Viaje de SS. MM. y AA. por Castilla, Leon, Asturias y Galicia : verificado en el verano de 1858 · Unidad 86 de 206
Unidad de lectura 86
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El interior de esta notable iglesia ofrece materia para largas investigaciones acerca de su primitiva disposición. Restauraciones posteriores hechas con mas ó menos inteligencia han desfigurado de tal manera la primitiva fábrica, que hacen casi imposible poder determinar cómo se hallaba distribuida en otro tiempo. Paredes que estamos muy lejos de considerar de la época primitiva cierran los lados, dejando empotradas en ellas columnas que bien claramente indican debieron encontrarse aisladas. De gruesos fustes lisos ó estriados, y de labrados capiteles con estrellas y ruedas espirales divididas por cordones, que así recuerdan la manera bizantina como la latina por sus reminiscencias dóricas, parecen declarar estos sostenimientos haber tenido pegadas á los lados otras columnas mas pequeñas, de las que acaso arrancarían órdenes de arcos para formar las capillas , en
lugar de los lisos v secos muros con que hoy tropieza la vista por donde
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quiera. Solo así se comprende la descripción de Morales en su crónica y en su Viaje Santo, cuando nada nos dice de muros , y alaba por el contrario (da riqueza de sus doce columnas, las mas de buenos jaspes diversos, y todas dentro del crucero, bien repartidas para mucho ornamento;» y mas adelante: «Tiene cierta diversidad en tamaño y forma, y en alzarse lo uno y bajarse lo otro, ensancharse aquello y retraerse esotro, que se gozan enteramente las partes del edificio, dándose lugar las unas alas otras para que parezca lo que son, y qué lindas son.» Solo así también se comprende el destino que tendrían los mas pequeños capiteles y trozos de menores fustes que se encuentran entre las ruinas dentro de la iglesia. Después de examinarlas, de estudiar el desfigurado templo y de leer las citadas cláusulas, no podemos dejar de confirmarnos en nuestro juicio. El interior de aquella iglesia cristiana con su planta de basílica, debia estar distribuido solo por medio de arcos: sobre arcos también se alzaría la cúpula ó cimborrio á la manera bizantina, en vez del moderno cielo plano que hoy encuadra el alto centro del crucero. Acaso, y para completar la medida de 40 pies de largo que le asigna Morales, siguiendo la acertada conjetura del Sr. Parcerisa, existiría otra arcada y el ábside, el cual, según el mismo Señor, por afirmación conteste de personas que vieron los cimientos cuando la restauración que en época muy reciente hizo el Sr. Hermida, era deforma semicircular.
El coro ó tribuna, á la que se sube desde los brazos del crucero por dos escalerillas, ocupa el cuerpo de la nave, presentando todos los caracteres de conservarse en su primitiva construcción, lo que también declaran las pequeñas columnas pegadas á la pared en las jambas del arco (¡ue cierra esta tribuna. A los lados de ella se abren dos estancias, ó mas bien, como indica oportunamente el Sr. Quadrado, dos especies de nichos, «á lo que se puede entender, de tener libros y otras cosas, pero de los que dicen los de la tierra una donosa fábula: que eran estancias del Rey D. Alonso el Casto y su muger, donde dormían después que se apartaron (1).» Labor á manera de trenza rodea los arcos, así de la iglesia como los que dan entrada á estas estancias del coro, y á los lados del altar mayor se encuentran relieves, hermanos gemelos en el arte de los que llevan
(i) Morales.
