Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 10 de 76
CAPITULO IV. — parte 2
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Los Hispano-colombianos, que eran no pocos, se mostraban en general sencillos y cándidos, maravillándose de todo y muy impresionables, sin reserva en la expresion de sus pensamientos; se podía notar que los hábitos de la democracia habían formado en ellos el espíritu de independencia y cierta familiaridad expansiva que contrastaba con la reserva de las razas setentrionales de Europa. El Hispano-colombiano, aunque se impresiona mucho con todo lo que ve extraño, se cree siempre en su país y no se cuida de someterse á las exigencias de las costumbres extranjeras. Y sinembargo, no hay viajeros que se trasformen mas que los hijos de Hispano-Colombia, acabando por asimilarse todo lo que encuentran mas saliente en las sociedades europeas, sobre todo en Francia. Dotados de un carácter flexible y bastante novelero, si salen de su país intolerantes, extremosos y un tanto huraños, vuelven parisienses por los cuatro costados, olvidándose, por una metamorfosis completa, de la sencillez de sus costumbres primitivas.
Mientras que los hijos del Nuevo Mundo (entre los cuales, por fortuna, no se encontraba ningún _Yankee_) se manifestaban maravillados de todo, los demás grupos del _Paraná_ eran igualmente característicos. Los Alemanes, ó se manifestaban pensativos, cerca de un mueble marítimo, pasando horas enteras en fumar y mirar el cielo y el océano con profunda melancolía, como abstraídos del mundo por algun ensueño; ó se reunian en grupos exclusivos para conversar en voz baja y pasearse interminablemente del uno al otro extremo de la cubierta.
Entre tanto, los Franceses cantaban ó silbaban, hacían todo el ruido posible, mezclándose en los corrillos con una jovialidad especial y burlona; ó en los ratos de fastidio se entregaban á la lectura voluptuosa de novelas y relaciones de viajes, prefiriendo sobre todo las obras de Balzac. El Frances es el hombre del mundo que mas lee, sin contar con que es el que mas canta y rie. Todo lo que es artístico le encanta, y si adora el equívoco (_calembour_), es precisamente porque en él la malicia del pensamiento se formula con arte. Ademas el Francés es el rey de los viajeros. Si el Inglés no tiene rival en su furor de viajar, el Francés le aventaja en el arte de viajar. El Francés sabe acomodarse á todas las circunstancias y sacar partido de todo, porque es tolerante por excelencia, tiene un profundo espíritu de igualdad que le domina, y su buen humor, expansivo y elástico, le da donde quiera el primer puesto y la ventaja de dominar la situación.
Los Ingleses, por de contado, hacian un gran contraste. El Inglés, orgulloso por naturaleza, frio en su porte, material en sus gustos, intolerante en extremo, reservado por cálculo, y prosaico y positivo en sus aspiraciones, ó se muestra reservado con toda sociedad que le es extraña, ó les impone á los demás su voluntad, en cuyo caso suele llegar á la jovialidad. Bebe y fuma tranquilo, jamas hace ruido (si es John Bull de raza pura), y si se acerca á los demás es para dar una opinión absoluta ó una orden. El orgullo es la fuente de todas sus virtudes, como de todos, sus defectos. Es tenaz, leal y valeroso por orgullo, como es intolerante en religión y preocupaciones de raza y dinastía, pródigo, obsequioso, apostador, reservado, bebedor y todo lo demás por orgullo. La música, el baile y el canto le disgustan, como todas las artes, y si llega a dar millones de pesos ó de libras por un cuadro, no es por el mérito do la pintura, sino por la vanidad de hacer un fuerte gasto y tener lo que otros codician. Sinembargo, como individuo el Inglés vale mucho mas que el Frances, y me atengo siempre mas á la palabra seca del orgulloso pero leal británico, que a la fraseologia elegante pero vana del Frances. El Inglés como amigo, es útil; el Frances no es mas que muy agradable; porque el uno es positivista y el otro artístico.
Los Italianos del _Paraná_ eran pocos, pero eran suficientes para hacerme contraer simpatías hácia su raza. En general, el Italiano es chistoso, amigo de historietas ó anécdotas, entusiasta por lo bello y por la libertad. Él ama las bellas artes, pero no precisamente por el arte, ó la composicion ingeniosa, sino por la belleza que reproducen ó crean aquellas. Tosco muchas veces en sus modales, por la mala educacion que el despotismo y la supersticion les han dado á los pueblos de Italia en los cinco últimos siglos, el Italiano es con todo muy simpático desde el primer momento. Desinteresado y generoso, jovial, vehemente, su idea fija es la libertad y la unidad de Italia, y su fe no se extingue jamas. Un Italiano escéptico es un fenómeno, porque la esperanza es la sola fuerza de su vida. Y como consecuencia de esa fe que le es característica, su resignacion es admirable para soportar la expatriacion y todos los contratiempos.
