Cuentos morales · Unidad 135 de 188

Unidad 135 · 1)0N PATRICIO Ó EL PREMIO GORDO EN MELILLA 299

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1)0N PATRICIO Ó EL PREMIO GORDO EN MELILLA 299

millones, cuatro eran para los heridos y demás de Melilla.

— Y nun tengu inconveniente en declarar ante escribanu, que en el bien entendidu que me toque el gordu cedu cuatru millones para los necesitadu8 de Melilla.

Y para mayor seguridad, don Patricio decía, á quien quería oírselo, el número de su billete.

Llegó el día del sorteo, y los del Círculo quisieron darle una broma a Caracoles para probar su patriotismo. Se fingió un telegrama, con todos los requisitos necesarios del engaño; se lo presentaron á Cerrajería, y éste leyó asombrado: «Premio gordo en esa; el número tantos» (el de don Patricio). Y Caracoles exclamó:

— Está buenu, señores; está buenu.

— Y ¿qué dice usted ahora, don Clemente? ¿En tregará usted á los ^e Melilla sus cuatro millones?

— Nun señores; porque yo prometí en el bien entendidu que me tocara el gordu.

—Pues el gordo es éste.

— Nun, señores; esto es una broma de ustedes, que son muy graciosus; pero yo soy más graciosu todavía; porque yo nun jugué nada á la lotería, nin jugaré en mi vida hasta que sea gobiernu y sea mía ia puerta. ¡Je! ¡je! ¡Si sabré yo lu que son puertas!

EL SUSTITUTO

Mordiéndose las uñas de la mano Izquierda, vicio en él muy viejo é indigno de quien aseguraba al público que tenía un plectro, y acababa de escribir en una hoja de blanquísimo papel:

Quiero cantar, por reprimir el llanto, tu gloria, oh patria, al verte en la agonía...

digo, que mordiéndose las uñas, Eleuterio Miranda, el mejor poeta del partido judicial en que radicaba su musa, meditaba malhumorado y á punto ds romper, no la lira, que no la tenía, valga la verdad, sino la pluma de ave con que estaba escribiendo una oda ó elegía (según saliera), de encargo.

Era el caso que estaba la patria en un grandísimo apuro, ó á lo menos así se lo habían hecho creer á los del pueblo de Miranda; y lo más escogido del lugar, con el alcalde á la cabeza, habían venido á suplicar á Eleuterio que, para solemnizar

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una fiesta patriótica, cuyo producto líquido se aplicaría á los gastos de la guerra, les escribiese unos versos bastante largos, todo lo retumbantes que le fuera posible, y en los cuales se hablara de Otumba, de Pavía... y otros generales ilustres, como había dicho el síndico.

Aunque Eleuterio no fuese un Tirteo ni un Pindaro, que no lo era, tampoco era manco en achaques de malicia y de buen sentido, y bien comprendía cuan ridículo resultaba, en el fondo, aquello de contribuir á salvar la patria, dado que en efecto zozobrase, con endecasílabos y eptasílabos más ó menos parecidos á los de Quintana.

Si en otros tiempos, cuando él tenía dieciséis años y no había estado en Madrid ni era suscritor del Fígaro de París, había sido, en efecto, poeta épico ^ y había cantado á la patria y los intereses morales y políticos , ahora ya era muy otro y no creía en la epopeya ni demás clases del género o&JeítVo; no creía más que en la poesía íntima... y en la prosa de la vida. Por ésta, por la prosa de los garbanzos, se decidía á pulsar la lira pindárica; porque tenía echado el ojo á la secretaría del Ayuntamiento, y le convenía estar bien con los regidores que le pedían que cantase. Considerando lo cual, volvió á morderse las uñas y á repasar lo de

Quiero cantar, por reprimir el llanto, tu gloria, oh patria, al verte en la agonía..,