Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 60 de 76

CAPITULO VII — parte 1

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MONUMENTOS Y CURIOSIDADES DE SEVILLA.

La Catedral.--El Alcázar.--La Lonja.--El Museo de pinturas.--La Universidad.--La Casa de Pilatos.--El barrio de Triana.--La industria sevillana.--Varias observaciones.

Imposible me sería hacer una descripcion hábil y detallada de las preciosidades artísticas que tiene Sevilla. Una residencia de cinco dias no era bastante para una observacion prolija, y aunque lo fuese, no me es dado hablar con propiedad respecto de bellas artes. Indicaré muy de paso mis impresiones mas vivas.

Desde luego, la catedral es la gran maravilla de la metrópoli andaluza. Es una enorme masa de piedra, de estilo gótico del siglo XV, en su casi totalidad; pues la parte de atras es del Renacimiento, terminada mucho mas tarde,--circunstancia que produce un contraste desagradable. El templo carece de torres y su fachada principal está incompleta, faltándole los principales bustos y adornos propios de su época. Concluido lentamente en un largo trascurso de tiempo, parece en su exterior como un monumento dislocado, no obstante la majestad y el atrevimiento de sus arcos y bastiones aéreos que parecen hacer una muda invocacion al cielo. La grandeza de la catedral (la primera de España sin disputa, bajo ciertos aspectos) está en el interior. Es tal su opulencia de mármoles, que su solo pavimento de grandes baldosas blancas y negras ha costado la fuerte suma de 125,000 duros. Mide una longitud total (con su prolongacion de la capilla real) de 417 piés, 315 de latitud y una elevacion que, empezando por 53 piés en las capillas se eleva á 104 en las naves laterales, á 145 en la principal y á 171 en la cúpula ó cimborrio que la domina. Como se ve, las proporciones son colosales.

Sus cinco vastísimas naves son de una majestad imponente, sobre todo la central, cuyo admirable artesonado de piedra reposando sobre numerosas columnas formidables y atrevidas es de una ligereza y audacia muy notables. Sus noventa y tres vidrieras de las ventanas ogivales (obra del siglo XVI) son bellísimas por su finura y colorido; y la sillería del coro es una de las mas ricas y mejor trabajada que he visto en las catedrales góticas. Los frescos de la cúpula son muy bellos, como las rejas monumentales de labor exquisita que encierran el coro. Puede considerarse cuántos primores de arte contendrá esa catedral, con solo saber que en ella han trabajado sucesivamente ciento noventa y seis artistas notables, algunos de ellos eminentes y de primer órden. Y con todo, por una extraña negligencia, se ignora el nombre del arquitecto que trazara el plan de tan grandioso monumento.

Si sus dos colosales órganos son soberbios en todos sentidos, y los muros, las pequeñas capillas y las bóvedas tienen cien bellezas que admirar, al penetrar á la capilla real y la sala capitular (haciendo una transicion repentina de la sombría solemnidad de lo gótico á las floridas creaciones del arte greco-romano) se encuentran primores de escultura y pintura y relieves y trabajos delicados de arquitectura que son de mucho mérito. Allí se revela en obras inmortales el genio de Murillo, de Herrera y otros grandes maestros, al lado de muy superiores escultores. En la capilla real veneran la efigie de Fernando el católico y se ven entre otros sepulcros notables los de Don Alonso el sabio y su madre Doña Beatriz.

La sacristía contiene riquezas inmensas en joyas y vasos sagrados, y es prodigiosa la pompa que el clero sevillano despliega en la Semana Santa para el tocado y las vestiduras de la Virgen. ¡Cuántas miserias no serían aliviadas si la Iglesia católica, renunciando á un lujo de ostentacion que ofende la majestad inmaterial y suprema de la Divinidad, y que desvirtúa la noble sencillez del cristianismo, renunciase á las costumbres paganas y consagrase á la enseñanza y la beneficencia los inmensos tesoros improductivos que yacen en las sacristías!

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El _Alcázar_ de Sevilla, de universal renombre, es sin disputa uno de los mas bellos monumentos de la arquitectura arábiga; pero de ningun modo puede ser comparado con la Alhambra. Verdad es que la eminente situacion de esta es excepcional, miéntras que el Alcázar está como escondido en el seno mismo de Sevilla, á unos 500 metros apénas de la catedral. Comenzado por los Moros en 1111 y terminado en su parte baja ó primer cuerpo en 1181, fué la residencia de los reyes moros hasta la reconquista de Sevilla en 1247. Tocóle á Don Pedro el Cruel la construccion del segundo piso, que completó el edificio. Un vasto patio, rodeado de viejos muros, da acceso al Alcázar, cuya primorosa fachada, de una construccion sencilla pero cuajada de relieves ó arabescos, anuncia con esplendor las bellezas interiores.