Por último me llamó mucho la atencion entre los pasajeros un grupo de siete ú ocho españoles de distintas provincias que me divertían mucho. Había entre ellos un gallego de excelente índole y chistosas ocurrencias que á todos agradaba, y no faltaban andaluces, madrileños, un catalán, un mayorquino y algunos habaneros. Si hubiera de juzgar de todos los Españoles según las cualidades de los compañeros de viaje, mala sería mi opinión, aún prescindiendo de un viejo abogado, prefecto de una provincia de Puerto-Rico, personaje típico de la España de Felipe II, no de la España revolucionaria de hoy, que creia en brujas y hechicerías, milagros, apariciones y misterios de la piedra filosofal, y hablaba de S.M.C. con un recogimiento edificante y ortodoxo.
Los demás revelaban en todos sus rasgos la estirpe española. Unidos y leales entre sí, hacian causa comun en todo y para todo. Sobrios en lo general, no les faltaba un momento el cigarrillo ó el cigarro, y se hacían notar donde quiera por su ardiente algazara. El juego, bajo todas las formas posibles, era su sola ocupación; jamas leían con fundamento; y cuando la música de prima noche se hacia oír en los escotillones digerian la comida bailando rabiosamente la _jota_ ó la _cachucha_, ó cantando en coro estrepitoso el himno de _Riego_. Fanfarrones y pendencieros, sus disputas momentáneas iban siempre sazonadas de interjecciones coloradas, y acababan por burlas ó anécdotas picantes. Cada una de sus frases tenia por adorno indispensable _aquella_ palabra española tan expresiva, de sentido vago, y que no puede copiarse en ningún escrito sin escandalizar. Esa interjección es tan nacional para el Español, que equivale á la mas inocente como a la mas desvergonzada de las otras lenguas; y el Español la suelta con sencillez delante de todo el mundo, aún de las señoras muchas veces, sin pensar que pueda ser grosera.
Casi todos los Españoles del _Paraná_ eran liberales y progresistas, lo que me probaba que las inclinaciones hacia la libertad se han desarrollado mucho en la Península, despues de la independencia colombiana. Por otra parte, no hay un pueblo tan nacional como el español. Para él España es lo mejor que hay en el mundo, en cualquier sentido y al oir á un Español decantar los primores de su pais, se siente uno tentado á creer que es una tierra encantada de las _mil y una noches_, ó a reírse en las barbas de los buenos peninsulares, en cuyo caso la pendencia es segura. Durante algunos dias el océano se habia calmado, y su admirable inmovilidad carecía de interés. El mar no es verdaderamente hermoso, cuando está manso, sino en su contraste maravilloso con la tierra. Lejos de las costas, en alta mar, la escena es monótona cuando la tempestad no agita los ondas y produce sus fenómenos sublimes. Así, todo el interés de la navegación estaba en las escenas de á bordo, casi siempre grotescas. Habia no sé qué de carnavalesco entre esos grupos heterogéneos, en cuyo fondo se destacaban verdaderas caricaturas; y la chismografía, que en la navegación es muy activa y fecunda, por la forzada ociosidad de todos los pasajeros, daba alimento á las mas ingeniosas invenciones y curiosas anécdotas.
Inútil es decir que nuestra modista francesa aclimatada en California, habia encontrado un campo mas extenso para sus coqueterías, y que la fingida rivalidad de algunos tunantes de buen humor la ponía en los mas cómicos apuros. Ya era un Italiano el que la galanteaba, haciéndole concebir con mucha habilidad esperanzas de matrimonio, para ir luego á contar lo ocurrido á todo el mundo, y reír á su sabor;--ya un joven Inglés, que de casualidad era burlón, hacia obsequiosas indicaciones, en nombre de la alianza anglo-francesa; ya un Francés zalamero y galante reclamaba la preferencia por derecho de nacionalidad. Pero al fin la modista comprendió la burla, y renunciando á los artificios de la coquetería se resignó a pasar las horas leyendo novelas sentimentales, que la hacían llorará veces con enternecimiento, y comiendo almendras, nueces y avellanas, de que hacia una fuerte provisión todos los días en el comedor. Aquella mujer comía tanto, tanto...que solo puedo comparar su glotonería á la sed de brandy de su compatriota mareada.
