunca esconde, Pues siempre los reparte, ó los derrama, Ya sepa adonde, ó ya no sepa adonde:
Este, á quien tiene tan en fil la fama, Puesta la alteza de su nombre claro, Que liberal y prodigo le llama:
Quiso prodigo aqui, y alli no avaro, Primer mantenedor ser de un torneo, Que á fiestas sobrehumanas le comparo.
Responden sus grandezas al deseo Que tiene de mostrarse alegre, viendo De España y Francia el regio himeneo.
Y este que escuchas, duro, alegre estruendo, Es señal que el torneo se comienza, Que admira por lo rico y estupendo.
Arquímedes el grande se averguenza De ver que este teatro milagroso Su ingenio apoque, y á sus trazas venza.
Digo pues que el mancebo generoso, Que alli deciende de encarnado y plata, Sobre todo mortal curso brioso,
Es el CONDE DE LEMOS, que dilata Su fama con sus obras por el mundo, Y que lleguen al cielo en tierra trata:
Y aunque sale el primero, es el segundo Mantenedor, y en buena cortesia Esta ventaja califico y fundo.
El DUQUE DE NOCERA, luz y guia Del arte militar, es el tercero Mantenedor de este festivo dia.
El quarto, que pudiera ser primero, Es DE SANTELMO el fuerte CASTELLANO, Que al mesmo Marte en el valor prefiero.
El quinto es otro Eneas el Troyano, Arrociolo, que gana en ser valiente Al que fue verdadero, por la mano.
El gran concurso y numero de gente Estorbó que adelante prosiguiese La comenzada relacion prudente.
Por esto le pedí que me pusiese Adonde sin ningun impedimento El gran progreso de las fiestas viese.
Porque luego me vino al pensamiento De ponerlas en verso numeroso, Favorecido del Febeo aliento.
Hizolo asi, y yo vi lo que no oso Pensar, no que decir, que aqui se acorta La lengua y el ingenio mas curioso.
Que se pase en silencio es lo que importa, Y que la admiracion supla esta falta El mesmo grandioso caso exôrta.
Puesto que despues supe que con alta Magnifica elegancia y milagrosa, Donde ni sobra punto ni le falta,
El curioso DON JUAN DE OQUINA en prosa La puso, y dió á la estampa para gloria De nuestra edad, por esto venturosa.
Ni en fabulosa, ó verdadera historia Se halla que otras fiestas hayan sido, Ni puedan ser mas dignas de memoria.
Desde alli, y no sé como, fui traido Adonde vi al gran DUQUE DE PASTRANA Mil parabienes dar de bien venido:
Y que la fama en la verdad ufana Contaba que agradó con su presencia, Y con su cortesia sobrehumana:
Que fue nuevo Alexandro en la excelencia Del dar, que satisfizo á todo quanto Puede mostrar real magnificencia:
Colmó de admiracion, llenó de espanto. Entré en Madrid en trage de romero, Que es grangeria el parecer ser santo.
Y desde lexos me quitó el sombrero El famoso ACEVEDO, y dixo: á Dio, Voi siate il ben venuto, cabaliero;
So parlar Zenoese, & Tusco anchio. Y respondi: la vostra signoria Sia la ben trovata, patron mio.
Topé á LUIS VELEZ, lustre y alegria, Y discrecion del trato cortesano, Y abracéle en la calle á medio dia.
El pecho, el alma, el corazon, la mano Di á PEDRO DE MORALES y un abrazo, Y alegre recebi á JUSTINIANO.
Al volver de una esquina sentí un brazo Que el cuello me ceñia, miré cuyo, Y mas que gusto me causó embarazo:
Por ser uno de aquellos (no rehuyo Decirlo) que al contrario se pasaron, Llevados del cobarde intento suyo.
Otros dos al del Layo se llegaron, Y con la risa falsa del conejo, Y con muchas zalemas me hablaron.
Yo socarron, yo poeton ya viejo Volviles á lo tierno las saludes, Sin mostrar mal talante, ó sobrecejo.
No dudes, ó letor caro, no dudes, Sino que suele el disimulo á veces Servir de aumento á las demas virtudes.
Dinoslo tú, David, que aunque pareces Loco en poder de Aquis, de tu cordura, Fingiendo el loco, la grandeza ofreces.
Dexélos esperando coyuntura Y ocasion mas secreta para dalles Vejamen de su miedo, ó su locura.
Si encontraba poetas por las calles, Me ponia á pensar, si eran de aquellos Huidos, y pasaba sin hablalles.
Ponianseme yertos los cabellos De temor no encontrase algun poeta, De tantos que no pude conocellos;
Que con puñal buido, ó con secreta Almarada me hiciese un abugero Que fuese al corazon por via reta.
Aunque no es este el premio que yo espero De la fama, que á tantos he adquirido Con alma grata, y corazon sincero.
Un cierto mancebito cuellierguido, En profesion poeta, y en el trage A mil leguas por Godo conocido:
Lleno de presuncion y de corage Me dixo: bien sé yo, señor Cervantes, Que puedo ser poeta, aunque soy page.
Cargastes de poetas ignorantes, Y dexastesme á mí, que ver deseo Del Parnaso las fuentes elegantes.
Que caducais sin duda alguna creo: Creo, no digo bien: mejor diria Que toco esta verdad, y que la veo.
Otro, que al parecer de argenteria, De nacar, de cristal, de perlas y oro Sus infinitos versos componia,
Me dixo bravo, qual corrido toro: No sé yo para que nadie me puso En lista con tan barbaro decoro.
Asi el discreto Apolo lo dispuso, A los dos respondí, y en este hecho De ignorancia ó malicia no me acuso.
Fuime con esto, y lleno de despecho Busqué mi antigua y lobrega posada, Y arrogéme molido sobre el lecho: Que cansa quando es larga una jornada.
ADJUNTA _AL PARNASO._