Américo Vespucio · Unidad 4 de 21

CAPITULO PRIMERO.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

Teoría del descubrimiento--Pablo Toscanelli--El descubrimiento de América como revolucion geográfica y económica--Teoría de Toscanelli--Viaje de circunvalacion--Itinerario--Cálculo de las distancias.

En tanto que las imaginaciones se exaltaban con los relatos de Marco Polo que suplian entonces la falta de amenísimos romances; en tanto que los eruditos discutian platónicamente sobre las comarcas descubiertas que ensanchaban el horizonte geográfico de la tierra; en tanto que los mercaderes sufrian el suplicio de Tántalo conociendo riquezas que fueron ignoradas sin poderlas alcanzar, un sabio florentino, inspirado en las ideas de Toloméo, propuso levantar á mas sérias consideraciones los descubrimientos del intrépido veneciano y fundar sobre ellas sistema cosmográfico que llevase al descubrimiento de todo el mundo marítimo y terrestre.

Muy significativo es este hecho en el descubrimiento de América y debe fijarse en él la atencion con el detenimiento que merece. En toda revolucion es necesario buscar primero las ideas que la produjeron y no concretarse al hombre ú hombres que fueron sus órganos; asi, la historia de la Reforma no es la historia de Calvino y de Lutero sinó la historia de las ideas que precedieron á esos hombres y asi la historia de la revolucion francesa es la historia de todo el siglo XVIII en que ella se elaboró.

El descubrimiento de América fué la revolucion mas universal y mas grandiosa de la época histórica. Para ella fué necesario demoler sistemas, destruir errores teológicos, levantar teorías nuevas hasta que llevada á cabo, resolviese el gran destino de la humanidad.

Pablo Toscanelli era ese sabio florentino que se afanaba por llevar á una asombrosa práctica las teorías de la ciencia; pero todo parecia oponerse á su designio; la navegacion era entónces imperfecta y medrosa y apesar de las recientes invenciones de la brújula y del astrolabio nadie creía posible aventurarse en el mar, perdiendo la vista de las costas, porque el problema de las longitudes fluctuaba en perpétuas alternativas, sin salir de la infancia de tantos siglos.

Pero estos inconvenientes de la práctica no arredraban al teórico, al pensador profundo y como si tuviese el Globo en su mano y la verdad á su alcance, entró con la valentia del genio, en sus cálculos y deducciones.

Había Tolomeo extendido su carta del mundo á los ciento ochenta grados y en el vacio que esa extension dejaba, colocó una _Tierra Incógnita_. Pero una tierra incógnita no dá idea alguna de su situacion, es apenas una X del problema de su descubrimiento.

Esa incógnita había permanecido inabordable; no faltaban quienes la considerasen ménos aun que una incógnita, como un sueño, como una quimera ó sinó como un problema para cuya resolucion faltaban los datos necesarios.

Y sin embargo, la tierra incógnita de Tolomeo que ante la razon aparecía tan poco probable fué para Toscanelli, en cuya mente estaba ya encendida la inspiracion y el ansia de lo maravilloso, riquísima mina de conjeturas y de luces.

Pensó que aquella tierra que él creía el _Catai_ se extendiese hasta el hemisferio opuesto y que tomándose la vía de Occidente llegariase pronto á los felices Países que descrito había Polo y de los cuales tan distantes estaban aun las flotas de Portugal, errantes por las Occidentales playas del Africa y detenidas por accidentes continuos.

Reduciase ya la cuestion á definir la longitud del ideado viaje, cuestion imprescindible no solo para la seguridad de los aventureros que arrostrasen esos peligros, sinó tambien para garantía del buen éxito.

Recogió el sabio florentino datos é informaciones de embajadores, mercaderes y doctos sobre las tierras del Oriente; halló todo concordante con la relacion de Polo y estos resultados prácticos avivaron sus especulaciones y sirviéronle de guia para apreciar las longitudes.

Sobre la certeza del viaje de circunvalacion ninguna duda podía levantarse, ya que el mismo Toscanelli ignoraba como todos, la existencia del Continente Americano que oponer debía un insuperable obstáculo al recto y marítimo curso desde la Europa á la China y aparecerse con no ménos asombro que fortuna. Pero la brevedad del trayecto ó sea la longitud, era punto demasiado interesante para que descuidase demostrarlo.

Dibujó con su propia mano una carta naútica donde marcó, segun él mismo lo dice en la primera de sus cartas, _todo el confin del poniente partiendo de Islandia al Austro hasta Guinea con todas las Islas que encuéntranse en ese camino, en cuyo frente al poniente hallase dibujado el principio de la India_.

