Antaño i Ogaño: Novelas i Cuentos de la Vida Hispano-Americana · Unidad 15 de 28
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Don Guillermo no discutia con estos políticos, sin embargo de que departia a menudo con ellos, paseándose en los jardines o descansando en los hogares de los Esenios. Ni como discutir con hombres que leian los escritos de algunos españoles a quienes se les ha ocurrido justificar las crueldades de don Pedro el colorin, porque con ellas se proponia dar unidad a la autoridad real; o rehabilitar a Felipe II, porque tambien se proponia otras grandes cosas, como si el fin justificase todos los medios, o como si esos grandes fines no hubieran podido conseguirse sino con enterrar hombres vivos i con quemar en la hoguera, perseguir i espatriar a jeneraciones enteras. Naturalmente esos políticos debian estar enamorados de los gobiernos fuertes, i llamar a Felipe, con cierto obispo electo de acá arriba, el pio, humano i liberal monarca, justificándole porque otra reina herética mató mas cristianos, como si un bandido pudiera escusarse con presentar otro mas bandido que él.[26] Con su pan se lo coman, decia entre sí el ingles: si éstos creen que porque hai grandes naciones bajo el gobierno monárquico, deben esa grandeza a la monarquía i no a una antigua i vasta civilizacion i a otras causas benéficas que se han desarrollado a pesar de esta forma de gobierno, yo les daria que viniesen a remover con veinte yuntas de reyes los hondos males que aquejan a este pais. Nó, no es el despotismo de uno o de muchos, cualquiera que sea su forma, el que puede estinguir la ignorancia, desterrar la mentira, atajar los avances del fanatismo i evitar los estravíos de la ambicion en una sociedad, sino el gobierno que, naciendo del pueblo, respeta su oríjen i corresponde al pueblo, protejiendo sus derechos, haciéndole justicia, sirviéndole con amor, i cimentando su autoridad en el interes comun, en la union de las opiniones, en la fraternidad que surje naturalmente de la concordia i armonía de todas las aspiraciones.
[26] El obispo electo para Chiloé sostuvo esta tésis en un sermon. Este obispo, que no llegó a consagrarse, era el presbítero Tocornal.
Algun egoismo habia al parecer en esta reserva de Mr. Livingston, pero aun sin atenerse al refran que dice: en el pais a donde fueres haz lo que vieres, él necesitaba mucha circunspeccion para no chocar a los que le retenian en un asilo tan seguro, del cual no se atrevia a fugar, miéntras no tuviese siquiera algun conocimiento de la topografía de aquella comarca, para dirijirse en busca de la salida de la Cueva.
¡Terrible situacion la de nuestro amigo! Era víctima del amor como Abelardo, un Abelardo prisionero, sin saber donde, como Monte-Cristo; un Monte-Cristo pobre como Aman; un Aman lleno de paciencia i de esperanza, como Job; un Job dispuesto a sacrificarse por salvar a un pueblo como Marco Curcio. ¿Qué va a ser de él? ¿Cuándo podrá salvarse? ¿Cuál será el premio de tanto sufrimiento?
XX.
Tercer cuadro.
Era una tardecita de invierno, i el sol habia traspuesto los montes vecinos, dejando los parques i jardines de los Esenios iluminados con los últimos reflejos que todavía inundaban la bóveda celeste. Pero la oscuridad invadia ya las grutas i cenadores, los bosquecillos i los laberintos de aquella deliciosa mansion. Un aire sutil penetraba por los ramajes i enfriaba el ambiente.
Don Guillermo, que meditaba o penaba solitario en aquellos sitios, se retiró a los claustros, sintiendo la necesidad de abrigo. Allí notó un movimiento desusado: multitud de notables de la ciudad llenaban los corredores, i secreteaban como tratando sobre algun gran acontecimiento. Poco a poco fueron desapareciendo, pues entreverados con los Esenios, entraban a un salon reservado, i cerraban tras de sí la puerta.
