Al-Hamar, el nazarita: leyenda oriental · Capítulo real 9 de 14

LXIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

LXIII.

£1 camino

desparece ,

y sin tino,

ni destino

que comprenda ,

boure senua

audazmente

carrilada

por un puente de movible tirantéz : tan delgada como el hilo en que se echa descolgada una oruga: como arruga que en tranquilo lago tiende cuando hiende su agua el pez; tan estrecha como el filo de una espada, como flecha disparada , cual centella desatada vá sin huella perceptible el perdido Nazarita , con horrible é infinita rapidéz.

LXIV.

Hé aqui el paso

LEYENDA DE AL— II AMAR»

mas tremendo cuyo alarde nadie evita , y que todo Mahometano mas ufano mas cobarde, mas temprano ó mas tarde, en muriendo de este modo debe hacer.

LXV.

Es el último pasage : es el viaje postrimer, dó los míseros nacidos divididos han de ser.

Es el puente (16) de la vida , que la gente á luz venida há por fuerza de pasar.

Tifinn hm ios impínTTns.

El que intente

y haga entera

su carrera,

y de frente

sin caida

la salida

logre hallar,

las justicias

y los sustos

infernales

sin temblar,

por las puertas

celestiales

á las huertas

inmortales

como un ángel

ha de entrar;

las delicias

eternales

y los gustos

perenales

de los justos

á arozar.

LXVII.

A este paso

tan estrecho,

cuyo escaso

corto trecho

es camino

tan dudoso de cruzar, pero fallo riguroso de el destino y ley santa que acatar, se adelanta vigoroso el caballo misterioso de Al-hamar.

LXVIII.

Temeroso de mirar, espumoso, siempre hirviente, rebramando eternamente, y azotando siempre el puente con horrísono bramar , bajo de él hierve el mar.

LXIX.

Israfel (17) alli está

LIKRO DE IOS ESPÍRITUS.

para ver el que vá sin caer, y pasar no dejar al infiel.

LXX.

De él la llave y este espreso cargo grave tiene este ángel sobre sí: y por eso vela alii, á Dios Gel, al terrible mandamiento cumplimiento para dar.

LXXI.

Y hé aqui que por él vá á pasar el corcel de Al-hamar.

LXXTI.

Llega, avanza..

ya se lanza... ya en él entra... ya se encuentra suspendido sobre el puente sacudido por el piélago bullente, cuyo cóncavo rugido se levanta sin cesar.

LXXIII.

Aturdido, sin mirar á la indómita corriente que le espanta, sin osar aspirar el ambiente que le anuda la garganta, sin que acuda tierra ó cielo en su ayuda, vuela y pasa justiciero rey prudente,

libro t)R los espíritus;

juez severo, y valiente caballero, el primero de la casa de Nazar.