Cuentos morales · Unidad 37 de 188

Unidad 37 · 76 LEOPOLDO ALAS

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76 LEOPOLDO ALAS

trabajar. ¡Redios con la manía!» Otra cósales faltaba á los pobres que nadie echaba de menos: consideración, respeto, lo que Chiripa, con una palabra que había inventado él para sus meditaciones de filósofo de cordel, llamaba alternancia. ¿Qué era la alternancia? Pues nada; lo que había predicado Cristo, según había oído algunas veces; aquel Cristo á quien él sólo conocía, no para servirle, sino para llenarle de injurias, sin mala intención, por supuesto, sin pensar en El; por hablar como hablaban los demás, y blasfemar como todos. La alternancia era el trato fino, la entrada libre en todas partes, el vivir mano á mano con los señores y entender de letra, y entrar en el teatro, aunque no se tuviera dinero, lo cual no tenía nada que ver con la gana de ilustrarse y divertirse. La alternancia era no excluir de todos los sitios amenos y calientes y agradables al hombre cubierto de andrajos, salo por los andrajos. Ya que por lo visto iba para largo lo de que todos fuéramos iguales tocante al cunquibus, ó sean los cuartos, la moneda, y pudiera cada quisque vestir con decencia y con ropa estrenada en su cuerpo; ya que no había bastante dinero para que á todos les tocase algo... ¿por qué no se establecía la igualdad y la fraternidad en todo lo demás, en lo que podía hacerse sin gastos, como era el llamarse ricos y pobres de tú, y convidarse á una copa, y enseñar cada cual lo que supiera á los pobres, y saludarlos

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con el sombrero, y dejarles sentarse junto al fuego, y pisar alfombras, y ser diputados y obispos, y en fin, darse la gran vida sin ofender, y hasta lavándose la cara á veces, si los otros tenían ciertos escrúpulos? Eso era la alternancia; eso había creído él que era el cristianismo y la democracia, y eso debía ser el socialismo... como ello mismo lo decía: socialismo... cosa de sociedad, de trato, de juntarse... alternancia.

Salió del kiosko de la música á escape, hecho una sopa, echando chispas contra el Fundador de la alternancia y contra su Padre, y se metió en la población en busca de mejor albergue. Pero todo estaba cerrado. A lo menos cerrado para él. Pasó junto á un café: no osó entrar. Aquello era público, pero á Chiripa le echarían los mozos en cuanto advirtiesen que iba tan sucio, tan harapiento que daba lástima^ y que no iba á hacer el menor gasto. A un mozo de cordel en activo le dejarían entrar, pero á él, que estaba reducido á la categoría de pordiosero... honorario, porque no pedía limosna, aunque el uniforme era de eso, á él le echarían poco menos que á palos. Lo sabía por experiencia... Pasó junto al Gobierno de provincia, donde estaba \sl prerención. Aquí me admitirían si estuviera borracho, pero en mi sano juicio y sin algu-