Cuadros de costumbres · Capítulo real 8 de 8
CAPITULO V
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 9 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO V.
Al tercer dia, que sin moverse de la cabecera de su hijo, pasaba María entre la agonía del temor y los consuelos de la esperanza, sin que sus ojos se cerrasen ni hicieran otra cosa que verter lágrimas, sin que sus labios se abriesen para otra cosa que para orar, salió el paciente de su letargo, y dio señales de vida; esto es, suspiró é hizo algún movimiento.
Bernardo habia pronunciado algunas palabras, su madre se inclinó hacia él, prestó el oido, y pudo distinguir las siguientes:
Allí salió una mujer Que Verónica la llaman, Con un paño que traia.... —¡Tu relación, Verónica, esclamó María, aquella que decias cuando eras pequeña! Retrocede, hijo de mi alma, añadió dirigiendo sus palabras al enfermo,, retrocede al tienpo de tu inocencia. ¡No lo creas ¡m~
Eosible y por eso te desanimes, hijo de mis entrañas! 1 arrepentimiento y la enmienda nos abren nueva Tida; y el padre sienta al hijo pródigo que lo implóla, á la cabecera de su mesa. Así lo ha dicho el mis-
EL ULTIMO CONSUELO. 185'
mo Dios hecho hombre, brindándonos el perdón, que á tan poca costa podemos adquirir, pues
Al que llorando, á Dios suspira y pide, Siempre le acoge, y nunca le despide.
— ¿Quién me habla de Dios? dijo el paciente abriendo los ojos y fijándolos en María. Mi madre; ¡quién habia de ser sino mi madre!
— Es mi obligación, hijo de mi alma.
— ¡No me digáis hijo! esclamó Bernardo.
—¿Y por qué no, ingrato?
— ¡Porque no merezco serlo!
Diciendo estas palabras el enfermo, prorumpió en un amargo llanto, y tuvo una fuerte congoja.
La debilidad, dijo el cirujano, que entraba ei* aquel momento.
— ¡Dios, que por la intercesión de su santa Madre^ abogada de todas las madres, le toca en el corazón, esclamó María entre sus lágrimas de gozo. ¡Puesqué^ Señor! ¿solo el cuerpo influye en nosotros?
— Un poco de vino, mandó el cirujano.
— ¡No, no, esclamó Bernardo, no quiero volverá probarle en mi vida!
María cruzó sus manos con exaltada gratitud y alzando sus ojos al cielo: Antonio, dijo, desde la mansión de los justos bendice átu hijo, y retira el terrible fallo que te infundieron tus temores.
— Vamos allá, dijo riéndose el cirujano al paciente^ todo Enero es buen alcalde. No vuelvas á beber vino cuando estés restablecido; me parece bien; pero ahora toma este poco, que te lo mando yo por medicina. En seguida que tome una taza de caldo, y que no se le hable, ni se le consienta hablar. ¿No se lo dije á V., tía María, añadió el cirujano al despedirse, no le dije á V., que á pesar de la gravedad de la herida,, sanaría? Mala yerba nunca muere.
María suspiró al volver á recomendar el cirujano*
Sueno se hablase al enfermo, conociendo que per* ja los mejores momentos para atraer á su hijo al bien y á la religión de que únicamente aquel dimana*..
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|obre lodo en el pueblo, para el que no han podido hallar odos los filósofos ; antiguos ni modernos otro código de mora que comprenda, que le mueva, que e convenza, que le simpatice, ni que le hable a alma v a corazón cual éste; lo que aun, faltando la revelación probana su origen divino.
Algunos días después ya se hallaba Bernardo en plena convalecencia.
