Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Capítulo real 30 de 36

Capítulo 7

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

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MONUMENTOS Y CURIOSIDADES DE SEVILLA.

La Catedral.--El Alcázar.--La Lonja.--El Museo de pinturas.--La Universidad.--La Casa de Pilatos.--El barrio de Triana.--La industria sevillana.--Varias observaciones.

Imposible me sería hacer una descripcion hábil y detallada de las preciosidades artísticas que tiene Sevilla. Una residencia de cinco dias no era bastante para una observacion prolija, y aunque lo fuese, no me es dado hablar con propiedad respecto de bellas artes. Indicaré muy de paso mis impresiones mas vivas.

Desde luego, la catedral es la gran maravilla de la metrópoli andaluza. Es una enorme masa de piedra, de estilo gótico del siglo XV, en su casi totalidad; pues la parte de atras es del Renacimiento, terminada mucho mas tarde,--circunstancia que produce un contraste desagradable. El templo carece de torres y su fachada principal está incompleta, faltándole los principales bustos y adornos propios de su época. Concluido lentamente en un largo trascurso de tiempo, parece en su exterior como un monumento dislocado, no obstante la majestad y el atrevimiento de sus arcos y bastiones aéreos que parecen hacer una muda invocacion al cielo. La grandeza de la catedral (la primera de España sin disputa, bajo ciertos aspectos) está en el interior. Es tal su opulencia de mármoles, que su solo pavimento de grandes baldosas blancas y negras ha costado la fuerte suma de 125,000 duros. Mide una longitud total (con su prolongacion de la capilla real) de 417 piés, 315 de latitud y una elevacion que, empezando por 53 piés en las capillas se eleva á 104 en las naves laterales, á 145 en la principal y á 171 en la cúpula ó cimborrio que la domina. Como se ve, las proporciones son colosales.

Sus cinco vastísimas naves son de una majestad imponente, sobre todo la central, cuyo admirable artesonado de piedra reposando sobre numerosas columnas formidables y atrevidas es de una ligereza y audacia muy notables. Sus noventa y tres vidrieras de las ventanas ogivales (obra del siglo XVI) son bellísimas por su finura y colorido; y la sillería del coro es una de las mas ricas y mejor trabajada que he visto en las catedrales góticas. Los frescos de la cúpula son muy bellos, como las rejas monumentales de labor exquisita que encierran el coro. Puede considerarse cuántos primores de arte contendrá esa catedral, con solo saber que en ella han trabajado sucesivamente ciento noventa y seis artistas notables, algunos de ellos eminentes y de primer órden. Y con todo, por una extraña negligencia, se ignora el nombre del arquitecto que trazara el plan de tan grandioso monumento.

Si sus dos colosales órganos son soberbios en todos sentidos, y los muros, las pequeñas capillas y las bóvedas tienen cien bellezas que admirar, al penetrar á la capilla real y la sala capitular (haciendo una transicion repentina de la sombría solemnidad de lo gótico á las floridas creaciones del arte greco-romano) se encuentran primores de escultura y pintura y relieves y trabajos delicados de arquitectura que son de mucho mérito. Allí se revela en obras inmortales el genio de Murillo, de Herrera y otros grandes maestros, al lado de muy superiores escultores. En la capilla real veneran la efigie de Fernando el católico y se ven entre otros sepulcros notables los de Don Alonso el sabio y su madre Doña Beatriz.

La sacristía contiene riquezas inmensas en joyas y vasos sagrados, y es prodigiosa la pompa que el clero sevillano despliega en la Semana Santa para el tocado y las vestiduras de la Virgen. ¡Cuántas miserias no serían aliviadas si la Iglesia católica, renunciando á un lujo de ostentacion que ofende la majestad inmaterial y suprema de la Divinidad, y que desvirtúa la noble sencillez del cristianismo, renunciase á las costumbres paganas y consagrase á la enseñanza y la beneficencia los inmensos tesoros improductivos que yacen en las sacristías!

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El _Alcázar_ de Sevilla, de universal renombre, es sin disputa uno de los mas bellos monumentos de la arquitectura arábiga; pero de ningun modo puede ser comparado con la Alhambra. Verdad es que la eminente situacion de esta es excepcional, miéntras que el Alcázar está como escondido en el seno mismo de Sevilla, á unos 500 metros apénas de la catedral. Comenzado por los Moros en 1111 y terminado en su parte baja ó primer cuerpo en 1181, fué la residencia de los reyes moros hasta la reconquista de Sevilla en 1247. Tocóle á Don Pedro el Cruel la construccion del segundo piso, que completó el edificio. Un vasto patio, rodeado de viejos muros, da acceso al Alcázar, cuya primorosa fachada, de una construccion sencilla pero cuajada de relieves ó arabescos, anuncia con esplendor las bellezas interiores.

Todo el edificio se reduce á dos series de vastos salones ó aposentos, generalmente cuadrados y superpuestos en dos pisos. La parte baja de los muros y los pavimentos se compone de lindos azulejos ó ladrillos finos de loza, de colores vivísimos, con las mas graciosas figuras ó dibujos. La parte superior de cada muro, desde su altura média hasta los techos artesonados, de yeso estucado ó de madera, reproduce en lo general, con increible profusion, los mismos adornos floridos ó arabescos que hacen el encanto de la Alhambra, repitiéndose siempre las formas de aquellas exquisitas filigranas de yeso, pero sin perder por eso su gracia de contornos, su finura de líneas sorprendente donde quiera, y su viveza de colorido en combinaciones resplandecientes. Como Don Pedro el Cruel empleó artistas árabes en la terminacion del edificio, los trabajos de arte son completamente homogéneos. Los artesonados ó techos, principalmente los de cedro, son de un gusto de ejecución delicadísimo.

El Alcázar, lleno de luz por la naturaleza de su construccion, no tiene en sus salones y aposentos ese aire de voluptuosidad y de misterio sombrío que domina en la Alhambra. En el Alcázar todo es alegre y resplandeciente, y desde las ventanas y los balcones volados de las piezas interiores se goza de todo el espectáculo encantador que ofrece el inmenso jardin oriental que rodea al palacio. ¡Qué de tradiciones dramáticas en aquel recinto donde reinaron razas y dinastías enemigas! Si el salon de los _Embajadores_ arrebata por su magnificencia y su cúpula soberbia, hace evocar mil historias y leyendas con los retratos al fresco de todos los reyes godos que se ostentan en la techumbre. Ya se siente uno sobrecogido de horror al atravesar la sala donde fué asesinado Don Fadrique por órden de su hermano Don Pedro; ya se destiene á cavilar, visitando la alcoba donde dormia el rey cruel, sobre los dramas de sangre, de zelos y desconfianzas terribles que fueron la consecuencia de las sombrías meditaciones de aquel hombre en sus desvelos; ya en fin, al descender al patio de las _Muñecas_ (donde tenian las moras sus grandes baños) y penetraren los subterráneos donde un tiempo se bañaran voluptuosamente las princesas orientales y mas tarde Doña María de Padilla, se estremece uno pensando en el doble uso de aquellos subterráneos creados para el deleite y convertidos en sepulcro. Allí, en uno de los calabozos húmedos, sin aire ni luz alguna, sufrió su prision y su martirio esa mujer de tan célebre memoria.

