Campaña del ejército chileno contra la Confederación Perú-Boliviana en 1837 · Unidad 51 de 75

Unidad 51 · IV.-CAUSAS DE LA GUERRA

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IV.-CAUSAS DE LA GUERRA

Las causas de la. gufri-i fuiítra la Confederaeoin formada por Santa CriiK, pueden resiiiiiiree así:

1. — IlíitHT hecho deHtipju-pt.tr. sin motivo justificado, la soberanía del Perñ para constituir nu nuevo Rstado que era una amenaza a la indeiienfleiicia de loe demás Kstndos de Rad-Aniérica.

2, — Dt'rugacion de un tratado de comercio celebrado entre rhile i el Peni, ciinmlu aquel pais era independiente.

3. — (iue estíindü en plena paz con rhile, el Gobierno de la Confederación permitir» i prestó auxilios bélicos al Jeneral Freiré para llevar a cabo desde Callao una espedicion contra Chile.

4. — ITalH?]' vejado el Jeneral Santa Cruz, violando los jn'incipioB dfil Derecho Internacional, a uu Ministro Diplomático ipierepresentabu al^'hile ante el Gobierno del Protector.

Examinemos una a una esttiis causas.

PiilMEiiA. — lOn 18íiri era Presidente del Perú el Oran Mariscal don .losé Luis Orbe^íoso, Un mes antees de las elecciones pTOsidencialea, haliiatenidolugareneU'allaoun levantamiento encabezado por el Jeneral !i¡i-Fnent*i, contra el (íubierno constituido, Invantamiiin toque fiií^sofocndoporlos Jeneralea Salaverry i Nieto,

Llcfuado el peiíoilo de las elecciones el Jeneral Orbegoso presentó su cujididatnra a la presidencia de In, líeplíblica i a fin de asefíunirla, maruhó al Sur del Perrt con la guarnición de I,ima. A pesar de habí^rsele advertido i aun probado que el Jeneral Salaverry encal)ezaba un movimiínito n'volnciouario en su ctmtra, insistir» en su viaje i dejó como Jefe durante Buausenciaid Vit-c PifHidentedou Mnnuel Salazari BaquijanOi '

ICn efecto, el l-'t de felu-ero de lH.'l."i. Salaverry, apoyado ' por la fi'nurnit'iim del l'nlliio. f.e apoden') de Lima i se proclamó Presidente del Perú.

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Orbegosü, que seencontrnba yaen Aivquipa, se vio pronto completamente aislado, pues casi todo el Perú reconoció la autoridad deSalaverrv. En estas oisreunstancias Fué cuando Orbegoso, co/7 «S7/ jjresideiwia interina ya terminada, no reelejido j)or el pueblo i vencido de hecho por Salaverry, solicitó el apoyo armado de Santa Cruz.

Este caudillo, cuyas miras i ambiciones políticas eran ya conocidas, esperaba una ocasión como esta para dar comienzo a sus vastos planes de conquista.

Por esa fecha encontrábse confinado en Bolivia el Jeneral peruenodon José Agustín Oamarra, el que, con la formal promesa de Santa ( -ruz de ser nombrado Presidente del Perú después de derrotar a Orbegoso i Salaverry, penetró al Peni consiguiendo reunir previamente tres mil hombres.

En esta situación, i con un conocimiento [)oc() común sobre los políticos peruanos, Santa Cruz hacia promesas a Gamarra mientras firnmbn con Orbegoso el tratado de Junio de 1885. En ese tratado se coinf)ronietí¿i ¿i restablecer el orden en el Perú, i a su vez Orbegoso se ol)ligal)a a convocar un Congreso en los depnrtíinKMíto del Sur tíui pronto como las fuerzaí^ bolivianas hubieran ])nsMd() al territorio peruano, con el fin de fijar las bases de su nnevn orí>'nnizacion i decidir de su suerte futura.

Como se ve, el espíritu de Snntn.Cruz, claramente manifestado en este tratado, era el de segregar del Perú los departamentos del Sur.

