Viajando · Unidad 6 de 24
Unidad 6 · e: ES e PAR
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
e: ES e PAR
40 JONA O ao Marín Vii cu nta
frecuentadas siete siglos atrás por San Francisco de Asis en sus edificantes peregrinaciones de piedad y evangelización. Dero lo que nos quedaba por conocer, era más hermoso aún: La renombrada y poética región de la Umbria, la bella terra di San Francisco, que lué cuna y tumba del Dobrecito de Asís, a la cual nos dirigimos después.
Llegamos a ella en una mañana luminosa y diáfana,
como es raro encontrarlas en el mes de Marzo y tan
pronto como nos instalamos en el Hotel Subasio. vecino al histórico templo que debíamos más tarde visitar, se nos condujo a una amplia terraza, hábilmente ubicada, desde la cual pudimos admirar un paisaje estupendo, no soñado.
A los pies, un sembrado de negruzcos olivos, seguido
de una planicie muy extensa y extremadamente verde. dividida en parcelas cultivadas, tachonadas de casitas multilormes y cruzadas en todos sentidos por blanquecinas auto-stradas, en el centro de la cual se erguía señorial la alta cúspide de Santá María de los Angeles y al fondo muy al londo, se dibujaba borrosamente el horizonte, encuadrado por obscura cerranía y trayéndonos al recuerdo os paisajes coloridos de la patria lejana.
Estamos ciertos que este panorama, siempre admirable
y siempre admirado, coopera lervorosamente al místico ambiente y que muchas de las célebres conversiones de Asís, han debido germinarse en su contemplación.
Anatole France, que fué siempre un descreído, visitó
V i a 5 a n dico 41
estos lugares en el ocaso de su vida, vecino ya a los 70 años, y fué tanta la impresión que produjo en su alma el panorama de Asís, que originó a dos de sus últimas y más geniales producciones: Les dieux ont soif y La revolte des anges.
Y lo propio ocurrió así mismo al célebre filósolo danés Johannes Joergensen que, de enemigo empedernido del catolicismo, se ha fornado, tras hondas meditaciones, en un anacoreta, en un místico propagador de su doctrina, hasta el punto de edificar en esta ciudad la morada que ha de contemplar el final de su existencia y en la cual pasa hoy sus días meditando y escribiendo sus sagradas reflexiones.
Antes de partir quisimos darnos el agrado de visitarle en su solitaria casita de la vía de Las Rosas; donde nos habló con ternura de la santidad y hermosura de Asís, la ciudad de piedra, como él la denomina, obsequiándonos, al separarnos, con cariñoso autográfo, la más predilecta de sus producciones, Le libre de la route, escrita hace 40 años y donde cuenta, con singular sinceridad, el camino de su conversión a la fe de Cristo, diciéndonos humildemente:
—He buscado apasionadamente la verdad, la felicidad y la libertad y sólo las he encontrado el día de mi con-. versión a la [e cristiana.
Quizás por eso San Francisco eligió estos lugares para adorar a Dios, torturando su cuerpo y predicando la austeridad más severa: cáliz de amargura que la iglesia ha sabido compensar elevando a su memoria un templo grandioso y soberbio, que el pincel del Giotto supo después inmortalizar y en el cual descansan hoy sus cenizas.
42 Santiago. MSa rn Vicuña.
Esta famosa básilica (que en verdad es formada por tres | iglesias superpuestas) [ué prácticamente iniciada hace ya siete siglos. en 1228, es de perfecto estilo gótico y en | cierra preciosidades artísticas incontables y valores fabu losos en cuadros, vitrinas y esculfluras; pero quizás lo más imponente de ella sea lo más sencillo, la cripta de granito, de estilo dórico, en cuyo centro, alumbrado por fúnebres cirios, se encuentra un desnudo ataúd, también de granito, en el cual se guardan los restos del santo. ! En Asís fuimos igualmente honrados con audiencias especiales por las dos primeras autoridades: la religiosa representada por el obispo Frutfi, y la civil, que desem- E peña hoy el comendatore Arnoldo Fortini, que én calidad de podestá local, nos hizo una recepción muy calurosa, realzada con un discurso y la donación de un pintoresco : boufonier ornado con los colores de la comuna que. . preside. 3
Antes de abandonar la histórica y santa ciadad quisimos también nosotros, míseros peregrinos de la vida, pa=- gar tributo a la fe de nuestros mayores, recibiendo la. sagrada hostia ante el sarcófago que guarda reverente y y afectuoso, más que los despojos terreos, el recuerdo de los sacrificios y virtudes divinas de San Francisco.
Y arrodillados así ante su féretro, débilmente ilumina do por los reflejos tenues de seis cirios oscilantes, formulamos recuerdos íntimos y votos muy sentidos por los muertos | queridos, por los vivos lejanos y por la patria ausente y - entonces, como un eco extraño e inesperado y a los . acordes de un órgano invisible en la penumbra, De de E
dez. una. plegaria on honda, una Ave Mario lan. sen
| +8 >
e en los Antas celestiales donde mora el s de las alturas y su corte de "mártires santificados.