Otro tipo femenino bien curioso era el de una Inglesa de la sangre caliente, fenomenal, que no se daba por notificada de sus sesenta inviernos. Habia naufragado recientemente en las Antillas, y referia el episodio terrible con una frescura singular. Charlaba como una lora, siempre buscando la compañía de los hombres; brincaba todas las tardes como una bailarína de ópera, haciéndose invitar por los mas jóvenes y gallardos á bailar polkas, varsovianas y cuadrillas; y tenia tal furor por el juego que se resentía con todos los que no le aceptábamos sus convites. Jugaba durante todo el dia y hasta media noche, ora _whist_, ora _veintiuna_, y á veces hasta _monte_ con los Españoles, sin prescindir por eso del _ajedrez_, las _damas_ y demas juegos inocentes. Aquella vieja de espejuelos, bailando como loca y jugando como un Yankee, parecía haber apostado con el tiempo á no dejarse vencer....
Entre los compatriotas de esa alegre Megera se distinguian por sus extravagancias un ministro presbiteriano y otro anglicano en ciernes. El primero, largo de dos metros y medio, seco y cadavérico y lleno de manías, andaba siempre con una Biblia en hebreo, dando consejos, hablando solo, haciendo extrañas gesticulaciones, y retozando con los niños de algunas señoras. Era un excelente médico, buen cristiano y humanitario en extremo. Su idea fija era la abolicion de la esclavitud, y se veía que el extravío de la razón, que no era sino mediano é inofensivo, había dejado intacta toda la pureza de un nobilísimo corazón. Reprobaba mucho el juego interesado, bailaba con los hombres con sumo entusiasmo, era en extremo sobrio, extravagante en su vestido y sus movimientos, y en sus buenos ratos leía los salmos con unción y aprobaba mucho diversiones tales como el baile y el canto.
El ministro anglicano en ciernes, que había hecho en Jamaica sus estudios teológicos, era un gran calavera de excelente carácter, generoso, expansivo y servicial. ¡Pero qué de truhanerías! Bailaba, bebía, jugaba, gritaba, cantaba y se divertía ruidosamente de todos los modos posibles, mas bien como un estudiante parisiense ó alemán de vida pecaminosa, que como un candidato para la Iglesia. Un dia le pregunté si tenia vocación para el sacerdocio, y por qué se manifestaba tan profano, y me dijo: «La profesión que voy á tomar es como cualquiera otra, y la he escogido por complacer á mi madre nomas. Pero como al tomar las órdenes tendré que ser circunspecto, me divierto ahora por aprovechar los últimos días que me restan de la vida alegre de mi juventud.» Talvez no le faltaba razón al excelente joven. El hombre tiene su época de calavera, y siempre le cuesta algún trabajo resolverse á dejarla. ¿Hay un sér mas feliz en el mundo que un estudiante?
Muchos otros tipos muy curiosos pudiera bosquejar, completando la galería del _Paraná_, pero el lector se fastidiaría. Un vapor es una Babilonia ambulante, en cuyo interior se puede estudiar el mundo mejor que en ninguna parte. Todas las virtudes y debilidades se reúnen allí, y los caractéres de todas las razas se ponen en relieve y contraste con singular energía. Es el mundo en miniatura, con su egoísmo, sus comedias y caricaturas, sus preocupaciones, sus engaños y dudas, sus buenas y sus malas cosas; así, en ninguna parte se puede conocer mas á fondo el corazón humano que allí, sobre un leño flotando entre peligros, donde el alma se presente desnuda.
El 25 por la mañana un triste espectáculo interrumpió las cómicas escenas de los pasajeros. El médico del vapor, caballero muy estimable, habia muerto en lanoche anterior, de fiebre amarilla, enfermedad contraída en San-Thomas, donde la muerte hace todos los años abundante cosecha de viajeros. Toda la tripulación estaba reunida en el escotillón, miéntras la mayor parte de los pasajeros dormían. La ceremonia era solemne y profundamente aflictiva. Sobre el puente de entrada, al pié de una de las enormes ruedas del vapor, estaba el cadáver en su ataúd, cubierto con la bandera británica enlutada, y desde allí hasta el interior se prolongaban dos filas dobles de oficiales y marineros, escuchando con recogimiento los salmos y las oraciones severas del oficio de difuntos. La idea de la inmortalidad, de la eternidad, de lo infinito, parecía revelarse con mas elocuencia y energía en ese cielo sin horizonte, en esa superficie movible, inmensa, incansable, cuyas ondas remedan el flujo y reflujo de la humanidad entre la vida y la muerte, y la existencia de un espíritu universal que todo lo agita y no perece nunca....
