A los niños · Unidad 9 de 24

Unidad 9 · A LOS NIÑOS. 23

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

A LOS NIÑOS. 23

dos , que al cabo de varios años , habiendo faltado el anciano cura de aquel pueblo , le fue conferido al joven sacerdote cliclio curato; de manera que el pueblo que adoptó al pobre huérfano ciego y desvalido, tuvo la dicha de ver ostensiblemente premiada su caridad por Dios , que después de haberle enviado un niño huérfano y desamparado, permitió que ese mismo niño se convirtiese en padre y amparo , en luz y guia de sus almas.

III.

EL VENDEDOR DE TAGARNINAS.

El que llora será consolado. (San Mateo.)

Lo que vamos á referir no es ficción; es realidad: es una sencillísima historia, que literalmente no merezca quizás ni ser escrita ni leida; no obstante, algo nos dice en el fondo de nuestro corazón que por algunos, aunque pocos, será leida esta relación con simpatía: á estos pocos nos dirigimos para referirles la corta historia de un pobre niño vendedor de tagarninas.

Era Ortega guarda de un olivar en un pueblo pequeño, y cumplía bien con su dei^er; era bien querido , pero sobre todo de su mujer, que criaba una niña, y de su hijo Miguelito, que tenia cinco años. Érale á Ortega la vida suave y el trabajo ligero, como lo es al caballo la carga de oloroso heno que lleva para su propio sustento, Pero el guarda se

Á LOS NIÑOS. 25

habia granjeado la animadversión de unos cabreros que tenían sus cabrerizas en un coto limítrofe del olivar que estaba al cuidado de Ortega.

Por repetidas veces habían dejado penetrar sus cabras en el olivar, con grave perjuicio de la sementera y del arbolado, hasta que acabó Ortega por denunciarlos, y esto bastó ¡Dios mío! para que un día, al pasar Ortega cerca de un vallado, se disparase entre las zarzas un tiro, cuya bala atravesó su pecho.

¡Oh! ¡En qué mina se crió el fatal pedazo de plomo que hizo á un tiempo un cadáver, un asesino, una viuda y dos huérfanos !

Avisóse al lugar de que yacía un hombre muerto cerca de un vallado, y en breve el abandonado cadáver se vio rodeado de aquel unánime é inmenso ínteres que conmueve, sacudiéndola hasta en sus entrañas, á la humanidad cuando se comete contra ella el delito de sangre^ empezando por el sacerdote, que viene en nombre de la Religión, en caso que aun luche el alma con la muerte; sigue la justicia, que viene en nombre de la sociedad, magnífica institución, bella obra de la ilustración, hecha con la ayuda de Dios, de los siglos y de la sabiduría ; acompáñala el facultativo, que acude en nombre de la humanidad, en cuyo estandarte puso Jesús por