Cincuenta cuentos anecdóticos · Unidad 13 de 142

Unidad 13 · CUENTOS ANECDÓTICOS 3g

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CUENTOS ANECDÓTICOS 3g

pacífico y agradable casi siempre, amigo y maestro de los estudiantes, no he insinuado ni palabra de sus consejos, a que me referí en el epígrafe de esta quisicosa. Todo se andará, y ya, cabalmente, íbamos a llegar a este punto, pues quería decirte que, como conversando a la puerta de su casa una mañana de buen sol de invierno, don Miguel me preguntase qué carrera pensaba estudiar, y yo le respondiese que aún no lo tenía resuelto con mi padre, prosiguió nuestro diálogo en estos términos :

— ¿Es rico tu padre?

— No, señor.

— ¿Tienes padrino?

— Tengo dos padrinos, por falta de uno : el del bautismo y el de la confirmación.

— No te pregunto por esos padrinos. Decía si tienes en tu familia, o fuera de ella, personas de viso y de campanillas, que, llegado el caso, te protejan y aupen, para que seas algo en el mundo.

— ¡ No tengo, don Miguel ; no tengo quien haga nada de eso por mí !

— Pues si no tienes, voy a darte un buen consejo. ¡No estudies! Y te digo que no estudies, porque perderás el tiempo, y si te aprietas mucho, la salud. "El que no tiene padrinos, no se bautiza" — dice el refrán — . El que no tiene padrinos no llega a ninguna parte, trabaje o no. ¡Lo que me ha sucedido a mí! ¡Mírate en este espejo!

Y mientras yo, mirándome en aquel espejo, contemplaba al buen don Miguel envuelto en una

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sotana raída y a trechos rota, y cubierto con un bonetillo más blanco que negro, porque lucia más el cartón de su armadura que la tela de su revestimiento, él prosiguió de esta manera :

— ¿Qué puede conseguir un pobre si le falta protección? Sabido es, y lo dijo Cervantes, que "quien es pobre no tiene cosa buena". ¡Libros, libros...! ¿De qué sirven méritos donde impera la injusticia? ¿Cuándo el favor no se le rió en las barbas al merecimiento? Y ríete, tú también, de la conformidad que con verse postergados aparentaron nuestros hombres más eminentes. El autor de La Araucana escribió

"Que las honras consisten, no en tenerlas. Sino en sólo arribar a merecerlas",

y el autor del Quijote intentaba divertir su hambre sosteniendo

"Que tal vez suele un venturoso estado, Cuando le niega sin razón la suerte. Honrar más merecido que alcanzado".

Esto decían, sí ; pero otra les andaba por dentro ; pues lo que más importa es que cada cual logre y disfrute el premio que mereció, y no se lo lleve otro con sus manos lavadas y su poca vergüenza. Tú no sabes estas cosas tan claras, porque todavía eres muchacho. Pues apréndelas, hijo; que bien te han de servir para rodar por el mundo, y, de camino, aprende una coplilla, por si, al cabo, sueltas los libros y te da la vena por divertirte cantando a la guitarra :