El jardin, que tiene como tres hectaras de superficie total, está encerrado por un alto muro que por sí solo es un monumento. Todo él está lleno de arabescos, de columnitas preciosas, de frescos, inscripciones y mil adornos muy bellos. Lo que mas admira es que esos primores de arte, expuestos á la intemperie despues de tantos siglos (pues tal es la construcción de los muros) se conservan perfectamente y subsisten como modelos del arte arábigo. Sería imposible describir completamente ese admirable jardin (tan especial en Europa) sin llenar muchas páginas cuyo poético lenguaje parecería exagerado. Aparte del interes que tienen la fachada interior del Alcázar y los altos muros que encuadran el recinto, el fondo mismo del jardin es encantador por su conjunto así como por sus preciosos detalles. Al recorrer sus laberintos de arrayanes simétricamente recortados, sus tupidos bosquecillos de naranjos y granados, sus vastas aglomeraciones de arbustos y plantas en flor, tan brillantes como artísticas en unos sitios, tan graciosamente desiguales en otros, y al penetrar en todos los santuarios de verdura que pueblan el recinto, se cree uno como trasportado á los edenes orientales.

Allí todo es voluptuoso, risueño, tentador. Ya se divierte uno en querer hallar la pronta salida de los laberintos de arrayan, ó en descifrar las alegorías de todas formas trazadas en el suelo por medio de los mismos arbustos de arrayan hábilmente dispuestos; ya se goza en admirar los grupos floridos, los juegos de aguas ingeniosísimos y sorprendentes, las numerosas fuentes de formas arábigas y las escalinatas de mármol donde el sol andaluz brilla con todo su esplendor. Ora se pone uno á vagar, soñando y recordando mil historias, bajo la sombra espesa de los bosquecillos de naranjos, limoneros y granados, donde se siente la embriaguez deliciosa que producen el azahar y el jazmin, la albahaca y las rosas en profusion. Ora en fin, al rumor de las fuentes y al canto de los pajarillos habitadores del jardin, se reposa con deleite, sentado en otomanas de mármol, bajo las cúpulas de lindos pabellones de estilos diferentes, construidos en el centro de aquellos retretes de verdura que parecen evocar las sombras de las sultanas y las tradiciones de la civilizacion morisca. El Alcázar es un delicioso monumento. Su tipo es la frescura risueña. Allí falta la grandeza que caracterizó la Alhambra. Por eso, al salir de la antigua mansion de Don Pedro el Cruel, se siente pesado y desagradable el aire de la calle y se lleva una dulce impresion, pero no se experimenta esa tristeza que acompaña al viajero al alejarse de los sitios y los monumentos admirables de la vieja fortaleza de Boabdil.

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La _Lonja_, situada al lado de la catedral, es un hermoso y elegante monumento que hace honor á su artífice, el famoso Herrera. Es completamente cuadrado, mide 37 metros por lado y su estilo es del Renacimiento, pero de una sencillez deliciosa que en nada perjudica á su majestad. El mármol está allí prodigado con suma opulencia, y la luz entra por todas partes á torrentes. El Tribunal de comercio y la Bolsa tienen su residencia en ese espléndido palacio de la especulacion. Allí tuvo su asiento, como he dicho, la famosa _Casa de contratacion,_ institucion establecida por la España en sus tiempos de obcecacion política para explotar el comercio de sus colonias colombianas, mediante el monopolio. Los inmensos archivos se conservan en hermosos armarios con el mayor cuidado, en términos que la historia comercial y económica de Hispano-Colombia, durante una larga época, se encuentra allí esparcida en millones de documentos.

El edificio es de dos pisos, claustrado en ambos, pero sin balcones ni galerías salientes. Todos sus pavimentos son de mármol y todos los muros y techos de piedra pura. Lo mas notable por su mérito de composicion está en la escalera y los artesonados. La primera es por sí sola un espléndido monumento, por sus formas, la enormidad de sus mármoles (todos de Granada) tan ricos por su finura como por sus colores y volumen y formando mosaicos primorosos. El techo se compone en los cuatro lados de un encadenamiento de bóvedas, con la particularidad de que no hay entre mas de cuarenta artesonados (de pura piedra, sólidos en extremo y atrevidos y hermosamente ensamblados y labrados) dos que se parezcan en sus relieves ó formas parciales. La Lonja es, en su género; quizas el mas hermoso monumento que tiene España.

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Si el arte de edificar reune tan admirables muestras de todo género en Sevilla, el arte divino que crea la luz y eterniza la verdad en la tabla, el lienzo y el muro, no tiene ménos quizas de qué enorgullecerse en la patria de Murillo y Herrera. El Museo de pinturas de Sevilla es por sí solo un tesoro inmenso, aún á los ojos del que ha conocido los de Madrid, Paris, Dresde, Ambéres y otras ciudades europeas. Sinembargo, no todo el Museo merece tal reputacion. Exceptuando unos seis cuadros de primer órden en el gran salon (local oscuro y triste de una antigua iglesia), puede decirse que el valor esencial está en el _salon de Murillo,_ cuyo precio es incalculable.

El salon principal tiene buenas obras, sin duda; pero la gran masa no es sobresaliente, porque Sevilla (que ha dado su nombre á una grande y gloriosa escuela) ha sido sucesivamente saqueada en materia de pinturas, ya por el mariscal frances Soult, en la época de la guerra nacional, ya por las autoridades que han querido organizar museos nacionales y _particulares_ á expensas de las provincias. Se siente uno pasmado de admiracion á la vista de la sublime _Asuncion_ de Murillo, tan profundamente celestial en sus formas y expresion; del famoso cuadro de Zurbarán (que tiene su historia político-diplomática) representando la predicacion de _Santo Tomas de Aquino_; de una _Concepción_ y una _Visitacion_ de Valdez, que evoca con divina uncion todo el poema del misterio bíblico; de un _Cristo_, de Zurbarán tambien, asombroso de dolor y agonía suprema; de un _Jesus_ de Estéban Márquez (discípulo de Murillo), que parece creado por la inspiracion y la mano del maestro; y en fin, de los _Cinco Apóstoles_ de Polanco, artista cuyas obras me han parecido notables por la energía del pincel. Al contemplar todas esas figuras, bajo las sombras del templo desierto, se comprende bien la superioridad de los genios que, profundamente agitados por el sentimiento de la piedad y la idea cristiana, han creado un arte nuevo, dándole el sello de la majestad, la uncion y la santidad.

Esto es precisamente lo que mas resalta al recorrer el salon que contiene únicamente obras de Murillo. Los veintitres cuadros que forman esa coleccion fueron elaborados durante un encierro voluntario á que se condenó el piadoso artista, asilado en el convento de capuchinos de Sevilla. Es bien sabido que Murillo nunca empezaba una obra sin haber comulgado, lo que prueba cuán hondamente lo impresionaba el sentimiento religioso. La soledad era su mejor elemento, porque ella le infundia ese recogimiento supremo que les diera su carácter de beatitud casi inimitable á todas las creaciones del gran artista sevillano. A este propósito es digna de mencion una obra superior de Herrera el viejo, que se ve en el primor salon. Es un _San Hermenegildo_ admirable, hecho en su calabozo por aquel pintor, condenado á perder la mano por haberle dado un bofeton á cierto clérigo. Sin duda el artista comprendía muy bien todo el valor de su mano _en capilla_, puesto que produjo una obra sublime que le valió el perdon. Casi siempre las mas grandes producciones del genio han nacido en momentos críticos y en las sombras del recogimiento.

Casi sería inútil, y acaso pretensioso, hacer una eleccion cualquiera entre los veintitres cuadros de Murillo, que valen mas de quinientos mil pesos, al decir de algunos conocedores. Todos son á cual mejor. Sinembargo, el cuadro que representa el milagro de _San Francisco de Asis_ es acaso el mas vigoroso como obra de pincel ó labor. Como obra dé inspiracion, nada seduce tanto como la _Adoracion de Jesus_: la figura de la Virgen es de una expresion de pureza y gozo celestial insuperables; y el candor, la sencillez, la sorpresa inocente de los pastores, que atisban al niño con curiosidad infantil, son inimitables. Acaso sea necesario mencionar tambien, como creaciones soberanas, el mendigo del cuadro de _Santo Tomas de Villanueva_, un _San Félix de Cantalicio_, una _Concepcion_ (el estudio predilecto de Murillo) y una _Asuncion_, tipo que muy raros artistas han logrado imitar ó revelar con sus verdaderas condiciones.