•„r£°Kn que' hljo mio> Ie decia una mañana María, ¿no beberás ya mas vino? '
eosís 1nnV¡laide .DÍ0,S' madr?' que mas de cuatro tíat (í) ech0 yo> S111° ei empanero que
^TÍ.0.86'.1^0' lo,sé'* P°rclue sé también que tú no
todas h°;n¿rCedadi ? Yiü0> las malas empañas! «n h ^{fM^1^112^ del enemigo.... Ya confiaba yo
í»lLy g ' h que tant0 vale con el q»e tanto puede; y para que tú te cerciores de este valimiento y cobres buen ánimo y confianza de que DiostTba de fn ejemplo.arrepeiUl,Í0 Se lo Pides> te voy acontar
OTeuSünV^ unaP°bre/iuda, que no tenía mas En, Tn' J Cra e5te un fac¡neroso de los mas so- "7',La P,obre madre se moría de pena, y no comía
¡ri£? Ndetpan W0 eStUVÍese ™PaPado de láfoñSn ,?• ten'a la des? raciada mas ref«g¡o, mas S lo> ni mas esperanza, sino en sus oraciones ala
« l!v ',P.araqr^ se aP'adase de aquel perdido sin fé
Pastor' yFnf^,V,fSeatra,er &]^nl° redil del Buen v?H ,l'e En-treian ° .aq»el perdido seguia en su mala
dé m,P n7end°-Jn,qU,d,ades' hasta íue Ile§ó el «so de que, perseguido por la justicia, no hallaba alber-
¿ejnnfe hospedarse, ni guarida en que refugiarse. JSÍ' Pues> sm saber donde esconderse, se interno por esos andurriales de Dios, y llegó á un yer-
<1) El vino.
EL ÚLTIMO CONSUELO. 187
mo solitario en que habia una capilla. Como estaba rendido de cansancio y fatigado por el calor, entróse en ella para descansar. Apoyóse en una columna y levantó la vista hacia el altar," sobre en que se veia una hermosa imagen de bulto de la Señora con el niño en brazos. Mirábala el facineroso, apartaba la vista y la volvió á mirar. Al verla con el niño en brazos, se acordaba de su madre, y una angustia amarga fué creciendo y subiendo mas y mas en su corazón, como la marea del mar. ¡Queriá sacudirse y no podia; quería irse y se volvia!.... porque aquella Señora le miraba á él con tantadulzura y tanta compasión, que parecía rogarle que no se fuese, hasta que brotando copiosas lágrimas desús ojos, y doblándose sus rodillas, cayó postrado esclamando: ¡Misericordia, Madre mia, misericordia!
Al verle postrado y derramando lágrimas, la Virgen le dijo al niño: Hijo mió, perdona á este pecador arrepentido. Pero Jesús respondió: No puede ser; sus maldades superan toda clemencia.
El malhechor que esto oía, se golpeaba el pecho, sollozaba y esclamaba: ¡Madre de Desamparados, mírame desamparado de Dios y de los hombres por mis maldades! No me desampares tú también, refugio de
Fiecadores; así me enseñó mi madre á llamarte; aquela madre que tanto confiaba en tu intercesión.
— ¡Hijo, tornó á decir la Virgen, por su madre que fué tan devota mia, por sus lágrimas, y por la preciosa sangre que derramaste para redimir el pecador.... redime al que á tus pies ves postrado.
El infeliz pecador al oir esto, se echó al suelo golpeándose su frente contra las losas del pavimento y gritando: ¡Madre mia! ¡Madre mia! ¿me he de condenar? ¿serán para siempre cerradas las puertas del cielo al que aunque tarde, abre los ojos á la luz y detesta sus culpas?
— 9i|8, ¿desde cuándo eres sordo á la voz del arrepentimiento? dijo la Virgen, ¿qué mas que otro ha he- <eho este pecador?
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— Se ha emancipado en su soberbia de su Dios..
—Ahora se le humilla, y le adora postrado.
— Ha profanado mi templo.
—Ahora le consagra y purifica con sus lágrimas.
—Ha causado grave escándalo y mal ejemplo.
— Ahora edificará con su conversión.
— Ha sido mal hijo.
—Su madre le ha perdonado.
— Sus crímenes son muchos.
— Mas son sus lágrimas de contrición.
