Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · Unidad 75 de 76

CAPITULO VI. — parte 2

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Las consecuencias naturales de todos esos rasgos caracteristicos se notan en al condicion social diferente de loa cuatro grupos que componen la España continental. Sin desconocer algunas excepciones puramente locales, ó que se manifiestan en las clases sociales mejor educadas, las reglas generales no son ménos fundadas, y pueden ser resumidas así:

En la España que fué profundamente modificada por los Arabes ó Moros, está reunido casi todo lo que la sociedad española ha producido de mas bello, grande, rico y sublime en materia de bellas artes. No hay un palmo de terreno aprovechable que no esté sometido al cultivo. Los trabajos industriales indican mucha habilidad y feliz inspiracion. El arte de al irrigacion es generalmente conocido y practicado can acierto. Donde la propiedad territorial no está algo dividida (y esto es raro), la poblacion la suple con la propiedad mobiliaria, sea en la agricultura, la industria pecuaria, la pequeña fabricacion, etc.; de manera que la masa de prolatarios es relativamente bien reducida. La tendencia á la posesion de _algo_ es muy general, y con ella los instintos y hábitos de independencia. Las poblaciones son poco ó nada supersticiosas. La mendicidad no existe sino en muy pequeña escala, y eso, reducida á las grandes ciudades; en ningun caso proviene de los instintos de la raza árabe, sino de causes económicas y de las antiguas tradiciones monacales. Allí hay verdadero bienestar en las masas, en cuanto es posible en el estado actual de las sociedades. El liberalismo es genial en todas las poblaciones. El movimiento económico es muy activo en todos los ramos de la produccion. Las gentes aman la pulcritud y la elegancia. En una palabra, la España morisca, con un territorio muy inferior á la mitad del de la España _gótica_, y una poblacion igual al 66 por ciento de la misma, es por lo ménos cuatro veces superior en movimiento social, riqueza, bienestar y civilizacion.

Al contrario, esa España gótica, que abarca mas de la mitad del territorio y de la poblacion continental, y que contiene tan fértiles y vastas llanuras y alti-planicies, vegeta en la inaccion y la pobreza (con raras excepciones); se complace en al aislamiento, sin interes por las comunicaciones; tolera en todas partes la mugre y la incuria; está literalmente repleta de _mendigos_, manteniendo la mendicidad como una institucion; tiene una asombrosa profusion de iglesias y antiguos conventos; mira con desden las bellezas de la vegetacion, y está sumamente atrasada en el arte de la agricultura y en la fabricacion. Allí (muy al contrario de las otras secciones de España) los campos están desiertos, y la poblacion se concentra en las ciudades y villas, donde conserva con persistencia los hábitos de holgazanería, gazmoñería y mendicidad. El clero (sin influencia notable, ó casi mulo en la política ya la educacion social en los demas grupos) es en la España central muy poderoso todavía para hacer daños ó resistir al progreso, porque puede influir fácilmente sobre turbas ociosas aglomeradas en las localidades. Las costumbres del clero no son austeras, ni cosa que se lo parezca; no toma interes ninguno en la instruccion popular, y se mezcla en la política siempre que ve comprometidos sus propios intereses. En lo general es codicioso, y su principal cuidado es el de asegurarse buenas rentas.

La vida en el seno de aquella parte de la sociedad española ew monótona y triste. El aspecto de las gentes es siempre sombrio, á causa de sus vestidos, de una tinta pardo-amarillenta en lo general. Las construcciones carecen de gracia, sin la elegancia de lo sencillo ni la seduccion de lo pintoresco. El pueblo divide solo su atencion, en materia de espectáculos, entre la iglesia y la plaza de toros; es decir, dos misticismos,--el de la fe tradicional y el del peligro. En conclusion, la vieja España (con excepcion de los puertos del litoral cantábrico, la ciudad de Madrid y en parte la de Valladolid) está profundamente atrasada y estancada en todo. Y lo peor es, que ni siquiera tiene todavia la nocion del progreso, porque no apoya ni aun comprende suficientemente los ferrocarriles y demas elementos de comunicacion.

Aunque las _Provincias_ son en realidad pequeñas repúblicas, por la naturaleza de sus instituciones y costumbres especiales, y por lo mismo forman un grupo relativamente superior al de Cataluña, los dos tienen tanta homogeneidad en sus rasgos generales, que pueden ser comprendidos en una comun apreciacion. Es en esas dos secciones donde los pueblos han mostrado siempre mayor apego y mas tenacidad en la defensa y conservacion de sus _fueros_ ó libertades municipales, de lo cual, en lejanos tiempos, dieron tan nobles ejemplos los Aragoneses, la fraccion mas liberal y de mas fuerte personalidad entre las que componen el segundo grupo.

