A los niños · Unidad 8 de 24
Unidad 8 · A LOS NIÑOS. 21
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A LOS NIÑOS. 21
jo Luzbel del infierno á los hombres uno de sus propios tormentos: la envidia, que unió á ]a prosperidad, á la fortuna y á otras ventajas.
Sucedió que en im viaje de recreo que hacia, llegó á aquel pueblo un viajero francés que acertó á ser un cirujano de los mas acreditados. Habiendo oido nombrar al Niño dó Díos^ escitó esta denominación su curiosidad, y preguntó el origen que tenia; entonces el posadero le refirió con cariño y con lástima la historia del pobre niño así denominado.
El sabio profesor, interesado á su vez por el ciego huérfano, quiso conocerle, y el posadero lo llevó á casa de la pobre que lo liabia criado.
Después de examinar al niño, dijo el cirujano , que era tan hábil como compasivo: «Me llevo este niño para ponerle en cura , y respondo de su curación.»
Grande fue la alegría de la buena mujer, que amaba al cieguecito como madre .- y de todo el pueblo, que lo quería como a íiijo. Dejaron desde luego que aquel forastero se lo llevase, porque el pueblo de campo cree y tiene buena fe, pues como su corazón es sincero, confia en la sinceridad ajena. Siempre hemos desconfiado nosotros de la sinceridad y buena fe de aquellos que se jactan de que no los engaña nadie.
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No fue mal puesta la confianza de aquella buena mujer, pues algún tiempo después escribió el profesor de cirugía que el niño habia adquirido vista, añadiendo que le habia tomado tanto cariño, que, no teniendo hijos, lo adoptaba por tal. Mas á esto se opuso resueltamente la que le habia criado, diciendo que el niño era de Dios, que este se lo habia dado en la santa Noche-Buena , que lo habia criado como á hijo , y que á nadie se lo cederia.
El niño volvió, pues, al lugar; pero la ausencia no borró su recuerdo ni mitigó el interés que habia inspirado al hábil profesor que le habia curado de su ceguera.
Pasaron años, y el Niño de Bios^ siempre bien inclinado é inalterablemente manso y bueno, cual si la caridad de que era móvil y objeto impregnase su ser de amor y bondad, deseó dedicar su vida al servicio ele Dios y bien de sus semejantes. Súpolo su protector, y ofreció inmediatamente costearle su educación y sus estudios sacerdotales. Pero esta vez fue el pueblo en masa quien se opuso; dijo que el niño que Dios diera al lugar , aí lugar que lo habia prohijado tocaba costear la educación y enseñanza que tan buen fin llevaban. Y así sucedió, pues todos contribuyeron, y unidos sufragaron los gastos de sus estudios. Fueron estos tan bien aprovecha-