Y bajándose la Señora del altar, puso sobre él á su Hijo que tenia en brazos, se hincó de rodillas, y le dijo:
— ¡Hijo, aquí postrada te pido la gracia de este pecador!
— ¿Qué hacéis? ¿qué hacéis, Madre mia? dijo el Niño, alzando á la Señora. ¿Quién vio nunca á una Madre arrodillarse ante el Hijo que parió? Alzad, y séale perdonado á aquel que tanto en vuestra misericordia y valimiento confió.
Al oir esta misericordiosa sentencia el pecador, alzó los ojos, abrió enagenado los brazos, dio un grito de júbilo, y murió, porque su dolor fué tal, que le habia partiao el corazón en el pecho. Ya ves, hijov añadió María, que no hay caso en que esté proscrita la esperanza, ni negada ía misericordia al arrepentida contrito que muere cristiano.
—¡Lo que es tener una buena madre! dijo Bernardo.
— Y esa la tenemos todos en la Yírgen Santísima^ repuso María.
Pocos dias después, cuando iba convaleciendo decuerpo y alma, fué preso Bernardo y llevado ala. cárcel, pues aunque su contrario no habia muertor aparecía Bernardo, según las declaraciones, como eí; agresor.
¡Qué contraste, y qué escuela y ejemplo iba á te- ;aer aquel hombre naturalmente mal inclinado.
EL ÚLTIMO CONSUELO. 189
Renunciamos á pintar e) dolor de su infeliz madre.
CAPITULO VI.
Un año después estaba la desdichada madre casi ciega, destruida y enferma, pero paciente y sumisa oyendo á Verónica que le leia una carta escrita en papel fino y con buena letra. En el devastado semblante de aquella mujer, viva imagen del sufrimiento se veia una dulce espresion de consuelo, que si bien no brillaba en sus casi apagados ojos, posaba en suave sonrisa sobre sus labios.
— Siempre, hija mia, dijo la pobre madre, hay que dar gracias á Dios, que nunca hiere con dos manos. La herida que ebrio hizo mi hijo á Juan de Silva, que se creyó mortal, no lo ha sido, y Dios le sanó en su infinita misericordia. ¡Loado sea,' q_ue no tiene mi iiijo una muerte sobre su conciencia! Fué condenado el pobre por cuatro años al presidio de Melilla, y un buen alma consiguió que viniese al Trocadero, donde están los presidiarios trabajando; asi podemos ir á verle á menudo. Está el infeliz desesperado, por tener que estar cuatro años en presidio, y amenaza de continuo con que se fugará conforme se le presente la ocasión, sin atender á las razones que le doy, para facerle ver que eso seria peor, y que debe sufrir su condena con paciencia y resignación. Y mira tú ahora, como esa señora tan rica y tan principal queestuvo aquí este verano á los baños de mar, á la que tu mapire habló de mi desgracia, y que prometió que haría cuanto pudiese por aliviarla, ¡mira con qué eficacia y con qué caridad lo ha hecho! cómo ha hablado su sefioría á todos los gobiernos, ha escrito á Sevilla á los justos jueces, y cómo se toma el trabajo de escribirme ie su puño y letra, para consolarme y decirme qu&
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«n pocos meses cumplirá mi hijo su condena, que le ha sido acortada por ruegos y empeños que ha necho su mercé hasta llegar al regente, á quien ha espuesto que soy una pobre viuda, casi ciega y enferma, que no tiene quien la mantenga, ni mas amparo que ese solo hijo.
— ¡Ojálalo fuese! murmuró suspirando su sobrina.
— ¡Y que haya, prosiguió laescelente anciana, pobres díscolos de malas y desagradecidas entrañas^ que se pongan á murmurar de los ricos, sin mas razón que la de no serlo ellos! Estoy para mí, Verónica, que estos mismos que los motejan, si ricos fuesen, y los ricos pobres, los habían de tratar con harta mas soberbia y altanería, y con menos caridad que son tratados ellos. En particular las señoras, nunca, nunca desmayan cuando toman á su cargo una obra de caridad. Allá se lo hallarán, que Dios es buen pagador. El Señor le pague á esta bienhechora lo que ha hecho por mí, y le dé á ella y á todos los suyos salud para hacer muchas obras de caridad, y la gloria que es su recompensa.