Sin esperar larntificacion de dicho tratado como prescribía la Constitución Politica del Perú ()ue lo hiciera el Congreso, i viciado por tanto de nulidad, SantaCruz marchó al Perú a la cabeza de cinco mil hombres (5. 000).

Viéndose Gamíirra. defrnndndo ou sus promesas, se unió a Salaverry [)ero sinllevnr acat)o la concentración de los dos ejércitos como este lo deseaba para combatir a Santa Cruz,

Derrotado (íamarraen Vanacocha iSalaverrven Socabaya, (»1 I*rot(»ctor (juedó dominando sin c()nti*a|)eso en el Perú i siendo el verdadero Director político de aijuel pais.

Si la intervención armada de Santa Cruz, hubiera terminado en Socaba;ya, nada Imbria tenido que ohservarnl respecto ninguna nación; pero no fué asi, ivatabletído el rtrden, la Asamblea que se reunió en Sieuay declaró la independencia del Estado Siid-i>enmii:i \ se comprometió a firmar con Bolivia vínculos de federación, confiando el poder pCiblico a Santa Cruz.

La Asamblea de II»aura,reunida el 9 de Agosto de 1836, proclamó en la miaa forma la independencia del Norte del Perú.

A completar na obra vino el pacto de Tacna, mencionado ya en este trabajo i el mal puso nn sello definitivo a la Confederación l'erfi-boliviana. Por él se daba a loa tres Estadoa una f'onstitucion en que el Protector nombraba por sí i ante sí a los Fresidentea de los I-'stados (leruanos, i se reservaba ademas el derecho de ser reelejido indefinidamente.

Este sistema político implantado sobre la base de nna organización militar formidable para aquella época, era un verdadero peligro para las derafis Repñblicaa de la América del Sur; era una conquista disfrazada.

De ahí que los demás países, especialmente Chile i Arjentina. miraran con recelos la formación de una Confederación llevada a calió por un hombi-e, ambicioso de poder i mando.

¿(¿uién podia a-st^iirara Chile rpie nna vez afianzado sólidamente el sistema polílico que implantó Santa Cruz, na hubiera \\í\\í ido e^tenduflo a toila la .Vmi^rica del Sur?.

LaConfederíK-ion l'erú boliviana, hecha bajóla presión^ de las fuerzas del Protector,era una amenaza ala integridad! territorial dediehixs llepííblicasi especialmente para aquelloBl que aun estaban convulsionarias porel camlillajeo no habían establecido a firme su Gobierno republicano.

La primera cansa,, bastaba a nuestro juicio, para justificar la guerra al Protector,

SEfiüNDá. — (Derogiicion de un tratado de comereio).-

Procurando ('hile un acercamiento con el Perú, había tra.-^ tado en diversas ocasiones de celebrar tratarlos que llevaraa I a la práctica tal idea. La diplomacia chilena hacía esfaereofl ,1

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especialmente en el sentido de robustecer i afianzar las relaciones comerciales. KI trigo chileno, por ejenij)lo, estaba sometido a una carga aduanera dema^siado onerosa, ocurriendo igual cosa con el aziicar peruana.

Existia ademas una deuda del Perú a favor de Chile que dat«,ba desde la Independencia i (]ue no habia sido todavía cubierta ni en parte.

Para iniciar el Tratado, Orbegoso siendo Presidente Constitucional, habia encargado a don Santiago Távara i el Jeneral Prieto a don Manuel Ren]ifo,loH cuales llegaron pronto a conclusiones completamente satisfactorias para ambos países. Acordado el tratado entre ambos ]jleuipotenciaríos i aprobado por el Gobierno de Chilefué presentado al del Perú para su ratificación el 28 de Junio de 1835.

En esa fecha habia dos Gobiernos, el de Salaverry i el de Orbegoso; el primero de hecho por íuiber triunfado eii una revolución i el segundo con su interinato terminado i sosteniéndose solamente en un pueblo del Perú. Lo lojico era pues que el Gobierno de Chile se lo presentara a Salaverry i no a Orbegoso para su ratificación.