Todo el edificio se reduce á dos series de vastos salones ó aposentos, generalmente cuadrados y superpuestos en dos pisos. La parte baja de los muros y los pavimentos se compone de lindos azulejos ó ladrillos finos de loza, de colores vivísimos, con las mas graciosas figuras ó dibujos. La parte superior de cada muro, desde su altura média hasta los techos artesonados, de yeso estucado ó de madera, reproduce en lo general, con increible profusion, los mismos adornos floridos ó arabescos que hacen el encanto de la Alhambra, repitiéndose siempre las formas de aquellas exquisitas filigranas de yeso, pero sin perder por eso su gracia de contornos, su finura de líneas sorprendente donde quiera, y su viveza de colorido en combinaciones resplandecientes. Como Don Pedro el Cruel empleó artistas árabes en la terminacion del edificio, los trabajos de arte son completamente homogéneos. Los artesonados ó techos, principalmente los de cedro, son de un gusto de ejecución delicadísimo.

El Alcázar, lleno de luz por la naturaleza de su construccion, no tiene en sus salones y aposentos ese aire de voluptuosidad y de misterio sombrío que domina en la Alhambra. En el Alcázar todo es alegre y resplandeciente, y desde las ventanas y los balcones volados de las piezas interiores se goza de todo el espectáculo encantador que ofrece el inmenso jardin oriental que rodea al palacio. ¡Qué de tradiciones dramáticas en aquel recinto donde reinaron razas y dinastías enemigas! Si el salon de los _Embajadores_ arrebata por su magnificencia y su cúpula soberbia, hace evocar mil historias y leyendas con los retratos al fresco de todos los reyes godos que se ostentan en la techumbre. Ya se siente uno sobrecogido de horror al atravesar la sala donde fué asesinado Don Fadrique por órden de su hermano Don Pedro; ya se destiene á cavilar, visitando la alcoba donde dormia el rey cruel, sobre los dramas de sangre, de zelos y desconfianzas terribles que fueron la consecuencia de las sombrías meditaciones de aquel hombre en sus desvelos; ya en fin, al descender al patio de las _Muñecas_ (donde tenian las moras sus grandes baños) y penetraren los subterráneos donde un tiempo se bañaran voluptuosamente las princesas orientales y mas tarde Doña María de Padilla, se estremece uno pensando en el doble uso de aquellos subterráneos creados para el deleite y convertidos en sepulcro. Allí, en uno de los calabozos húmedos, sin aire ni luz alguna, sufrió su prision y su martirio esa mujer de tan célebre memoria.

El jardin, que tiene como tres hectaras de superficie total, está encerrado por un alto muro que por sí solo es un monumento. Todo él está lleno de arabescos, de columnitas preciosas, de frescos, inscripciones y mil adornos muy bellos. Lo que mas admira es que esos primores de arte, expuestos á la intemperie despues de tantos siglos (pues tal es la construcción de los muros) se conservan perfectamente y subsisten como modelos del arte arábigo. Sería imposible describir completamente ese admirable jardin (tan especial en Europa) sin llenar muchas páginas cuyo poético lenguaje parecería exagerado. Aparte del interes que tienen la fachada interior del Alcázar y los altos muros que encuadran el recinto, el fondo mismo del jardin es encantador por su conjunto así como por sus preciosos detalles. Al recorrer sus laberintos de arrayanes simétricamente recortados, sus tupidos bosquecillos de naranjos y granados, sus vastas aglomeraciones de arbustos y plantas en flor, tan brillantes como artísticas en unos sitios, tan graciosamente desiguales en otros, y al penetrar en todos los santuarios de verdura que pueblan el recinto, se cree uno como trasportado á los edenes orientales.

Allí todo es voluptuoso, risueño, tentador. Ya se divierte uno en querer hallar la pronta salida de los laberintos de arrayan, ó en descifrar las alegorías de todas formas trazadas en el suelo por medio de los mismos arbustos de arrayan hábilmente dispuestos; ya se goza en admirar los grupos floridos, los juegos de aguas ingeniosísimos y sorprendentes, las numerosas fuentes de formas arábigas y las escalinatas de mármol donde el sol andaluz brilla con todo su esplendor. Ora se pone uno á vagar, soñando y recordando mil historias, bajo la sombra espesa de los bosquecillos de naranjos, limoneros y granados, donde se siente la embriaguez deliciosa que producen el azahar y el jazmin, la albahaca y las rosas en profusion. Ora en fin, al rumor de las fuentes y al canto de los pajarillos habitadores del jardin, se reposa con deleite, sentado en otomanas de mármol, bajo las cúpulas de lindos pabellones de estilos diferentes, construidos en el centro de aquellos retretes de verdura que parecen evocar las sombras de las sultanas y las tradiciones de la civilizacion morisca. El Alcázar es un delicioso monumento. Su tipo es la frescura risueña. Allí falta la grandeza que caracterizó la Alhambra. Por eso, al salir de la antigua mansion de Don Pedro el Cruel, se siente pesado y desagradable el aire de la calle y se lleva una dulce impresion, pero no se experimenta esa tristeza que acompaña al viajero al alejarse de los sitios y los monumentos admirables de la vieja fortaleza de Boabdil.