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Que el lector me perdone si le invito aún á visitar otro museo interesantísimo, simple porcion de ese vasto, complicado y preciosísimo museo de mil formas que se llama Sevilla.--Hablo de la Iglesia de la _Universidad_, que el extranjero visita con profundo placer. Allí hay una numerosa coleccion de tumbas interesantes bajo todos aspectos. Entre las diez que sobresalen se ven las del duque de Alcalá y su mujer, fundadores del edificio, y de otros nobles castellanos célebres en la historia, que son verdaderos monumentos por el gusto de las formas, el mérito de los mármoles y el primor y la riqueza de los relieves, los bustos ó cuerpos y demas esculturas. En clase de esculturas religiosas hay un _Cristo_ de Montañez, tan asombrosamente superior que por sí solo vale por un museo; así como un _San Ignacio de Loyola_ y un _San Francisco de Borja_ (del mismo artista), que son estatuas admirables. El _San Ignacio_ principalmente parece haber realizado el ideal supremo del arte que puede animar el mármol, la piedra ú otra materia, y darles un lenguaje elocuente y una mirada profunda. Toda la historia de la Compañía de Jesus parece surgir _a priori_ de esa frente marmórea y ese ojo ardiente y fascinador que sondea y medita.

En cuanto á pinturas de la capilla, el altar mayor y los muros laterales contienen obras verdaderamente maestras de Roelas, Pacheco, Alonso Cano y otros artistas que tuvieron justa celebridad en España. Es bien digno de notar que el arte de la pintura ha corrido siempre parejas con el movimiento caballeresco y religioso de los pueblos. Entre las sociedades europeas el pincel parece haber reinado siempre al lado de la espada y á la sombra del capuchon. Italia, España y Francia,--los pueblos mas guerreros y mas exaltados ántes en el sentimiento religioso,--han revelado su historia en los lienzos con singular energía. España es un país inmensamente rico en pinturas, porque ha tenido exuberancia de conquistadores y frailes.

Sinembargo, pocas ciudades tienen en la península el privilegio que posee Sevilla. Madrid, Barcelona, Cádiz, Búrgos, etc., son esencialmente españolas. Valencia es medio morisca, pero muy inferior en cuanto al arte á las dos ciudades andaluzas mas notables. Córdoba es casi toda morisca. Toledo esencialmente compleja, pero dejando predominar el arte gótico y el greco-romano en sus principales monumentos. Solo Sevilla y Granada tienen la singular ventaja de revelar simultáneamente, por sus obras artísticas, las mas completas manifestaciones de diferentes y aun opuestas civilizaciones. Pero todavía Sevilla es en eso muy superior á Granada. Sevilla mantiene juntas y vivas, con singular energía, todas las tradiciones orientales, así como las pruebas del arte latino y del gótico en obras superiores.

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Todavía mencionaré un monumento en extremo curioso, que es una de las obras de estilo morisco mas interesantes en ese arte de la escultura plástica y pintoresca que los Moros tenían tan avanzado en el siglo XIV. Me refiero á la _Casa de Pilato_, edificio curiosísimo que hoy pertenece á los duques de Medinaceli. Se asegura que esa casa es una del reproducción de la que habitara en Jerusalen el famoso juez que dejó á los togados y políticos el modelo de la _habilidad_ que consiste en _matar y lavarse las manos_, Cuentas que un caballero cruzado español, al volver a Sevilla de la guerra santa, quiso perpetuar la memoria de sus campañas en Palestina y para eso mandó construir la _Casa-Pilato_ conforme al modelo traído. Sea cierta ó no la tradición, ello es que la casa no revela en sus obras de arte sino el estilo arábigo florido (el mas avanzado), que no podía haber sido conocido en los tiempos de Cristo, y que apenas se iniciaba en los de las Cruzadas. Pero la cuestión no nos importa a los curiosos, que debemos limitarnos á observar y recoger impresiones.

La famosa casa del cruzado sevillano tiene dos patios, el primero común y sin obras de arte, y se compone de dos pisos, con galerías superpuestas, en forma de claustros. El patio interior, perfectamente cuadrado (forma general en la arquitectura oriental), está todo pavimentado con bellas y grandes baldosas de mármol negro y blanco, y tiene en el centro una primorosa fuente que hace juego con cuatro estatuas romanas colocadas en las esquinas. Las galerías están sostenidas por veinticuatro columnitas, también de mármol, de mucha gracia y ligereza, y en todo el derredor se ven en los muros los bustos de los emperadores romanos muy bien trabajados. Si en los pavimentos de las galerías y la parte inferior y central de las paredes brillan los primorosos azulejos (que son los _mosaicos_ del arte oriental), en la parte superior hay un gran lujo de arabescos ó relieves, blancos y de colores, que imitan ó reproducen los primores plásticos y los bellos estucos de la Alhambra y el Alcázar,--siempre serviles, sin originalidad ó variacion notable, pero siempre graciosos. Por último, al derredor del patio, sobre las galerias bajas, se hallan cuatro salones cuyos azulejos, arabescos y artesonados son de mucho gusto por la ejecución esmerada y el colorido. Lo demás de la _Casa de Pilato_, aunque mas ó ménos curioso, llama poco la atencion, siendo de notarse que la distribucion del edificio es de extrema sencillez.

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Sevilla es una ciudad célebre por muchos motivos, entre otros por los hombres eminentes ó personajes históricos que ha producido. Allí tuvieron su cuna los emperadores romanos Adriano y Teodosio, el ilustre Las-Casas, los pintores Murillo, Herrera (el viejo) Roelas y Pacheco, el famoso historiador Herrera, llamado el _divino_, y los poetas Rioja y Jáuregui. De allí partió Magallanes para hacer su primer viaje al derredor del mundo, en 1519; y Sevilla le disputa á Granada la cuna de Lope de Rueda, tan ilustre actor como escritor dramático; especie de Molière español.

Cada uno de los nueve arrabales de Sevilla es notable por algún monumento ó fábrica importante. Pero el de _Triana_ es de una especialidad puramente social. Está ligado á la ciudad, como he dicho, por un hermoso puente colgante, que interrumpe ó sirve de límite á la navegación del Guadalquivir marítimo. Sus muelles hacen frente á los del puerto principal de Sevilla, así como á las fortalezas que dominan el río y la estación del ferrocarril que conduce á Córdoba. Si las primeras calles de Triana que avecinan al puerto tienen la estructura general de las de la ciudad, al avanzar hacia el interior de ese arrabal se encuentra el aspecto complejo de la vieja España y de las _poblaciones_ gitanas. Triana es la residencia de todos los gitanos de Sevilla, cuya suerte se parece bastante á la de los judíos en Roma, en Praga y otras ciudades europeas. Así como en estas hay un _Ghetto_ ó barrio donde los israelitas viven ó vegetan, confinados en unas partes (como en Praga) ó proscritos y cruelmente tratados (como en Roma), los gitanos tienen su _Ghetto_ en cada ciudad de España, sin habitar nunca los demás barrios.