— Bien se lo puede V. agradecer, dijo Verónica,, que gran favor ha alcanzado.
— Verdad es, repuso Maria. Pero hija mia, ¿no basta para castigo de lo que ha hecho, sin saber lo que se hacia, porque quien allí obraba no era él, como lo confesó, sino el compañero que llevaba.... no basta, digo, un año de grillete en aquellos pies, que tanto he besado cuando era chico y lo tenia en mis faldas? ¡Ay! qne no permanecieran siempre pequeños en sus cuerpos y ángeles en sus almas los hijos! ¡Crecen para penas! Verónica, continuó la buena madre, quisiera ir yo misma á llevarle esta carta á mi hijo.
— ¡Señora, repuso su sobrina, tan mala como habéis estado y estáis, con la debilidad que tenéis después de tantos días de no comer, cuando apenas os nodeis tener en pié, ¿queréis hacer esa caminata? ¿rsTo "veis que no puede ser?
— Sí, hija, sí! ¿No sabes que la alegría dá fuerzas?
EL ÚLTIMO CONSUELO. 191
Pero en fin, por si no pudiese llegar á pié, anda, hija mia, vé á ver si está en su casa Miguel Santos, el lanchero, y si en caridad de Dios me quiere llevar en su lancha.
Verónica se tocó el pañuelo, y fué á buscar al lanchero, con el que volvió al cabo de un rato para que entre los dos condujesen á su tia al embarcadero.
— Solamente por V., tia María, me movia yo hoy» He estado esta noche pescando con hachón y quena descansar. Además, tengo el ánimo perturbado, porque la noche ha sido de prueba; y puede V. creerme que el lance no ha sido para menos, y eso que nadie lo sabe sino quien lo pasa.
—¿Y qué le ha acontecido á V., señor? que la noche ha estado serena y apacible, como tengo yo hoy mi ánima, gracias á Dios y á las buenas almas, dijo María.
— Sabrá V., repuso el lanchero, como estando yo en mi lancha pescando en el caño del Trocadero, á eso de las doce de la noche oí hacia los centros de las Albinas un son tan lastimero que me se heló la sangre en las venas. Yo no acertaba en lo que podría ser aquel son: si era el aullido de un perro, si el graznido de algún ave dé la noche venida por esos mares de lejanas tierras, si el quejido de alguna criatura, 6 si el gemido de alguna alma en pena, porque la distancia de donde venia era grande, y si á mí llegaba era porque la noche estaba mas serena y mas callada que la muerte. Bien sabe todo el que conoce á Miguel Santos, que no es de los que vuelven la espalda cuando hay peligro, ni de los que se perturban por cosa Soca; pero puede V. creerme que el vello se me erizó e pies á cabeza, y me persigné como cristiano; porque tampoco soy de aquellos que no le temen ni á Dios ni al diablo". Así fué que me serené, y me puse á escuchar por si me podia cerciorar de lo que era aquel clamor. Pero entonces fué peor, porque poco á poco vine á caer en que era una voz de criatura que empezaba con los bríos del que llama y remataba con
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-el desconsuelo del que se queja. Lo grande era que lo oia siempre el mismo, á la misma distancia y hacia el mismo punto, sin variar, sin otro ruido alguno, como !a campana de la agonía.
Me discurrí si serian señales de contrabandistas, ^pero no; no podia equivocarse ¡aquel era uij gemido como no permita su Divina Magestad que vuelva yo á oir otro en mi vida! Cada vez que lo oia, me levantaba en peso como una sacudida. Ni podia pescar, ni podia parar, ni hacer otra cosa que encomendar aquel desgraciado á la clemencia de Dios, porque ya le he dicho á V. que estaba la noche mas negra qué la conciencia de Judas, y que aquel gemido sonaba muy leÍ*os de donde me hallaba yo, hacia las rabizas y los >arriales en que se hunden las criaturas, y por entre ios cuales solo puede andar de dia y con mucho cuidado el que conoce los sitios, pues en dando uno en un barrial, de Dios le venga el remedio.