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La _Lonja_, situada al lado de la catedral, es un hermoso y elegante monumento que hace honor á su artífice, el famoso Herrera. Es completamente cuadrado, mide 37 metros por lado y su estilo es del Renacimiento, pero de una sencillez deliciosa que en nada perjudica á su majestad. El mármol está allí prodigado con suma opulencia, y la luz entra por todas partes á torrentes. El Tribunal de comercio y la Bolsa tienen su residencia en ese espléndido palacio de la especulacion. Allí tuvo su asiento, como he dicho, la famosa _Casa de contratacion,_ institucion establecida por la España en sus tiempos de obcecacion política para explotar el comercio de sus colonias colombianas, mediante el monopolio. Los inmensos archivos se conservan en hermosos armarios con el mayor cuidado, en términos que la historia comercial y económica de Hispano-Colombia, durante una larga época, se encuentra allí esparcida en millones de documentos.

El edificio es de dos pisos, claustrado en ambos, pero sin balcones ni galerías salientes. Todos sus pavimentos son de mármol y todos los muros y techos de piedra pura. Lo mas notable por su mérito de composicion está en la escalera y los artesonados. La primera es por sí sola un espléndido monumento, por sus formas, la enormidad de sus mármoles (todos de Granada) tan ricos por su finura como por sus colores y volumen y formando mosaicos primorosos. El techo se compone en los cuatro lados de un encadenamiento de bóvedas, con la particularidad de que no hay entre mas de cuarenta artesonados (de pura piedra, sólidos en extremo y atrevidos y hermosamente ensamblados y labrados) dos que se parezcan en sus relieves ó formas parciales. La Lonja es, en su género; quizas el mas hermoso monumento que tiene España.

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Si el arte de edificar reune tan admirables muestras de todo género en Sevilla, el arte divino que crea la luz y eterniza la verdad en la tabla, el lienzo y el muro, no tiene ménos quizas de qué enorgullecerse en la patria de Murillo y Herrera. El Museo de pinturas de Sevilla es por sí solo un tesoro inmenso, aún á los ojos del que ha conocido los de Madrid, Paris, Dresde, Ambéres y otras ciudades europeas. Sinembargo, no todo el Museo merece tal reputacion. Exceptuando unos seis cuadros de primer órden en el gran salon (local oscuro y triste de una antigua iglesia), puede decirse que el valor esencial está en el _salon de Murillo,_ cuyo precio es incalculable.

El salon principal tiene buenas obras, sin duda; pero la gran masa no es sobresaliente, porque Sevilla (que ha dado su nombre á una grande y gloriosa escuela) ha sido sucesivamente saqueada en materia de pinturas, ya por el mariscal frances Soult, en la época de la guerra nacional, ya por las autoridades que han querido organizar museos nacionales y _particulares_ á expensas de las provincias. Se siente uno pasmado de admiracion á la vista de la sublime _Asuncion_ de Murillo, tan profundamente celestial en sus formas y expresion; del famoso cuadro de Zurbarán (que tiene su historia político-diplomática) representando la predicacion de _Santo Tomas de Aquino_; de una _Concepción_ y una _Visitacion_ de Valdez, que evoca con divina uncion todo el poema del misterio bíblico; de un _Cristo_, de Zurbarán tambien, asombroso de dolor y agonía suprema; de un _Jesus_ de Estéban Márquez (discípulo de Murillo), que parece creado por la inspiracion y la mano del maestro; y en fin, de los _Cinco Apóstoles_ de Polanco, artista cuyas obras me han parecido notables por la energía del pincel. Al contemplar todas esas figuras, bajo las sombras del templo desierto, se comprende bien la superioridad de los genios que, profundamente agitados por el sentimiento de la piedad y la idea cristiana, han creado un arte nuevo, dándole el sello de la majestad, la uncion y la santidad.