Pero hay una diferencia muy sustancial. El judío es proscrito en Europa, especialmente en Roma, por espíritu de persecución é intolerancia, ó por tradición ó costumbre; en tanto que el gitano no es en España objeto de persecución. Él se confina a un solo barrio, se proscribe á sí mismo, por espíritu de raza (orgullo, resentimiento é interés en el aislamiento); y por eso se ve á los gitanos formando una comunidad aparte, lo mismo en Madrid (hacía la puerta de Toledo), que en Granada (en el Albaicin) y en Sevilla en el arrabal de Triana. Aquí se revela quizás con mas energía uno de los rasgos distintivos del gitano. En Granada es casi natural la arquitectura subterránea de esa raza, porque el terreno parece indicarla en el Albaicin. Pero en Sevilla no se comprende en el primer momento por qué razón los gitanos siguen el mismo sistema (aunque notablemente variado en la forma), no obstante que el terreno de Triana es enteramente llano. El aspecto de las calles es tristísimo. Raras son las casas que tienen un piso alto; casi todas son muy bajas, con puertas y ventanas mezquinas, pequeños patios desiertos, paredes y techos lamentables que revelan suma pobreza y abandono. Las calles, malísimamente empedradas, están desiertas por lo regular, y al andar por ellas apenas se oye el ruido subterráneo de objetos metálicos ó del martillo del zapatero remendón,--ó se ve muy rara vez alguna cara femenina, en una ventana, ó un pequeño grupo de muchachos sucios en un zaguán ó un patio, tristes, pobremente vestidos y con fisonomías repelentes y ásperas en lo general.

Es rarísima la casa de gitano que no tiene un piso subterráneo que se registra desde la calle. La puerta da inmediatamente sobre una especie de sótano (que es el lugar de trabajo), sea por medio de un pequeño zaguan inclinado, sea por medio de una gradería casi abrupta. Las habitaciones que están al nivel de la calle sirven para dormitorios y demás usos; las profundas ó cavadas en la tierra contienen los obradores, talleres y fraguas. Evidentemente hay en los Gitanos una tendencia á la vida subterránea, que no se concilia en apariencia con las costumbres nómades. Hasta en el modo de preparar los alimentos el gitano se sirve de hoyos cavados en la tierra,--procedimiento ingenioso que se presta al misterio y favorece el rápido cocimiento de las sustancias animales y vegetales. Acaso haya algun principio etnológico que determine esas tendencias á lo subterráneo; pero la explicación mas sencilla me parece estar en la naturaleza de la industria y las costumbres de los Gitanos. Raza de herreros y estañadores y de gentes que no tienen una nocion regular de la idea de la propiedad, tradicionalmente habituadas á los fraudes, los robos rateros, las mistificaciones y los procederes hipócritas,--los Gitanos han comprendido sin duda que sus habitaciones debían ser apropiadas á la ocultación y el disimulo. Así, cuando llevan vida nómada, sus hogares cambian de la noche á la mañana, en cuanto al lugar, y son siempre establecidos en los sitios mas solitarios; y cuando se ven forzados á una residencia fija construyen sus habitaciones del modo menos ostensible, á fin de burlar la vigilancia social.

Nos habían dicho que en el arrabal de Triana veríamos cuadros curiosos y animados de la población gitana, que es bastante numerosa. Pero no encontramos sino tristeza, soledad y silencio. Acaso escogimos mal la hora ó el día para satisfacer nuestra curiosidad. Lo que sí pude obtener con seguridad fue la conviccion de que en el pueblo español no hay odio ni preocupacion ninguna respecto de los Gitanos (raza que me parece mucho ménos incorregible de lo que generalmente se piensa); pero que no se hacen los esfuerzos convenientes para producir una asimilacion ó fusión completa. Hay muchos gitanos católicos en España, y sinembargo se les ve persistir en sus hábitos de aislamiento. Y lo mas curioso es que los gitanos _católicos_ (que lo son por el bautismo y sin conciencia ninguna de las doctrinas cristianas y católicas) se distinguen en España por la brutalidad de su fanatismo, en los momentos de exaltacion religiosa. Eso prueba que el fanatismo es siempre compañero de la ignorancia, y que toda la fuerza de los tartufos consiste donde quiera en el dominio que ejercen sobre las masas bárbaras que obedecen maquinalmente al impulso que se les da. El mundo no se librará de los conflictos religiosos sino el día que haya desaparecido de las sociedades «el elemento bárbaro». Por eso se comprende el horror con que los tartufos explotadores de la religión miran toda tendencia hacia la instrucción y educacion de las masas. * * * * *

Sevilla no es solo un centro comercial y agrícola de primer órden en España: es tambien una ciudad fabricante en vasta escala, aunque poco manufacturera. Las grandes fábricas, llamadas propiamente _manufacturas_, que en otras ciudades europeas reúnen á centenares y aun millares de obreros y dan al consumo enormes masas de productos, no existen en Sevilla, donde la maquinaria (como en casi toda España) está muy atrasada todavía. Lo que hay allí es la pequeña fabricacion y el artefacto, cuyos productos son muy considerables por razon de la masa de trabajadores y la multiplicacion de los talleres. Allí existe una organizacion de trabajo en detall que produce resultados visibles. Como el establecimiento de una pequeña fábrica no exige un tren costoso, es muy accesible á los hombres de la clase media y aún á los obreros la adquisición de uno ó mas telares, un taller ú obrador, y por lo mismo se hace mas fácil que en las ciudades manufactureras el paso de la condición de obrero á la de maestro, empresario ó propietario. Con la pequeña fábrica ú obrador las aglomeraciones de obreros son muy reducidas, el artículo trabajado es frecuentemente mas correcto y artístico, la moralidad gana, el artesano ú obrero tiene interes en la obra y trabaja en su propio hogar, y su bienestar es mayor y acaso menos expuesto á las crisis comerciales que afectan á las manufacturas en grande. Ademas, el obrero tiene mas independencia y dignidad trabajando por su cuenta ó en escala reducida.

Los economistas en lo general (acaso olvidándose bastante de los intereses de la moral por atender de preferencia á los de la riqueza) han llevado hasta la exageracion el entusiasmo por las manufacturas. La economía de produccion, que disminuye el precio de los productos y en definitiva favorece á los mismos obreros, les ha hecho desatender ciertos intereses de la moral (pureza, dignidad é independencia del obrero) que se ven seriamente comprometidos en las grandes fábricas. No pretendo examinar aquí una cuestión económico-moral tan importante; pero sí haré notar la observacion hecha respecto de las poblaciones obreras en Europa. En las ciudades principales de España, así como en las de Suiza, en Lyon y otras de Europa, cuyos mas valiosos productos son el resultado de la fabricacion en detall, he notado mas independencia y bienestar, mas dignidad y sentimiento de personalidad en el obrero, que en las ciudades estrictamente manufactureras donde las grandes aglomeraciones de máquinas (humanas y de fierro) tienden á sustituir la fuerza colectiva en la producción á la fuerza individual ó limitada á pequeños grupos de obreros. Acaso sean otras las causas predominantes; pero el hecho es patente, y lo cierto es que en España, donde la gran fábrica es muy rara (exceptuando unas pocas ciudades catalanas), la noción de la personalidad es profunda y general en el pueblo.

Sevilla, como he dicho, es una ciudad artista y artística por excelencia, y sus industrias lo revelan enérgicamente. No hay una calle donde no se vean numerosos talleres y obradores de escultura (principalmente en yeso), de pintura, de joyería y platería, y de toda clase de objetos curiosos. Allí se fabrican por valores muy considerables armas, herramientas y todo lo que corresponde á la quincallería, instrumentos de música (especialmente las elegantes y finas guitarras y bandolas), gran cantidad de telas y artefactos de seda y lana, sombreros, etc., etc. La produccion de loza fina es considerable, y se hace notar bastante la de pieles curtidas, que imitan los bellos tafiletes y cueros marroquíes. Sevilla, como centro agrícola de la baja Andalucia, hace fuertes exportaciones de aceite y vinos, y centraliza grandes valores en granos y frutas de todas clases. Es incalculable el desarrollo agrícola, industrial y comercial que puede alcanzar España, y particularmente las provincias andaluzas, el día que en ese país se renuncie al régimen inepto del egoísmo (que se traduce en prohibiciones y monopolios), y se acepte el libre cambio con todas las regiones del mundo.

