A los niños · Unidad 5 de 24

Unidad 5 · 14 A LOS NIÑOS.

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14 A LOS NIÑOS.

Aunque digan que es misterio. Tres Personas, solo un Dios, Solo un amor verdadero? De que lo dig-a mi madre No me maravilla de eso; Pero que lo diga Ambrosio, Hombre de tanto talento, Me ha causado admiración

Y en g-ran confusión me ha puesto.» Estando en estas razones

Vióalliáun niüo muy bello El que con una Conchita Sacaba del mar inmenso Ag-ua con la que llenaba Un hoyito que habia hecho. —¡Cómo te estás regalando

Y te estás entreteniendo! ¡Cuál fuera como tú eres, De tu edad y de tu tiempo !

Di, ^,qné es lo que hacer pretendes? —Ag-otar el mar pretendo

Y meterlo en este hoyuelo. —Loco es tu pensamiento, Mas, faltándote la e iad , No es mucho que digas eso; Pero, niño, no te canses , Pues el hoyo es muy pequeño, Las aguas del mar son muchas,

Y es imposible tu intento. A lo que el Santo decia Respondió el niño tan luego : —Más fácil me será á mí

En hoyito tan estrecho Cifrar las aguas del mar. Que el que logres tú tu intento. —¡Bendito seas, niño hermoso! No niño, sino ángel bello. Que de los cielos bajastes A ilustrar mi entendimiento.

También dice el pueblo en uno de sus refranes, con referencia á las prácticas religiosas , que ^or oir misa y dar celada , nadie 'perdió la jornada, Al contrario, y para probároslo, os referiré una leyenda italiana.

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que ha servido á un gran poeta alemán para tema de una de sus mejores baladas.

Tenia el conde de Saverna dos pajes : era el uno Fridolino , un joven muy bueno y criado cristianamente por su madre , que le inculcó desde niño á no omitir ninguna de las prácticas de religión que hacen que sea el hombre cristiano de hecho .

Era el compañero de este paje todo lo malo que puede ser una criatura, y, viendo las preferencias que, tanto de parte del conde como de la condesa, se merecía Fridolino á causa de sus virtudes, determinó perderlo. Al intento le levantó una infame calumnia, que consiguió hecer pasar por cierta á los ojos del conde. Este , que era un hombre violento, lleno de orgullo, y, por lo tanto, celoso, se persuadió fácilmente que Fridolino se habia atrevido á j)oner sus ojos en la noble castellana. Salió a cazar, y encargó á unos hombres que en medio de la selva estaban preparando un horno de carbón , que al paje que de su parte viniese á preguntar si nabian hecho lo que el conde les habia mandado, lo echasen en el horno. Vuelto á su castillo , ordenó á Fridolino que á la mañana siguiente, al apuntar el dia, fuese á la selva, y preguntase á unos hombres que quemaban carbón, si hablan hecho lo que el conde les habia mandado.