Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia, 1862-1863 · Unidad 7 de 56
Unidad de lectura 7
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
A medio día Levantamos el campo Lenglier i yo Llevábamos cada uno Una mochila militar con unas veinte librad de peso, i unas diez libras mas entre instrumentos i armas; con esta carga emprendí' mos la marcha i entramos en el llano pantanoso ya citado. Figuraos un vasto anfiteatro, cuyos gradientes estuviesen formadas por las crestas de diversas alturas de montanas, teniendo una puerta sobre el lago de iilanquihue, puerta cuyos pilares monumentales serian el volcan üsorno i el ceno Calbuco, i otra puerta menor en el fondo, que es la abertura del lago de Todos los Santos, abertura por la cual pasa el rio Petrohue que lleva las aguas del lago al seno Je Reloncavi: sobre uno de los costados del anfiteatro, es decir, al pié del volcan de üsorno, se estiende el campo de lavas, verdadera mar de escorias, enteramente parecida a una barrera destinada a protejer a los espectadores contra los caprichos de las bestias feroces, si es que hubiesen bestias feroces para animar este círculo de nueva especie.
El suelo es una tierra esponjosa, mui húmeda, formada por la descomposición dejas lavas del volcan: atravesamos estos pantanos directamente de ueste a Este; después de cuatro quilómetros de marcha penosa, porque nos sumíamos en el fango hasta las rodillas i al retirar el pié se formaba un vacio como el que se hace con el émbolo de una bomba, entramos en un pequeño bosquecillo de avellanos i otros árboles enfermizos, sobre un terreno mas seco; atravesamos un quebrada profunda, en donde habia agua estancada; bordeamos el campo de lava, i al fin bajamos a la gran quebrada en donde el Petrohue ha abierto su lecho, i por el cual corren bramando sus aguas espumosas.
La playa del lugar en donde debíamos pasar la noche, está formada de una arena fina i negra, que parece provenir de la trituración de las escorias. Un torrente que viene del Üsorno hasta echarse en el rio, ha cavado violentamente su pasaje, cortando unas barrancas a pico; troncos de árboles jigantescos se encuentran desparramados en el lecho. En el punto en donde se junta al Petrohue, las aguas del torrente han desnudado rocas basálticas perpendiculares, i del otro lado del rio se levanta una cuchilla de 500 metros de elevación , que, bordeando el torrente, sigue para el lago de Todos los Santos. En la tarde tuvimos lluvia.
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lo de diciembre. — Lunes por la mañana, levantamos el campamento, i nos encaminamos hacia el lago de Todos los Santos. Ei tiempo estaba nublado: andubimos primero como cinco quilómetros por una playa formada de esta arena fina, negra i compacta, después otro tanto por sobre trozos de lava. El valle del Petrohm se va arjgos. tando mas i mas; se estrecha de tal manera que nos vimos obligados ato .Tiara la izquerda, por el lecho de otro torrente que baja del volcan; caminamos como un quilómetro i volvimos a tomar por un terreno árido la dirección del lago; bajando hacia el Sud-Este, después de haber atravesado un bosquecillo, nos encontramos a dos o tres cientos metros mas arriba de la salida del Petrohue, en el lugar en donde, algunos años antes, había acampado el desgraciado Muñoz Gamero: allí encontramos su embarcación, pero completamente dislocada; mandé cortar un pedazo, con la intención de enviarlo a su madre; triste recuerdo, pero precioso para el corazón de una madre que fué privada de su hijo de una manera tan trájica. Hallé en buen estado el bote usado en mi espedicion anterior que había dejado en la orilla.
En el momento de llegar caia la lluvia con fuerza; el lago estaba de un verde brillante i el poco viento que había levantaba pequeños penachos blancos; se asemejaba a un manto de un bello color verde, sembrado de perlas arjentinas. El primero que llamó a este lago el de las Esmeraldas tuvo suerte en la elección del nombre. Su aspecto es bastante triste, quizás debe esta apariencia a las altas montañas de un verde sombrío que lo ciñen; al medio se ve una islita, tapizada de árboles, i detrás de la isla, el camino que debia conducirnos a lacinia de los Andes. Ya se oía el ruido del trueno, producido por la caída de los hielos del Tronador: después, nada turba el silencio de estas soledades, sino el canto melancólico de los filíalas de plumaje sombrío. Los pocos tiuques que se ven revoloteando en las orillas, han perdido ahí su carácter bullicioso i pendenciero que en Otro* lugares hace tan insoportables. Si Chateaubriand hubiese conocido este la-
. do dudo que le babria considerado como un cuadro mas digno pací ni* i incólico Etoné, que las comarcas dala América del Norteen donde hizo sofiai jemelo de Werther.