Esto es precisamente lo que mas resalta al recorrer el salon que contiene únicamente obras de Murillo. Los veintitres cuadros que forman esa coleccion fueron elaborados durante un encierro voluntario á que se condenó el piadoso artista, asilado en el convento de capuchinos de Sevilla. Es bien sabido que Murillo nunca empezaba una obra sin haber comulgado, lo que prueba cuán hondamente lo impresionaba el sentimiento religioso. La soledad era su mejor elemento, porque ella le infundia ese recogimiento supremo que les diera su carácter de beatitud casi inimitable á todas las creaciones del gran artista sevillano. A este propósito es digna de mencion una obra superior de Herrera el viejo, que se ve en el primor salon. Es un _San Hermenegildo_ admirable, hecho en su calabozo por aquel pintor, condenado á perder la mano por haberle dado un bofeton á cierto clérigo. Sin duda el artista comprendía muy bien todo el valor de su mano _en capilla_, puesto que produjo una obra sublime que le valió el perdon. Casi siempre las mas grandes producciones del genio han nacido en momentos críticos y en las sombras del recogimiento.

Casi sería inútil, y acaso pretensioso, hacer una eleccion cualquiera entre los veintitres cuadros de Murillo, que valen mas de quinientos mil pesos, al decir de algunos conocedores. Todos son á cual mejor. Sinembargo, el cuadro que representa el milagro de _San Francisco de Asis_ es acaso el mas vigoroso como obra de pincel ó labor. Como obra dé inspiracion, nada seduce tanto como la _Adoracion de Jesus_: la figura de la Virgen es de una expresion de pureza y gozo celestial insuperables; y el candor, la sencillez, la sorpresa inocente de los pastores, que atisban al niño con curiosidad infantil, son inimitables. Acaso sea necesario mencionar tambien, como creaciones soberanas, el mendigo del cuadro de _Santo Tomas de Villanueva_, un _San Félix de Cantalicio_, una _Concepcion_ (el estudio predilecto de Murillo) y una _Asuncion_, tipo que muy raros artistas han logrado imitar ó revelar con sus verdaderas condiciones.

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Que el lector me perdone si le invito aún á visitar otro museo interesantísimo, simple porcion de ese vasto, complicado y preciosísimo museo de mil formas que se llama Sevilla.--Hablo de la Iglesia de la _Universidad_, que el extranjero visita con profundo placer. Allí hay una numerosa coleccion de tumbas interesantes bajo todos aspectos. Entre las diez que sobresalen se ven las del duque de Alcalá y su mujer, fundadores del edificio, y de otros nobles castellanos célebres en la historia, que son verdaderos monumentos por el gusto de las formas, el mérito de los mármoles y el primor y la riqueza de los relieves, los bustos ó cuerpos y demas esculturas. En clase de esculturas religiosas hay un _Cristo_ de Montañez, tan asombrosamente superior que por sí solo vale por un museo; así como un _San Ignacio de Loyola_ y un _San Francisco de Borja_ (del mismo artista), que son estatuas admirables. El _San Ignacio_ principalmente parece haber realizado el ideal supremo del arte que puede animar el mármol, la piedra ú otra materia, y darles un lenguaje elocuente y una mirada profunda. Toda la historia de la Compañía de Jesus parece surgir _a priori_ de esa frente marmórea y ese ojo ardiente y fascinador que sondea y medita.

En cuanto á pinturas de la capilla, el altar mayor y los muros laterales contienen obras verdaderamente maestras de Roelas, Pacheco, Alonso Cano y otros artistas que tuvieron justa celebridad en España. Es bien digno de notar que el arte de la pintura ha corrido siempre parejas con el movimiento caballeresco y religioso de los pueblos. Entre las sociedades europeas el pincel parece haber reinado siempre al lado de la espada y á la sombra del capuchon. Italia, España y Francia,--los pueblos mas guerreros y mas exaltados ántes en el sentimiento religioso,--han revelado su historia en los lienzos con singular energía. España es un país inmensamente rico en pinturas, porque ha tenido exuberancia de conquistadores y frailes.

Sinembargo, pocas ciudades tienen en la península el privilegio que posee Sevilla. Madrid, Barcelona, Cádiz, Búrgos, etc., son esencialmente españolas. Valencia es medio morisca, pero muy inferior en cuanto al arte á las dos ciudades andaluzas mas notables. Córdoba es casi toda morisca. Toledo esencialmente compleja, pero dejando predominar el arte gótico y el greco-romano en sus principales monumentos. Solo Sevilla y Granada tienen la singular ventaja de revelar simultáneamente, por sus obras artísticas, las mas completas manifestaciones de diferentes y aun opuestas civilizaciones. Pero todavía Sevilla es en eso muy superior á Granada. Sevilla mantiene juntas y vivas, con singular energía, todas las tradiciones orientales, así como las pruebas del arte latino y del gótico en obras superiores.

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