Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 16 de 76

CAPITULO III. — parte 1

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EL TAMESIS EN LONDRES.

Los puentes, la navegacion y las márgenes del gran rio.--Las Casas del Parlamento.--Westminster.--La Torre de Lóndres.--Los Docks del comercio.--El Túnel,--Greenwioh; el Hospital militar--El _Leviatan_ en obra.

Si la Inglaterra ostenta en todas sus grandes ciudades comerciales y manufactureras la espontaneidad, la grandeza y todas las condiciones de un pueblo positivista, vigoroso y libre, en ninguna parte se revela ella mejor que en los objetos acumulados sobre las orillas y las ondas del Támesis. Sus parques y jardines admirables demuestran su universalidad de relaciones y su lujo de ostentacion, así como el Museo Británico es el testimonio del poder que alcanza la infatigable investigacion del viajero. La catedral gigantesca de San Pablo no es un monumento de la arquitectura sino del orgullo de un gran pueblo. El Palacio de Cristal es la prueba de su poder de apropiacion cosmopolita; y la Abadía de Westminster, la Torre de Lóndres y el Palacio del Parlamento, que dominan el Támesis, son mas bien los testimonios de la soberbia aristocrática. Por último, la Bolsa, el Banco nacional y los monumentos de las plazas de Lóndres revelan todo lo que hay de opulencia y de gloria, de culto á la riqueza y al patriotismo en ésa nacion maravillosa.

Todo eso es magnífico, y á cada uno de esos monumentos consagraré algunas pinceladas. Pero, lo repito, donde la Inglaterra, por medio de su metrópoli, revela mejor sus verdaderas condiciones como pueblo comercial, marítimo y manufacturero, en proporciones colosales, es en el Támesis. Sus _diques_ estupendos (_docks_), con vastísimos almacenes de _depósito_; sus _puentes_ admirables tendidos en diversas formas sobre el opulento rio; su maravilla del _Tunnel_ (lujosa inutilidad que admira); sus millares de _vapores_, de navíos mercantes y de guerra, y de botes costaneros ó pescadores, que cubren literalmente la superficie del rio; sus grandes _fábricas,_ cuyas altísimas chimeneas ciernen sus nubes de negro humo y de vapor entre las nieblas que vagan sobre las ondas; su espléndido _Hospital_ militar de Greenwich, sin igual en el mundo; su monstruo marino de hierro llamado _Leviatan_, y sus innumerables _astilleros_ de construccion naval y hermosos _muelles_ sobre una y otra márgen,--todo eso le da al Támesis un aspecto de universalidad, de grandeza y de vida que aturde al viajero y le obliga á respetar la fuerza de ese gran pueblo que, sentado sobre un lecho de carbon de piedra y separado del mundo entero por los mares, ha llevado á todas las regiones su bandera, su opulencia y su audacia, y ha hecho de su capital la metrópoli económica de la humanidad, la Babilonia inescrutable de la civilizacion industrial.

Recorramos rápidamente las grandezas del Támesis.

La ciudad de Lóndres cuenta sobre el Támesis apenas once puentes, desde las alturas de Chelsea hasta las cercanías de los _Diques_, donde se ostenta el puente monumental llamado _London bridge_.

Cualquiera pensaría que esas once vías fijas de comunicacion entre las dos grandes porciones de la ciudad son insuficientes para la enorme poblacion sedentaria y el inmenso cúmulo de viajeros que se cruzan en Lóndres en todas direcciones; y en efecto, aquellos puentes, sobre todo el de _London_ que es libre; están siempre tan colmados de gentes y vehículos de trasporte, que las comunicaciones se hacen muchas veces casi imposibles.

Pero la libertad del Támesis es una necesidad imperiosa que se opone á la multiplicacion de los puentes, porque es en ese rio fabulosamente agitado y rico, donde Lóndres tiene su vida ó su corazon. Por otra parte, las facilidades que ofrece la navegacion por medio de los vapores y faluchos, compensan aquel inconveniente, manteniendo á lo largo y al traves del rio una cuádruple corriente de pasajeros que hormiguean por millares y millares por enmedio de los puentes ó bajo sus colosales arcos.

