A los niños · Unidad 4 de 24

Unidad 4 · 12 A LOS NIÑOS.

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ridas por rutina y dichas con distracción, y que la primera les robe la espontaneidad y la segunda les quite el fervor, son siempre un homenage, un acatamiento, el testimonio y la voz de reunión, ó el santo de nuestra venerada congregación creyente.

Veréis, niños mios, á muchas personas muy apreciables cahficar de hipocresía^ de afectación^ de viilgaridad^ ó cuando menos de antiguallas^ ciertas costumbres religiosas, como son pararse por reverencia cuando tocan la oración dedicada en nuestro culto á María; hacer una corta plegaria al anunciai* solemnemente la campana una agonía ó una muerte; al oir, cuando se nombra una persona que ha fenecido, la sencilla jaculatoria: en gloria esté; oiréis quizás á los impíos, y mucho mas á los ignorantes (que saben mucho de impiedad y nada de religión) , que encender como sufragio y plegaria velas benditas por manos de sacerdotes, ante una imagen durante una calamidad, ó en el cuarto de un enfermo ; que llevar un escudo ó escapulario como ostensible muestra de amor y devoción á la Madre de Dios, y otras dignas y devotas prácticas, calificarlas, á despecho del sentido común, ae supersticiones. Tales asertos, niños mios, son ataques á nuestro culto; pero ataques para los que parece haberse inventado la conocida frase de jjalos de ciego. En

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lo que sí convenimos es en que son antiguallas; es cierto: tienen el gran mérito de serlo, é hijas de los tiempos en que no se liabia combatido, y por consiguiente entibiado, los hermosos sentimientos religiosos que las crearon; de manera que al intentar con esta voz tan poco aplicable á ellas como el tarde ó temprano á la eternidad, lejos de desprestigiarlas, les dan un mérito grande, del que carecerá siempre toda clase de herejías.

Mucho podría deciros aun sobre esto; pero vuestra atención, niños míos, es de tan corta duración como la permanencia de una mariposa sobre una flor. Así concluiré con dos argumentos que la hermosa fe del carbonero, que es la del pueblo, opone al racionalismo en materias de Dios, y á la tibieza y negligencia en cuanto concierne al culto, que es nuestra comunicación con nuestro Criador.

Homance popular de San Agustín (1], Su conversión.

Por las orillas del mar, Seg-un los escritos testos, Se paseaba Ag-ustin Confuso su entendimiento Por disputas que él y Ambrosio Tuvieron por alg-un tiempo. Va cavilando entre sí Y estas palabras diciendo: «¿Es posible crea yo

(1) Este romance forma parte del nuevo tomo de cuentos,y poesías populares que está coleccionando el autor de este artículo.