Clemencia: Novela de costumbres · Unidad 22 de 43

CAPITULO VI. — parte 2

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D. Martin era de aquellos en cuya existencia entra la rutina, como primer agente motor; de esos que cuando una vez han hecho una cosa, la hacen todos los dias sin que se les ocurra hacer otra, y que cuando toman un tema lo siguen aunque su orígen haya caducado. Resultaba de esto que el tema que adoptó D. Martin en vista de la primera impresion que le causó su sobrino, habia llegado á ser inmutable, sin que el cambio que habia en Pablo llegase á modificarlo; y si le hubiesen querido demostrar que existia, habria dicho levantando los hombros: ¡Faramallas! ¿Me querrán hacer creer que pueda dar luces un eslabon de madera?

Antes de recogerse, fué Clemencia á saber cómo seguia Pablo.

-- No podia descansar hasta verte, le dijo este; queria decirte que he cuidado de que la pobre por quien te interesabas, haya sido socorrida.

-- Pablo, contestó Clemencia, no me habia vuelto á acordar de ella, soy franca; solo he podido pensar en tí, y en que estarás sufriendo por la generosa accion que has hecho, y esta idea me quitará el sueño.

-- Pues duerme, Clemencia, tranquila y plácida como el arroyo entre flores, porque cree que nunca he pasado una noche mas dulce que la que voy á pasar.

Clemencia, sin esplicarse el por qué, salió del cuarto de Pablo intranquila y disgustada.