El lanchero hizo una pausa, y levantó el cabello de -su frente, como si ésta le ardiese.
— Pero señor, dijo María llena de profundo interés "y compasión al escuchar el relato ¿V. ha averiguado ~lo que ha sido?
— Sí, señora, contestó el lanchero, que el alba con sus luces vino á confirmar lo que rato habia me estaba dando el corazón. Es de advertir que á medida que -pasaron las horas se fueron debilitando y estinguiendo los clamores, pero como yo no habia perdido el norte, me desembarqué, y conio pude me encaminé Mcia allá, porque conozco las albinas y marismas como las palmas de mis manos. Loque rne presumí habia sucedido: un infeliz, ó ignorante del peligro, ó mas temerario que el vino, habia venido á dar en -Tina rabiza y- se habia hundido, poco á poco pero sin descontinuar, en su sepultura. Toda la noche habia durado ese entierro de un vivo, y el barrial se lo ha- "bia tragado sin dejar mas que un brazo que el desdichado habia levantado como para señalar su sepul- 4ura.
EL ÚLTIMO CONSUELO. 193
— ¡Jesús, Jesús, qué desgracia! esclamaron á un tiempo Verónica y su tia, ¿y quién será ese infeliz?
— No puede ser, repuso el lanchero, sino uno de los presidiarios que han traido al Trocadero, que habrá querido escaparse esta noche.
Entró en este instante un encargado del presidio. — Vengo, dijo ásperamente, á registrar la casa.
—Señor.... ¿por qué? preguntó sobresaltada María.
—Porque su hijo de V. se ha fugado esta noche. María dio un agudo grito, abriendo las manos, estendiendo hacia adelante sus brazos, como si quisiera apartar de sí una espantosa convicción.
— ¿Qué tiene? preguntó el encargado ¿qué es esto?
— Es, respondió el lanchero, que el que se fugó erró la senaa, dio en un barrial y se ha enterrado vivo.
— ¿Lo sabéis de cierto?
— Estuve, puede decirse, presente, respondió el lanchero, sin tener ni haber medios humanos de remediar la desgracia. Id á la albina, y si no se lo ha tragado ya la tierra, veréis un brazo que dice: aquí yace un cristiano.
El encargado salió.
María, que habia enmudecido un momento como anonadada por la fuerza del golpe, se levantó bruscamente con la energía de la desesperación.
' — ¡Hijo, hijo mió! gritó; ¡hijo de mi vida, hijo de mi alma, hijo de mis entrañas! ¡hijo! ¡hijo! ¡qué habrá sufrido, María Santísima! ¡qué desamparo, qué desconsuelo! ¡Morir sin ausilio divino ni humano! ¡Y yo que te parí, dormía! ¡Y yo que soy tu madre $0 te prestaba ausilio! ¡Ay Dios del cielo! ¡Dios del cielo! ¡Qué bien lo dijo su padre: mal fin ha de tener! ¡ Ay, ay! qué los fallos de los padres son profecías! ¡Ay, ay! que el dolor me ahoga! ¡que el dolor me mata! ¡Qué dolor! ¡qué dolor! ¡Ay de mí, madre infeliz! ¡Ay hijo desventurado, Dios líos ha desamparado á ambos!
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— ¡Tia, tia! esclamó Verónica entre sus lagrimase Dios no desampara á nadie.
—¡Pues que me ampare! gritó en ahogada voz la infeliz madre.
— Decid antes como hija sumisa: cúmplase su voluntad; dijo sollozando la religiosa Verónica.
—¡Cúmplase! repitió cruzando con un temblor convulsivo sus manos la desesperada madre, y si cual el hijo de mi alma he de morir sin consuelo.... ¡cúmplase! ¡cúmplase!
