Viajes y cuentos · Unidad 83 de 117
Unidad 83 · EX DORADO 171
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donde murieron más de setecientos indios y los españoles sólo perdieron tres caballos, á los cuales los salvajes les cortaron las cabezas y las pata3 y las clavaron en los caminos, coronadas de flores, para que viesen todos los indios que no eran inmortales esos moustruos. Los combates en la laguna de Colta, donde un indio eunuco del harén de Rumiflahui, por vengarse de éste, vino y les denunció las asechanzas de los salvajes; tenían éstos el campo lleno de hoyos cubiertos con paja, y adentro había estacas puntiagudas á fin de hacer caer á los jinetes. La toma de Riobamba, desocupada por los quiteños al ver en medio de la noche estallar por primera vez el Tnngn ragua, pues una antigua profecía anunciaba que la erupción de aquel volcán sería la señal de la ruina de su reino. El saqueo de Quinche, donde hizo Belalcázar degollar á las mujeres y á los niños. La prisión y suplicio de Rumiñahui.
Un día llegó un indio, y le refirió que venía de las tierras de Cuudinamarca, muy al Norte, donde habia un rey poderoso que cubierto de oro se bañaba en una laguna. Entonces emprendió Belalcázar nuevas fatigas y nuevas proezas. Conquistó á los Pastos, fundó á Popayán, descubrió los campos de Cali y trepó la cordillera del Quindío. Después atravesó los ardientes valles de Neiva y de Natagaima. Muchos de sus mejores compañeros había perdido en todas estas campañas; hacía pocos días que al pasar un hermoso río se ahogó Saldaría, su Secretario, y con su nombre bautizaron esas aguas, que arrastraban arenas de oro.
Cuando Belalcázar terminó la relación de sus proe-
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zas, refirió Hernando sus épicas campaflas. Eran también dignas de trompa homérica. Belalcazar oyó con asombro los episodios que relataba Quesada: las conquistas en Santa Marta, luchando con clima implacable é indios valerosos, los chimilas y los taironas; su viaje al lado de su hermano por las orillas del río grande de la Magdalena en busca de sus nacimientos ; la subida por los riscos de la serranía del Opón ; el descubrimiento de la altiplanicie donde estaba el reino Chibcha; la llegada á la corte de Tisquesusa; la conquista del reino del Zaque; el incendio del templo del sol en Iraca ; las batallas con los Punches ; la muerte del Zipa ; el suplicio de Sajipa ; el destierro de Fonte, abandonado en un ignoto yermo á merced de los salvajes, y mil hechos, gloriosos unos, crueles otros, que revelaron á Belalcazar que tenía al frente un puñado de titanes, capaz de cerrarle el paso á su ejército de héroes hasta entonces invencible. Bajo otra tienda referían sus campañas otros capitanes. Allí Melchor Valdés, el maese de campo de Belalcazar, recordaba á los que ha bían quedado en el Perú: á Francisco Pizarro, hombre que no sabía leer, y acababa de conquistar un imperio; á Hernando de Soto, que había sido el embajador ante Atahualpa; á Diego de Almagro, á quien las flechas habían dejado sin un ojo; á Bartolomé Kuiz, el hábil piloto que cruzó el primero la línea ecuatorial.
En otro grupo, Juan de Avendaüo, alférez de caballería, refería su campaña en Cubagua, y Martín Yáñez Tafur averiguaba por su primo Juan Tafur, que había venido con Quesada.