Conferencias filosóficas: Psicología (segunda serie) · Unidad 100 de 204
Unidad 100 · 234 CONPERfiNCIAS FILOSÓFICAS
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rar ante nuestra vista. A los pocos momentos sólo veremos un círculo uniformemente gris. Es indudable que los segmentos blancos y negros van afectando sucesivamente mi retina; y es indudable que sus sensaciones correspondientes se funden en una sensación única de color gris, y en una percepción extensa de círculo de ese color. No es posible negar, por tanto, que sensaciones seriales se funden en sensaciones coexistentes. Atrora bien, si consideramos que ciertas diferencias de intensidad se suceden de un modo uniforme tanto en un sentido como en el inverso, y que otras se suceden por lo general en una sola dirección; sin que éste sea un carácter decisivo como lo han pretendido Herbert Spencer y Bain, es un carácter importante que, unido con las diferencias cualitativas que parecen existir en las terminaciones periféricas de ios nervios (signos locales de Wundt), nos hace entrever algo de como puede verificarse esa síntesis. Sobre todo, no se olvide que el proceso de transformación tiene todos los caracteres de la certeza; la dificultad está en encontrar la característica á que se debe que ciertas series sucesivas se me presentan instantáneamente como extensas, y otras no. Como observación, todavía aislada, conviene advertir que los sentidos que nos dan directamente la noción de espacio, son ampliamente auxiliados por el muscular.
Pero si estoy conforme con la teoría genética ó empírica que hace derivada la noción de espacio, no lo estoy con los psicólogos que pretenden que la percepción de las superficies es uri momento distinto de la percepción de la solidez; es decir, que el espíritu empieza por disponer el objeto en un espacio de dos dimensiones, antes de proyectarlo en un espacio de tres.. Esta opinión no se apoya en ninguna experiencia decisiva; y desde el punto de vista psicológico aparece desnuda de fundamento. Recordemos nuestro análisis de la visión. En la percepción de un plano va implícita la percepción de la distancia, porque unas partes del plano distan más del individuo que lo vé, que otras; el ojo tiene que moverse ya vertical, ya horizontalmente. Teniendo la distancia, tenemos la profundidad;
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porque úesde el momento en que proyectamos los objetos* sobre «n plano, unos están mas distantes que otros^ y basta cambiar la posición del plano ó del objeto para que la extensión superficial se convierta, en profundidad. Pudiera alegarse que la percepción de esta última no depende de los movimientns del globo del ojo, como la primera, sino del ajustamiento focal, es decir, de movimientos del músculo ciliar; lo cual demuestra que son operaciones distintas. Es cierto; pero obsérvese que si prolongamos un plano horizontalmente, á poco será necesario, para seguirlo con la vista, que se modifique la convexidad del cristalino. Es decir que todo es relativo en la percepción de las dimensiones, y, faltando las pruebas experimentales, no * hay razón para creer que la de superficie preceda á la de profundidad. .
Objetivado y localizado el objeto de la percepción, áün nos falta reconocer en ésta, otra operación no menos constante é importante. No nos^limitamos á sentir algo distinto de nuestro yo, ni á considerarlo á cierta distancia de nuestro cuerpo, sino que, por una serie de actos psíquicos rapidísimos, reconocemos y distinguimos los diversos modos con que afecta nuestro sensorio, los cuales son sus cualidades, y los fundimos en un todo cuya individualidad nos aparece perfecta. Bien analizada esta operación resume y contiene todas las fases de la actividad intelectual; y nos demuestra una vez más la indisoluble unión de todos los estados que estudiamos separadamente. Distinguimos é identificamos, es decir que comparamos y concluimos, y el resultado es una verdadera clasificación involuntaria y espontánea, que nos da determinado el objeto presente; pero todo esto supone sensaciones y percepciones anteriores de que tenemos noticia en el momento actual, por un proceso que no conocemos, pero que no es menos cierto. Es decir que la más simple percepción tiene que conmover y poner en vibración todo el sensorio, todo el intelecto.
