Viaje de un naturalista alrededer del mundo · Unidad 128 de 189
Unidad 128 · 268 VIAJE DE UN NATURALISTA
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particulares para borrar crímenes de insulares muy alejados; y respondieron que agradecían mucho bus palabras al capitán, pero que Pomaré era su reina y estaban decididos á ayudarle en esta dificultad. Este acuerdo y su ejecución pronta , puesto que al día siguiente quedó la subscripción abierta, terminaron admirablemente esta notable escena de lealtad y de buenos sentimientos.
Con motivo de la discusión habida, varios jefes hicieron muchas preguntas el capitán Fitz-Roy sobre las leyes y costumbres internacionales, en particular acerca del trato usado con los barcos y los extranjeros. En seguida comenzaba la discusión y muy poco después quedaban votadas las leyes. Varias horas duró este parlamento taitiano; y cuando se cerró la sesión invitó á la reina Pomaré el capitán Fitz-Roy á que visitara el Beagle.
25 de Noviembre. — Envianse, por la tarde, cuatro canoas para transportar á S. M., el barco está empavesado y colocados los marineros en los obenques, cuando llega la Corte á bordo; acompaflan á la reina casi todos los jefes, que se conducen con toda corrección; no pidieron nada y parecían muy satisfechos de los obsequios que el capitán les hizo. La reina es una mujer gorda que no tiene gracia, ni belleza, ni dignidad; sólo posee una cualidad real: una perfecta indiferencia para todo cuanto la rodea. Los cohetes causaron universal entusiasmo, después de cada explosión, se levantaba un formidable grito en toda la bahía; admiraron mucho los cantos de los marineros, y d^o la reina que uno de los más alegres era en realidad un himno. Hasta después de media noche no regresó á tierra el cortejo real.
26 de Noviembre. — Levamos anclas durante la tarde
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21 de Diciembre.— T?or la maJDUbna penetramos en la bahía de las islas, y en el momento de entrar cae el YÍentOy por lo cual llegan las doce del dia antes qae logremos echar el ancla. El país es montafloso; sus contomos redondeados; muchos brazos de mar que parten de la bi^a, penetran muy adentro en las tierras. A cierta distancia parece el suelo cubierto por prados de hierbas ordinarias, que no son más que heléchos. En las colinas distantes y en algunos lugares de los valles se ven muchos árboles. El tinte general del país no es verde brillante, sino que se parece algo á la región situada al Sur de Concepción en Chile. En varios puntos de la bahía bajan hasta la orilla del agua varios puebleciUos compuestos de casas cuadradas y limpias. En el puerto hay tres balleneros, y de vez en cuando atraviesa una canoa de un punto á otro de la costa. Con esas ligeras excepciones citadas parece reinar en todo el país la quietud más completa. Una sola canoa sale á nuestro encuentro. En suma: esta soledad y el aspecto total déL cuadro forman duro y poco agradable contraste con la alegre acogida que tuvimos en Taití.
Por la tarde nos dirigimos á tierra, desembarcando junto á uno de los más numerosos grupos de casas, que apenas merece el nombre de pueblo. Esta aldea se llama Pahia: es la residencia de los misioneros, y no hay en ella ningún indígena, fuera de los criados y los obreros. En total hay unos 200 ó 800 ingleses entre el vecindario de la bahía de las islas; todas las casitas, que están blanqueadas con cal y muy limpias, son propiedad de los ingleses. Las chozas de los indígenas son tan pequeflas é insignificantes, que no se las distingue hasta estar encima de ellas. |Qué gusto da volver á encontrar en Pahia las flores inglesas que