El ingles quiso mostrarse desentendido de todo i ganó otro claustro, tomando una galería en alto que corria al costado del salon i que estaba ya oculta entre las sombras de la noche. Allí se puso a pasear a lo largo i cabizbajo, sin tener en su mente idea fija ninguna: estaba en una de aquellas situaciones en que suele uno encontrarse cuando se propone averiguar un misterio i no halla por donde principiar, ni tiene luz alguna que le dé entrada a la cuestion que quiere resolver. Pero habiéndose acordado ya su vista con la oscuridad del sitio, al poco rato de estar allí, divisó un bulto que le sorprendió, i que estaba inmóvil cerca de una puertecita aislada que habia como única abertura del largo paño de muralla que formaba aquel corredor. Aproximóse a él, i vió claramente que era un viejecillo pequeño, enjuto, de mala pinta, narigon i de ojos grandes que relampagueaban en la oscuridad, como los del tigre. Una conmocion involuntaria le heló la sangre i le hizo dar un chasquido en el corazon.
El viejo, sonriéndose i en una jerga poco intelijible, le preguntó:
--¿Has perdido tú un rosario?
--No, respondió don Guillermo un poco amostazado.
--Ahí está uno colgado en el tirador de esa puerta, le dijo el viejo, i si tú lo quitaras i lo arrojaras bien léjos, me harias un gran servicio.
El ingles, lleno de sospechas, se acercó a la puerta, pasando por detras de su interlocutor, por precaucion, i notó que ademas el viejo tenia en sus espaldas una enorme joroba. Descolgó el rosario, i conoció, en el tacto, que era de cuentas de Jerusalem i que tenia en su estremo una cruz i un corazon pequeño de paño, que sin duda contenia alguna reliquia. Al volverse al viejo, como señalándole el rosario, notó, item mas, que el hombrecillo era cojo, pues dió un paso hácia atras con una pierna tiesa e inflexible que parecia de palo.
--¿Crees tú en la virtud de ese sartal católico, apostólico, romano? le preguntó el viejo.
--No, dijo el protestante, porque no creo que nuestro Señor lo haya autorizado, ni en las sagradas escrituras se encuentra nada que lo autorice.
--Arrójalo, entónces.
--Será mejor colocarlo en esta baranda, replicó el ingles, acercándose a la de los balcones del corredor; basta que haya aquí una cruz.
--Lo mismo da; pero allá, bien léjos, añadió con sonrisa el viejo i haciendo chispear sus ojos: ese talisman no me dejaba abrir la puerta. Me has hecho un favor, porque me interesa mucho asistir de tapado a la conferencia que hai adentro de esa sala. ¿Quieres tú asistir tambien?
Don Guillermo no queria otra cosa, pero dudando aceptar la invitacion que le hacia un desconocido, que no le habia sido presentado, le dijo:
--No sé si deba, pues no sé con quién hablo, aunque me trata de tú.....
--¡Hum! esclamó el viejo, ¡escrúpulos de ingles! I resbalando hácia atras su pierna de palo, hizo un esguince en forma de cortesía, i añadió accionando con su mano derecha: Tengo el honor.... Soi el señor Asmodeo, interventor en todos los negocios humanos, i que ya una vez, hace trece años, tuvo que ver contigo, hijo mio.
Otro tiriton volvió a retirarle la sangre de las estremidades al ingles, al oir esta peregrina presentacion. Se quedó estático, i miéntras tanto el viejo se acercó a la puerta, la tocó con dos dedos para abrirla de par en par sin ruido, i volviendo a repetir su cortesía con el cuerpo i la mano derecha, le dijo:
--_Come in, come along_, conmigo.....
Don Guillermo titubeó; estuvo a pique de arrancar. Pero luego tuvo una corazonada, i siguió a su cortes compañero, entrando a una tribuna alta i balconada que daba vista al interior de una sala espaciosa i de muros altos, sin adorno arquitectónico de ninguna clase.
El viejito se sentó en un taburete de los que allí habia, puso su pierna buena sobre la mala, sacó de su bolsillo una ancha cartera roja, cuyo lápiz revisó, i apoyando su barba en el puño cerrado de su derecha, inundó la sala con sus ojos grandes i redondos, que lanzaban rayos siniestros i que se armonizaban con una perpetua sonrisa que pendia de sus finísimos lábios.