De los once puentes de Lóndres cuatro me llamaron principalmente la atencion por su novedad: el _London bridge_, que liga la City con el inmenso barrio de Barmondsey, del sur;--el de _Southwark_, situado un poco mas arriba;--el de _Waterloo_, que da sobre el Strand;--y el de _Hungerford_, inmediatamente superior. El de _Vauxhall_, cuyo servicio data de 1816, es un sólido y hermoso puente, pero no llama particularmente la atencion, así como el de _Westminster_.

Esas obras son tan poderosas por su extension y el cúmulo de trabajo que ha entrado en ellas, que los cuatro puentes nomas de _London, Waterloo, Southwark y Vauxhall_ han costado 20 millones de pesos. El primero es de una estructura monumental, de un atrevimiento admirable, y ofrece una vista espléndida sobre el Támesis y gran parte de la ciudad. Fué reconstruido en 1831, tiene 782 piés ingleses de longitud y unos 80 de anchura; es todo de granito, compuesto de tres enormes arcos casi horizontales de un mérito arquitectónico insuperable.

El de _Southwark_ fué terminado en 1819; es todo de hierro y su masa gigantesca está dividida también en tres arcos de los cuales el del centro mide un espacio de 240 piés. El de _Waterloo_ se compone de nueve arcos, cada uno de 120 piés de diámetro, es todo de piedra, data de 1817, y costó un millon de libras esterlinas. Ese puente es un verdadero monumento de arquitectura moderna, tiene una hermosura pintoresca, y es en su género uno de los mejores de Europa. Por último, el puente de _Hungerford_ es colgante ó suspendido sobre dos estribos, uno de los cuales sirve de embarcadero muy ingenioso, descendiendo á la mitad del Támesis por grandes graderías, y tiene un aspecto tan elegante como singular. Como en Inglaterra el gobierno jamas es empresario de vias de comunicacion ó cosas semejantes, el paso de los puentes no es gratúito, excepto en el de _London_.

El espectáculo que ofrece el Támesis, bajo el aspecto de la navegacion, es incomparable: aquello no solo impone, admira y entusiasma, sino que aturde. Como ese rio es la vida de Lóndres y aún del comercio del mundo, sus ondas no están aprisionadas sino por las dos altísimas hileras de edificios, de manera que no hay muelles de mampostería para la carga y descarga de las mercancías. El rio es libre para todo el mundo y los cargamentos descienden sobre los botes desde las puertas y ventanas de los almacenes que dominan el Támesis en incalculable número. En cuanto á los pasajeros, ellos entran y salen de los vapores y los botes ó faluchos, ya llegando hasta la orilla misma, cuando la marea lo permite, ya pasando por una serie de viejas barcas formando puente y que terminan en muelles de madera establecidos hácia el centro del rio.

El Támesis de por sí es un rio de muy mediano caudal, sobre todo á los ojos del viajero que acaba de surcar en el Nuevo Mundo rios colosales profusamente encadenados. En Lóndres el Támesis tiene la anchura média de 250 metros, que disminuye bastante hácia Chelsea y aumenta hasta 400 abajo del Tunnel. La profundidad média es de 2 metros, que disminuye mucho cuando las mareas se retiran, y llega hasta 7 y medio bajo el puente de _Lóndres_ en la mas alta marea. Así, la navegacion de los vapores y grandes buques está sujeta, en lo general, al flujo y reflujo del mar del Norte, que recibe las ondas del Támesis.

