Américo Vespucio · Unidad 8 de 21

CAPITULO V.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

Aprestos para la marcha--¡Á que poco costo adquiría la España un mundo!--Partida de la expedicion--Derrotero--Descubrimiento--Asombrosos errores--Desviacion de la brújula--Verdadero descubrimiento de Colon.

Señalóse el puerto de Palos para armarse y partir la expedicion que debía lanzarse al Océano á realizar los ensueños de Colon. Dictáronse todas las providencias tendentes á facilitar la partida, y aprovechándose la obligacion en que estaban los habitantes de ese puerto de facilitar como tributo embarcaciones y gentes de mar al Estado, ordenóse el secuestro de dos embarcaciones y su correspondiente tripulacion. Los gastos de la Corona pues, debian ser bien insignificantes, reduciéndose á la compra de víveres y pago de cuatro meses adelantados á los tripulantes. ¡Á tan poco costo iba la España á adquirir un Nuevo Mundo!

El armamento del tercer buque corria por cuenta de Colon y segun afirman casi todos los historiadores, sin que sepamos la fuente de donde han sacado esto, Martin Alonso Pinzon, rico armador del mismo puerto de Palos, facilitó los fondos necesarios para tal objeto, resolviéndose él y su hermano á acompañarle en el viaje, tomando el mando de los buques que debian seguir al Almirante, nombre con el cual se designó desde entónces á Colon. De los tres buques aprestados, solo el que montaba este: la _Santa Maria_ tenia cubierta; los otros dos: la _Pinta_, mandada por Martin Alonso Pinzon y la _Niña_ por Vicente Yanez Pinzon eran carabelas, no ascendiendo todo el personal de la escuadrilla sino á ciento veinte hombres, reclutados por cierto, con indecible trabajo.

El viérnes 3 de Agosto de 1492, antes de la salida del Sol, zarparon los buques que debian navegar al rumbo que Colon indicase, con la condicion de no tocar en las islas Azores, de Cabo Verde, costa de Guinea ó cualquier otra colonia portuguesa.

Desde el primer dia de la navegacion el Almirante abrió un diario para llevar cuenta de las ocurrencias de ella, de modo que esta parte de la historia tiene fuente segura. En la introduccion de ese diario hallamos de notable que llamase á los Reyes Católicos _Reyes de España y de las islas del Mar_.--¿De que islas queria hablar?--La Antilla segun la creencia de la época estaba poblada: Cipango y demas islas imaginadas eran dependencias de la India y era de suponer que ese gran Kan, emperador poderoso, no había de estar muy dispuesto á ceder sus dominios á un puñado de aventureros.

Tal vez Colon adivinaba la existencia de algunas tierras inhabitadas ó las suponía tan solo para excitar la codicia de los reyes; pero si se recuerda el empeño con que exigió ser nombrado Gobernador de dichas tierras, es forzoso admitir la primera de esas hipótesis. Sin embargo poca importancia acordaba á dichas tierras pues decía que el objeto principal de su viaje era llevar una embajada á aquel poderoso monarca de la India y tratar de la conversion de los infieles. En corroboracion de lo dicho, veremos como, al llegar al término de su viaje buscaba mas á aquel Monarca que las _tierras incógnitas_.

Dejando á un lado estas dudas sigamos la narracion de su viaje. Llegada la escuadra á las Canarias, reparadas las averías de uno de los buques, corregidos los defectos de la arboladura de otro, hecha abundante provision, zarpó de la Gomera el dia 6 de Septiembre con rumbo al Sud y no al Poniente como algunos dicen.

Dejemos á un lado las minuciosidades de este viaje y fijemos nuestra atencion en su derrotero y escalas para convencernos que la conducta, las disposiciones y los conceptos de Colon se ajustaban á la carta geográfica que le trasmitió Toscanelli y al sistema de longitudes que este gran hombre había, bajo la fé de Marco Polo, monstruosamente alterado. De la Gomera navegó Colon casi derecho al Sud y acercándose al Trópico de Cancer, dobló de improviso al Occidente, es decir: al rumbo hácia el cual nadie había navegado y conservó la misma direccion hasta que no le indujo á cambiarla el indicio de una tierra cercana.

Con esto Colon trataba de alcanzar el paralelo que le había designado Toscanelli. Allí creía hallar despues de dos meses mas ó ménos de navegacion como le decía aquel en la segunda de sus cartas, ó la tierra incógnita de Tolomeo ó algunos de aquellos lugares, en la parte de la India, donde podría refugiarse en algun contra-tiempo imprevisto y en verdad resultó que despues de treinta y siete dias de viaje solo le faltaban cincuenta y cinco grados para completar los ciento veinte grados determinados en aquella carta. La provision de víveres que hizo, segun dice Gonzalo de Oviedo, era suficiente solo para ese tiempo.