Allá, en el fondo del salon, se divisaba una larga mesa cubierta con tapete verde i rodeada de sillones del mismo color, en los cuales estaban como incrustados los Esenios i los caballeros. A lo largo de la mesa corrian en hileras veinte blandones de metal con sendas hachas de cera verde coronadas por una llama azulada, que despedia reflejos inciertos i que apénas aclaraba los ángulos i la bóveda del salon.
¡Miren qué cuadro! dijo Asmodeo. ¡Miren qué caras! Ninguno de los convidados tiene ni lo negro de la uña del padre Schwartz, pero no por eso dejarán de ir a hacer tertulia en los infiernos a este reverendo inventor de la pólvora. Unos son panzones, otros enjutos; unos viejos, otros mozos; unos soberbios, otros humildes; pero de todos ellos no se puede hacer un buen demonio. I diciendo esto, comenzó a escribir en su cartera, con mano convulsa, pero lijera, veloz, rápida, como si fuera movida por vapor; i sin dejar la operacion, preguntó a don Guillermo: ¿Qué dices tú de esto, hijo?
Mr. Livingston se iba familiarizando con un viejo tan afable, lijero i gracioso; i tomándole por un instante por taquígrafo de algun diario como el TIMES, le correspondió con esta otra pregunta:
--¿Toma usted apuntes para publicar esta sesion?
--¡Qué disparate!, le replicó el viejo con una mirada que avergonzó al ingles. ¿Me has visto cara de chorlito o de escritor que es lo mismo? Mira, en este pais no hai ente inverosímil de esos que estás mirando que no sepa hacer su negocio mejor que los escritores, pues estos nenes cifran toda su dicha en verse reproducidos por la estampa, i por tal de publicar sus ideas en urdiembre, se despestañan i gastan su dinero, tiempo i salud, a sabiendas de que nadie los lee, ni entre ellos mismos, porque nadie sabe leer, aunque algunos sepan decorar. ¡Con qué! ¿Me ves pinta de pertenecer a esa especie de locos? Vamos atendiendo a la sesion: allá tienes un tonel que habla.
I en efecto, un señor casi cuadrado, que se divisaba de frente, llevaba la palabra en ese momento. «Yo vivo retirado del mundo i pensando solamente en estar bien con Dios; pero no por esto me liberto de vejaciones atroces. No hago mal a nadie.....»
--Pero tampoco haces bien, refunfuñaba entre dientes Asmodeo, rasguñando, que no escribiendo en su cartera; ni eres capaz de dar un grano de trigo al gallo de la pasion, porque piensas que con solo rezar por tu alma cumples con el que está allá arriba.
«Yo, agregaba otro de los notables, he consultado con mi conciencia mui detenidamente i hallo que la resistencia es un deber.»
--Así puedes hallarte sábio en tu conciencia, gruñia Asmodeo, porque tú te la formas a tu paladar, pues la conciencia no es sino la opinion que cada cual se forma segun sus creencias, errores, gustos e inclinaciones.
Otro convidado tomó la palabra, protestando que él no pensaba mas que en sus negocios, sin mezclarse en nada, i que, sin embargo, sufria mucho en su persona e intereses.
Pero Asmodeo le acotaba:--Piensas en tus negocios, pero mucho mas en los ajenos, porque tienes los instintos de la sanguijuela, a pesar de tu figura de tábano.
«Yo, esclamaba, uno, hago todo el bien que puedo;» porque estás cansado de hacer mal i temes a la muerte, añadia el viejo siempre tomando notas.
«¡Para qué cansarnos, señores!» gritó con énfasis otro. ¿Quiénes mas acreedores a respeto i consideracion que nosotros, que siempre hemos apoyado el poder i permanecido devotos a nuestra relijion?...
--Sí, dijo Asmodeo riéndose, la devocion es vuestro fuerte. Sois devotos al poder porque os gusta gobernar o porque sacais siempre piltrafas de estar bajo el ala del poderoso; i sois devotos a la relijion de puro miedo al infierno, porque os imajinais saldar con golpes de pecho vuestra larga cuenta con el diablo, i no por amor a Dios ni a su lei, que no conoceis ni por las tapas. En el fondo no teneis mas que egoismo i presuncion, indolencia i orgullo.
