Cuentos aragoneses · Unidad 2 de 57

Unidad 2 · PROLOGO VII

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

PROLOGO VII

lar, son cosas transitorias; tiene mucho más do liberal que de autoritario, piero es de los que acaso se entusiasman excesivamente con lo pasado.

La obra de Blasco, como llaman los franceses al conjunto de lo producido por un autor, os variadísima: ha hecho novelas cómicas, narraciones serias, cuadros de costumbres, poesías festivas, cuentos, «crónicas», sátiras políticas, y ha dado interesantísimas y amenas conferencias con carácter de memorias; mas por lo que principalmente debo ser estimado y respetado entre los amantes de las letras, es por su teatro y sus composiciones serias on verso. Para la oscena ha hecho desde entremeses y pasillos hasta comedias dramáticas, siendo siempre sus cualidades principales la gracia y la ternura. Su complexión artística tiene cierta analogía con la mujer del pueblo bajo de Madrid, on quien simultáiieamente se dan la compasión y la burla, la lástima y el desparpajo. Así ha producido desdo farsas como «El joven Telémaoo», hasta obras de las que arrancan lágrimas, como «¡Pobres hijos!» En dialogar es maestro: las cosas quo so dicen los personajes de sus comedias, parecen tomadas de- la realidad por un fonógrafo. Sus versos, sobre iodo erando quiere cuidarlos, son poosía de la más pura. No creo quo haya quien lo ponga en duda; pero si lo hubiese, quo loa aquella magnífica escena en seguidillas gitanas del primer acto do «Juan León».

Entro las composiciones serias, reunidas on «Soledades y Corazonadas», hay muchas do ésas que, cuando andando el tiempo se insertan en retóricas y antologías, quedan como modelos, y lo que vale más, como expresión do un temperamento poético de primer orden.

En estos últimos años piareco que se ha modificado algo la índole literaria do Blasco. Sin dejar do sor altamente cómico, se ha inclinado a pensar on cuestiones trascendentales, o i^'^ra. hablar con más propiedad,

VIH PRÓLOGO

a decir lo cfu« siente de ellas, clasificándose a sí mismo entre los socialistas cristianos. Temo que los socialistas le rechacen por demasiado religioso, y los católicos le excomulgen por demasiado independiente. En realidad, su socialismo no se desprende de un concepto científico: brota de la piedad hacia los que sufren. Sea como fuere, bien venido sea ese noble imptulso que tiende a combatir el egodsmo y la rapacidad de las tituladas clases directoras.

Aunque Blasco ha tenido siempre orgullo en ser aragonés, de algún tiempo acá parece como -que se le ha desarrollado con mayor fuerza el cariño a su tierra, y de ese cariño y de su idiosincracia cómica, han nacido los Cuentos Aragoneses.

Unos son realmente de aquella región, y allí se refieren todavía como chistes del caudal común: otros o son ideados por Blasco mismo, o tomados de cualquier parte y puestos en diálogo «baturro». Los más son muy graciosos; otros no tienen más gracia que la que él ha p<uesto en labios de los interlocutores^ de modo que los que no arrancan risa por el asunto, sirven para reflejar la manera de &er de aquel pueblo. Están escritos todos de manera que, antes que obra de un literato, piamoen recopilación fidelísima; y esto, que quizá algunos consideren como tacha, es en mi humilde juicio, cualidad rara y estimable; pues si la obra de arte debe ser más apreciada cuanto más se acerque a la verdad, en estos cuentos el narrador desaparieoe ante los personajes que presenta.

Son estos cuentos entre «folk-lóricos» y literarios; hay en ellos rasgos de ingenio, muestras de ignorancia, arranques del corazón, impulsos de sentimientos buenos y malos, tiernos y bárbaros, todo ello envuelto en ruda corteza cómica y referido por un poeta que ha querido y logrado perpetuar en el libro lo que en la tradición oral se perdería.

Considerado supterficialment'e este trabajo, parece de