A los niños · Unidad 7 de 24
Unidad 7 · A LOS NIÑOS. 19
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A LOS NIÑOS. 19
á narrar un hecho cierto, que por escelente conducto sabemos.
En un pueblecito de los mas pobres de la Suiza católica murió un hombre , dejando seis hijos, y su mujer en cinta; á poco murió también esta al dar á luz un niño destinado á no verla, pues nació ciego.
Sucedió esto por Navidad , y cuando los fieles estuvieron reunidos en la iglesia, les dijo el cura, presentándoles los huérfanos:
«Dios, al venir al mundo , nos trae estos desvalidos , sin mas amparo que el de la caridad de sus semejantes : ¿acaso les faltará? ¿Acaso desoirán este llamamiento á su caridad que en el dia de su venida al mundo les hace?»
Acercáronse entonces seis mujeres de las menos necesitadas del lugar, y cada cual cogió en sus brazos y prohijó á uno de aquellos niños desamparados; pero no hubo ninguna que tomase á su cargo al mísero cieguecito , porque para ello era necesario que la que lo hiciese estuviese criando y le pudiera dar el pecho.
— ¡Pobre niño! dijo el cura con profunda compasión: ¿qué va ser de tí? Pero no temas, añadió con mas confianza; que el Niño que nació entre pajas, no desamparará al que ha nacido entre abrojos. No eres de naaie, no tienes á nadie; pero eres de Dios, y tienes su santa providencia.
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Entonces se acercó una mujer, la mas pobre de la aldea, y dijo al cura:
— Señor, entregúeme V. ese niño, que es de Dios; estoy criando, y me haré cargo que el Señor me deparó mellizos.
— ¡Tú, mujer! esclamó atónito el cura; ¡pues si tienes ya tantos propios, y eres la mas pobre y necesitada del lugar...!
— No le nace, señor; este niño es de Dios. El me lo envia para que se- lo crie; yo lo recibo.
— ¡Con él entre la bendición del que te le depara en tu casa! dijo el cura enternecido al entregarle el niño.
El niño recibió por dulce apodo la ratificación de el Niño de Dios que le habia dado el cura, y se fue criando fuerte y sano, aunque siguió ciego y desvalido. Era tan manso y de tan buena índole, que, lejos de disminuir, fue en aumento el interés que por él tenia todo el pueblo, el cual se lo demostraba con cariñosos y humildes dones. ¡x\dmirable prerogativa es la del desgraciado de hacerse amar por medio de la compasión, dulce imán que traen los ángeles del cielo para bien del que la inspira, para bien del que la siente! ¡Sentimiento divino que unió á Dios á la mísera humanidad, y une á los hombres entre sí con puro y santo lazo ! En contrapeso de este don que del cielo traen los ángeles, tra-