Cuando la marea sube, se ve un interminable cordon de navíos marítimos de todas las naciones, remontando el rio á remolque de pequeños vapores hasta llegar á los _Diques de Lóndres_, esos almacenes colosales de madera y piedra que guardan en su seno los tesoros del mundo comercial. Entónces el espectáculo hace comprender el secreto de la grandeza británica y del progreso de todos los pueblos,--la _libertad_, que hace aglomerar sobre un solo rio millares y millares de navíos y vapores, entre cuyos arbolajes y ennegrecidas chimeneas flotan al viento del libre cambio las banderas cosmopolitas que distinguen sobre los mares á todos los pueblos de la humanidad. Con cuánto placer ví agitarse sobre un solo bergantin la bandera tricolor de mi querida pero pobre patria!... Yo la saludé con respeto y amor, entonando en el fondo de mi corazon un himno de gratitud á los fundadores de la independencia de mi pais! Era una sola, entre mil banderas distintas, pero una sola me bastaba....

Es incalculable, sin ocurrir á una laboriosa estadística, el número de botes y faluchos de todas clases que pueblan y surcan en un incesante hormigueo las ondas del Támesis. Que el lector que nunca ha viajado imagine un lago en cuya superficie entera se cierne una inmensa falange de aves acuátiles de todos colores y dimensiones para nadar en la mas pintoresca confusion, y, prescindiendo del efecto que hacen los arbolajes, las velas y las humeantes chimeneas de los vapores, se tendrá una idea aproximativa del aspecto general del Támesis.

Si Lóndres tiene en su laberinto de calles un enjambre de millares de ómnibus para el servicio de la multitud, y de pequeños coches de alquiler, en el Támesis tiene tambien un servicio permanente de buques, que llamaré _vapores-ómnibus_, y una nube de góndolas ó faluchos para la travesía, que equivalen á millares de puentes flotantes. De trecho en trecho hay muelles avanzados de madera que sirven de estaciones, y á cada diez minutos llega de subida ó de bajada un vapor, largo, delgado y ligero como una anguila, que lanza de su seno una multitud de pasajeros, recoge otra, hace silbar su locomotiva y se escapa caracoleando con maravillosa destreza por entre los estrechos intersticios que dejan los botes y navíos que tapizan las ondas,

Las comunicaciones son tan excesivamente baratas y la regularidad de los viajes á lo largo del río, hasta abajo de Greenwich, es tan completa, que un paseo por el Támesis reune todas las condiciones deseables por el pasajero negociante ó el viajero curioso. En esas rápidas peregrinaciones todo interesa, hasta el menor objeto;--todo llama la atencion, y el paseante va admirando, en una sucesion de sorpresas é impresiones diferentes, cuanto contiene el Támesis de pintoresco ú magnífico, de opulento ú singular desde la una hasta la otra extremidad de Lóndres. Fué así como pude ver, al pasar y apénas exteriormente, muchos suntuosos ó interesantes monumentos, ya que me faltaba tiempo para un estudio minucioso de Lóndres, en mi primera visita.

Comenzando la peregrinación desde el pié del puente de _Battersea_, arriba de Chelsea, para terminarla por una visita á Greenwich, hé aquí lo que mas me llamó la atencion.

A la izquierda vi sobre la orilla destacarse los árboles del pequeño parque en cuyo fondo se ostenta el famoso hospital de _Chelsea_, edificio gigantesco y que, por su interior y la manera como está servido, pasa con justicia por ser uno de los primeros hospitales del mundo. Bajo el punto de vista del aseo, la comodidad, la extension y el órden, no hay en Europa hospitales que puedan rivalizar con los de Inglaterra. Tal parece como si esa nacion, ostentosa en todo, hubiese querido alojar lujosamente aún á los inválidos y miserables acogidos á la caridad pública.

Un poco abajo del enorme puente de Vauxhall está la penitenciaria de _Millbank_ (_Mill_, molino,--_bank_, casa), testimonio grandioso de ese espíritu de progreso que anima hoy á Inglaterra en favor de los sistemas y actos humanitarios. La Gran Bretaña, la Suiza, Bélgica y Baden son los únicos Estados de Europa que han sabido emprender la aplicacion á su suelo del régimen penitenciario de la Union Americana, á fin de llegar á la abolicion completa de la pena de muerte (esa grande infamia de las sociedades feudales que deshonra la civilizacion, insultando á Dios y la naturaleza humana), y de sostituir á la penalidad salvaje del dolor físico y de la degradacion, la influencia de la soledad moderada que enseña, del arrepentimiento que purifica al extraviado, y del trabajo que fortifica su organizacion y rehabilita su alma y su nombre ante la sociedad y ante Dios.