— Uno os queda, dijo en voz grave y conmovida t\ lanchero.
—¿A mí? no lo hay para mí, gimió María.
— ¿Y no lo seria, dijo el lanchero, la seguridad de que hubiese muerto como cristiano?
— ¡Ah, si esa la tuviese yo!... ¡Si la Virgen Santa, hubiese oido la petición de toda mi vida, aesde que madre soy!
— Pues podéis tenerla, dijo el lanchero.
— ¿Qué, qué? ¿qué la puedo tener? murmuró la madre con una emoción que ahogaba la voz en su garganta. ¿Quién me lo asegura?
—-Yo, que sé su último pensamiento, dijo el lanchero.
— ¿Lo sabéis? Pero .... ¿cómo lo sabéis? ¡Decidlo,, por Dios, decidlo!....
— Porque lo manifiesta la cruz aue con sus dedos* tenia formada, y que cruzados quedaron después de muertos, y alzados sobre su sepultura para atestiguar que murió como cristiano, esto es, arrepentido de sus* culpas, creyendo, amando y esperando en Dios.
La ferviente cristiana cayó de rodillas, cruzó sus manos y esclamó:
— ¡Glorificado sea Dios! ¡Y bendita Tú, madre de. misericordia, que oíste mi ruego y alcanzaste que se cumpliera; pues la muerte de mi hijo ha sido la de un cristiano! ¿Bendita sea la Providencia de Dios, que me ha enviado mi ultimo consuilo!
EL ULTIMO CONSUELO. 19*
La pobre madre cayó hacia adelante con el rostro en tierra. Cuando la levantaron era cadáver.
Su débil vida, mortalmente lastimada por el golpe cruel que habia recibido su corazón, y ala que solo sostenía la vehemente energía de su dolor, se habia estinguido cuando aquella cedió, al recibir su ultimí» consuelo.
|ndice
El autor á sus lectores. Simón Verde. . . • Mas honor que honores. El último consuelo. .
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Recitaciones del derecho civil romano, de Juan Heinedo; sexta? edición, revisada y aumentada con notas, sobre eí derecho romano español, por D. Luis Collantes y Bustamente., Dos tomos, 28 rs. en Valencia y 30 fuera.
Jerusalem libertada, por Tasso, poema en 20 cantos. Dos tomos con 16 láminas, 14 rs. en Valencia y 16 fuera.
ARÓLAS. — 3Ianualdel estilo epistolar ó modelo de cartas: décima edición, aumentada con el lenguaje de las flores. Uov tomo, 4 rs. en Valencia y 5 fuera.
FORNÉS. — Manual de albañileria, ú observaciones sobre la práctica del arte de edificar. Un tomo con 18 láminas , 8 rs^ en Valencia y 10 fuera.
ARÓLAS. — Poesías caballerescas y orientales, quinta edición,.
aumentada con la corona fúnebre del autor. Un tomo, lfc
LE ROY. — La medicina curativa ó la purgacion7 décima sexta
edición, aumentada con una colección de fórmulas de
cosméticos y perfumes. Un tomo, 10 rs. en Valencia y 1%
fuera. QUINTÍN BAS. — Nuevos principios de taquigrafía española. V&
tomo en 8.*, ilustrado con una lámina al final para su mas fácil inteligencia, 4 rs. en Valencia y 5 fuera.
HIPÓCRATES. — Aforismos enlatin y castellano, con notas para su mas fácil inteligencia. Un tomo, 4 rs. en Valencia y » fuera*
BALZAC. — Memorias de dos jóvenes recien casadas, (En prensa segunda edición.) Un tomo, 4 rs.
1&ALZAC. — Pequeñas miserias de la vida conyugal, ó continuación de los estudios analíticos del matrimonio, un tomo, 8
^ALZAC. — El contrato de matrimonio y la Bolsa. Un tomo, 8
1SCRIG. — Diccionario valenciano castellano. Un tomo en 4.a de 900 páginas, 50 rs. en Valencia y 34 fuera.