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No contábamos con mucho tiempo para hacer un estudio detenido de Sevilla. Pero las impresiones recogidas en pocos días bastaron para hacernos simpatizar vivamente con la metrópoli andaluza, tan poética y original, tan pintoresca en todo. Ella es interesante tambien como centro de vida intelectual y de beneficencia. Posee una considerable biblioteca, una sociedad económica, un liceo, varios institutos notables de enseñanza y artes, una caja de ahorros en prosperidad, y como diez y seis hospitales, hospicios é institutos de caridad y beneficencia. Por demás es decir que las iglesias abundan, como abundaron fabulosamente los conventos. Creo haber contado como ciento doce edificios religiosos, entre iglesias, conventos, capillas y oratorios, lo que prueba que en Sevilla no se han pasado jamas hambres en lo relativo al pasto espiritual. Al contrarío, en esa materia se ha pecado en España por la gula, resultando indigestiones seculares.

Sevilla tiene una circunferencia total (con los arrabales) de 25 kilómetros, y sus murallas, que todavía resisten algo á la acción del tiempo, cuentan mas de sesenta torreones y trece ó catorce puertas mas ó ménos considerables. Se numeran hasta quinientas sesenta y cuatro calles y sesenta plazas; los cuarteles abundan, por desgracia, pero siquiera abundan tambien las fuentes públicas y el agua no falta en ningun punto. Aparte de muchos monumentos de interes mas ó ménos subalterno, de todos los estilos y usos, citaré los dos teatros de la ciudad y la espléndida plaza de toros. Los sevillanos se jactan con razon de tener la mejor plaza de toros de España, y la Vírgen mas opulenta, en su catedral. Mejor les estaría tener una Vírgen pobre y carecer de toreros y de un circo que no puede tener mejor nombre que el de _matadero espléndido_.

Contáronme cosas fabulosas sobre el lujo de ostentacion que se despliega en Sevilla en la Semana Santa, coincidiendo con la gran feria sevillana. Entónces, miéntras que la gente de _tono_ hace prodigios en las procesiones para ponerse á la altura de la opulencia inaudita de la Vírgen, los majos y las manolas ostentan en la feria todo el lujo de sus vestidos pintorescos, sus armas, cabalgaduras y aperos de montar. Cada clase hace las cosas á su modo; pero confieso que las vanidades de la feria me parecen mas excusables que las de las procesiones. Cristo y la Vírgen deben de incomodarse mucho en el cielo, al ver el modo como se les adora _públicamente_ en la tierra.

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EL GUADALQUIVIR.

El primer tren de Sevilla a Córdoba.--Un marques comunista.--La provincia de Córdoba,--Aspecto de la capital;--su poblacion y su estadística.--La Mezquita-catedral.--Curiosidades.--De Córdoba a Baylen;--Andujar.

Eran las siete de la mañana cuando tomábamos el tren del reciente ferrocarril que pone en comunicacion a Córdoba con Sevilla. Por primera vez se iba á ensayar el trayecto comprendido entre la pequeña ciudad de Lora, no muy lejana de Sevilla, y Córdoba. Asi, aunque el tren era irreprochable en la primera seccion ya en servicio, se redujo, desde Lora hasta Córdoba, á un wagon de tercera clase, en que los empleados de la administracion de la empresa tuvieron la bondad de darnos cabida. Como los rieles estaban recientemente asentados y exigian rectificacion, nuestro gran wagon (que parecia una arca de Noé, llevando gentes de toda clase en la mas democrática confusion) saltaba y corcoveaba á cada momento como diez potros indómitos juntos, cosa que nos divertia y asustaba alternativamente.

La via corre al principio por una hermosa y vasta llanura, á la izquierda del Guadalquivir, por entre numerosas casas campestres, extensas plantaciones de hortalizas y cereales, olivares todavía recientes, prados y barbechos donde pacen los rebaños de ovejas, y algunos preciosos bosquecillos de granados que tenian el aspecto mas encantador por sus formas elegantes y sus rojas y lindas flores. Lora es una pequeña ciudad de 8,000 habitantes, situada á corta distancia de la via férrea, y que va adquiriendo importancia á virtud del ferrocarril. Mas adelante se atraviesa el Guadalquivir y la via lo costea constantemente hasta muy cerca de Córdoba, de manera que se le tiene siempre á la vista.

El rio, generalmente con orillas bajas, de cauce poco profundo, arenoso y turbio, no tiene navegacion ni posee la hermosura que se le supone de antemano. El terreno, generalmente llano en el valle y encuadrado entre cordones de cerros bajos ó altas colinas, se presta á los paisajes risueños; pero la ausencia de árboles en las márgenes de las praderas (sino es en rarísimos puntos) hace desapacible ó monótona una comarca que podría ser bellísima en su totalidad. Sinembargo, hay de trecho en trecho paisajes primorosos, por el juego de las colinas con el valle, las vueltas y revueltas del rio, algunas arboledas y varias formaciones geológicas muy interesantes (como la del cerro y castillo arruinado de _Almodovar_) que corresponden á los contrafuertes de la _Sierra de Córdoba_, que hace parte de la Sierra-Morena.

Desde Sevilla hasta el frente de _Palma_ el ferrocarril toca sucesivamente en la ciudad de Carmona y tres pueblos pequeños, Lora, Guadalabar y Peñaflor, ofreciendo bellos puntos de vista y dejando registrar un inmenso campo de olivares, viñedos y cereales. Pero al pasar por en frente de Palma el paisaje que se admira es hermosísimo. Se ven á lo lejos las altas colinas á cuyo pié demora Palma, en un delicioso valle á orillas del Guadalquivir y del Jenil que se le reune allí. Tal parece como si el Jenil le trajese á esa poblacion las seducciones y los encantos de la vegetacion de Granada. En efecto, Palma es un inmenso huerto, escondida literalmente como está entre bosques de naranjos, granados y limoneros, de cuyos frutos hace un comercio considerable.

En un trayecto del Guadalquivir observamos una notable aglomeracion de cañaverales y arboledas que nos llamó la atencion por su objeto. Contáronnos que un cierto marqués, propietario del terreno, hacia una compleja y singular especulacion, mediante el auxilio de las bandas de _estorninos_, pájaros sumamente abundantes en el pais. Parece que los estorninos andaluces profesan opiniones comunistas en alto grado y las practican con mucha sagacidad. Su _política_ industrial consiste en devastar (reunidos por centenares de miles) los inmensos olivares del valle del Guadalquivir y las montañas vecinas, robándose las olivas de los árboles, que trasportan á lugares lejanos para establecer grandes depósitos de prevision y vida comun. Pero el estornino gusta particularmente de los sitios húmedos y sombríos, como los cañaverales y bosques de las orillas del rio.

Esto ha dado al consabido marqués propietario la idea de su especulacion. Ha establecido en la orilla del Guadalquivir algunos de esos asilos de verdura, resultando que los estorninos han fundado allí su domicilio y sus almacenes de depósito. Pero como el señor marqués no ha trabajado por la sola comodidad de los ladrones alados, sus agentes espían los momentos en que aquellos están ausentes en sus expediciones filibusteras, y les roban las olivas depositadas, que le producen al señor marqués un valor considerable en aceite. De ese modo el noble sevillano fabrica aceite de todos los olivares de la comarca, sin tener que cultivar ninguno. Probablemente el marqués considera que, siendo cosa corriente aquello de que «ladron que roba á ladron tiene cien dias de perdon,» no hay inconveniente en aplicar el principio á los pájaros literalmente. Sin duda que el buen hidalgo no ha caído en cuenta de que al procurarles asilo á los inocentes estorninos se hace instigador y cómplice de los _olivicidios,_ en provecho personal exclusivo.