De aquí resulta que, cuanto mayor sea el número de sensaciones que se funden para darnos noticias del objeto
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percibido, mayor s^rá su (JeHínita,eié» en el <msitf)o ^ feat concieDjcia, más ma m, iudividuaUdad; eu Qtr<ís,t^rmio^, lo distiifcguiremos mejor <ie todo to que ao. es éjw No nos afectará sólo como un objeto resistente, de cierta extensión. y forma, capaz de ciertoss movimientos, sino que sabrejaios que su superficie es blanda ó dura y rugosa, que exhala un olor especial, al cual corresponde un gusto de cierta naturaleza, que presenta determinado color ó colores, y que produce por percusión un sonido constante, etc.; podemos saber que es susceptible de ser dividido en. partes homogéneas ó heterogéneas, que puede pasar por cambios de temperatura, qué mezclado con otros cueipos sufre tales ó cuales transformaciones, que en contacto con nuestro organismo nos comunica sacudidas de cierto género, etc. De modo que, desde las sensaciones más simples y constantes hasta las más complicadas y fugaces, todas pueden concurrir á formar la percepción del objeto^ y éste será tanto mejor percibido, cuanto mayor sea el número de sensaciones que en el acto nos afecten.
No es necesario, nuestra experiencia cotidiana nos lo^^ enseña, que todas concurran para que tengamos la percepción; pero ésta será tanto más distinta cuanto más informes recoja. Generalmente las sensaciones más constantes bastan, y estas sugieren las restantes; sugestióa que puede ser errónea. De aquí ha venido la clasificacóa que, de Locke acá, ha hecho la generalidad de los psicólogos con respeto á las que llamamos cualidades de lo& cuerpos. Consideran como cualidades primeras todas la& que se derivan de la extensión, como la forma, el tamaño^ la posición, etc.; y las restantes, como i secundarias. Otros establecen una clase intermedia.
Esta división me parece artificial. Lo importante es considerar que hay una sensación que sirve de base y sustento á todas las otras; aquella que por el hecho mismo de la conformación de nuestro organismo existe continuadamente, sin que varíe sino de intensidad, la sensación de resistencia. Esta nos revela á la par la continuidad del sujeto y su distinción del objeto; cualitativamente es una,
sólo «e ' dtótmgue ínt^^v«íí€Et^. Time pc^ fia^síá ^qne f?ev€!lárfeeiioá eñ éi lóhdo dé l^a nuegtra vida psíquica, dando testiliKíitóio d€ la presencia dd objeto; dé a^í qcre, cuando nt) éí5 'presentada dir^eetamente, es sugerida, como en la Vimófe de los objetos dictantes, y de aquí qiíe sea el atrfbüto constante y permanente de la materia. Materia quiere decir para nosotros, resistencia; lo no resistente, es lo inmaterial; nuestras estados de conciencia desde el punto de vista subjetivo. Y adviértase que aun aquí el atributo esencial, la continuidad, el tiempo, se deriva en cierto modo de esa sensación primaria. Cuando queremos considerar el tiempo en absoluto, nos lo representamos como una sensación idéntica qué se prolonga con variaciones de sola intensidad. La intervención de movimientos apreciables de nuestros órganos en las sensaciones táctiles y visuales, correspondientes á la percepción de espacio, dan á la extensión un caiácter más restricto, si bien muy general; ya le ponen límites; de aquí que la forma y el tamaño sean susceptibles de una variedad que no concebimos en la resistencia; las cualidades de la extensión son, pues, muy constantes y permanentes, pero varían mucho más que las primeras, y si de estas pasamos á las secun^^ darias vemos que, á medida que van multiplicándose sus manifestaciones, van siendo más instables los datos que presentan á la conciencia. Es decir que, cuanto más rico es un sentido, más fugitivas son las impresiones que nos deja; y ésto nos explica la necesidad de acudir á las sensaciones más fácilmente recognoscibles para los informes primeros y más constantes. Hay, pues, una escala en las cualidades de los objetos, pero que depende de la disposición de nuestros sentidos.
Con esto me parece que elacto de la percepción queda suficientemente explicado: reconoce instantáneamente eñ el objeto todas las cualidades que se agrupan en torno de las fundamentales para individualizarlo; en otros términos, funde todas las sensaciones diversas en un estado de conciencia único, que es la presentación del objeto.
Es claro que el acto de la percepción puede ser más ó