Cuentos aragoneses · Unidad 54 de 57

Unidad 54 · CUENTOS ARAGONESES 177

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CUENTOS ARAGONESES 177

— En casa la hay.

— Bueno, pues pone usted a cocer una gran cantidad y le da usted tazas llenas cada cuarto de hora, y lo Fapa usted con dos o tres mantas. Puede s-er que sude y que así logremos salvarle.

—¿Es decir, que usté piensa que espicha sin reledio ?

—No lo sé; del© usted eso y a la tarde volveré yo, si tengo tiempo, porque hay en este barrio más de trescientos casos.

—Bueno, bueno, vaya usté con Dios, ya nos arreglai*emos aquí. ¿Les puó dar tamién de eso a las ciiaturas ?

— Lo mismo.

—Pues hasta luego, don Santiago.

(A las ocho de la noche vuelve el medico. En la casa hay un ruido infernal. El enfermo está sentado en la cama tocando el guitarro y cantando. Los chicos, en camisa, corren por el cuarto tirándose las almohadas. La Francisca ríe a carcajadas).

El doctor (asombrado).— ¿Qn^ pasa aquí? — ¡ Oiga usté, oiga usté a mi Francho ! ¡ Ya tenemos hombre!

—Pero, ¿ es él el que canta ? —¿Sí, siñor, sil

Fracho, cantando:

Desde que t'hi conocido, páice que tengo, Melchora metida drento del pecho cútia, cutía, una vibóral

—Pero, Francisca, ¿qué es esto? |Y cómo huele a alcohol 1

178 EUSEBIO BLASCO

—¿No me dijo Usted q^e le diera manzanilla caliente ?

-Sí.

—Pues aquí teníamos, que se las dejó un andaluz que nos debía unos cuartos, una ocena e botellicas de manzanilla, estrechas y largas, que icen que es de Sanlúcar, y las lii echao todas en un cuenco, y así qtie ha hervido, les y dao al padre y a los hijos a pasto, y miálos usté qué contentos están tóos.

—¡Lo que tienen es una «trenzadera» colosal!

El enfermo (al médico).~ik qué vienes tú aquí? ¡Cómo t'arrimes a la cama, t'hincho la jeta! ¡Anda a matar vecinos a otra parte, apatusco! ¡Aire! (Canta) ;

Quince años de relaciones y ya quiés que nos casemos; no me seas impaciente que estas cosas requién tiempo 1

El médico (march(mdose).—F'ues, señor, con .este remedio no había yo contado. ¡Esta noche va a beber manzanilla todo el que esté en cama!...

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Tierno regalo

— jVaya, tío Lucas, no s'aflija usté tanto!... ¡Cómo ha e serl ¡Angélicos al cielo! Y usté, tía Casiana, ¿hasta .cuándo va usté a estar chemecando ? Hay ^ue tener 'paciencia; Dios mos los da y Dios mos los quita.

La Castaña.— Como empiecís a venir a corrómpenos, con isermones, vais a ir a tozoladas pior las "escaleras. ¡Déjanos, déjanos aquí solos!

El Tío Lucas.— No te enfades, Manuel; pero ésta,

desde que perdimos al chico, está como loca, y yo

tamién. Ni como, ni duermo, ni tengo gusto pa nada.

Hace dos semanas que no hi pjrobao el vino.

La mujer.— y ha hecho voto a la Virgen del Pi-

^ lar de no fumar en Un mes.

—Vaya, tío Lucas, eso no pué ser; sin fumar ^o se piué vivir. ¿Qu insté un cigarrico?

—¡Que no quiero! ¡Ojalá me muera! ¿Qué quiés que hagamos esta mujer y yo sin el pequeño? -,Tú I que l'has visto correr po aquí y dale escobazos al j perro y volcar el puchero y aquellas cosas que ha- \ cía que paicía una persona mayor... »