Cincuenta cuentos anecdóticos · Unidad 11 de 142

Unidad 11 · LOS CONSEJOS DEL PADRE MORILLO

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

LOS CONSEJOS DEL PADRE MORILLO

Siempre que, revolviendo mis libros, veo uno de mis ejemplares del Quijote, el de la simpática edición sevillana de Moyano (1854-55), me acude a la memoria el melancólico recuerdo de mis primeros tiempos de estudiante y, juntamente, el del eclesiástico don Miguel Morillo, hombre virtuoso y de gran saber, a quien, como al ínclito hidalgo de la Mancha, "del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro, de manera, que vino a perder el juicio".

Por los años de 1864 tenía yo nueve de edad y comenzaba a declinar el musa, musae y el quis vel qiii en las espaciosas aulas de la antigua Universidad de Osuna, cuyo vetusto y majestuoso edificio señorial de cuatro torres ocupaba a la sazón el Instituto local de segunda enseñanza. Todas las mañanas, que lloviese o ventease, subía yo tempranito a aquellas alturas, embozado en mi capotilla azul mientras duraba el frío, y con

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mis libros debajo del brazo; por más señas, que los dias de solano recio, al llegar al callejón que dicen de los seminarios (porque asi llamaban en lo antiguo a los seminaristas del Colegio del Corpus Christi, edificio contiguo al de la Universidad), solia yo esperar a que amainasen un poca las furiosas bocanadas del viento, porque más de una vez me había derribado al pasar por el callejón. Era yo entonces un hombrecito de muy poco peso.

Por aquel tiempo una de las muy contadas preocupaciones de los que en Osuna cursábamos nuestros estudios, era el padre Morillo. "¿Has visto al padre Morillo?" ''¿Estará en su casa el padre Morillo?" ''¿Por qué no le preguntas esa al padre Morillo?" Esto se oía a cada momento entre la bulliciosa muchedumbre estudiantil, a la puerta y en los claustros del amplio edificiode los Girones. Y no era raro escuchar a algún estudiante de segundo año de Latín: "El padre Morillo sabe más latín que Raimundo Miguel". O a uno de Retórica: "Coll y Vehí es un niño de teta, puesto en comparación con el padre Morillo." Porque el buen eclesiástico, que, a causa de su manía misantrópica, habitaba solo como un hongo en el ya ruinoso Seminario y se mantenía pobrísimamente de una rentilla ruin y de unas limosnas, era, a temporadas (cuando estaba comunicable), el confidente y archimaestro de cuantos escolares lograban echarle la vista encima, y a dos por tres, con maravillosa facilidad, desata^