Pero hay algo mas curioso en el asunto. El señor marqués no se contenta con servirse de los pájaros para producir aceite sin tener olivares, sino que perpetra la ingratitud inaudita de vender ó arrendar el derecho de hacer en sus tierras la caza de esos mismos pájaros que trabajan por cuenta de él, caza que le produce al señor marqués en ciertos meses del año una utilidad mas que regulareja. Estos hechos, que son auténticos, me dieron mucho en qué pensar. El señor marqués y _sus_ estorninos me parecieron representar el sistema económico de casi todas las sociedades humanas.

Donde quiera las masas ignorantes, obrando por instinto y necesidad de conservacion, hacen el papel del estornino: trabajan sin descanso, y despues de mil fatigas álguien (que les tiende una trampa) se aprovecha de las olivas, con la diferencia de que el salario del obrero no es el fruto de ninguna expoliacion; y despues de perder ese fruto, no falta quien le haga la caza.

El señor marqués me ofrecia la imágen de los gobiernos que, despues de explotar el trabajo de las masas, mediante los impuestos inicuos, los monopolios, etc., hacen la caza á sus estorninos humanos para convertirlos en soldados ó presidiarios y mandarlos á morir. Cuántos poderes hay en este mundo que viven del comunismo, á estilo del honorable señor marqués de las _Olivas_ y conde de los _Estorninos_!

Hácia las cercanías de Córdoba las montañas de la Sierra toman un aspecto interesante, tanto por sus formas como por sus curiosidades y vegetacion. Los cerros empinados, de formacion granítica en lo general, se suceden en varias proporciones; las altas colinas están cubiertas de olivares hasta la region de la Sierra poblada de encinas, y en las bajas laderas y los vallecitos se extienden en abundancia los viñedos. Al cabo se ven las torres y la masa general de Córdoba de un estilo casi completamente oriental; y en tanto que se distingue sobre una alta montaña el famoso convento de _San Jerónimo_ (fundado sobre las ruinas de un alcázar morisco) y algunas ermitas solitarias de capuchinos, se empiezan á sentir los ricos perfumes de los huertos y jardines que rodean á Córdoba, preparando el ánimo del viajero á las impresiones que produce esa capital de un famoso reino arábigo.

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La provincia de Córdoba, la décima octava en el órden de la poblacion, cuenta 361,536 habitantes, la mayor parte distribuidos en pequeñas poblaciones, como sucede generalmente en los paises fértiles y casi exclusivamente agrícolas. Apénas cuenta esa provincia tres centros sociales de alguna consideracion, á saber:

Córdoba, con 43,000 habitantes;

Montilla, con 14,654, célebre por haber sido la cuna del famoso capitan Gonzalo de Córdoba, y por sus renombrados vinos cuya energía espirituosa reanima la de otros vinos andaluces;

Aguilar-de-la-Frontera, de pintoresca situacion, con 11,836 habitantes.

Córdoba tiene una posicion abierta y desembarazada, con vastos horizontes. Está situada á la márgen derecha del Guadalquivir, en el centro de una llanura, casi al pié de los montes «Marianos», contrafuertes de la Sierra-Morena, rodeada de bellos paisajes melancólicos y batida por aires libres y saludables. La _Corduba_ de los Romanos, fundada por ellos segun parece, no solo ha sido una de las mas famosas sino tambien de las mas considerables ciudades de la vieja España. Fortificada por los Romanos, que la rodearon de murallas, los Godos la conquistaron en 572, y á su turno los Moros, en 692, conducidos por el famoso Abderraman, fundador del califato de Occidente. Los Moros restablecieron las murallas y dotaron á Córdoba de todos los bellos monumentos que embellecieron la residencia de la corte de los Ben-Omeyas; pero la ciudad fué en gran parte destruida por las huestes de Fernando III de Castilla, al rescatarla en 1236.

Hoy la antigua capital de ese reino morisco no es en su gran masa sino un gran poblachon,--fea, triste, casi solitaria y en muy notable decadencia respecto de su pasado. Sus murallas están en ruina (de lo cual no hay motivo para lamentarse) y en medio de los escombros crecen los naranjos y granados como para mantener la poética tradicion del mundo oriental que yace allí convertido en osamenta y polvo. Sinembargo, se conserva en todo el aspecto de la ciudad el aire arábigo, tanto por la estructura de las calles y del conjunto de las casas, como por las formas de los monumentos mas notables, la naturaleza de fabricacion y cultivo, y sobre todo la fisonomía de la raza.

Córdoba es por excelencia una ciudad pretérita--un santuario de recuerdos múltiples, pero orientales principalmente. Excepto la estacion del ferrocarril, que hace pensar en lo porvenir, todo lo demas incita á dejar vagar el espíritu en la region de lo pasado. Si, subiendo á la alta torre que domina el gran patio de la mezquita-catedral, se contempla toda la ciudad y sus campos vecinos, el espectáculo es bello pero triste. Cada objeto es una evocacion. Las murallas, en mucha parte romanas, hacen recordar que Córdoba fué la patria de los dos Sénecas y Lucano,--como lo fué muchos siglos despues de Góngora (que ha servido de modelo á tantos _escribidores_, que no escritores), de Céspedes, Zambrano y otros hombres notables. Si se observa la catedral, se recuerda á su fundador Abderraman, lo mismo que al reparar en el famoso puente del Guadalquivir, obra del siglo VIII. Y si se tiende la vista sobre la multitud de iglesias y conventos que pueblan la ciudad, y sobre las sombrías arcadas de la Plaza-Mayor, se reconoce el genio español que ha presidido á los destinos del país desde los tiempos de la reconquista en el siglo XIII. Donde quiera algo del sello de cuatro civilizaciones sucesivas modificando mas ó ménos profundamente la fisonomía social. Y con todo, el tipo que predomina es el mas útil, el mas social, el mas industrial: el arábigo,--porque ninguna dominacion fué tan fecunda ni comprendió tan bien las necesidades de la vida como la morisca. Hasta en la vegetacion de Córdoba predomina ese tipo. Hay allí algunas palmeras antiquísimas que son verdaderos monumentos. Una de ellas pasa por haber sido plantada por Almanzor. Los siglos han pasado por encima de sus flotantes penachos, y estos al balancearse murmuran todavía las leyendas de la época oriental.

¡Extraña ciudad para el que observa en su primer viaje las condiciones de la arquitectura y la estrategia morisca! Córdoba es un vasto laberinto de callejuelas estrechísimas, tortuosas, enredadas, tristes, desiertas, empedradas con guijarros y orilladas por casas pintorescas unas y cuajadas de balcones y celosías, otras desmanteladas ó como truncas; y un laberinto de plazuelas mezquinas é irregulares, de iglesias y conventos, de murallones y patios de aspecto desolado, rodeado de jardines y huertos, de escombros y cortijos. Un bello paseo público, una plaza con pretensiones de elegancia, algunas casas de estilo moderno y uno ó dos periódicos,--he ahí lo que en Córdoba da alguna idea de la vida actual.