Triunfante Santa('ruzi repuesto Orbegoso en la presidencia, una de sus primeras medidas fue anular el tratado que Salaverry habia celebrado, fundádose ( razonamiento de aquella época) en que estábil obligado a romper por dignidad, un pacto ratificado por su enemigo.

Esta segunda causa, que podríamos calificar de indirecta i a pesar de no ser suficiente para declarar la guerra a un pais, fué sin embargo la que mas contribuyó al enfriamiento de las relaciones i aun a la tirantez entre las dos naciones.

Tercera.— (Espedicion Freiré).

Entre otros desterrados chilenos seencontraba en el Perú el Jeneral Freiré, el cual, no estando conforme con su situación, concibió i llevó a cabo una espedicion contra Chile.

Para dicha espedicion, cuyo fracazo daremos a conocer detalladamente en la relación de las operaciones marítimas, se valió de la fragata Moiiteagudo i del bergantín Jenera/ Or6e^o6^ que hablan formado parte de la escuadra del Jeneral

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Salaverry i que el Jeneral Freii*e tomaba en arriendo por interpósita {>er8ona.

Las autoridadea de Lima permitieron la t^alida de esta e8|)edieion desde el( -allao a pe«ar de la protesta del encargado de Negocios de Chile en Lima.

La complicidad de Orbegoso i Santa Cruz en este asunto era manifiesta i no obstante haber sido largo tiempo discutidas i probada últimamente con dín-umentos íechacientes, creemos que bastarian Ujh dos hechos (pie vamos a citar para no dejar lugar a dudas sobre su intervención.

Kl jjri'imero sereíiereaque ninguno de los dos contratistas de los buques arrendados, tenian \o suHcientes bienes de fortuna parauna empresa en (jue se necesitaba disponer de cuantioso intei'eses.

En el segundo, (jue l(»en<!arga(h)de Negociosde ('hile, al no poder evitar la espediíMon, contrató hi goleta tlordeMai^ para dar a su Gobierno oportuno aviso de ella. Sabedoras las autoridades preuanas (\A propósito del Encargado de Negocios, decretaron la j)r()hibicion,a toda embarcación peruana, de abandonar la luibia del (aliño; pero como la Flor de Mar se habia hecho ya a la vola, las mismas autoridades dejaron en el acto sin efecto la prohibición.

Estos dos hechos i cspcí-ialmonte el segundo, bastan, como hemos dichos, para probar la couiplicidad del gobierno rVotectoral si a (»11() no tuviéramos (|ue agregar el no haber quitado a los buíjues fletados (>1 armamento que tenian de dotación i el haberse el'ectuailo el embar(|ue, en presencia de las autoridad(\s del ( allao.

La intervención de la Coníederacionen la (^spedicion Freiré era una viohi'Mon flagrante de la neutralidad a (pie está obligado todo pais civiliza<l() (jue seencuíMitra (.^i buenas relaciones con otr();ei'a un a1a(jU(í dinn^toala soberanía i a las autoridades chilenas: (^i-a jxu-fiu luia |)rov()caci()n manifiesta i constituía- en eonsíM-ueueia. el mas justo i el mas poderoso de los cíissiis-Jjr/H (jue analizamos.

Cuarta.— (Vejámenes al (lii)lomático chileno).

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Una vez que el Gobierno de Chile tuvo conocimiento de los antecedentes de laespedieion Freii-e, dispuso (jue los buque A(¡iiHes i Colocólo se dirijiesen al Callao a las órdenes de don Víctor (larrido, con el fin de apoderarse sorpresivamente de los buíjues peruanos que se encontraban en la bahía del Callao.

Garrido, en cumplimiento de su misión de represalia, se apodero el 21 de A^^osto de 18í5G, de la fragata Santa Cruz, dle bergantín Aret¡ui])eño i de la goleta l^vvuvUuia.

La captnra de éstos bu(pie hecha sorpresivamente i sin declaración de guerra no fué a nuestro juicio, sino u i merecido retorno a la probada complicidad del Peni en la tspedicion Freiré.

A causa de la captura de los buques peruanos, Santa Cruz ordenó la prisión de don Ventura Ljavalle, Ministro de Chile en el perti, el cual sin resi)et o a su alta investidura fué arrancado por fuerza de su I^egacion i conducido a la cárcel como a un reo vulgar.