A doscientos metros del campamento, vacia sus aguas el lago; en
boca non" <-l Petrohue unos treinta metros de ancho; corre bastan mcio obre una lonjitud de cien metros; d comí) un d
cfpalb que se re fuera del alcance de o maestro o como un chiqui* lio lejos de las mirad principia a hacer un grandí
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mo ruido, azota sus aguas contra las peñas que le impiden el paso, hace sallar la espuma^i se aloja ron fuertes bramidos por el lecho de lava: el ruido i la espuma v;ui creciendo al avanzarse hacia el sur. Guando las aguas délos torrentes (pie bajan del Osorno aumentan
su volumen, debe presentar un espectáculo magnífico dé devastación;
penas i arbolesjigantescos, arrastrados al medio de las i -pumo-as olas por la violencia de la corriente. (¿Monees debe el cauce lomar una anchura mucho mayor; lo que nos lo hace creer, es que, en nuestro camino desde el último campamento hasta el lago de Todos los Santos, a unos ciento o doscientos metros del lecho actual del Petrohue, hemos visto el efecto evidente de la acción destructora de las aguas, en unas especies de arcos de piedra cavadas en la orilla, i en las raices desnudas de los árboles riberanos. En la salida, la orilla opuesta del Petrohue, está cortada a pico, pero en donde nos hallábamos hai una playa de arena poco inclinada, en la cual las creces del lago han dejado huellas de sus alturas sucesivas, dibujando con pedazos de lena, curvas horizontales perfectamente regulares. Nos atrasamos en nuestra marcha, por los hombres que llevaban las cargas, i se com. préndela dificultad con que avanzábamos, porque llevábamos no solamente los víveres con que diariamente se alimentaba la jente en la marcha, sino también los que se iban a usar cuando hubiese dejado en Nahuel-huapi a los hombres que debían volver atrás con Vicente Gómez, para aventurarme con mis seis compañeros en busca del desagüe, i alcanzar al Puerto del Carmen, bajando el rio Negro. Q,uieria tener al separarnos dos meses de víveres para siete personas. Las cargas de cada individuo eran pesadas, de allí resultaban los atraso?, pero eso no nos quitaba el ardor que en toda empresa asegura el buen éxito. Es increíble como estos peones soportaban la fatigas; los turcos son hombres de una fuerza proverbial, pero creo que se confesarían vencidos en presencia de nuestros chilotes; tomaban estos por la mañana un puñado de harina tostada con agua, llevaban otro puñado para fortalecerse en el camino, calzaban su hojotas de cuero fresco i luego se ponia en marcha con el pié ájil, el corazón alegre i un peso de setenta i cinco librasen el hombro. Los que llevaba no eran indig, nos de su reputación; por eso llegando a las orillas del lago, para recompensarles su buena voluntad i Al mismo tiempo darles fuerzas nuevas con la carne fresca, hice matar el ternero que me había regalado don Francisco Geisse. Las cabras se reservaban para mas tarde. A la noche cesó un poco la lluvia.
16 de diciembre. — Por la mañana llovió mucho. Las nubes que
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cubrían el lago, no permitían distinguir el mas pequeño pedazo del horizonte: habíamos dejado una porción de carga en la mitad del camino desde el último campamento; fué preciso mandar a todos los hombres en busca de ella antes de pasar mas adelante. Salieron a las cinco de la mañana. Este día, nos vimos obligados a pasarlo en la inacción; cuando digo inacción, se debe entender respecto de caminar adelante, porque, aun cuando acampábamos, teníamos siempre algo que hacer, aquí mismo, sino hubiésemos tenido necesidad de mandar a la jente, siempre habría sido preciso esperar que los carpinteros construyesen los remos para los botes de guta-percha i para la embarcación de mi última espedicion que hallamos en bastante buen estado, es verdad, pero privada de todos sus útiles. La escopeta también estaba muí sucia, la había mandado limpiar al armero de la Colonia, antes de mi salida, pero era tan húmedo el clima, que con esos ocho o diez días de viaje i de mansión en unos focos tan grandes de humedad, se hallaba toda mohosa. Teníamos grande ínteres de conservarla en buen es'.ado porque para el viaje que hacíamos, los víveres que nos podían venir del cielo en forma de plumas o del suelo en forma de pelos, no eran despreciables. Cada vez estaba mas contento con la dirección del buen Vicente Gjmez, solamente nos incomodaban mucho los gritos de cólera i el olor fétido del jefe de nuestro jénero cabrío, el cabro, que se irritaba al ver rechazadas sus solicitaciones amorosas por sus compañeras de cuernos largos.
