Compendio de psicología · Unidad 22 de 62

Unidad de lectura 22

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generales, en virtud de las cuales nacen las formaciones psíqui¬ cas. Semejantes procesos de fusión y los órdenes de las impre¬ siones sensibles en ellos fundados, constituyen precisamente en todas partes, las bases de nuestra experiencia y precisamente por esto no se puede admitir que se les califique de experiencias. Sabría más exactitud si se llamaran á las dos teorías opuestas nativista y genética. Es, además, digno de notarse, que las teorías naturistas difundidas contienen elementos empíricos, y por otra parte, las teorías empiristas suponen partes nativistas; de modo que el contraste que aparece es tal vez, más que de otra cosa, de nombre. Lo cierto es, en efecto, que los nativistas su¬ ponen que el orden de las impresiones del espacio corresponde inmediatamente al orden de los puntos sensibles en la piel y en la retina; pero la manera especial de proyectar al exterior, sobre todo la representación de la distancia y la magnitud de los objetos, además de la referencia de una pluralidad de im¬ presiones separadas por el espacio á un objeto único, dependen, según ellos, de la atención, de la voluntad y hasta de la expe¬ riencia. Por el contrario, los empiristas suelen suponer como dado en algún modo el espacio, y luego interpretan cada re¬ presentación particular como una orientación en este espacio, determinada por motivos de experiencia. En la teoría de las re¬ presentaciones espaciales de la vista se ha tenido por costumbre considerar como dado originariamente este espacio; en la teoría de las representaciones táctiles se ha dotado de cuando en cuan¬ do á las sensaciones táctiles internas de la cualidad originaria espacial. Empirismo y nativismo son, pues, en la realidad, por lo general, conceptos fiuctuantes y ambas teorías concuerdan en que emplean conceptos complejos de la psicología vulgar, como atención, voluntad, experiencia, sin probarlos ni analizarlos más íntimamente. En esto se encuentra verdaderamente él punto en él cual se les opone la teoría genética, q'as trata, mediante él análisis psicológico de las representaciones, poner de manifies¬ to los procesos elementales que originan las representaciones, Á.

pesar de sus deficiencias^ tanto la teoría nativista como la em~ ptrista, tienen el mérito de haber puesto en evidencia el proble¬ ma psicológico aquí existente^ aportando un gran número de liechos para la explicación del mismo.

B. Representaciones visuales del espacio.

13. Las propiedades geaerales del sentido táctil se repiten en el sentido de la vista; pero en una conforma¬ ción inmensamente más sutil. A la superficie sensible de la piel externa corresponde aquí la superficie de la retina, con sus conos y bastoncitos dispuestos á modo de empalizada, y formando un mosaico finísimo de puntos sensibles. A los movimientos de los órganos táctiles corresponden los movimientos de los dos ojos que, ó se fijan en los objetos ó recorren sus contornos. Sin embargo, mientras que el sentido táctil siente las impresiones por contacto directo de los objetos, los medios refringentes que se encuentran delante de la retina proyectan en ella una imagen de los objetos in¬ vertida y disminuida. Puesto que, por su pequeñez, esta imagen deja campo á un gran número de impre¬ siones simultáneas, y puesto que la luz, por su ener¬ gía de penetración en el espacio, actúa bien sobre los objetos lejanos, bien sobre los próximos, el sentido de la vista adquiere, en grado muchísimo mayor que el del oído la calificación de sentido de la distancia. En efecto, la luz puede percibirse á una distancia incom¬ parablemente mayor que el sonido; además, el sujeto percipiente sólo pone á varia distancia directamente las representaciones visuales; por el contrario, las

auditivas sólo indirectamente, apoyándose en las re¬ presentaciones visuales del espacio.

14. Por lo dicho, toda representación visual siem¬ pre puede, habida consideración á sus propiedades

espaciales, descomponerse en dos factores: l.°, en la

orientación recíproca de los elementos especiales de una representación; 2.°, en su orientación con el sujeto que percibe. La representación de un punto luminoso único ya contiene estos dos factores, puesto que debe¬ mos representarnos el punto en un ambiente cualqui¬ era del espacio y en cierta relación de dirección y de distancia respecto de nosotros. Asimismo, estos facto¬ res sólo pueden separarse unos de otros mediante una abstracción arbitraria, nunca, empero, en la realidad, porque, por la relación en que determinado punto del espacio se encuentra con su ambiente, se encuentra también normalmente determinada su relación con el sujeto percipiente. De esta dependencia deriva igual¬ mente que el análisis de las representaciones visuales parta oportunamente del primero de los dos citados factores, y, precisamente de la orientación recíproca de los elementos de un agregado representativo, para venir luego á considerar el segundo factor, la orien¬ tación de la formación con el sujeto que percibe.