En Cataluña y las Provincias todo progreso es aceptado con entusiasmo y constancia por las poblaciones.

_En ellas_ no existe la mendicidad; los mendigos que se encuentran en algunas ciudades catalanas proceden casi todos de Aragon, de donde bajan á explotar las plazas industriosas y comerciales. En los dos grupos que tienen por centros principales á Barcelona y Bilbao, la intolerancia castellana, que repele lo extranjero y nuevo, no tiene cabida. Muy al contrario, el extranjero es acogido allí con placer, y toda novedad que entraña un progreso en la civilizacion encuentra la mas cordial hospitalidad. Las libertades municipales y el individualismo fecundo han hecho á esos pueblos laboriosos, reflexivos en todo, celosos de hacer respetar el derecho, íntegros y severos en el cumplimiento de todo compromiso. En ninguna parte de la península es tan profundo como allí el sentimiento de la personalidad (perdóneseme que lo repita), y sinembargo, es allí donde se presenta mas poderoso el espíritu de asociacion. Eso prueba que no hay ningun antagonismo natural entre lo individual y colectivo; y que el hombre cuando se siente personalmente libre, busca siempre el apoyo de las demas fuerzas individuales, porque es un sér sociable, y hace las cosas colectivas mucho mejor que los poderes socialistas que pretenden absorber la iniciativa de los individuos en nombre del derecho comun.

En Cataluña y las Provincias el sentimiento democrático es profundo. Allí el proletario es un _hombre_ y un _ciudadano_, porque vive del trabajo y tiene la conciencia da que el trabajo es en la sociedad un título supremo que da derecho á la consideracion y la independencia. Esos dos pueblos son los únicos que no se han dejado absorber por la pretendida unidad de la nacion española, unidad de apariencia que no reposa en instituciones verdaderamente liberales, populares y nacionales. El catalan y el vascongado mantienen su lengua, su literatura, sus tradiciones y libertades peculiares, y se repután como pueblos aparte. Ellos resumen lo que hay de mas próspero y sólido, de mas fecundo y distinguido en la situacion política, social y económica de España; y no hay exageracion ninguna en decir que, así como Cataluña es la _Inglaterra española_, las Provincias son la _Francia peninsular_. Allí faltan el fanatismo religioso, el gusto por el monopolio (aunque los catalanes son proteccionistas por razon de sus fábricas), y la veneracion del sable ó del militarismo. El dia que en esos pueblos se fundase la República, el cambio seria insensible en lo social y económico; apénas se produciría un movimiento ascendente en lo político. Es en el seno de esos pueblos que se halla el verdadero gèrmen de la democracia española.

El resultado de la comparacion precedente salta á la vista, al abrazar al conjunto de la nacion española. Ella se compone de varios pueblos, formados por cruzamientos mas ó ménos intensos de razas diferentes, y por la diversa accion de las instituciones que los han regido. Donde quiera que ha reinado sin contrapeso ninguno el socialismo del poder absoluto, la vida social se ha estancado. Donde Felipe II y Torquemada han dejado las mas profundas huellas de su paso, el terreno ha quedado estéril ó no ha producido sino espinos y malezas ásperas. Donde los conventos y el clero han dominado con mas fuerza, la mendicidad se ha hecho endémica, la ociosidad genial, las supersticiones groseras, profundo el amor al aislamiento, á la rutina, la incuria y el desaseo. Donde han faltado los fueros antiguos (es decir, las libertades ó garantías), la industria, la agricultura y el comercio han quedado estacionarios, despues de la gran retrogradacion acarreada por la expulsion de los moros y judíos. Donde quiera se ven los malos frutos de una educacion viciosa y corruptora. La moralidad doméstica relativa de la España central no es efecto sino del viejo orgullo castellano y del aislamiento social; de ningún modo el resultado de las instituciones anteriores, que han hecho todo lo posible por corromper al pueblo.

Al contrario, allí donde se han inoculado la sangre y las costumbres de un pueblo liberal, de religion espiritual, igualadora y fraternal, y amante de la naturaleza (el pueblo árabe ó moro), se ve una considerable prosperidad. Allí donde hubo lucha ó dualidad de religiones, hay mas tolerancia, mucho menos fanatismo, mas vivos instintos de libertad y fraternidad, y el clero ha sido ménos ávido de riquezas y poder. Allí donde se han arraigado las tradiciones de la libertad económica (que era el secreto de los prodigios agrícolas, artísticos é industriales de los Moros), la actividad es visible, la prosperidad satisfactoria, apesar de la funesta accion de las leyes reglamentarias y prohibitivas. En los pueblos (los vascongados) donde no hay monopolios, ni soldados, ni prohibiciones, ni autoridad absorbente, ni impuestos indirectos ruinosos, ni policía inquísitorial, ni centralizacion opresiva, todo es espontaneo y viril, todo prospera, la paz reina, las costumbres son puras, dulces y pacíficas, el juego de pelota reemplaza casi los sangrientos juegos de toros, el juego no existe como pasion y especulación, la propiedad raíz está muy dividida, la vida es libre, fácil y barata, la instruccion elemental está bien difundida, la civilización avanza en todos sentidos, la poblacion está mucho mas condensada.

