Cuentos aragoneses · Unidad 1 de 57
Unidad 1 · CUENTOS ARAGONESES
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
CUENTOS ARAGONESES
GUEiTOS ARAGONESES
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EUSEBIO BLASCO
NUKVA EDICIÓN AUMENTADA CON UN PROI,OGO
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J. OCTAVIO PICÓN
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. CASA EDITORIAL MAUCCI
Gran medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1903, Madrid 1907, Budapest 1907 y gran medalla en la de Bue- ' DOS Aires i9ro
Calle de Mallorca, lóe.-BARCEtONA
ES PROPIEDAD DE ESTA CASA EDITORIAL
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PRÓLOGO
Ensebio Blasco y sus Cuentos iiagoneses
jEusebio Blasco, el escritor castizo y a la vez moderno; el ingenioso autor de comedias, casi todas aplaudidas con entusiasmo, algunas rechazadas con gritería, pero ninguna oída con idifei-encia, tiene ye casi blanca la barba, hasta presume de viejo, pero está, hoy en la plenitud de sus facultades; escribe ahora con la misma lozanía de ingenio que a los treinta, años, y sus ideas, si, no más firmes que entonces,; porque e&to lo estorba su condición de verdadero^ poeta, están influidas y encaminadas por pensamientos más serios.
Lealmente, creo que quien hiciera un estudio ímparcial de Blasco, haría un trabajo interesantísimo, pues su personalidad es más compleja de lo que parece. Aristocrático en sus inclinaciones y sus gustos; demócrata en parte por reflexión y en parte por influencias de la época en que comenzó a escribir; religioso instintivamente, pero algo escéptico y volteriano por el desga'ste que en la fe produce la vida, su cualidad ^n mayor grado d^sarroillada, la que le
VI PRÓLOGO
imprime carácter, es la sinceridad literaria. Sus escritos son reflejo fiel de sus impresiones: no las disfraza nunca, y como la imaginación y la sensibilidad prevalecen y dominan en su modo de ser, esas impresiones son a veces op'uestas; así parece y hasta es inconsecuente en sus juicios, sin ser contradictorio de sí mismo. Todo se subordina en él al sentimiento poético; es creyente, porqnie le queda en el alma el encanto de los recuerdos de la infancia, donde se confunden la madre y la oración; es al mismo tiempo descreído, porque lo mal que anda lo humano, le merma la confianza en lo divino; el fausto, la riqueza, ]a majestad le seducen, por lo que tienen de pomposos; el trabajo, el dolor, la miseria, le atraen todavía con más fuerza con su perfume de belleza moral; un acto de ríiagnanimidad o de justiria, le hará, prorrumpir en vivas al poder, sea el que fuere, y entonces parecerá casi absolutista; pero un abuso del fuerte pondrá en sus labios frases demagógicas : el hecho, el momento, se apoderan de él; su imaginación, herida o halagada, no discute; se queja o bendice, jicro nunca con tibieza, sino vigorosamente. En una palabra, es poeta, y como tal hay que juzgarle. La, amistad con príncipes y personajes conservadores; la intimidad con revolucionarios y demagogos; el roce con aristócratas; la propensión a estudiar y compadecer la pobreza, que ahora le hace llamarse socialista cristiano: todo ello no le ha servido ni le sirve más que para ayudarle a ser poeta.
Acusaban de voluble a una gran dama de la corte de Luis XV, y repuso ella defendiéndose: «Tal vez no haya sido fiel a todos mis amantes; pero nunca he hecho traición al amor». Pues algo de esto sucede con Blasco : para él la vida, el amor, os la poesía, el culto rendido por el arte a la belleza. Lo demás, política, reacciones y revoluciones, poderes seculares y gobiernos impiiovisados por la ira o la justicia popu-