--¿I es posible, preguntó el ingles, que todos sean tan malos?
--No, replicó Asmodeo, hai tambien buenos, i con esos no hablo, porque están en minoría, i se limitan a llorar i deplorar la corrupcion jeneral. Allá en el cielo se duerme mucho, amigo, o se pasa el tiempo mui bien entretenido, pues nunca se acuerdan de las cosas de acá abajo i dejan a los buenos sin proteccion, i a los malos sin atajo: por eso es que nuestra cosecha es siempre mejor i mas abundante que la del padre viejo, i por eso es que mas gobernamos nosotros en el mundo que el Dios de los buenos.
En ese momento tomaba la palabra uno de los Esenios, encantando con su dulce semblante i sus suaves ademanes a la concurrencia; pero arrancando al viejito algunas esclamaciones, como éstas: ¡Brigand! ¡Bribon! ¡Rascal! ¡Impostore! ¡Conspirador! ¡Traditore!
«Confiando nosotros, decia aquel, en el parecer que uniformemente han mostrado todos estos respetables señores, hemos tomado algunas medidas preventivas. Entre otras, por ejemplo, hace tiempo que retenemos aquí a un estranjero que era perseguido con una hechicera que le acompañaba en su fuga. Una noche en que hubo de ser aprehendido, pudimos obrar de modo que lo fuese su compañera, i él quedase libre i asilado entre nosotros.» (Esto es contigo, dijo Asmodeo al ingles.) «Este hombre puede servirnos mucho. Estando a nuestra disposicion i en nuestra casa misma la salida de la Cueva, porque nosotros dirijimos la inspiracion de los Jenios al mundo, i mantenemos la comunicacion con esas rejiones, podemos facilitarle la salida con la condicion de que nos procure el auxilio de los de afuera para derrocar a los Jenios i establecer nuestro poder.» (Don Guillermo no respiraba: no era mas que orejas para oir i ojos para mirar.) «Este hombre necesita vengarse de su larga peregrinacion en la Cueva, se afiliará con entusiasmo a nuestro servicio. Nosotros poseemos la clave del sistema sobrenatural de que los Jenios se valen para influir en las cosas humanas, pero no tenemos la fuerza necesaria para derrocarlos, para ocupar su lugar i ejercer su poder. Apelemos a la alianza con los hombres que en el otro mundo profesan nuestra doctrina. Pero para llevar a cabo el plan, es necesario que podamos disponer de un caudal, que lo formemos entre todos»...
El discurso fué interrumpido por los regüeldos de un notable a quien le habia dado flato.
--¡Fuit Illium! dijo Asmodeo, ardió Troya, i se echó a reir convulsivamente.
El enfermo se habia levantado de su asiento, i con él casi todos los concurrentes. Algunos de ellos, ganando la sombra de los otros, se acercaban a la puerta mui disimulados i desfilaban para afuera. Otros se ponian en corrillos a conversar por lo bajo con gran seriedad; aquellos se paseaban, i muchos, contajiados por el flato, comenzaron a sentirse indispuestos. En un cuarto de hora mas, habiendo ya mui pocos concurrentes, el senescal de los Esenios creyó prudente aplazar la reunion para otro dia, i el salon quedó desierto i a oscuras. La reunion habia terminado sin acuerdo ninguno, sin resultado, repentinamente, como termina la sesion de una cámara, cuando se ve en apuros un ministro que dispone de la campanilla. Talvez los Esenios i sus afiliados no tenian hábitos parlamentarios, o talvez entre estos últimos habia costumbre de salvar un compromiso o de conjurar un peligro, recurriendo al flato.
Como quiera que sea, los dos espectadores de este espectáculo se habian quedado en la tribuna el uno riéndose i refunfuñando, i el otro estupefacto, como una estátua de piedra, i casi en ayunas del contenido i significacion de lo que acababa de ver.[27]
[27] Este cuadro hace la descripcion, salvo los detalles necesarios para mantener la verdad relativa del cuento, de una de las primeras conferencias que celebraron los pelucones por organizar la conspiracion de 1829 contra el gobierno liberal; reunion que terminó como aquí se refiere. El autor oyó a Don Ventura Marin, su maestro, describir esta conferencia, que tuvo lugar en el cuarto del canónigo Meneses, rector del Instituto Nacional.