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las jambas de la puerta de entrada, con tres compartimientos, mucho mayor el primero que los otros dos, ocupados por tres informes figuras de gruesa cabeza y amplias túnicas, apoyadas las dos manos en un báculo, figuras de igual traza que las que se encuentran en los trapecios de los capiteles de Santa María de Naranco. Contrastando notablemente con la rudeza de estas esculturas, encuéntranse á los lados de las columnas del crucero dos tablas de marmol, con delicados relieves de círculos y follajes de acanto. El Sr. Cuadrado los cree de la misma época que las demás labores de la iglesia, y dice á propósito do su perfección, que muestra cuánto se adelantaba al estudio de la figura el ornamental. Nosotros tenemos el sentimiento de disentir de este parecer. Si bien el dibujo de adorno se presenta generalmente con mas precoz desarrollo que el de figura, en la iglesia de que vamos hablando existen elocuentes ejemplos de que no estaba tan adelantado el primero como requerían las perfectísimas labores del mejor gusto greco-romano á que pertenecen las dos franjas á que nos referimos. El dibujo de adorno se encontraba en el vacilante estado que demuestran las jambas de las puertas, las trenzas de los arcos y los capiteles de las columnas: solo en las combinaciones geométricas se presentaba con cierto atrevimiento, que nunca tenia cuando copiaba objetos de la naturaleza animada ó muerta. La delicadeza, y al mismo tiempo la seguridad y franqueza que en los follajes de acanto de dichas piedras se hallan, están muy lejos de pertenecer á un período de desarrollo y de imitación en el arle, que al copiar los capiteles corintios, de tan mala manera reproducía esas mismas hojas de acanto, como se ve en las columni-
llas de los calados agimeces de San Miguel, y por regla general en todos los
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esculpidos en la época latina. Así es que cuando tuvimos el gusto de visitar este venerando y casi destruido santuario, nos inclinamos á creer obra romana las referidas franjas, conservadas entre otras edificaciones en la cercana Lucus Asturum, y trasladadas al cristiano templo, siguiendo en ello una práctica muy común en la decadente época del estilo latino. Carballo cree que las columnas de marmol fueron también llevadas de la misma romana Lucus. Pudiera haber sucedido , pues, como acabamos de decir era muy común en esta época y tres siglos hacia, aprovechar restos de edificios antiguos para los nuevos. Pero no encontramos en las columnas tales caracteres, que nos hagan llevarlas á la época romana, como en las fran-
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jas de que nos ocupamos. Tampoco creemos que dichas tablas de marmol desde luego se colocaran donde se encuentran, pues para estar empotradas no se concibe que con igual prolijidad labrasen sus dos caras, sino que por el contrario, nos parece muy aceptable la conjetura del Sr. Parcerisa, según la cual pertenecían á la baranda ó valla que dividía el presbiterio del cuerpo de la iglesia, viéndose aún rastros de su colocación en las pequeñas columnas pegadas á las grandes, y aun en el piso, escarbando la mucha tierra que lo cubre. En confirmación de la teoría que sobre estas tablas de mármol hemos espuesto, pudiera citarse la lápida que presenta Ambrosio de Morales como existente cerca de San Miguel , trozo de piedra de labor romana y con inscripción del mismo origen, que este escritor en su Crónica general dijo que fue parle de un trofeo erijido á Octaviano Cesar Augusto en memoria de la Conquista de Asturias, y en especial de la antigua ciudad de Lancia, en aquel tiempo la capital de todo el pais, comprobándolo su inscripción, en que se leia:
CjESAR domita lancea.
No fue por consiguiente una sola piedra romana la trasladada á San Miguel, y probablemente éntrelos sillares de esta iglesia, de Santa María y del destruido palacio, se encontrarían multitud de ellas pertenecientes á la repetida ciudad.
Por lo demás, el aspecto que hoy ofrece San Miguel de Lino no puede ser mas triste para los amantes del arte. Restos de altares con modernos adornos, alguna antiquísima estátua en ellos contemporánea del edificio, ó si de otra época, no mas distante que del siglo X, y en confuso amontonamiento troncos de estriadas columnas, latinos capiteles, y relieves del mismo género que el ya descrito del altar mayor; ruinas que si no procura evitarlo la Comisión de monumentos de la provincia, hundirá para siempre en el olvido la pesada mano de la estéril incuria.
Antes de terminar las noticias que acerca de esta iglesia hemos apuntado, no creemos fuera de propósito añadir que hace algunos años, buscando los aldeanos un tesoro en las cercanías de San Miguel, encontraron un tosco sepulcro de piedra contemporáneo de la iglesia, formado de una sola piedra socavada y una losa encima; sepulcro cuya parte principal ó
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sea la gran piedra ahuecada, diríamos que es una pila destinada á lavadero que encontramos delante de la casa del Sr. Cura de Santa María de Naranco; por lo menos, si no el mismo, indudablemente la tal pila no es otra cosa que un sepulcro del siglo IX ó X. Nuestro querido é ilustrado amigo D. Nicolás Castor de Caunedo , nos ha asegurado también que en una de aquellas heredades existia otra verdadera pila de grandes dimensiones, á la que daban los aldeanos, enlazando la conjetura tradicional con el recuerdo histórico, el nombre de baño de Doña Urraca; pero que el colono la hizo pedazos, pues según dccia, los muchos curiosos que iban á verla le pisaban la tierra
Libre Dios á nuestra historia del arte de que algún otro calculador por el estilo, crea que las piedras de San Miguel pueden servir para un moderno edificio. Mucho confiamos en la ilustrada y celosa Comisión de monumentos históricos de la provincia; pero desgraciadamente ¡pueden hacer tan poco estas corporaciones!
