Cuentos morales · Unidad 176 de 188

Unidad 176 · GONZÁLEZ BRIBÓN 395

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GONZÁLEZ BRIBÓN 395

sentir lo nuevo, sino por nostalgia de sus verdores; por cariño á su tiempo.

Es de los que hablan todavía de los chistes de Inza, y de los que llaman genio á Florentino Sanz. y le admiran por el «Quevedo», y porque se quedaba hasta muy tarde en el Casino.

González Bribón no nació malo. Se hizo. Primero fué romántico. Se le conocía un drama en que hablaba mucho de la luna. Pero como la sátira de la crítica le hizo ver las estrellas, todo el claii' de June se le convirtió en bilis.

Es capaz de aguardar veinte años para vengar un agravio. Frecuenta las oficinas donde sabe que tiene algún expediente que le interesa á algún crítico de los que se han burlado de su romanticismo, y emplea sus relaciones con los altos funcionarios para conseguir que el expediente no marche ó marche mal.

No acostumbra ir al Congreso, ni al Ateneo, ni á ningún sitio en que haya tribuna. Pero cuando sabe que habla algún enemigo literario suyo, va. Si el otro habla bien, se calla. Pero á fuerza de paciencia consigue que el enemigo le dé el gusto de ponerse malo hablando, ó de estar afónico, ó de no complacer á los señores... Bribón sale de «estampía» en su periódico, gritando: «¡Si no podía menos! ¡Si ya lo habíamos previsto!»

Tiene para seguir á sus adversarios la paciencia de aquel inglés que siguió á un famoso funám-

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bulo por todo el mundo «hasta verle caerse de la cuerda y matarse.» Bribón no pierde de vista «á sus rencores,» y cuando los ve caer hace como que «estaba allí» por casualidad, y... ¡aquí que no peco! Parece cómplice en todas las desgracias.

Lleva á los periódicos en que tiene parte como accionista, á sus amigos y protegidos... ¿Para que le defiendan á 61? No; para que ataquen á sus enemigos.

Frecuenta mucho las librerías principales. ¿Sabéis para qué? Para expiar la venta de los libros ajenos. Procura quedarse á solas con el librero, y entonces, lleno de emoción, le pide, le suplica, que le confiese «si Fulano vende mucho.» (Fulano, algún enemigo de Bribón.)

Goza con verdadero deliquio de envidia satisfecha, cuando le dice el librero que no «corre tal obra.»

El «crack» de la «novela larga,» le tiene loco de contento. Sus principales antiguos enemigos, son «novelistas largos.» (El escribe cuentos.)

También procura estar bien relacionado con los editores extranjeros, y con los editores de revistas de París, Londres, Eoma, Nueva York, etcétera, etc.

¿Para qué? Para mandarles «informes» de nuestros literatos. Por supuesto, poniendo en las nubes á sus pocos amigos, y omitiendo ó desacreditando á sus enemigos.