<a. Orientación recíproca de los elementos de una representación visual.

15. En la percepción de la relación recíproca de los elementos de una representación visual, las pro¬ piedades del sentido del tacto se repiten por completo, sólo que de modo más perfecto y con algunas modifi-

caciones importantes en las representaciones visuales. También aquí, con una impresión todo lo simple posi¬ ble, casi puntiforme, asociamos directamente la re¬ presentación de un lugar en el espacio perteneciente á ella, y, sin embargo, le asignamos una relación deter¬ minada de posición á las partes del espacio que la cir¬ cundan; sólo que esta localización no se verifica, como en el sentido del tacto, por la inmediata referencia al punto correspondiente del mismo órgano, sino que transportamos la impresión al campo visual, situado fuera del sujeto percipiente, á cualquiera distancia. Además, aquí también, como en el sentido del tacto, se da una medida para la exactitud de la localización por la distancia á que dos impresiones cuasi puntiformes pueden ser todavía espacialmente distinguibles; sólo que aquí también esta distancia no se da directa¬ mente como una magnitud lineal menáurable sobre la superficie misma del sentido, sino como el intervalo más pequeño perceptible entre dos puntos del campo visual. Ahora bien; pudiendo pensarse el campo visual á una distancia cualquiera del observador, no se em¬ plea una magnitud lineal para la medida de la agude¬ za de localización, sino una magnitud de ángulo, y, precisamente, del ángulo formado por las líneas tira¬ das de los puntos desde el campo visual á los puntos de la imagen de la retina á través del punto nodal del ojo. Este ángulo visual permanece constante mientras la magnitud de la imagen de la retina no se altere, en tanto que la distancia correspectiva de los puntos en el campo visual crece proporcionalmente á la distan¬ cia del campo visual del sujeto. Si, en lugar del ángu¬ lo visual se quiere introducir una distancia lineal á él equivalente, solamente puede servir á este propósito el diámetro de la imagen de la retina, el cual resulta

directamente de la magnitud del ángulo visual y de la distancia de la superficie de la retina del punto nodal •óptico.

16. La medida de la agudeza de localización del ojo obtenida en conformidad á este principio, presenta, análogamente á los resultados conseguidos en las di¬ versas partes del órgano táctil, dentro de las diversas partes del campo visual, valores bastante irregulares. Sólo que aquí los valores espaciales correspondientes á la mínima distancia perceptible, son inmensamente más pequeños; además, mientras que en el órgano de tacto se hallan distribuidas muchas partes dotadas de una fina capacidad de distinción, en el campo visual existe una sola región igualmente dotada de semejan¬ te finísima aptitud, el punto central visual correspon¬ diente al centro de la retina; desde este punto, hacia las partes laterales, decrece con mucha rapidez la agudeza de localización. El campo visual completo ó la superficie total de la retina, se produce, pues, de modo análogo á una región especial táctil; por ejem¬ plo, la del dedo índice; pero la supera especialmente en las partes centrales de modo verdaderamente ex¬ traordinario en la agudeza de localización. En efecto; aquí dos impresiones, que obran bajo un ángulo vi¬ sual de 60-90 segundos, se hallan todavía en el punto de ser distintos, mientras que para 2,5° lateralmente al centro de la retina, la más pequeña diferencia per • ceptible sube ya á 3^S0" y para 8.°, lateralmente, cre¬ ce hasta cerca de l.°

Puesto que en la vista normal de aquellos objetos de los cuales creemos tener representaciones especia¬ les más exactas, disponemos el ojo de modo que aque¬ llos se encuentren en medio del campo visual y sus imágenes en el centro de la retina, decimos que tales

objetos están vistos directamente y decimos que están vistos indirectamente todos aquellos que se encuentran en partes excéntricas del campo visual. Al punto me¬ dio de la región de la vista directa se llama 'punto de visión ó punto de fjación; la línea adjunta al cen¬ tro de la retina y el centro del campo visual linea de visión.

