Américo Vespucio · Unidad 3 de 21
INTRODUCCION.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
Los mares unen y no separan los Continentes--La navegacion es tan antigua como la humanidad misma--Europa, tierra de promision de los antiguos--América, tierra de promision de los modernos--Exploracion terrestre del Asia--Marco Polo--Camino marítimo--Gran problema económico--Grandes descubrimientos.
Los Océanos que parecen separar los continentes, han tenido y tienen al contrario el grandioso destino de facilitar su comunicacion recíproca; esa gran masa de agua que apenas deja sin inundar las elevaciones de la tierra, apareciendo los grupos de la humanidad refugiados en ellas como náufragos de una universal catástrofe, la ha derramado el Creador para nivelar las profundidades del abismo y ofrecer el camino mas practicable en todas las latitudes.
Es sobre la superficie variable, hermosa ó imponente de esos mares, que la no menos variable atmósfera de la tierra se renueva cotidianamente y el Dios de las energías del mundo la distribuye en todas direcciones, ya con la violencia de los huracanes, ya con la suavidad de las brisas.
Tres cuartas partes del Globo son necesarias para esa asombrosa elaboracion, sin la cual no seria habitable y ese puñado de seres esparcidos sobre las cumbres superiores al nivel de las aguas, puede decir con orgullo que respira el álito de la mas gigantesca Creacion del mundo.
Nada es mas seductor que el mar; nadie permanece impasible en sus orillas; nadie escucha su murmullo, nadie admira su azulada superficie, nadie gira la mirada en el círculo de sus horizontes sin sentirse conmovido y atraido con el transporte de una pasion mas sublime que todas las pasiones y cuando el cielo se oscurece, cuando el huracan se desencadena y terribles ondas se levantan bramando, hirviendo y formando en sus cúspides blanca y vaporosa espuma, como otros tantos mónstruos que escupen con furor al firmamento, el alma mejor templada reconoce su miseria y su impotencia, y en el momento de encarar el abismo, piadosa se eleva á las alturas.
Asi, aun en el estado mas primitivo, los grupos humanos, no han permanecido en las orillas de los mares sin lanzar á ellos bajeles mas ó menos poderosos que les trasportasen á desconocidas regiones.
La civilizacion, que empieza donde quiera que el hombre reposa de su lucha con la naturaleza por haberla ya dominado; cuando la inteligencia se aclara como un líquido se transparenta si no se agita; cuando el pensamiento se produce y la razon se eleva; la civilizacion, que busca siempre espacio donde extenderse como la luz, si surgió en los mas risueños climas del Asia, preparada por una raza poética y vigorosa, no pudo quedar estacionaria, y buscó donde esparcirse.
La Europa debió ser como á su vez lo fué la América, la tierra de promision, y el Mediterráneo el fácil camino por donde se llevasen colonias, mercancías y riquezas. Despues, cuando por esa ley de la continuidad del progreso, la Europa superó á todo el mundo en civilizacion, retornó al Oriente su poderosa influencia.
Las Naciones privilegiadas que se acrecentaban con ese movimiento, con ese flujo y reflujo del esfuerzo humano, eran las que tenian un puerto sobre el Mediterráneo, la España, la Italia, la Francia. Ellas recogian las riquezas del tráfico y hacian tributarias á las otras naciones alejadas del gran camino surcado por las naves del comercio.
Esa marcha retrospectiva, ese reflujo de corriente civilizadora hizo fijar mas tarde la atencion en las riquezas del centro del Asia. Ellas eran un miraje encantador, un delirio, un sueño, una adivinacion del Paraiso y entre otros exploradores menos felices, esa fantasía llevó en 1253 al veneciano Marco Polo á grandes exploraciones y venciendo obstáculos al parecer insuperables, penetró en las regiones misteriosas y codiciadas. Muchos años despues, en 1295 regresó con los honores de un gran explorador, pero sin poder ofrecer los medios prácticos para establecer un comercio fructífero y contínuo. Sus relaciones eran como cuentos de Hadas; excitaban á la vez la imaginacion y la codicia, pero no habia mar; el agua no nivelaba el abismo para lanzar los bajeles; no habia sinó llanuras y montañas que exigian mayores riquezas para atravesarlas, que las riquezas que pudiese producir el cambio.
No eran aquellos tiempos como los presentes en que el amor á la ciencia es bastante estímulo para armar y dirigir expediciones aunque sea al Polo, donde no existen sinó desiertos y montañas de hielo. Grandes perspectivas de riqueza se necesitaba entonces para arrostrar los peligros de los mares.
Pero el explorador veneciano habia dado el primer paso de los grandes descubrimientos.
El objetivo era hallar ricos mercados para el comercio; eso estaba ya descubierto; faltaba solamente el camino que á ellos condujese.
Los antiguos habian navegado alguna extension de la costa de Africa y se sabia que esa costa se prolongaba al Sur; pero era todo lo que se sabia aun dos siglos despues de la exploracion de Marco Polo.
Las Islas Afortunadas, llamadas despues Canarias, habian sido descubiertas por algunos viajeros, antes que Betancourt las conquistase en 1339 y aunque circulaban noticias de otras tierras, nada mas se conocia de un modo positivo.
Divulgáronse por toda la Europa las relaciones de Marco Polo; prisionero de los genoveses y puesto por estos en libertad, habia referido, primero de palabra y despues por escrito, todas las peripecias de su viaje. Eran conocidas con el nombre de _El Millon de Marco Polo_, por las grandezas que mencionaban. Desde entonces era el gran problema económico hallar un paso marítimo á las regiones del Oriente.
El Nuevo Reyno de Portugal con una poblacion marítima considerable y en una época de entusiasmo y audacia, en que se creía, capáz de todas las grandes empresas resolvió buscar el paso á lo largo de la costa de Africa.
En sus expediciones sucesivas descubriéronse las Azores, las Islas del Cabo Verde y varios puntos de la mencionada costa, hasta que Bartolomé Diaz llegó hasta el Cabo de las Tormentas, que el Monarca, por una feliz inspiracion, quiso fuese llamado Cabo de Buena Esperanza.
Tenian lugar estos sucesos en 1487 quedando reconocida toda la costa Africana hácia el Sur, suspendiendo los portugueses sus exploraciones, que diez años despues debia continuar Vasco de Gama, doblando ese Cabo y realizando esa esperanza.
Pero entretanto un movimiento Geográfico menos empírico habia tenido lugar y es de ese movimiento que vamos á ocuparnos en los Capítulos siguientes.