XXI.
En donde se ve que no es malo salir como se ha entrado.
--¿En qué piensas, Guillermo? decia Asmodeo un momento despues a su compañero, sacudiéndole de un brazo; i éste alumbrado en medio de aquellas tinieblas por los dos carbunclos que usaba por ojos el otro, tomó un asiento, como fatigado i siguió pensando, puesto un dedo en la sien i la vista fija en el suelo.
--¿Piensas quedarte aquí? No puede ser porque voi a cerrar la puerta, agregó el viejo.
--Nó, al contrario, dijo el ingles: pienso en irme ahora mismo. ¿Como ha podido escapárseme la salida de la Cueva?, puesto que está en esta misma casa, que tanto he recorrido i examinado. ¿Qué misterio es este? ¿Miente acaso el Esenio que acaba de hacer esa revelacion?
--Dice la verdad, replicó Asmodeo, i tú debes haber pasado mil veces por esa salida sin reconocerla: está al fin del parque mas inmediato. ¿Pero por qué no esperas a que te nombren embajador?
--¡Si hubiese de ser para que todos cayeran, esperaria! ¡Mas, la salida! ¡¡Dios mio!!...
--Cuidado con esas esclamaciones, si quieres hallar la salida.
--¿Por qué? ¿Podria señalármela usted?
--Es claro que sí. Favor por favor: tú me has abierto la puerta de esta tribuna; yo te abriré la otra. Pero necesitas, no solamente el valor que tenias cuando entraste a la Cueva, sino otro tanto mas: vas a atravesar un camino espantoso. Yo te acompañaré con una condicion...
--No admito condiciones: fio en mi valor i en mi porvenir.
--Corriente. Voi solamente a ponerte en la puerta; favor por favor i estamos a mano. Vamos.
--Vamos pronto.
I salieron de la tribuna, cerrándose tras de ellos suavemente la puerta. Bajaron de la galería, tomaron un claustro, se introdujeron por un pasadizo, pasaron una puerta, otra mas i despues otra; todavía un callejon i salieron a un parque cuyos frondosos árboles dormian en silencio, sin que la mas lijera brisa ajitase su follaje. El silencio era profundo; solo se oia el golpe de la pierna coja de Asmodeo en el suelo limpio i endurecido de la avenida de árboles que habian tomado. El viejo marchaba a paso redoblado adelante, i el ingles tenia que apurar el suyo para no quedar atras.
Al fin de la avenida, se esplanaba el lugar, pues terminaba la arboleda i solo tenian a su frente un cerro elevadísimo que parecia tocar las estrellas con su cumbre. Mr. Livingston veia levantarse sombras vaporosas por todos lados, i comprimió sus ojos con la mano, para persuadirse de que esos fantasmas eran una ilusion de su vista. Pero cuando volvió a mirar, los halló mas cerca, i no pudo ménos de esclamar:
--¡Estamos perdidos, nos han rodeado los Esenios!
--No hai cuidado, son mis espíritus, que me hacen los honores de ordenanza, esclamó el viejo, al momento de llegar a tocar una enorme roca que se avanzaba del cerro, como centinela. Aquí esta la puerta: busca un boton que debe estar ahí.
Don Guillermo recorrió con su mano durante algunos minutos el paraje que se le indicaba i halló un punto redondo que le pareció de fierro.
--Aquí está, dijo conmovido.
--Apriétalo, le replicó Asmodeo; i el peñasco dió una media vuelta sobre su eje, a la presion violenta que el ingles hizo en el boton, dejando en su base una abertura oscura i renegrida, larga i angosta, que seguia en su curso la curva de la figura de la roca.
--Entra, agregó Asmodeo, i buenas noches; hasta mas ver.
El ingles intentó darle la mano en muestra de agradecimiento, pero él le volvió su joroba mirando hácia el parque i silbando despacito un aire de «Roberto el Diablo».
Bajó Mr. Livingston lleno de emocion, i adentro sintió una atmósfera tibia i seca que le paralizó.
--¡Adelante, derecho, sin titubear, valor!... le gritó de afuera Asmodeo.