BOADA Y BALMES. — Emilio Castelar, ó refutación de las teorías de este orador y de los errores del credo democrático republicano. Un tomo en 4.°, 16 rs.
Joya del cazador; compendio de medicina veterinaria especial, que trata de las enfermedades de los perros. Un lomo, 16.° 2rs.
Manual completo para hacer toda clase de tintas de lustre, común de escribir, perpetua, doble, indeleble en tabletas, de viaje, tintas de colores para marcar, para escribir en madera y mármol, para imprenta y litografía, para relieves autógrafos, para dibujo y retoque, de trasporte, «bina, simpáticas, etc. Construcción de lápices de dibujo y litografía, recetas para limpiar toda clase de escritos seguido de un apéndice de barnices y charoles. Segunda edición, un tomo, 4 rs. en Valencia y 5 fuera.
Mi Diamante del artista ó el libro de los inventos modernos: recopilación de lo nuevo que se ha inventado en Alemania, Francia é Inglaterra ó en el estranjero para todas las artes, secretos para el pintor, carpintero, herrero, tallista, es-*
cultor, platero, etc.; recelas para que las damas puedan confeccionar todo lo concerniente al tocador, como aceites, tintas, vinagrillos, etc. Traducción de D. José Barthelemy Álemany, segunda edición. Un tomo, 4 rs. en Valencia y 5 fuera.
RICHARD. — El Mago de los salones ó el diablo color de rosa: nueva colección de juegos de escamoteo, de física y química recreativa, naipes, magia blanca, etc.; segunda edición. Un tomo con 211 grabados intercalados en el texto, 12 rs. en Yalencia y 14 fuera.
POUSIN. — Curso completo de prestidig ilación ó la hechicería antigua y moderna esplicada. Un tomo de S00 páginas con grabados, 16 rs. en Yalencia y 18 fuera.
HOBERT HOUDIN. — Los secretos de la prestidigitacion y de la magia. Cómo se ha*c uno brujo. Esta es la primera traducción que de esta obra se hace al español por el inteligente aficionado al arte de la prestidigitacion D. Ricardo Palanca y Lita. Si el célebre nombre de Robert-Houdin no fuera una garantía inequívoca de la novedad y belleza de esta obra, convendría recordar que es el inventor de los juegos de La pesca milagrosa ó los peces de oro y del de Los anillos chinos, que figuran en sus páginas. Un lomo en 8.* mayor, ilustrado con 70 grabados, 10 rs. en Valencia y 12 fuera.
2APATER. — Fisiología del amor ó Guia de los amantes. Segunda edición, aumentada con el lenguaje de las flores. Un tomo en 16.°, 4 rs. en Valencia y 5 fuera.
JlRGrlMIRO BLAY. — Novísimo secretario de los amantes ó elcor~ reo del amor. Formulario de cartas amatorias, seguido del diccionario y el reloj de Flora. Segunda edición, aumentada con el lenguaje de las flores y del abanico. Ilustrada con una lámina al final del libro que contiene las figuras del lenguaje de las manos. Un tomo en 8.° de 296 páginas, 4 rs. en Valencia y 5 fuera.
MOYA. — Tratado completo del Juego de Damas. Un tomo en 8.* 8 rs. en Valencia y 10 fuera.
ISIDRO YILLÁRROYA. — Mar cilla y Segura ó los amantes de Teruel. Historia del siglo XIII. Segunda edición. Un (orno en 8.°, 4 rs.
FRAY LUIS DE LEÓN. — La perfecta casada. Nueva edición, aumentada con una colección de poesías del mismo autor, y la mas económica que se ha publicado hasta el dia. Un tomo en 8.°, i rs.
Picaronas y alcahuetas ó la Mancebía en Valencia: apuntes para la historia de la prostitución, por D. Manuel Carboneres. Un tomo en 8.° mayor, 8 rs.
DANTE. — La Divina Comedia: nueva y libre traducción, porD. J. Sánchez y Morales. Edición la mas económica que se ha conocido con el laudable fin de que pueda llegar á todas las clases de la sociedad. Un tomo en 8.* mayor, 10 rs.