La penitenciaria de _Millbank_ debe quizas su nombre á la forma singular del edificio, pues tiene la figura de una rueda horizontal de molino _(mill)_, compuesto de un cuerpo central y sexágono que sirve de eje y seis cuerpos separados entre sí tocando con el centro, de manera que el todo se parece á una estrella ó una rueda de seis aspas. Segun se me informó, la penitenciaria produce los mas benéficos resultados, reposando en el principio de la combinacion del aislamiento con el trabajo en comun.

Casi tocando con el antiguo puente de _Westminster_ se ostenta el famoso edificio moderno que sirve de recinto al Parlamento británico, y detras se destacan las dos enormes torres de la Abadía de Westminster, el panteon consagrado a los glorias nacionales y el mas grandioso y bello monumento de la Gran Bretaña, tanto por su arquitectura como por su riqueza interior y su importancia histórica.

El Palacio del Parlamento, que es muy nuevo y ha reemplazado al que se incendió en 1834, tiene una grandeza de formas que corresponde á la de la influencia que ejercen sobre la política del mundo la elocuencia y las leyes de los 900 representantes de la corona, la nobleza y el pueblo de la Gran Bretaña que se reúnen allí.--La fachada es monumental, inmensa y de proporciones góticas, que constituyen una de esas estupendas pero desgraciadas imitaciones que la extravagante ó ecléctica arquitectura moderna hace de las románticas é incomparables creaciones del arte popular de la edad media. Aquella es una obra que asombra por su magnificencia, pero que carece de la misteriosa majestad de la poesía artística.

El interior vale mucho mas que el exterior, pues el Palacio que sirve de Areópago á la nacion inglesa, no solo es inmenso y complicado, sino que tiene notables riquezas de valor artístico y lujo de decoraciones. Ese palacio es digno del pueblo inglés, aunque en mi opinion sus legisladores debian haber sido mas modestos en tanto que hubiese en el seno del país miserias que curar y prevenir. El lujo de las naciones es tan culpable como el de los individuos, cuando contrasta con algun testimonio de ignorancia ó miseria.

En el límite del opulento barrio del Strand está situado, sobre el muelle contiguo al magnífico puente de Waterloo, el famoso palacio de Somerset, cuya construccion fué emprendida por el fastuoso cuanto desgraciado duque del mismo nombre, ministro de Eduardo VI, que despues de haber gobernado altivamente á Inglaterra fué depuesto en 1549 y decapitado en 1552. El palacio, que tiene tambien por su actual aplicacion el nombre de «Colegio del Rey», tiene una extensa y hermosa fachada de arquitectura complicada y mixta, y se destaca de entre las aguas del Támesis con el doble aspecto de un palacio real suntuosísimo y una fortaleza desarmada y elegante.

Casi inmediatamente despues del _London Bridge_, domina el rio con sus altos muros de sencilla arquitectura el enorme edificio de la Aduana (_Custom-House_), que es el _palacio real_ del algodon, los frutos de la India y todo lo que producen las cinco partes del mundo. Este edificio no es en manera alguna un monumento, pues su arquitectura no ha consultado el _arte_, sino la solidez, la comodidad y el orden, como conviene á un establecimiento de esa clase. Pero su interior es en extremo interesante, por el órden admirable que reina en la distribucion de las localidades, según su aplicacion á todas las necesidades de una aduana.

