Cuentos morales · Unidad 110 de 188

Unidad 110 · LA NOCHE-MALA DEL DIABLO 245

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LA NOCHE-MALA DEL DIABLO 245

bien veía que aquello duraba poco... poco en comparación de la multitud- de los siglos futuros... ¡Otra vez el reinado espiritual!... Resurrección de aquellos esplendores pasajeros del siglo XIII, del Evangelio nuevo] el mundo civilizado, de vida compleja, de cultura intensa y extendida por todas las regiones, viniendo á ser, sencillamente, una gran cofradía, que se pudiera llamar ó Confederación Universal ó La Orden Tercera. Francisco de Asís eternamente de moda. La frase evangélica: «Siempre habrá pobres entre vosotros...» explicada, no por la miseria material_, no por el egoísmo que acapara, sino por la constante imitación de San Francisco.

Los pueblos más lejanos y más extraños á la ivilización cristiana, dejando sus ídolos, sus libros sagrados, para copiar, primero, á la Europa y á la América laicas, profanas, sus Estados, sus armamentos, sus leyes frivolas de formalidad política, >us artes, su industria... y después imitar su conversión, el fondo íntimo de la esencia de su cultura, el fondo cristiano. Todos los pueblos cristianos. El mundo entero viendo con nueva claridad y fuerza el profanado sentido de aquellas palabras: «Las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella »

«¡Oh, sí! — pensaba Lucifer llorando. — ¡Qué idea la de Dios! Hacerse hombre... Y hacerse hombre en la sangre del Hijo.. Ser Hijo de Dios, na-

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cer en un pesebre, predicar diciendo: Padre nuestro que estás en los cielos... danos el pan de cada día... Hágase tu voluntad... Todos somos hermanos; Dios, Padre de todos; perdonad las injurias; dadlo todo á los pobres y seguidme... Tener la cruz... y morir en ella... perdonando... ¡Inolvidable! ¡Inolvidable!.... •

»En cambio... yo... — seguía pensando Lucifer — me voy haciendo viejo; dentro de poco será cada día para mí un siglo; mis años caducos no serán respetables, seré el anciano chocho, sin grave dignidad, de que se burla el vulgo y que persiguen los pilletes, no el venerable patriarca que guía un pueblo; seré después algo menos que eso: una abstracción, un fantasma metafísico, un lugar común de la retórica; bueno para metáforas... ¡Ay! yo no me comunico con el mundo; en mis apariciones jamás dejo mi prerrogativa diabólica, mi inviolabilidad de espíritu; tengo miedo á hacerme carne que los hombres puedan atormentar... El egoísmo estéril no me deja reproducirme... Yo no tengo Verbo, yo no tengo Hijo... Yo me inutilizaré, me haré despreciable, llegaré á verme paralítico, en un rincón del infierno, sin poder mostrarme al mundo... y mi Hijo no ocupará mi puesto. ¡El gran rey de los Abismos no tiene heredero!....»

Y como seguía sintiendo, á lo lejos^ los estre-