La Cataluña, aunque mucho ménos independiente del gobierno central, se asemeja en su situación á las Provincias, y brilla por su industria y riqueza, precisamente porque ha estado ménos expuesta á la influencia funesta del socialismo despótico, brutal y corrosivo inaugurado por Carlos V y Felipe II; socialismo cuyas fórmulas eran: la delacion, la nivelación en la obediencia pasiva, el convento, la unidad de religion, el aislamiento español, la prohibicion, la reglamentacion de la vida, en una palabra, la supresion completa de la individualidad.

Tales son las enseñanzas que suministran el presente y el pasado de España, comparando la situación social de sus cuatro grupos mas característicos. ¿Qué es lo que en justicia puede augurarse acerca del porvenir de esa nacionalidad? Para responder á esta pregunta es necesario compendiar los rasgos generales que ofrece toda España, respecto de su constitucion, su gobierno, sus partidos, su carácter social, su educacion, sus ideas, su vida económica, su literatura y sus aspiraciones.

La Constitucion española es la imagen de la situacion del pueblo á quien rige. Allí todo coexiste á medias, sin un carácter bien determinado. Es una monarquía mitad de tradición ó legitimidad de derecho divino, mitad de origen popular; de manera que ni la aristocracia, ni el absolutismo, ni la democracia tienen autoridad, ni fuerza, ni prestigio, si no es para entrabarse y dañarse mutuamente. Parlamentario por las formas y el origen aparente, el gobierno obedece mas á las influencias cortesanas que á las de la opinion. Sumamente restringido el círculo de los electores, y poderosos los medios de corrupcion, el sufragio representa siempre al poder, sin que haya ejemplo de que un ministerio pierda las elecciones. Los partidos, desorientados por falta de principios y explotando en todo caso las situaciones, son á su turno explotados por el poder, sin que la nacion gane cosa ninguna con las fluctuaciones ministeriales. Poco mas ó ménos todos los partidos gobiernan con los mismos medios: la fuerza, la represion, la intriga, la corrupcion de las conciencias. ¡Cosa extraña! la gran masa del pueblo español detesta el gobierno del sable y desea la ruina del militarismo; y sinembargo todos los ministerios se apoyan sucesivamente en las bayonetas.

Las instituciones generales de España parecen haber sido calculadas para contrariar toda tendencia al progreso. En balde la Constitucion ha establecido la igualdad legal, si las leyes restringen las importaciones y todos los cambios, embarazan el tránsito, reglamentan muchas industrias, hacen sumamente difícil el acceso de la juventud á las profesiones liberales, y someten á funestas cortapisas las mejores empresas. Un solo ejemplo, respecto de un interes muy subalterno, bastará para que se comprenda cuán funestos son los efectos del régimen restrictivo y reglamentario que impera en la mayor parte de España. Poco ántes de mi llegada á Madrid, el Gobierno habia querido favorecer á los mozos de cordel, cuyo servicio está reglamentado. Con tal fin fijó una tarifa que daba al servicio de cada mozo el precio de cuatro reales de vellon por un viaje ó diligencia dentro de la ciudad; siéndoles prohibido á todos cobrar mas ni ménos por su trabajo. Esto, sin duda, en obsequio de los mozos de cordel y del público. A los pocos dias de la reforma, los mozos de cordel estaban quejosísimos del Gobierno porque no ganaban nada. La razon era sencilla. Antes, arreglándose libremente con los particulares y haciéndose competencia, ganaban seis, ocho ú diez reales por dia, á muy bajo precio, porque hacian muchas comisiones ó servicios. Pero con la tarifa alta, el público dejó de ocuparlos, y el precio triple ó cuádruplo de muy raras comisiones no les compensaba las pérdidas en el número de operaciones.

