A los niños · Unidad 22 de 24

Unidad 22 · A LOS NIÑOS. 55

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A LOS NIÑOS. 55

elogio del nuevo Socio con que en adelante podrá vanagloriarse nuestra Academia, sin mencionar este epitafio admirable y conmovedor :

Jaan Bobito se ha muerto ; de Dios consiga, que al cielo se lo lleven las avecillas.

¡Séale la tierra ligera!

Un niño cJiico: Yo sabia esa muerte de Juan Bobito, y no dice esa última pamplina; se la has puesto tú que la echas de sabijondo, y no sabes naa. ¿Qué tierra, ni tierra, si las avecillas se le llevaron al cielo?

El Presidente: Menospreciando los insultos de ese grumo osado, haré notar á sus señorías la popularidad del poeta cuyo merecido panegírico he tenido el alto honor de haceros, cuando han llegado hasta ese panarra sus composiciones.

Señores: es mi opinión que no pongamos nuestra Academia bajo el amparo de las Musas, que son mas viejas que mi abuela, y están á partir un piñón con nuestra competidora, que orgullosa se apellida Real^ como los pavos de ese nombre; pondremos la nuestra JDajo el amparo de las musarañas, que si bien no son tan hermosas como aquellas, en cambio son mas modernas, y tienen mas actualidad, mas simpatías, y mas cliic.

He dicho.

56 A LOS NIÑOS.

Un niño: ¿Se acabó este juego tan tonto

como los tontinacos que lo lian inventado?

Otro (poniéndose con el cuerpo doblado

ante la puerta que abre): Sí; y ahora, á saltar.

Salen uno á uno saltando por cima del niño, y diciendo :

El primero: A la una, anda la muía.

El segundo: A las dos, anda el reloj.

El tercero: A las tres, el almirez.

El cuarto: A las cuatro, brevas en el plato.

El quinto: A las cinco, te las hinco.

El sesto: A las seis, sopas comeréis.

El sétimo: A las siete, el capiruchete.

El octccvo: A las ocho, el último lleva el mocho.

El noveno : A las nueve , saca la muía y bebe.

El décimo: A las diez, sácala otra vez.

EUm(^(?'amo; A las once, llaman al conde.

El duodécimo: A las doce, no responde.

Las doce ya están cabales, á correr, á correr zagales.

Salen todos gritando y corriendo.

VIII,

PICO, PICO, POR VER SI ME PONGO RICO.

(Cuento.)

Habia una vez un molinero que tenia mucho afán por ser rico ; así era que cuando se ponia k picar la piedra de su molino, repetia sin cesar á tiempo de dar los golpes :

Pico , pico , por ver si me pongo rico.

Acertó á pasar por allí el Rey, y, al oirlo, le preguntó S. R. M. qué era lo que estaba diciendo; á lo cual le contestó que , con su afán de salir de pobre , decia :

Pico , pico, por ver si me pongo rico.

Al punto regresó el Rey á su Palacio , y mandó hacer una torta muy grande, que hizo rellenar toda de monedas de plata , y la envió al molinero.