El tipo de la raza hace un vivo contraste con el de la ciudad. Donde quiera, en la segunda, la soledad, el abandono (excepto en el paseo público de extramuros); en tanto que en la raza se ven la vida, la robustez, la hermosura, el desembarazo y la viveza de imaginacion. Es el mismo tipo sevillano, aunque un poco ménos expansivo y jovial. Fisonomías ardientes y poéticas, pero con un no sé qué de cadencioso en el andar y en las formas y la expresion, de mas árabe, de mas soñador que en Sevilla, donde el movimiento comercial y social ha producido mas sensibles modificaciones. Las mujeres son generalmente bellas, pero de una hermosura algo severa, que seduce sin irritar, que atrae con encanto. La curiosidad y la pereza son bastante generales. No es posible dar un paso en la calle sin que las graciosas caras femeninas y las de las viejas noveleras asomen en las ventanas, las celosías y rejas de fierro, atisbando al forastero que pasa. En los meses de calor, despues de la comida (que se hace generalmente á las dos de la tarde), cada hijo de vecino duerme la siesta, y por cierto no corta. En eso concuerdan las costumbres canonicales de la España católica con las dulzuras de la pereza oriental.

A decir verdad Córdoba no es hoy interesante sino por su agricultura y sus objetos de arte. La industria, que en otro tiempo fué tan considerable, está hoy reducida á algunos tejidos de seda, hilo y lana, muy subalternos pero de estilo bastante gracioso, varias pequeñas fábricas de papel, etc., bellos trabajos de joyería y platería y una preparacion valiosa de aceitunas. La produccion de Córdoba es considerable en frutos agrícolas, especialmente el aceite, los vinos y trigos. La cantidad de aceite que centraliza Córdoba es verdaderamente enorme, y tanto que su trasporte ha sido el objeto principal del ferrocarril que conduce á Sevilla y Cádiz. De cualquier lado que se tiende la vista se ven las montañas vecinas, las llanuras, las vegas y colinas cubiertas de inmensos olivares, viñedos y trigales, pero siempre los primeros en mas vastas proporciones. Casi está por demas el hacer mencion de las numerosas crias de caballos que le han dado tanta reputacion á Córdoba. Los caballos cordobeses merecen sin duda esa fama, en cuanto á su fuerza y valor, su brio y resistencia y la belleza relativa de sus formas; pero en lo general carecen de suavidad de boca, y léjos de ser delgados y de contornos ligeros tienen una redondez que no me parece graciosa.

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Desde luego que, al hablar de los monumentos de Córdoba, su admirable mezquita ó catedral, fundada en 692, ocupa el primer lugar, y casi puede decirse que es todo lo importante allí. El gran puente de diez y seis arcos, sobre el Guadalquivir, no es interesante sino por su antigüedad y su orígen, pues carece de atrevimiento y gusto. El Alcázar está en escombros, quedando apénas los hermosos y vastos jardines bastante abandonados. Los demas objetos curiosos lo son mas bien por obras de arte español que como monumentos moriscos.

La mezquita con sus accesorios ocupa una vasta extension: es un grandioso edificio cuadrado, con diversas fachadas y de singular sencillez en su conjunto. La gran portada morisca del _Perdon_, cuajada de arabescos y situada bajo la torre de construccion española, da entrada á un espléndido patio claustrado, que pueblan centenares de antiquísimos y corpulentos naranjos. Mide ese patio 100 metros de longitud y 65 de latitud, y en sus claustros ó galerías abundan los relieves y otras curiosidades artísticas. Del patio se penetra á la Mezquita, cuya portada monumental y principal da sobre la calle. Es profunda la impresion que se siente al visitar por primera vez esa mezquita bautizada ó convertida en catedral católica, monumento único en su especie en Europa, admirable en todos sentidos y de una imponente majestad sombría. Ni la Alhambra, ni el Alcázar de Sevilla, ni la Giralda, ni otro monumento de la arquitectura sarracena, revelan en España con tanta energía esa tendencia á lo poético y maravilloso y á lo grande en la sencillez de concepcion y formas, que distinguió las obras de los Moros en la península.

El edificio en su totalidad tiene diez y seis puertas de entrada usual; la mezquita propiamente dicha mide 620 piés de longitud y 440 de latitud. Compónese de un conjunto admirable de naves con calles de columnas cortadas en ángulos rectos, de modo que hay diez y nueve naves longitudinales y veinte y nueve trasversales, produciéndose un asombroso laberinto de columnas que semejan los mástiles equidistantes de un bosque de gruesas palmeras. De ese cruzamiento ó multiplicacion de naves de igual latitud y formas absolutamente armónicas, resultaba un total de 850 columnas, en la época en que el templo era una mezquita. De esas columnas mas de 400 procedieron de Jerusalen, Egipto, Numidia, etc., y son de ricos mármoles de colores y preciosos jaspes; las demas, muy inferiores en calidad, salieron de las canteras de la provincia de Córdoba ó de Granada. ¡Imagínese el maravilloso efecto que produciría esa mezquita llena de moros é iluminada por 400 lámparas que tenia, sin que la vista fuera interrumpida en ninguna direccion, fuese recta ú oblicua!

La trasformacion de la mezquita en catedral le ha hecho perder mucho de su belleza al monumento, porque fué mutilado y adulterado en sus mas grandiosas proporciones. Los altares católicos y capillas construidos en el centro han destruido completamente la inmensa perspectiva de todo el conjunto de naves; han suprimido muchas columnas y naves reemplazándolas con bastiones de malísimo gusto; y han deteriorado por precision los admirables artesonados de la techumbre y los preciosos é innumerables arabescos que adornaban las arcadas en herradura soportadas por las columnas. En su época morisca, el templo tenia en cedro primorosamente trabajado todos los techos de las naves; hoy no son sino de yeso, sin estucos siquiera.

En parte de compensacion, hay en las construcciones exóticas (algunas de ellas completamente imitativas del arte sarraceno) mil preciosidades de escultura en madera y yeso que llaman mucho la atencion. El templo tiene hoy cincuenta y tres capillas laterales, y ademas, en el centro, el coro y diez y nueve altares. Nada mas extraño que el contraste que hacen allí las construcciones del Renacimiento en el centro y al lado de tantas obras del estilo oriental,--no obstante la supresion de los pintorescos azulejos que tanto caracterizan los muros y pavimentos de las construcciones moriscas.

En cuanto á los pormenores, los verdaderos primores del monumento están en tres capillas: la del _Koran_ (que era como el sagrario de los Moros), la de los _Reyes_ (adyacente al coro) y la del _Cardenal_. La primera es admirable por sus mosáicos primorosos, y contiene entre mil arabescos los símbolos sencillos de la religion mahometana. La de los _Reyes_, obra de imitacion, contiene maravillas de escultura oriental en sus estucos, su techumbre de yeso y colores á estilo de la Alhambra, y sus arabescos finísimos. La del _Cardenal_ es notable por los bellos cuadros del infatigable y fecundo pintor andaluz Palomino, representando la conquista de Córdoba y el martirio del Santo-patrono, y por dos hermosas Vírgenes debidas al pincel de Torrado.

La impresion que deja ese monumento es profunda y deliciosa. Adentro una floresta de columnas de mármol cruzándose en un laberinto que da la idea de la grandeza y la eternidad en la sencillez de concepcion mas perfecta. Y afuera, en el gran patio, un bosque de naranjos, á cuya sombra murmuran las aguas de las fuentes.... Admirable religion aquella, reducida á la creencia en Dios _uno_, sin intermediarlos, el espliritualismo en la fe, la nocion del paraíso, y el sentimiento del amor, de la fraternidad y la igualdad,--religion que se revela en una arquitectura de la mas cándida simplicidad! Extraño fenómeno el de una religion que, siendo tan espiritualista, ha conducido a los pueblos orientales á un fatalismo absurdo que destruye la nocion de la libertad y la responsabilidad, y establece la esclavitud y degradacion de la mujer! Pero extraña tambien la persecucion secular que le han declarado á esa religion varias sectas que, llamándose cristianas, ni han sabido ser espiritualistas, ni han renunciado al fatalismo bajo otras apariencias, ni han hecho cosa mayor por la libertad y la dignidad de la mujer!

