Cuentos morales · Unidad 109 de 188

Unidad 109 · LA NOCHE-MALA DEL DL\BLO '243

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LA NOCHE-MALA DEL DL\BLO '243

(le Dios. Pero empezaron á entrar y salir también ángeles menudos, de los coros del cielo, los modelos de Murillo^ y como tropezaban sus alas con las del murciélago infernal, y se espantaban y huían. Lucifer se alejó de la cuna del Redentor y salió á la soledad de la noche, á la triste helada, tan ensimismado, que al volver, en lo oscuro, ásu figura natural, no se acordó de despojarse de sus alas de murciélago, las cuales le fueron creciendo en proporción á su tamaño. Parecían capa angulosa de piel repugnante y como viva; y por instinto, para librarse del relente, el Demonio, meditabundo, ^e embozó en las alas.

— ¡Oh, noche! — pensaba — ¡Qué noche! Después del trance de la batalla celestial perdida; después de la primera noche en las tinieblas del abismo, -ta 63 la más terrible de mi vida inmortal.

Y la envidia de la caridad le mordía el alma, que como era de ángel, aunque caído, conservaba >-n el mal, en la impotencia para el bien, todas las delicadezas de percepción y gusto de su prístina condición seráfica. El diablo sabe mucho, y sabe que lo más grande, lo más noble^ no es la hermosura corporal, ni el poder, ni el ingenio^ ni la fortuna; que lo más grande es el amor, la abnegación. Y así, no le envidiaba á Dios sus dominios sobre la infinidad del firmamento estrellado,

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SU sabiduría, la belleza de sus obras creadas para su gloria; envidiábale aquel amor infínito que entregaba á los dolores de la carne la naturaleza divina, y hacía del Verbo un Hombre para comunicar con los míseros mortales.

La imaginación profética, su mayor tormento^ presentaba á Lucifer, envuelto en sus alas de murciélago, el espectáculo del mundo á partir de aquella noche terrible que los pueblos llamarífin Nochebuena.

¡Dios penetraba en los espíritus rebeldes; el Cristo iba á reinar en las almas y en las sociedades que parecían más refractarias á su ley! Primero el humilde señorío de unos cuantos judíos pobres, ignorantes; después la atracción misteriosa ejercida sobre el mundo pagano distraído^ más frivolo que pervertido en el fondo; la conversión de pueblos bárbaros; el dominio por la fe^ por la esperanza, por la caridad; reino ideal, sin espada. Y el demonio sonreía con amarga complacencia imaginando lo que seguía: la cruz-cetro, el báculohoz, que al enganchar á la oveja descarriada le hace sangrar con el filo; el poder temporal, el imperio ortodoxo; después el Papado-Imperio, la fuerza ciega creyéndose cristiana; la Cruz sirviendo de pared á los edictos imperiales; pasquines del Estado pegados al sublime leño; sentencias de muerte clavadas allí donde se leyó un día I. N. R. I. Sonreía el diablo, pero no muy contento, porque