Este acto vejetario i contrario a los prece[)tos internacionales ya aceptados por todos los pueblos cultos, vino a precipitar la guerra.

El Gobierno de Chile, después de rechasar el convenio 2W/?í;í, celebrado entre el Jeneral Herrera por parte de la Confederación i don Víctor Garrido [)or parte de ('hile, envió a Lima a don Mariano Egaña en el carácter de Ministro especial para proponer un acuerdo de \)iv¿ con Santa Cruz, llevando autorización para declarar la guerra al L^'otector en caso de que las propisiciones de que era portador no fuesen admitidas. Ocurrió esto último i don Mariano Eganadeclaró oficialmente la guerra a Santa Cruz por medio de la siguiente nota de fecha 11 de novimiembre:

**Señor Ministro: Ya tuve el honorde espresara V. S. que, atendida las circunstancia de que hice mérito, no estaba en mis manos dar una garantía Uaná i sin condiciones de que la escuadra chilena no impedirá la reunión de los buques deguerra del Perú i el aumento de sus fuerzas navales; pero propuse que podría celebrarse una convención en que dándose tam-

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bien aeguridadee por parte del Oobiemo del Peni podría hacarce inútil i por consiguiente cesar eHlamedidadepi-ecaiicion que 8e veia neceBitada a tomar la esruadra.

"V. 8. despreciando esta propuesta., cuyo natural resultado debia ser obtener la inisma grantia que pide, mas, como s^uridadeH recíprocas, se sirve, en su respetable oficio de ayer insistir en que, yñ la dé Haiíaniente, previniéndose que ella es UTi condición "sínfi cua no/í"' para negociar conmigo.

"Esta reííuhiciuii no me deja otra arbitrio que el de retirarme; principalmente cuando habiendo propuesto a S. V.. por medio del Secretario de la Legación (conductor de mi I oficio de 5 del corriente) una entrevista para allanar las difl. | cultades qUKocurrian, tuvo V, S. abien con testtir que no creía i conveniente concederla.

"He sacrificado a los deseos de la paz manifestados por araboH Gobiernos i de cuya sinceridad estoi tjín satisfecho, toda clase de consideraciones. La j)osecion niiuma en que se ha mantenido por tantos días no ha sido obstáculo bastante para retraerme o a debilitar el empeño en que he procurado tenga efecto la misión que se me encargó. Me (¡neda pues, la satisfacción de que he hecho cuanto me ha sido poHible i de que en retirarme solo tomo el único camino que se me deja abierto.

"I'ero todavía lo que me es mas seiicible es verme en 1 necesidad de anunciar a l'S. que puede mirarse ,yá como de^^ r.larada la guerm entre (hih i el (lobienio de los Estados^ Norte i Sur peruanos. — Dios güe. a l'S. — Mariano Egaña."

Esta declaración de guerra, para la cual eetaba natoriJ zado el Ministro lígaña, fué confirmada por el Congreso t:hí J leño. El mensaje pasado al efecto, se fundaba en las causal que hemos examinado.

Oorao se ha visto, Chile tenia motivos sobrados para ha^'l cer la guerra a la confederación perú -boliviana; pero la que] hace verdaderamenle honor a éste, es sin duda alguna, ! primera causa.

Un país como el nuestro, sin recursos en aquella época, con elementos bélicos inmensamente inferiores a los de su ad-

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versario echaba sobre sué* hombros In al>nimadora pero noble carga, de no permitir que en el suelo que ella contribuyó a libertar con el esfuerzo de su propio ejército, se levantara un ambicioso sin mas títulos quesu audacia i cuyo entronizamiento significaba el desaparecimiento de esa misma libertad conquistada a costa de tan grandes sacrificios.

La prueba del desinterés con que Chile hizo la guerra al Protector, la encontramos en el inmediato retiro de las fuerzas chilenas después de Yungai i en la absoluta libertad de acción en que se dejó siempre al Jeneral Gamarra, después de ser elejido Presidente del Perú.