¡Y qué leccion! Los marineros lloraban en silencio, con una emoción tan honda que compadecía. Era extraño ver correr las lágrimas por esas caras encallecidas y percudidas por el sol, el viento y la lluvia, arrugadas por el tiempo, las fatigas y los peligros, y cuya expresión ordinaria era la indiferencia. Es que la comunidad del trabajo, de la ausencia constante de la patria, del peligro y de la contemplación de lo infinito, establece entre los marinos una fraternidad heroica que resiste á todas las pruebas y sobrevive aún á la muerte.
Despues de las tristes ceremonias religiosas y de distincion, el ataud fué arrojado á las ondas con una enorme bala de cañón que lo precipitó al abismo.... ¡Magnífica tumba para el hombre es el océano! Solo ese abismo, que recibe todo el tributo de la tierra, y sobre el cual se revela con mas esplendor la omnipotencia de Dios y la grandeza del hombre, es digno de recibir los despojos de la criatura inmortal cuyo espíritu jamas perece!
El 26 de febrero el mar empezó á agitarse con vehemencia, cambiando el aspecto uniforme de la escena. Enormes bancos de plantas marítimas, que parecían sábanas flotantes de diversos colores, venian del lado de Terranova, haciendo su larga peregrinacion hacia las regiones del sudeste, violentamente azotados por las olas. El mar parecia un monstruoso leon, sacudiendo su crespa melena, ó un gigantesco pez revolcándose sobre el abismo para hacer brillar al sol sus escamas como montes, ó mostrar sus hondas arrugas momentáneamente oscurecidas.
Después, el día 28, estuvimos en plena tempestad. El huracan zumbaba sacudiendo las chimeneas y todo el arbolaje; la lluvia oscurecía el cielo; las olas venían como derrumbes á bañar todo el puente de cubierta; y el enorme buque, soltando fatigado sus negras bocanadas de humo, saltaba entre las concavidades de las ondas como un toro enfurecido por los golpes que en todas direcciones recibe. Tres noches de peligros, noches solemnes y sombrías, tuvieron á todos los pasajeros en ansiedad, aunque al venir el dia los espíritus se tranquilizaban y el buen humor volvía. La noche multiplica siempre la gravedad de las impresiones, y es el sol con sus eternas alegrías el que hace palpitar el corazon de esperanza y placer.
El 7 de marzo todos los pasajeros saludámos con alegría, desde temprano, la faja oscura que indicaba la cercanía del cabo Lizard, en la costa de Inglaterra, que determina con la punta francesa de Brest la ancha embocadura occidental del canal de la Mancha. Por una singular casualidad, el canal estaba tranquilo como un lago, y sus aguas verdes y trasparentes reflejaban un cielo magnífico.
Centenares de bergantines y goletas, de botes carboneros y de barcas pescadoras se cruzaban en todos sentidos, ya mostrando el rico velámen, y el pabellon frances, inglés ú holandes, ya la roja y única vela del barco pescador ó puramente costanero, rápido como una gaviota que roza apénas la superficie de las ondas. Puertos pintorescos; bellísimas bahías en cuyo fondo se veian las poblaciones, entre otras Falmouth, Plymouth, Dartmouth y Sidmouth; multitud de fanales brillando á la luz de un sol que no parecia de invierno; colinas ondulantes, surcadas por el arado para recibir luego la simiente, ó campos cubiertos de una vegetacion amarillenta ó gris; depósitos lejanos de nieve detenidos sobre las rocas ó en los pliegues del terreno; y picos y peñascos románticos de formas admirables, destacándose sobre las olas en los pequeños golfos de la costa y formando semicírculos de trecho en trecho: todo eso, contrastando con la multitud de casas campestres levantadas sobre las colinas y los planos inclinados, entre arboledas disecadas y ennegrecidas por el invierno, que parecian esqueletos aéreos, tenia un encanto indefinible, preparando mi imaginación para el espectáculo enteramente nuevo de la civilización europea.
Recordaba las selvas y los desiertos de mi patria, donde la naturaleza reina sola en todo su esplendor; donde faltan el cultivo, el arte, la prevision y los monumentos que atestiguan un colosal progreso y la actividad de la vida industrial; y la comparación me afligia profundamente. Saludé con entusiasmo á este viejo mundo que se me ofrecía como un inmenso libro de estudio y observación; y cuando puse el pié sobre los muelles y diques de Southampton comprendí que una nueva existencia empezaba para mi corazon, ansioso de impresiones, y mi espíritu, anhelante de luz, de ciencia y de progreso.
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SEGUNDA PARTE.
ALGO DE INGLATERRA Y FRANCIA.
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