Novísimo arte práctico de cocina perfeccionada, repostería y arte de trinchar. Contiene además un tratado para la fabricación de licores, multitud de secretos pertenecientes á diferentes artes y oficios. Diversos medios de economía doméstica, lavado y planchado de ropa y encajes, recetas para varias enfermedades muy comunes en las familia^, cultivo y propiedades de varias flores y yerbas medicinales, secretos de las gallinas, capones y gallos, etc. Un tomo en 8.°, 4 rs.
Letanía de Ntra. Sra. de la Saleta, por el Padre J. Berthier, misionero de Nuestra Señora de la Saleta, 25 céntimos de real.
Manual del pintor al lavado y á la aguada. Trata este libro del paisaje en general, del dibujo, del estilo, de los objetos que entran en la composición de un país, del cielo, délas nubes, etc., etc. Tercera edición, ilustrada con una graa lámina al final de la obra, tn tomo 5 rs.
A. DE LAMARTINE.— Cicerón, traducción y prólogo de Don Vicente Piño y Vilanova, abogado. Un tomo en 8.°, 4 rs. en Valencia y 5 fuera. «Guia del plantelista ó instrucciones generales para el establecimiento y cultivo de planteles, por D. Vicente Candel Arandes. Mucho se ha escrito en nuestro días sobre agricultura, pero nadie hasta ahora, que sepamos, se ha ocupado entre nosotros de reunir en una sola obra los preceptos Titiles al cultivador y plantelista. Un tomo en 8.* de 330 páginas, adornado de 9 láminas y un plano litografiado, 12 rs.
Muevo método de lavado y planchado y dar brillo á la ropa blanca, por Doña Francisca Domínguez de Busto, planchadora que ha estado muchos años establecida en Madrid Contiene además varias curiosidades propias del tocador y de utilidad para el bello sexo. Una colección escogida de recetas de los mejores autores para hacer aguas olorosas, pomadas, pastillas y específicos para quitar manchas, tintas para marcar la ropa, etc.; y un tratado del cultivo del rosal. Segunda edición, notablemente aumentada. Precio 2 rs.
Las mil y una noches: Cuentos árabes, por Gallant. Nueva traducción la mas económica que se ha conocido hasta el dia; consta dedos tomos en 8.° prolongado, de cerca de 400 páginas cada uno, y de letra muy compacta y clara. El precio de los dos tomos es el de 20 rs.
Manual instructivo del Barbero de pueblo. Contiene este libro el modo de remojar, jabonar, afeitar, descañonar ó repelar, cortar el cabello; de los aprendices, de los oficiales, de los maestros, conservación y uso de la navaja, requisitos indispensables para practicar la sangría y demás operaciones de cirujía menor, reglamento para la asistencia facultativa de los enfermos pobres, etc. Un tomo en 8.*, 4 reales en Valencia y S fuera.
XEYES DE ENJUICIAMIENTO CIVIL Y CRIMINAL.— La pr¡~
mera reformada según las disposiciones legales promulgadas, incluso las votadas por las Cortes en 1817; j ambas glosadas con la jurisprudencia del Tribunal Supremo de Justicia, concordadas con la Ley provisional sobreorganización del poder judicial; anotadas con todas las leyes, decretos, órdenes, reglamentos, tratados, cédulas, circulares y demás disposiciones que á ellas hacen referencia, con varias decisiones del Consejo Real y de Ésta-* <Io, y con reglas prácticas admitidas por los tribunales para su mas cumplida aplicación, y seguidas de treinta apéndices que las completan, por D. Ramón Puchol Fer— rer, Abogado del Ilustre Colegio de Yalencia Un tomo de S00 páginas en 4.°, 40 rs.
NOTA. Para remitir cualquiera de las obras anunciadas en el presente catálogo, basta remitir el importe á la librería de Pascual Aguilar, calle de Caballeros, número 1 , y le serán remitidas á correo seguido.
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