A las once i media llegaron los peones; a medio día, armé los botes de guta-percha; eran mui livianos i no obstante se comportaban bien en el agua: se componían de un sistema de curvas articuladas entre si, sobre una quilla de ocho pies de largo que, al plegarse, les permitía juntarse unas con otras, i ocupar un espacio mui reducido; el forro es - tenor de gutapercha, era la mitad de una elipsoide; se aplicaba al esqueleto, i se sujetaba por medio de cuerdas que pasaban por unos ojales i unos agujeros abiertos cu la extremidad de las curvas. Hice amarrar juntos dos de estos botes; un bogador colocado en cada mío, manejaba un remo i hacia avanzar el sistema que era muí liviano i poco celoso a causa de los tubos de aire que tenían a los lados. Kl
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i que aquí se habían hecho intolerables, cesaban de picar, i disminuía bu número cuando la lluvia. aumentaba. Procurábamos tener paciencia en la carpa, esperando el buen tiempo; era entonces «uando la guitarra nos prestaba grande utilidad; le había quebrado, pero mediante algunas ojotas viejas deque hicimos cola, se pudo compones*; jro locaba al ílageolet, Vicente Gómez me acompañaba con la guitarra i Lenglier Unía su voz al sonido de los instrumentos: concierto era este nue bien podría ofender los oídos delicados de un düettanti, pero para nosotros, menos escrupulosos en la harmonía, tenia la ventaja de hacernos olvidar la lluvia i el mal tiempo.
Nuestro pasatiempo fué interrumpido por la fuga de las cabras que dispararon al monte. Mandé en su busca, temiendo que fuese a encontrarlas como en la Biblia, algún león devorador. Los peones volvieron sin haberlas encontrado. Al fin nos acostamos, esperando hallarlas al dia siguiente.
En la noche, truenos i relámpagos.
17 de diciembre. — Miércoles por la mañana lluvia i viento: unos se ocuparon en buscar las cabr.is, oíros en hacer leña, porque era probable que pasásemos todavía el dia ahí. La temperatura bajó mucho en la noche, el nivel del lago subió como cinco centímetros; piedras descubiertas el dia antes estaban ahora ocultas por el agua; con este hecho pude esplicarme la causa de la existencia de varios árboles muertos que sumidos en el agua de las orillas, se ven en varios puntos del lago, los que mantienen su posición natural i parecen haber crecido en donde se hallan; ha habido pues grandes variaciones de nivel. La boca del Petrohue no es suficiente para dar salida a las aguas del invierno, i los grandes trozos derrumbados del volcan, estrechándolo mas, han orijinado estas variaciones. El viento arrastraba de tiempo en tiempo los nublados i a cada instante, como uno es llevado a creer lo que desea, esperábamos que el tiempo cambiase. Amediodia, mejoró, i lo aprovechamos para estoparel bote; se recojió todo lo útil entre los restos del de Muñoz Gamero i se hicieron los remos necesarios.
Las cabras llegaron, faltaba solo una oveja; tai vez el león se la comió.
Los leones de estas tierras no son tan terribles como los de África, pero tienen el mismo gusío pronunciado por la carne de oveja, el puma (Félix Catusleo) se sube a los árboles como el gato doméstico,
cosa que jamas ha hecho el Sultán de la montaña, como le llaman
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lo3 árabes, también este es uno de los medios de tomarlo, se le persigue con perros, i uña vez que se ha subido, se le echa el lazo. Llovió toda la noche hasta el otro dia.
18 de diciembre. — Jueves por la mañana, disminuyendo los víveres a causa de nuestra prolongada permanencia en ese lugar, Vicen le Gómez envió seis hombres en busca de provisiones, principalmente de papas que había dejado para su vuelta enterradas en la orilla de Llanqui hue; pensamos embarcarnos i dirij irnos hacia la bahía en donde desemboca un pequeño rio que trae las aguas de la laguna de Calbutué. El deseo de comer carne fresca i de ahorrar nuestros víveres de viaje, nos decidió, porque hai en este punto dos o tres potreros limítrofes i los animales vienen a saciar su sed a las orillas del lago. Llevé pues, mi rifle con esperanza de usarlo. Después de haber navegado dos horas i media, tuvimos que volver sin haber desembarcado. Dolí, en su mapa, hace figurar como ininsig niñeante al estero Calbutué; pero una vez pasada la isla que hai en la entrada, nos encontramos con una gran bahía como de doce quilómetros de largo i uno de ancho. La falta de tiempo nos hizo volver. A las ocho de la noche llegó la jente, trayendo tres sacos de papas i uno de harina cruda: su viaje no había tenido otro incidente que el pánico ocurrido a un simplón, que iba un poco atrás de los demás con un saco vacio, i se asustó a la vista de un zorro, que tal vez tuvo mas miedo que él, dejó caer el saco i huyó. Solo hubo que deplorar la pérdida de ese saco. Lo peor era que no se había hallado rastro alguno de la oveja; tal vez ya reposaba en paz en el estómago de algún león; nos era sensible la menor pérdida de víveres.