— Si descendiendo déla altura donde asienta sus ya vacilantes y destruidos restos San Miguel de Lino pasamos, en verdad sin tener que recorrer gran distancia, á su hermana Santa María, que del monte toma nombre, conociéndose en su consecuencia con el de Santa María de Naranco , encontraremos nuevas bellezas que admirar, y lo que es mas estraño en obras de un mismo siglo, distinta disposición, completa desemejanza en las partes generales de la fábrica, por mas que en sus accesorios se hallen á cada paso notable analogía y hermandad.
Mientras la iglesia de San Miguel se levanta con aspecto de basílica á pesar de sus pequeñas formas, sobre planta en figura de cruz, la de Santa María conserva la de celia con planta cuadrangular, mas propia que la anterior del estilo latino. Por la parte esterior poco presenta á primera vista que llame la atención del arqueólogo. Estriados contrafuertes prestan solidez á los muros, que reciben una sencilla cubierta á dos vertientes con ligerísimo filete por cornisa. En el flanco izquierdo de la iglesia interrúmpese esta decoración con un templete de arcos semicirculares, apoyados sobre columnas con fustes de espirales estrías á manera de cable, y toscos capiteles á la usanza latina, recordando los lujosos corintios. Cada uno de los arcos esteriores sirve de remate á una ligera escalinata, necesaria por el declive del terreno, que hizo quedase á bastante altura el pavimento de la iglesia, y además porque, según la costumbre de la época, debajo de ella, y
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sirviendo como de primer cuerpo á la fábrica, existe ia cripta ó iglesia subterránea, que nada presenta hoy de notable, ycuyaaetual entrada, abierta debajo de la de la iglesia, ocultan las mencionadas graderías. El arco que en este templete se abre para comunicar con la nave, ofrece singular contraste con la arquitectura de toda ella, y deja comprender en nuestro juicio, que alguna restauración posterior de fin del siglo XII ó principio del XIII tuvo lugar en aquella portada. Muévenos á pensarlo así, que su arco es ojivo, de la misma forma que empezaron á usarse cuando el arte ojival comenzó su desarrollo, si bien lleva por único adorno ligera moldura quebrando su arista, y una franja bordada con labor en forma de ángulos, recuerdo todavía del estilo bizantino, apoyándose en una estrecha imposta con el mismo género de adorno. A no admitir la época mas moderna de este arco que del resto del edificio, sería un importantísimo monumento para la historia del arle, pues ni el estilo latino ni el bizantino emplearon en sus obras tales arcos, conociéndose solo en el segundo, y muy poco usado, el apuntado rectilíneo (1), origen acaso del ojival. Así es que mas nos inclinamos á creer que este arco pertenezca á la época posterior que le hemos asignado.
Nada mas nos restaría que decir del esterior de Santa María, si la diligencia y artísticos conocimientos del Sr. Parcerisa no hubiesen descubierto la verdadera fachada de ella, precisamente en la imafronte, siguiendo la general práctica cristiana. A fuerza de examinar escrupulosamente la pared del templo por este lado, que hoy casi cubre la casa del Cura, encontró la verdadera fachada, hallando en el desvan de ella, según su feliz espresion, la cabeza de la misteriosa emparedada, y en la cuadra los pies. Oigamos al mismo Sr. Parcerisa hacer la descripción de su descubrimiento, en la notable carta que noticiándoselo dirijió, al Sr. Quadrado, y que forma el apéndice del tomo de León y Asturias. «Divídese esta (la fachada) en tres zonas ó comparticiones horizontales: en la primera, y al nivel del robusto basamento en que descansa toda la fábrica, ábrese una severa puerta de plena cimbra, ála que se subía por medio de algunos escalones, y daba entrada á la iglesia inferior, llamada subterránea. Ocupan el espacio de la segunda comparlicion tres rasgados arcos, que cojiendo lodo el ancho del frontispicio, y apoyados únicamente en cuatro columnitas de fuste acanala-
(1) Arco apuntado rectilíneo es aquel que se forma con dos líneas rectas diagonales que se unen formando ángulo en su parte superior.