En seguida de _Custom-House_, se alcanzan á ver, empinadas por encima de sucios edificios y almacenes de desordenada construccion, las complicadas torres, almenas y pequeñas fortalezas que constituyen aglomeradas lo que se llama la _Torre de Lóndres_, que es uno de los monumentos mas históricos de Inglaterra. De todo el conjunto de antiguos edificios que lleva ese nombre comun y absurdo, el mas notable es el que tiene la especial denominacion de la _Torre-Blanca_ (_the White-Tower_) Este solo compartimiento tiene una circunferencia de 3,156 piés. El monumento entero fue fundado en 1066 por Guillermo el Conquistador para la defensa de Lóndres, compuesto de una gran torre central y trece pequeñas que la rodeaban, de las cuales algunas no existen.

La Torre de Lóndres ha sido el teatro de los mas terribles dramas políticos, mucho peores aún que los de la _Bastilla_ de París. Es en esa gran tumba de piedra donde han terminado su carrera de prosperidades, de glorias ó de crímenes muchos príncipes, gobernantes y poderosos. Alcázar sombrío de la historia de un gran pueblo, esa torro es un recuerdo permanente que después de ocho siglos de peripecias sangrientas hace comprender, con la pasmosa elocuencia del granito histórico y ennegrecido por el tiempo, cuan horrible es á veces la justicia de los reyes, y cuan vanas son siempre las promesas de la ambicion y la fortuna.

Hoy la Torre de Londres no es una fortaleza, sino apenas un museo de guerra,--es decir, el museo de la muerte;--ó sea una lápida de la tumba de ocho siglos de violencias, de crímenes y de gloriosas revoluciones tambien. Una dé las torres se llama la _sangrienta_: fué en su recinto donde tuvo lugar el horrible asesinato de los hijos de Eduardo IV, en 1488. En otra de esas torres, la llamada de _Wakefield_, fue asesinado otro rey--Enrique VI. Nada ha sido mas común en la historia de Inglaterra que las ejecuciones de reyes y reinas, por obra de los de la misma familia. No sé por qué hacen los reyes tanto escándalo cuando ven que los pueblos, imitándolos, se hacen los ejecutores. El oficio de verdugo ha comenzado por ser aristocrático, y al fin, los pueblos lo han repudiado dejándolo á los dictadores, los reyes, los inquisidores y los togados, como cosa que les pertenece en propiedad.

Casi pensaba omitir en esta relación algunos pormenores relativos al primero de los monumentos que dominan el Támesis,--la Abadía de Westminster,--no obstante su importancia, porque me he propuesto no describir sino lo que haya _visto_. No tuve tiempo para recorrer todo el interior de aquella catedral de las glorias británicas, que es el reverso de la Torre de Lóndres. El aspecto exterior es de una magnificencia imponderable, consideradas la fachada y las torres, pues el cuerpo del edificio es muy sencillo. La iglesia data del principio del siglo XI, y es en ella donde tiene lugar la coronación de los monarcas de la Gran Bretaña.

Como he dicho ántes, Westminster es el _Panteon_ de las grandes figuras de Inglaterra, en la ciencia, la literatura, la oratoria, el gobierno, la guerra, la marina, la poesía, las bellas artes y todo lo que puede abrir el camino á la inmortalidad. Con todo, Westminster ha dado asilo a notabilidades de muy dudosa ortografía, muchas de las cuales han _pagado_ mas bien que _merecido_ el pasaporte para descansar en algunas de las gloriosas tumbas de la venerable catedral de los muertos y de los reyes, poblada de estatuas, bustos y obras soberbias de escultura.

Una de las mas notables de esas obras es la gran tumba de Eduardo IV, cuajada de esculturas magníficas, y que tiene una forma singular por las torres circulares que la encuadran. Son muy interesantes tambien las tumbas de Eduardo el confesor, rey anglo-sajon,--de Enrique III y Enrique V,--de la desgraciada cuanto terca María Stuart, y de Isabel, su sobrina, su rival y verdugo,--de Jacobo I de Inglaterra,--Cárlos II, hijo de un monarca decapitado por sentencia de su pueblo,--y de Jorje II, que engrandeció á su patria con el apoyo de los talentos de Walpole y el primer Pitt.