El nombre de India que Colon dió á la América y la pretension que las islas eran del mar Indiano, fué consecuencia de la promesa que le hizo Toscanelli de conducirlo directamente al Asia, _á los lugares fertilísimos de_ _toda clase de especería y piedras preciosas; por cuanto todo el que navegase al Poniente siempre encontraría esos lugares al Poniente_. Así tambien el nombre Cubanacan pronunciado por los habitantes de Cuba, le hicieron creer que se hallaba en los dominios del gran Kan y la palabra _Cibao_ repetida por los de la Española le hicieron tambien creer que había llegado á _Cipango_.

Había dado Colon órden de conservar siempre rumbo al Occidente y de navegar hasta setecientas leguas, deteteniéndose en esa distancia pues á tal altura debia hallar tierra. De Europa á la Antilla, como lo hemos dicho, resultaban del cálculo de Toscanelli, dos mil cuatro cientos setenta y cinco millas que hacen algo menos de las setecientas leguas expresadas, luego pues la tierra que creía Colon hallar en esas inmediaciones era la Antilla de Toscanelli.

El viérnes 12 de Octubre de 1492 descubrióse por la tripulacion de la escuadra la tierra Americana. Era esta tierra la isla llamada por los naturales Guanahami y por Colon, San Salvador.

Aquí se nos presenta en toda su grandeza el error de Toscanelli, la temeridad de Colon y el peligro en que estuvo su flota.

Sin las varias islas de la América que pusieron término á su viaje precisamente á la altura en que se le prometia la India, su pérdida hubiese sido segura. En el paralelo que navegó no habría visto tierra sinó cerca de la China y esta, situada por Toscanelli á ciento veinte grados de Lisboa, distaba en verdad doscientos treinta grados. Así pues, aun suponiendo que los vientos y el mar le hubiesen sido propicios en un trayecto tan largo.--¿Donde hubiera podido proveerse y como subsistir por mas de dos meses, con falta absoluta de víveres?--Cuando se considera que Colon se engañó por ciento diez grados asombra tanto riesgo y que errores tan enormes hayan sido coronados de los mas felices sucesos.

En vano se ha dicho en disculpa de Toscanelli que sospechaba la existencia de un continente intermedio, ó al menos de una vasta isla entre la Europa y el Asia.

Pero de tal sospecha no se observa vestigio alguno en sus cartas, escluyendo por otra parte esta hipótesis, su única y absoluta longitud de ciento veinte grados. Ciertamente lo estravió la aparente simetria de su nuevo sistema; asi se comprende que despues de haber, con el testimonio de Polo, agregado cerca de ciento diez grados de longitud á la parte conocida de la tierra, debia llegar necesariamente á disminuir la misma longitud á la parte desconocida del Océano.

En este viaje habia sido Colon muy feliz; los vientos aliseos llevaron sus bajeles por un mar bonancible con deliciosa rapidez. Pero un fenómeno desconocido hasta entonces debía presentarse y dejar perplejo al Almirante. Como no era conocida la desviacion de la brújula ni se creia en otro Norte que en el Norte del Mundo, sin pensarse en la atraccion magnética que debia hacerse sentir al separarse de los paralelos septentrionales, el fenómeno tenía que ser alarmante é inesperado.

Los pilotos que iban en la expedicion ocurrieron al Almirante sobresaltados para que este les explicase la causa de lo que observaban. Hallábase él tan ignorante á este respecto como ellos, pero por no desconsolarlos les dió una explicacion sofística, como hizo Galileo la primer vez que fué consultado respecto á la presion atmosférica sobre la columna de agua.

No está el mérito de Colon en haber descubierto la América, pues jamas pensó él ni sus contemporáneos en la existencia de un nuevo continente.

Las _tierras incognitas_ se suponian agregaciones del continente Asiático y nada nuevo se creía descubrir. Pisando ya la tierra Americana, hacía esfuerzos por reducirla á las informaciones de Marco Polo.

El mérito de Colon está en haberse puesto denodadamente al servicio de la ciencia tal cual se hallaba en aquellos tiempos, en haber aceptado de los sabios una teoría científica y en haberse lanzado á practicarla sin arredrarse ante la necesidad de surcar mares desconocidos y de alejarse de la tierra como nadie se habia alejado. Colon mas que la América ha descubierto el Océano; reveló el misterio de su camino y los mil viajeros que tras él se lanzaron y descubrieron mas tierra que él, no tienen tanto mérito, porque él abrió los horizontes que se creían impenetrables.