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do, formando como palmas y capiteles que recuerdan los corintios, dejan completamente al descubierto todo el interior del templo. Considere V. el efecto de tal con junto, pues detrás de dichos arcos se presentan los que dividen el coro del cuerpo de la iglesia, mas allá los que separan esta del presbiterio, y por remate la pared del testero, abierta asimismo en otras tres arcadas exactamente iguales á las del frontispicio; y para completarla ilusión, los arcos laterales del coro y presbiterio, adornados de columnas y capiteles iguales á los descritos, dan también paso á la luz del dia, resultando que por cualquier parte que se mire descubre la vista todo el interior del templo, espaciándose por entre grupos de arcadas y columnas, hasta perderse en el inmenso horizonte de la parte opuesta. Aquello es un tabernáculo al aire libre, para rendir culto desde afuera millares de personas; una atalaya para desde dentro vigilar y orar.
La tercera y última zona contiene solo un agimez de tres arquitos, sostenidos por columnas y capiteles, hermanos menores de los mencionados, pero tan esbelto, tan gracioso, que pocos podrían competir con él en gallardía; rematando el todo de la fachada en una ligerísima cornisa, que sigue la inclinación del tejado á dos vertientes.
El genio creador del templo de Naranco, liado seguramente en la gentileza de su obra, no quiso recargarla de adornos que pudieran ofuscar la simplicidad del conjunto. Una leve cinta ó franja orillada de casi imperceptibles fdetes, es el tipo dominante de toda la ornamentación. Cortada después de contornar el arco y jambas de la puerta de la primera zona, reaparece en las arcadas de la segunda, y en seguida, atravesando horizontalmente todo el ancho del frontispicio, marca la división de aquella y de la tercera. En esta, orlado ya el agimez, desciende en dos partes desde el remate del edificio basta un poco mas abajo de la cinta horizontal de división, dejando encuadrado aquel, y dividido el tercer cuerpo en tres comparticiones perpendiculares; y como joyel que adorna y sujeta las cintas en sus enlaces ó intersecciones, vese en la una la Cruz de los Angeles con el alfa y omega, y en el citado pequeño trozo que pasa y queda como colgante, se divisan dos recuadritos, restos de relieves ya consumidos por el tiempo, tal vez símbolos de los Evangelistas. El otro lado sería análogo, mas no me fue posible desentrañarlo, por interponerse el grueso del tejado de la casa del Cura. No puede V. figurarse el buen efecto de tanta sencillez y uniformi-
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dad. Eslerior, interior, arcadas, puertas, ventanas, contrafuertes, todo ofrece el mismo corte, únicamente alterado en lo mas ó menos ancho de la cinta según la parte que decora. Complácese la imaginación en recordar el aspecto de este templo antes que el lento trascurso de los siglos gastara y aun borrara los ligeros surcos del cincel, igualándolos casi en algunos puntos con las partes lisas de la obra.
De los treinta y tantos medallones que adornan el interior dé la iglesia, dos, labrados á dos caras, presentan la una hácia dentro, y taladrando el espesor del muro, asoman la otra con iguales relieves por entre las arcadas del segundo cuerpo de la fachada, completando la gracia de tan singular y bello edificio.))
Después de la acertada descripción de la fachada que á tanta costa logró descubrir el Sr. Parcerisa, solo nos resta completarla en lo que se refiere á la parte interior de la iglesia. Once arcos, que pudieran considerarse ornamentales si los prolijos trabajos que quedan citados del Sr. Parcerisa no hiciesen creer que algunos de ellos, principalmente hácia los pies y hácia la cabecera de la iglesia, estuvieron abiertos algún dia, adornan las lisas paredes de los lados, elevándose, para confirmar su origen bizantino, con peraltada curva. Las columnas que los sostienen, con igual género de labor que las del templete de entrada, se presentan agrupadas de cuatro en cuatro con un liso pedestal común cada grupo, y de la misma labor que los fustes, aunque en sentido contrario las basas. En los octógonos capiteles predomina la forma cónica invertida, llevando por adorno en sus caras laterales, dentro de triángulos contrapuestos que perfilan cordones en forma de trenza, figuritas con largas túnicas apoyadas en báculos ó cayados, de exacto parecido, como ya notamos, á los del altar mayor de San Miguel. En las caras del frente vense cuatro leones toscamente escullados. Una ligera y sencilla moldura adorna los arcos siguiendo su curva, y de la corrida faja que sirve de imposta desciende en el lugar correspondiente á los resaltados arcos, que se dilatan de un lado á otro de la bóveda misma, y viniendo á parar precisamente entre el arranque de los arcos ya descritos que adornan los muros, una corta franja que termina en figura circular á manera de medallones. De estos colgantes, la parte superior, que al rededor borda un retorcido cordoncillo, se divide en cuatro arquitos, formados por el mismo cordon y toscas columnitas, dentro de los cuales en
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