Cuentos aragoneses · Unidad 55 de 57
Unidad 55 · 160 EUSEBIO BLASCO
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160 EUSEBIO BLASCO
—¡Sí que es verdá, que era más listo que el cierzo 1
La Casiana.— ¡Miá tú que a cinco años ya empiezaba a leer, que es cosa por demás! Su padre y yo tenemos más de ctiaxenta cada uno y no sabemos ni una letra 1
El tío Lucas.— ¡Te rezaba el rosario mejor que el deánl
La Casiana.— ¡y cariñoso, amos, eso no se diga, porque si no me tiene daus mil besos, que me condene !
El Tío Lucas.— Estas son desgracias y no las otras. Miá tú que a mí me han piasao cosas en este mundo... Se me quemó la casa que tenía en Zuera, me robaron la btirra el año pasao, se me perdió un billete de cincuenta pesetas en Zaragoza, hi mantenido a mi suegra once años, en fin, que es pa tentar a un hombre y perder la cabeza; pues nada, todo eso son ñapas comparao con perder un hijol
La Casiana.— ¡y el único!
El tío Lucas.— Ya te lo hi dicho muchas veces, Casiana, que con un chico sólo, 'no hay arreglo; pero tú eres así, no hay más que aguantase.
—¿Y de qué ha muerto el pequeño?
—Pues de la tifus.
— Eso ice el médico; pjero dicho sea sin agraviarlo, yo creo que nos lo ha matao.
—¡Pero a intento no habrá sido!
— ¡Yo no sé qué te diga! El chico empezó la escarbar en las sábanas y el perro empezó a dar ahullidos por las noches, y yo le dije a ésta, digo: Casiana, el niño se nos va. A esto vino el facultativo y nos mandó mételo ein un baño.
— El baño lo mató.
— Bien pué ser; pero porque no dijeran, lo metimos en el cuenco e la colada y lo bañamos. ¡Baños! Pa cincuenta años voy y yo no m'hi lavao el cuerpo
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en mi vida y no sé lo que es un triste dolor de tripas.
—Bendito sea Dios, y qué corrompáciones le vienen a uno cuando menos so lo piensa. En fin, hoy es domingo, ya llevan ustés quince días sin salir a la calle; se van ustés a poner malos...
El tío Lucas.— ¡ Ojalá me muera!
—Esa no es razón; hay que tomar una miaja de aire... En la carretera no hay nadie, salgan ustés Un poquico', que se van a apelillar metidos en casa.,
—Yo haré lo que ésta quiera.
—Me voy a juar al guiñóte a la tienda, ya saben ustés que pUén mándame.
—Gracias, Manuel, gracias.
(Las seis de la tarde. La Casiana y Lucajs están sentados en un banco en la plaza, enfríente de la iglesia. Comienza a caer el sol; marido y mujer están siltenciosos ,suspiran de vez en cuando).
La Casiana (viendo a unos chicos que juegan al corro/— Ahora estaría aquí el nuestro...
El tío Lucas.— iPobrecico!
La Casiana.— Por supjuesto, que mejor estará el nuestro que ellos, porque está en el cielo y ellos uo, ¿ verdá ?
El tío Lucas.— ¿Pues ande ha © estar más que ien el cielo ? j Allí \—Lo dice mirando hacia arriba.
La Casiana (conteynplando el cíe?o/— Rodeado de los angélicos como él. ¡Hijo de mi vidal
(Pasa un vendedor de globos de goma, que lleva sujetos 4 nina cuerda). |
— lA real los globos, a real!
El tío Lucas.¿ Cuántos lleva Usté?
—Veinte.
—¡Ahí va ttn; duro, y vengaií todos I