Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 53 de 76

CAPITULO III. — parte 2

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El gran movimiento de Málaga no proviene únicamente de su fuerte producción de vinos y demás artículos de su agricultura, por valores considerables. Malaga es, por su posicion y la naturaleza del terreno de toda la provincia y las vecinas, el puerto obligado de Granada, Jaen y parte de las comarcas de Córdoba, y de las poblaciones que demoran del lado de Ronda como del de Vélez-Málaga. Aparte de esos motivos de centralización de un vasto comercio, Málaga tiene una producción fabril ó manufacturera de bastante importancia y bien variada. Allí se fabrican sederías y muchos tintos, algún azúcar, varios tejidos, sombreros, máquinas y objetos de fundicion, jabones, encurtidos, loza, etc.,--se trabajan mil objetos de arte, como lindos abanicos, bustos de yeso muy delicados y otras curiosidades de mano,--y se hace una vasta preparación de frutas conservadas y destilaciones. Málaga es, sin disputa, la segunda ciudad mercantil de España, pues solo Barcelona le es superior.

Málaga, tan rica en industrias, tan comercial y fuerte en la producción de vinos[4], es una ciudad pobre en monumentos. El único que merece atención, todavía por acabar y rodeado de tristes y menguadas callejuelas, es la catedral. Pertenece al estilo del Renacimiento, del órden compuesto, y aunque su fachada es una obra muy notable, su torre magnífica y de muy buen gusto es por sí sola un monumento. El interior del templo, compuesto de tres hermosas naves, es verdaderamente grandioso por sus formas generales, pero carece en sus pormenores de valor artístico, en lo que hace á pinturas y esculturas, y no hay nobleza en las condiciones arquitectónicas. Deben exceptuarse los techos de las naves que son muy hermosos, enteramente de piedra y con muy buenos relieves, y el vasto coro central, cuya sillería posee riquísimas esculturas en madera, y cuyos dos órganos colosales son de mucho mérito.

La vista que ofrece el panorama de Málaga es soberbia, cuando se le contempla desde las alturas contiguas donde se encuentran el fuerte de la _Alcazaba_, que se conserva medio arruinado, y las ruinas del antiguo castillo de _Gibralfaro_, obra moruna que estuvo situada á mayor elevacion y se comunicaba con aquel fuerte. Desde allí se admira un cuadro de hermosura triste y majestuosa, si se tiende la vista sobre el Mediterráneo, las lejanas costas africanas y las serranías españolas, pero risueña y alegre, si solo se considera la ciudad y su puerto y el vecino valle. El mar, tan majestuosamente monótono cuando rodea sin contraste una de esas ciudades flotantes, formas admirables de la civilización, que se llama un buque, es un tesoro de primores y sorpresas cuando sirve de marco á una costa. Pero en ninguna parte tiene tanta hermosura y tan sublime poesía como en los estrechos de la Mancha y Gibraltar, donde las ondas con su incesante movimiento, sus resplandores vagos é inasibles, su población flotante y sus elocuentes rumores, parecen continuar en cierto modo, mas bien que interrumpir, el espectáculo de vitalidad que se manifiesta en la tierra. Ese gran drama del mar, permanente en su _espíritu_, pero variable en sus formas hasta lo infinito, es un misterio supremo que seduce, fascina, embarga los sentidos y obliga á meditar.

Pero en aquel estrecho del Mediterráneo la seduccion es mas poderosa que en ninguna otra parte, por el contraste de las razas y civilizaciones que se ven frente á frente al traves de ese valle movedizo, casi siempre atormentado por terribles tempestades. Al ver sus movimientos se imagina uno que cada onda trae en sus pliegues alguna revelacion, alguna queja de ese mundo misterioso, exuberante de calor, de fuerza, de vida y de barbarie que se llama el África.... ¡Extraño fenómeno! Apenas una ancha fosa marítima separa esos dos continentes (ó semi-continentes) y sinembargo su distancia moral es inmensa! El Nuevo Mundo, tan léjos de Europa y tan colosal, ha avanzado infinitamente mas en la civilización y la libertad, es decir, en la posesión de la conciencia ó la personalidad y la noción de la justicia, que esa estupenda península del viejo mundo en cuyo seno vegeta en la barbarie la gran raza de Cham. ¿Por qué ese contraste? ¿Es por culpa de la raza negra nomas ó principalmente? ¡Triste es decir la verdad! Es que la humanidad blanca ha trabajado durante muchos siglos, por la explotación de la esclavitud, en mantener á la humanidad negra en la barbarie!

El puerto de Málaga, aunque reducido, poco abrigado y muy defectuoso por los bancos de arena que arrojan á su seno las borrascas del Mediterráneo, está siempre poblado de numerosas naves de todas las naciones, y allí tocan todos los vapores que hacen el servicio de las costas españolas y africanas, y que giran entre el Mediterráneo y el Atlántico. El movimiento de buques, de marinos, obreros y mercancías le da al puerto un aire de alegría y un interés que agradan al viajero; y sinembargo no se siente el deseo de permanecer allí por muchos dias, como en Granada ó Sevilla. Se comprende y reconoce el mérito comercial é industrial de Málaga, pero su población y la masa general de sus gentes no inspiran simpatías.

Al llegar á Málaga nos habían registrado los diminutos equipajes, no obstante que veníamos del interior del pais, y nos hablan hecho exhibir los pasaportes! En eso hay, al ménos aparentemente, mas rigor en España que en Francia. España es el país clásico de las formalidades ridiculas y enfadosas, sin que por eso se evite el contrabando en inmensa escala, ni dejen de prevaricar los funcionarios subalternos. Debíamos partir para Cádiz, despues de una corta residencia en Málaga, y sinembargo fué preciso hacer visar los pasaportes por la Gobernación, y llenar una fórmula en el despacho de la _Sanidad_. Es como si para _trastear_ de un barrio á otro hubiese que pedirle licencia al Alcalde y comprobar que se goza de buena salud. Los gobiernos llevan á veces el espíritu reglamentario hasta la estupidez.

Eran las ocho de la mañana y el vapor que debia conducirnos á Cádiz, tocando en Gibraltar, se balanceaba suavemente hacia la salida de la pequeña ensenada de Málaga, lanzando por sus dos altas chimeneas rojas sus espesas columnas de humo, que la brisa desbarataba en ondulaciones caprichosas arrojándolas sobre los arbolajes y las vergas de los numerosas fragatas mercantes que estacionaban en el puerto. El puente del vapor se iba llenando con la población heterogénea de pasajeros que se dirigían á distintos puntos de las costas españolas y francesas y á Amberes, Rotterdam ó Hamburgo. El capitán, tipo vigoroso y simpático, marino frances _pur-sang_, pasó revista á su equipaje, y hallándolo completo, asi como su lista de pasajeros, hizo levar anclas. En breve Málaga, tan pintoresca vista desde el mar, desapareció, y comenzamos á navegar hacia Gibraltar.

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