La mezquita-catedral nos impresionó tan vivamente á mis compañeros de viaje y á mí, que la visitamos cuatro veces. No por eso dejamos de visitar las demás curiosidades de Córdoba. Entre estas es notable la admirable y monumental escalera de mármol, con soberbias molduras, que existe en la _Escuela-Pia_, casa que fué de los Jesuitas. Viajando en Europa he observado que donde quiera que los Jesuitas han tenido colegios sus alojamientos han sido espléndidos; lo que prueba que su decision por el lujo ha sido hábilmente secundada por una industria bien productiva de inmensas riquezas. Los hijos de Loyola son los mas felices especuladores del mundo.--Tambien llaman la atencion: la capilla del hospital de _San Francisco de Asis_, la casa del duque de _Almodobar_, la del conde de _Torre-Cabrera_, y la torre octógona, morisca, de _San Nicolas._

Entre los numerosos establecimientos de caridad que hay en Córdoba, el de San Francisco de Asis es una especialidad curiosa: él no admite sino convalecientes (hasta 150) salidos de los otros hospitales. El principio de la division del trabajo está, pues, aplicado allí á la beneficencia con mucho criterio. El exquisito aseo de aquel hospital hace mucho honor á los que lo habitan. La capilla no es curiosa sino por sus labores de estilo morisco (imitacion); y segun parece es un resto de antiguas construcciones que pertenecieron al palacio de Almanzor.

La torre de San Nicolas no tiene interes, y las casas aristocráticas que he mencionado no llaman la atencion por su exterior, sino por obras de arte interiores,--unas de bella imitacion de lo morisco, otras dé pintura española y curiosidades de museo, y algunas del género tradicional, peculiares á las dos familias. Es de notarse que el duque de Almodobar (marqués de la Puebla) es descendiente del rey Boabdil, cuyo busto se ve en el escudo de armas muy ostentoso del noble andaluz. Acaso no hay un país donde la aristocracia sea tan inofensiva, en lo general, como en España. Los nobles hacen mucha ostentación de sus blasones, pero eso es todo lo que tienen de aristócratas.

Después de visitar lo mas curioso de Córdoba y asistir á las escenas públicas (teatro, paseos, mercados, etc.) que podian iniciarnos algo en las condiciones del tipo social, debíamos continuar la peregrinacion. Mis dos amables y cumplidos amigos franceses debían volverse a Cádiz para ir á visitar algunas ciudades de Portugal. Yo tenia que volver á Madrid y atravesar la Vieja Castilla y el país vascongado. Nos dimos cita para encontrarnos en Burgos ó Bilbao,--cambiamos algunos abrazos muy cordiales, y tomamos direcciones opuestas. La diligencia volvió á servirme de prisión desde Córdoba hasta Madrid, en un trayecto de 350 kilómetros, despues de haber dado la vuelta á las Andalucías. Faltábame conocer el trayecto de Córdoba á Baylen, punto donde se confunden las dos grandes carreteras andaluzas ántes de penetrar en las encrucijadas rocallosas de la Sierra-Morena.

La via sigue constantemente el valle y la direccion del Guadalquivir, por entre numerosos cortijos y vastas plantaciones en que alternan los cereales, las viñas y las hermosas moreras que dan alimento á los gusanos de seda, con los interminables olivares. Donde quiera, en un grandioso horizonte limitado por las sierras Morena y Nevada, se desarrollan bellísimos paisajes, ora en las montañas escalonadas y los cordones de colinas suaves, ora en vastas llanuras y en las ramblas y quiebras ondulosas que se producen hacia el Guadalquivir. Cerca de la venta de Alcolea se atraviesa el rio por un inmenso y magnífico puente de piedra y mármol negro, de diez y seis arcos, obra monumental de mucho mérito, debida si no me equivoco, á Cárlos III.

Aunque todo el país se ve completamente cultivado y bellísimo, y de trecho en trecho se ven ricas dehesas pobladas de rebaños, nada llama tanto la atencion en esa fertilísima comarca como los olivares, verdaderamente prodigiosos. Se andan leguas y leguas y la carretera cruza siempre por en medio de plantaciones de ese género que parecen infinitas. Muchos son los propietarios que allí poseen veinticinco, cuarenta, cincuenta mil y aún ochenta ó cien mil olivos, lo que representa valores muy fuertes, puesto que cada árbol que fructifica vale tres duros por lo menos. A eso se agrega que, antes de la época en que la planta comienza a producir, se cultiva con viñas ó cereales el terreno intermediario en las inmensas calles de olivos. Es inexplicable el abandono con que en Colombia se ha descuidado la aclimatación de ese árbol (en los terrenos de una temperatura média de 28 grados centígrados) que ofrecería excelentes resultados. El olivo es un árbol muy resistente y que produce su fruto durante muchos años. En Colombia, donde la tierra es tan barata y exuberante, hay ménos inconveniente en esperar durante algunos años que la fructificación comience, tanto mas cuanto que el terreno podría ser aprovechado entre tanto con el cultivo intermediario del tabaco, las legumbres, tal vez el algodon, etc.

En el tránsito de Córdoba á Baylen se ven todas las montañas vecinas (estribos de la Sierra-Morena) completamente cubiertas de bosques hasta una grande altura y en inmensa extension. El viajero se siente muy sorprendido al saber que aquellos bosques interminables--monótonos y tristes pero de gran valor--no son otra cosa que olivares. Las Sierras de Córdoba son un mar de verdura gris sobre otro mar de mármol y granito. En el espacio de 100 kilómetros que media entre Córdoba y Baylen no hay sino tres poblaciones ó villas: primero _Pedro-Abad_, á poca distancia del Guadalquivir, con mas de 2,200 habitantes, agricultores y pastores, que viven dulcemente en amistad con las ovejas, los bellos potros y los gusanos de seda;--después _Villa-del-Rio_ (que cuenta 3,400 almas), pueblo no solo agricultor sino fabricante, pues hace tejidos de paños burdos y mantas y sargas de uso popular, situado graciosamente en las faldas de algunas colinas y á orillas del Guadalquivir;--y por último, _Andújar_ (que tiene el título de _ciudad_), poblacion muy risueña y activa, con mas de 14,000 vecinos, y perteneciente á la provincia de Jaen.

Un antiquísimo y largo puente de mampostería, de quince arcos, muy descuidado, da acceso á la ciudad de Andújar, situada á la márgen derecha del Guadalquivir, en el centro de una hermosa y fertilísima llanura toda cultivada. Algun esmero en la conservacion de las arboledas y los huertos cercanos indica un cierto grado de progreso en los vecinos. Andújar no es solo un centro agrícola importante: es tambien una ciudad industriosa, con numerosas fábricas de loza y muchos otros artículos notables, así como telares de paños burdos, llamados _estameñas_ y _sayales_, que sirven para el vestido común.

Al salir de Andújar la via se va alejando del Guadalquivir y aproximándose mas á los bajos cordones de colinas y cerros que se desprenden de los estribos de la serranía. Poco á poco el terreno se hace mas onduloso y quebrado, hasta comenzar en Baylen la subida para cortar la Sierra-Morena. Las Andalucías terminaban para mí, y al dejar ese país de fecundos recuerdos, de actividad y pasiones ardientes, de amor, de arte, de poesía y de costumbres tan especiales y encantadoras, sentí una positiva tristeza, como si al salir de la Sierra-Morena hubiese de dejar de sentir las palpitaciones del corazon de España.

Mas adelante, al resumir mis impresiones de viaje por la península, diré lo que pienso de las Andalucías en general. Por ahora sigamos nuestra ruta, pasemos por Madrid, y si el lector tiene la bondad de seguirme, penetremos en la Vieja Castilla.

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SEXTA PARTE.

DE MADRID A PARIS

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