Si se calcula la distancia lineal que corresponde en la retina al ángulo visual más pequeño en que pueden percibirse como distintos dos puntos en el centro del campo visual se tiene una magnitud de á .®/iooo milímetros. Esta magnitud, que corresponde casi al diámetro de un cono retínico y siendo en el centro de la retina los conos tan fijos que se tocan entre sí, sí¬ guese de esto que dos impresiones lumínicas debén siempre caer sobre dos elementos diversos de la retina para que puedan ser espacialmente distintos. En efec¬ to;, con esto concuerda el hecho de que, en las partes laterales de la retina, las dos formas hasta aquí exis¬ tentes de elementos sensibles se encuentren separadas por mayores instersticios. Se puede, pues, admitir que la agudeza visual ó la capacidad para la distinción es¬ pacial en el campo visual de puntos distintos, depen¬ da directamente de la disposición compacta de los ele¬ mentos retínicos, pudiendo siempre ser dos impresio¬ nes espacialmente distintas si hieren á dos elementos diversos.

16 a. D& esía relación reciproca entre la agudeza visual y lo> distribución de los elementos de la retina, se ha concluido por muchos que á cada elemento pertenece la propiedad originaria de localizar el estimulo lumi" nosofpor el cual es herido en la parte del espacio co¬ rrespondiente á su proyección en el campo visual; y de este modo se ha referido la propiedad que tiene el sen^

Udo de la vista de colocar los objetos en un campo vi' sual externo, situado á cualquier distancia del sujeto, á una energía innata de los elementos de la retina ó de los elementos centrales que los representan en el centro visual del cerebro. Existen ciertas alteraciones patoló¬ gicas de la vista, que parecen al primer aspecto confir¬ mar estas conclusiones. Si, á seguida de- procesos infla¬ matorios bajo la retina, ésta llega á colocarse fuera de su posición normal, nacen contorsiones de las imágenes las llaimadas metamorfopsías, cuya magnitud y direc¬ ción se pueden explicar perfectamente, admitiendo que los elementos de la retina continúan localizando las im¬ presiones como si se encontraran todavía en suposición normal primitiva. Pero estas imágenes torcidas, en tan¬ to que, como en la mayor parte de los casos, se trata de fenómenos que varían continuamente por la lenta forma ción ó desaparición de las secreciones, no demuestran por completo una energía innata de localización en la retina, como, por otra parte, la percepción de imágenes torci das á través de lentes prismáticos no permitirían nunca llegar á semejante conclusión. Si, por él contrario, se ha llegado poco á poco á un estado estacionario, las meta¬ morfopsías desaparecen, y esto parece acontecer, no sólo en los casos en que se puede admitir un perfecto retorno de los elementos de la retina á su posición pri¬ mitiva, sino también en aquéllos en que esto es absolu¬ tamente absurdo en razón de la extensión de los proce¬ sos. En estos últimos casos se debe, con todo, admitir la constitución de una nueva relación de los elementos es¬ peciales con los puntos correspondientes del campo vi- *uál (1). Esta conclusión encuentra una confirmación

análogo á esta desaparición gradual de la sia. se ha observado en lo que respecta á la visión

cuando se observa en ojos normales la adaptación gra~ dual á imágenes contrahechas, producidas por auxilia^ res ópticos exteriores. Si se coloca delante de los ojos una lente prismática, se producen generalmente extrañas y turbulentas contorsiones de imágenes, pareciendo do¬ blados los contornos derechos, y de ohi controhechas las formas de los objetos. Estas contorsiones desaparecen poco á poco por completo, cuando se continúa llevando la lente; pero pueden comparecer en sentido opuesto, si se abandona la lente. Todos estos fenómenos se expli¬ can únicamente, suponiendo que, también en el sentido de la vista, la localización espacial no es completa¬ mente originaria, sino adquirida.

17. Asimismo, con las sensaciones de la retina, participan otros elementos psíquicos del orden reci¬ proco espacial de las impresiones luminosas. Las pro¬ piedades fisiológicas del órgano de la vista nos vuel¬ ven, ante todo, á las sensaciones que acompañan á los movimientos del ojo.

