Cuadros de costumbres · Unidad 68 de 101

Unidad 68 · 138 BIBLIOTECA DE LA ILUSTRACIÓN POPULAR.

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138 BIBLIOTECA DE LA ILUSTRACIÓN POPULAR.

tara bien sobre mi gabán, que ha hecho el mismo sastre que hizo los suyos á Z***Senador, Z*** título, Z*** millonario. ¡Placa, placa! suena bien, y sabe mejor.

Con estos alegres pensamientos divertía el señor Sánchez su viaje de vuelta, mientas se habia hecho tarde, y que sin él notarlo, habia salido la luna, tan enemig { del ruido que aturde, y del brillo que deslumhra; y se deslizaba en un cielo sereno cual ella, alumbrando cuanto alcanzaba su luz, tan suave y melancólicamente como lo hace el recuerdo con lo pasado.

La puerta de la casa de Juan Martin se abrió, y Gabriel se deslizó por ella, y vino á llamar quedamente á la ventana de Ana. La ventana fué abierta sin ruido; pero antes que pudiera distinguir Gabriel el rostro de la que amaba, anunciáronle unos profundos sollozos su presencia.

—No llores Aña, le dijo, que me partes el alma.

—¡No he de llorar, si te vas! respondió ella.

—¿Y no me habría ido si hubiese sido soldado?

— Sí; ¡pero hubieses vuelto!

— ¿Y puedes creer que no vuelva Ana?

— Me lo temo.

—¿Y por qué, di, por qué?

— Porque tu padre no ha de querer dejarte volver,

— ¿Por qué piensas eso?

— Porque es un señor muy encopetado.

— Si eso fuese, — que no lo creo, — aguardaríamos.

-—No me pesa; con tal que vuelvas.

— Volveré.

—¿Cuándo?

— Si no fuese antes, cuando sea mayor de edad.

Ana meneó su linda cabeza, y dijo' con renovado llanto:

— ¡De aquí á alíame habrás olvidado!

— ¿Lo dices de veras? preguntó asombrado Gabriel-

: — Sí, porque dice la copla:

MAS HONOR QUE HONORES. 139

— ¿Te quieres poner coamigo? Le dijo el Tiempo al Querer, —Esa soberbia que tienes.... ¡Yo te la castigaré!

— Pues, si en la firmeza de mi amor no crees, — dijo sentido Gabriel, — ¿creerás en mi palabra, Ana?

— Pues.... ¡júrame que no me olvidarás!

— ¿No te basta mi palabra honrada?

—No; quiero á Dios por fiador, y á los ángeles por testigos.

— Te juro, pues,— dijo Gabriel con voz conmovida, — no amar ni tener otra mujer que tú. Te lo juro polos pechos que á ambos nos criaron.... por la &aogre c[ue por nosotros vertió Jesús. Y si no cumpliere lo jurado, puede el Ángel de mi guarda, que me escucha, volverme la espalda, y alejarse de mi para siempre. — ¿Y en tu amor, Ana, puedo confiar?

— ¡Que si puedes!... como en la fé que ha de sal — varte, Gabriel! Y si te olvidara, pueda la Virgen de los Dolores, cuando yo la llame Madre, decirme «no te conozco.»