En la noche, tiempo variable.
1 9 de diciembre* — Viérnea por la mañana; había apariencias de buen tiempo, pero eran engañadoras. La cima del Osorno, que, al levantarse el sol, era de un blanco deslumbrador, se cubrió poco a poco de nublados: Su aspecto, de esto lado, es de cir, visto del este, no es lo mismo que del lado del campamento de Llanquihue. Dos cerros de un color oscuro bien marcado, que mirados del otro bulo, parecían ser piule integrante del cono, aparecen desde aquí distintamente separa
• Ir. él por una gran quebrada, dirijida del Oeste al Este, i entón ees la parte mas baja de la nievo cubierta por erres, desaparece
detrai de ellos i parece que principiase mucho mea arriba*. Bn la fal da orienta] i >Ie i en poco tiempo se puede llegar á las prhi
MI i mpre cubierto de nublados, pero eri ese dis ieha"
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liaban mas cutos, i pudimos percibir la crestas de los altos cerros que al Este forman su fondo i en el cual se dibujaba una línea blanca, chorro de agua producido porlas nieves derretidas, qnecata perpert-
dieularmmitc de las cimas al lago.
A medio dia, se armaron Losbotesde guia-percha, i compusimos una flotilla con la embarcación de madera i cuatro botes remolcados polla primera. (Jomo el i iento era favorable, Be iban a ayudar los hombree
con la vela clásica de los ciñióles: lies o cuatro ponchos, unidos por agujas de palo. Despachamos casi todos nuestros víveres i todas las cabras i deseamos buena travesía a nuestros marineros.
Con el teodolito, situamos la isla i algunos puntos cercanos de las dos riberas.
El tiempo seguía bueno.
20 de diciembre.— Había, niebla, aunque el viento viniese del sud, viento que en la Colonia siempre traia buen tiempo.
Lenglier salió para reconocer las orillas del lago situadas entre el Norte i el Nor-Oeste. Anduvo como trescientos metros por una orilla cortada a pico i guarnecida de raíces tortuosas i de troncos de árboles; después encontró una playa de arena, larga como de 1,500 metros, a que vienen a desembocar tres o cuatro grandes lechos de torrentes que bajan de la cima del Osorno; uno de ellos es particularmente notable; formado de paredes verticales, principia mui arriba en el volcan para venir, aumentando su ancho, a concluir en el lago. Las cimas de sus paredes están cubiertas de árboles verdes; pero lo mas curioso eran unos árboles verdes situados en el medio del lecho que se hallaban enterrados en la arena hasta una altura de tres o cuatro varas; probablemente, esos árboles brotaron entre dos ¡grandes avenidas del torrente i fueron después cubiertos por la arena, producto de la trituración de las lavas arrastradas por las aguas en el último derretimiento de las nieves.
Estos lechos sirven también de caminos a los leones que viven en las faldas del Osorno i que vienen a apagar su sed en las aguas del lago; Lenglier encontró mui frescos en la arena los rastros de un león, es decir de una leona, porque detras se distinguían los rastros mas pequeños de un leoncito. Se paseaba talvez por gusto o por hijiene con su cachorro, dándole a conocer les rincones i escondrijos de sus dominios futuros.
En la noche, cuando volvía Lenglier de esta espedicion, llegaban también los hombres que habían ido al otro lado del lago: el viaje se había verificado sin accidente; tres de ellos habían que-
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dado en el Peulla para hacer el sendero. Nos preparamos a levantar el campamento. Al dia siguiente, debíamos trasportar todo al otro lado, las personas i los víveres.
21 de diciembre.— El domingo por la mañana el tiempo era bueno. Salimos a las nueve; al cabo de dos horas, nos hallábamos en la isla que los precedentes esploradores han llamado la isla del Chivato; por unos cabros que dejó en ella Muñoz Gamero; es una isla cuyalonjitud (es mas larga que ancha) tiene la dirección Oeste-Este; está situada en frente de la bahía de Calbutué, tiene al lado unas islitas pequeñas, es toda cubierta de bosques; la orillamos toda i nos desembarcamos en una ensenadita en donde los hombres se refrescaron conpangues; de allí nos dirijimosa la orilla Norte, al Este de una punta arenosa, formada por los alubiones de un rio torrentoso que baja del pico de Bonechemo.