Estos movimientos, en la medida de las extensiones en el campo visual, desempeñan, en efecto, el mismo oficio que los movimientos táctiles para la medida de las impresiones del tacto, con la única diferencia de que también aquí los procesos algo toscos del órgano del tacto se repiten en forma más fina y perfecta. Pudiendo el ojo moverse en todas las direcciones en de¬ rredor á su punto medio, mediante un sistema de seis

binocular, en la lenta y gradual acoriiodación del estravismo. Pueáto que en el estravismo incipiente ya no coinciden los puntos de visión de los ojos, en el campo visual se forman imᬠgenes dobles de los objetos. Estas pueden, empero, desaparecer poco á poco si aquellas condiciones llegan á ser estacionarias, porque se col ^can en otra disposición los elementos de la retina en el ojo tuerto.

músculos oportunamente dispuestos, igualmente siem¬ pre orientado respecto de la cabeza, se halla, en gra¬ do máximo, adaptado para recorrer con continuidad los contornos de los objetos, ó para pasar por el ca¬ mino más corto de un punto dado de fijación á otro^ Además, á causa de la disposición de los músculos, son preferidos sobre los otros movimientos en aquellas di¬ recciones que corresponden á las posiciones de los ob¬ jetos considerados con más frecuencia y más exacta¬ mente, esto es, los movimientos hacia abajo y hacia adentro. Además, estando los movimientos de los dos ojos, á causa de la sinergia de su inervación, concor¬ dados entre sí de tal manera que las líneas visuales en el estado normal están siempre fijas en el mismo pun¬ to, se hace de este modo posible una cooperación de ambos ojos, la cual no sólo permite abarcar de modo bastante exacto las relaciones de posición que los ob¬ jetos tienen entre si, sino que también más especial¬ mente ofrece el medio esencialísimo para la determi¬ nación de las relaciones espaciales que los objetos tie¬ nen con el sujeto.

18. En efecto; los fenómenos de la visión enseñan que como la distinción de puntos separados en el cam¬ po visual depende de lo compacto de los elementos de la retina, la representación de la distancia recíproca de dos puntos depende del esfuerzo del movimiento del ojo empleado en recorrer esta distancia. Este es¬ fuerzo se da á conocer como un elemento representa¬ tivo, porque se halla ligado con una sensación de ten¬ sión que podemos percibir tanto en movimientos de larga extensión como al comparar movimientos ocu¬ lares de diversa dirección. Por ejemplo, en igualdad de magnitud, los movimientos de los ojos hacia arriba están acompañados de sensaciones más intensas que

los movimientos hacia abajo, precisamente lo mismo que los movimientos hacia afuera de un ojo respecto de los movimientos hacia dentro.

La influencia de estas sensaciones táctiles internas aparece evidentísima en que la localización, á conse¬ cuencia de parálisis parciales de los músculos particu¬ lares del ojo, sufre alteraciones que corresponden per¬ fectamente á las que se verifican á causa de la parᬠlisis en el esfuerzo del movimiento del ojo. El principio general de estas perturbaciones es el siguiente: la dis¬ tancia de dos puntos aparece aumentada tan pronto como se encuentre en la dirección del movimiento que ha llegado á ser difícil. A este movimiento correspon¬ de una sensación de tensión más fuerte que, en condi¬ ciones normales, acompañaría á un movimiento más extenso; de consiguiente, la extensión recorrida parece mayor, y puesto que la apreciación de las extensiones, hecha en conformidad al jmovimiento, reobran sobre los impulsos al movimiento del ojo en reposo, la mis¬ ma ilusión se produce también en lo que respecta á la extensión que falta que recorrer en la misma [dirección.

19. Asimismo, un ojo normal puede presentar los mismos errores en la medida de las distancias. Aun cuando el aparato muscular del ojo se halle de tal modo adaptado que tengan que ejecutarse los movi¬ mientos en las direcciones más diversas, con esfuerzo casi igual, todavía esto no se encuentra, en realidad, de modo completo; evidentemente, por motivos que se conexionan íntimamente con la adaptación del órgano de la vista á sus funciones. Puesto que, con la mayor frecuencia, observamos, entre los objetos del espacio circunstante, los que son más cercanos y sobre los cua¬ les debemos de un modo convergente fijar las líneas visuales, los músculos del ojo han adoptado una dis-