Esta carta importantísima por ser el primer monumento del descubrimiento de América no la conocemos sinó por las referencias del mismo Toscanelli y de contemporáneos que la vieron y juzgaron. Aseguran estos que tenía una graduacion y dos escalas, cosa de que carecían entónces las cartas geográficas supliéndose en ellas su falta, para conocer el derrotero y longitud de los viajes, con líneas rectas entre los puntos de partida y de llegada, indicándose con un número sobre ellas las millas longitudinales.

Esto se vé en la Biblioteca de Santa María Novella en Florencia, en una carta del mundo, manuscrita por el geógrafo Dati contemporáneo de Toscanelli. Pero sea de esto lo que sea, afortunadamente hizo la descripcion minuciosa de los espacios, de las millas de Lisboa al Catai ó tierra incógnita y merced á esta descripcion conocemos su sistema.

Además de la situacion de la famosísima Isla Antilla, de la no ménos célebre de Cipango, de la Provincia de Mangui, del Catai y de muchos otros lugares de la India, veíase en la carta de Toscanelli una línea que dirigiéndose hácia poniente de Lisboa á la gran ciudad de Quinzai la moderna Hong-Cheu, comprendía veintiseis espacios de doscientas cincuenta millas cada uno, estableciendo por tanto un intérvalo total de seis mil quinientas millas entre aquellas dos ciudades, una á la extremidad Occidental de la Europa, otra al conocido confin Oriental del Asia, abrazando segun la expresion del mismo Geógrafo, casi la tercera parte de la Esfera, ó una longitud de cerca ciento veinte grados; de manera, que sin contar el enorme giro de los portugueses al rededor del Africa, su vía oriental de Lisboa á China, era doble de la via occidental por él imaginada.

Suponiendo que las millas de que hablaba Toscanelli fuesen millas Italianas de las que cuatro forman la legua portuguesa ó española, he aquí el cálculo de las distancias segun lo que respecto á la Antilla, escribía al Canónigo Martinez de Lisboa:

"De esta ciudad, derecho hácia el poniente, hay en dicha carta veintiseis espacios conteniendo cada uno doscientas cincuenta millas hasta la nobilísima Ciudad de Quinzai. Y desde la Isla Antilla, que llamais vosotros de las siete Ciudades, de que teneis noticia, hasta la nobilísima Isla de Cipango, hay diez espacios que hacen dos mil quinientas millas."

Con estos datos el cálculo es muy simple.

Por testimonio de Marco, solo se contaban:

De Quinzai al Océano 25 millas Del Océano á Cipango 1500 " Toscanelli pone de Cipango á la Antilla 2500 " Luego de Quinzai á la Antilla 4025 " Ahora bien, de Lisboa á Quinzai segun Toscanelli 6500 " De Antilla á Quinzai 4025 " Luego de Lisboa á Antilla 2475 "

Tal era el prodigioso itinerario que Toscanelli trazaba sobre el Globo y la apreciacion errónea de su longitud, que no podía ser rectificada, desde que solo podía apreciarse la longitud de las tierras que se extendían al Oriente, por los inciertos datos de Polo, que hicieron creer que entre Lisboa y la costa Oriental del Asia, debía existir una extension casi de dos terceras partes de la esfera y solo una tercera parte de mar, debiéndose aun encontrar en ese mar la célebre Atlántida ó Antilla de que tanto hablaron los antiguos.

La situacion y aun la existencia de esa Isla era tan incierta como aquel Cabo ó puerto de Catigara que tanto nombró Tolomeo en su Geografía, que tantos descubridores creyeron quimérico y que mucho despues creyó hallarse con el nombre de Caitagora, en el pais de Sin.

En cuanto al mar que baña esas costas orientales del Asia que hoy conocemos con el nombre de Océano Pacífico, era designado por Tolomeo con el nombre de Seno Magno y aun asi se llamó por Ortilio en 1587 en su _Tesoro Geográfico_ y hasta en 1618, en la edicion de Tolomeo hecho por Pedro Best, y como el Cabo de Catigara se situaba al Oriente del Seno Magno el cosmógrafo Munstero, lo situó al Oriente del Pacífico.

Había en todo esto una adivinacion que asombra por mas que se creyese en una extension espantosa del continente Asiático y se desconociese por lo mismo la grandeza del Océano Pacífico.

En cuanto á la época de estos trabajos de Toscanelli puede fijarse por la data de la carta que dirigió al Canónigo Martinez de Lisboa, sobre las _Tierras Incógnitas_ en 1474.

Para el estado de la ciencia en aquellos tiempos el sistema de Toscanelli era muy adelantado y puede decirse que en la apreciacion longitudinal de la misteriosa Antilla había hecho ya el descubrimiento teórico de la América y como para este descubrimiento poco importaba la extension del Océano Pacífico y la distancia de Lisboa á la costa Oriental del Asia, los errores tremendos en esos cálculos no debían tener fatales consecuencias.