España es un país que abunda en fábricas de papel, aunque el producto es generalmente defectuoso. La proteccion económica prohibe la importacion del papel extranjero, y obliga á los Españoles á servirse del propio. ¿Cuál es el resultado? La triste carestía que se ha sufrido en 1859-60 prueba que la prohibicion solo sirve para dar un privilegio á la fabricacion nacional y mantenerla estacionaria. Durante muchos meses las imprentas no han tenido papel para sus publicaciones, por impotencia de los privilegiados. En España, país clásico de trigos y toda clase de cereales, se ve con frecuencia el extraño fenómeno de una escasez de granos que amenaza producir hambres! ¿Por qué? Porque el pueblo no tiene libertad para importar granos cuando las cosechas son escasas por falta de lluvias. España (es preciso repetirlo) es uno de los paises de Europa donde se fuma peor tabaco (si no es de contrabando),--y le pertenece en monopolio la produccion de Cuba, Puerto-Rico y Manila!

Las tarifas prohibitivas y protectoras, y por tanto muy elevadas, y el exceso de reglamentacion, hacen difícil y relativamente reducido el comercio de un Estado tan considerable como aquel. ¿Cuál es el resultado? La corrupcion de los funcionarios al servicio de las aduanas, y el contrabando inmenso y escandaloso, responden tristemente. El tesoro español pierde por lo que entra clandestinamente á todo el territorio (principalmente por Gibraltar, Portugal y los Pirineos) tres veces mas de lo que importaría una fuerte reduccion en las tarifas. Pero se conserva un sistema funesto, por espíritu de rutina y profundo atraso de los hombres de Estado en el conocimiento de la economía social.

Estudiando con atencion y sin prevencion al pueblo español, se halla que él posee muchas y eminentes cualidades _características_, y muchos y muy graves defectos de _educacion_. Todo lo que tiene de bueno le viene de la naturaleza, que lo ha dotado admirablemente; como todo lo que tiene de malo es la consecuencia de instituciones profundamente corruptoras. Es un pueblo leal, honrado, hospitalario, sumamente sobrio y frugal, sufrido, valeroso, capaz de todas las proezas y de todos los esfuerzos de una gran raza. Pero le falta, en lo general, el espíritu de iniciativa, la espontaneidad,--porque los malos gobiernos lo han habituado á la vida pasiva, la inercia y la rutina en todo. Hay muchas cosas viciosas, detestables, que el pueblo español ama, no por _inclinacion_ sino por _hábito_. El juego, los toros, las riñas de gallos, etc., subsisten porque el gobierno los estimula y explota con las loterías, los circos oficiales, los impuestos, etc. Los españoles viven entre viñas literalmente, y consumen muy poco vino. Si las leyes hubieran explotado la intemperancia como elemento fiscal, es seguro que los ebrios abundarían como los jugadores y mendigos. Así como los conventos y las leyes fiscales han creado la mendicidad, los reglamentos opresivos han creado la corrupcion oficial y mantenido una administracion incapaz, dispendiosa y embrollada.

La sociedad española es asombrosamente inteligente, y los grandes talentos nacen allí donde quiera. No he visto clase ninguna en España que se asemeje en nada á los paisanos de Francia (los del Centro y los Pirineos sobre todo), cuya imbecilidad solo es comparable á la de los _Indios_ de las alti-planicies andinas. ¿Pero de qué sirven esa inteligencia clara, ese buen sentido y esa penetracion sagaz que distinguen al pueblo español? La viciosa enseñanza pública, las mil trabas profesionales, la opresion brutal que pesa sobre la prensa, y la intolerancia religiosa (abyecta respecto de la Corte romana) anulan las ventajas intelectuales que la naturaleza ha concedido á los Españoles. Así, la gran masa popular es profundamente ignorante, en lo general; la clase media no está á la altura de su posicion legal, ni comprende bien su papel en una monarquía constitucional; la nobleza es ignorante y superficial en su gran mayoría; el clero es incapaz de llenar su alto ministerio de una manera digna de la civilizacion actual; y la juventud, amordazada en el campo de la prensa, sin tribuna pública y agobiada por la organizacion de privilegio que tienen las profesiones liberales, se ve condenada á las vagas y nebulosas controversias y especulaciones de la filosofía alemana, la economía política puramente teórica y la literatura de folletines, futilezas y traducciones de poca monta y mal gusto.

El pueblo español es uno de los que en el Viejo Mundo tienen mas hondamente arraigado el sentimiento de la personalidad y la igualdad. Sin eso, él habria muerto desde hace mucho, asfixiado por el despotismo. Esa es una cualidad que resiste á todo, porque está en la sangre y se apoya en la topografía, en el clima, hasta en las tradiciones de la lengua. Por eso, España es uno de los mejores elementos para la democracia en Europa. España será republicana y democrática devéras mucho ántes que Francia, Alemania, Inglaterra y otros grandes pueblos de Europa.