Cuentos morales · Unidad 43 de 188
Unidad 43 · EL NUMERO UNO
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EL NUMERO UNO
quien tumbaba el vuelo de un pájai'o, era sien\pre el Napoleón de aquellas campañas, en que no había balas, pero sí algo no menos peligroso, pues había mortales asechanzas contra la salud de aquellas criaturas, á quien el amor propio... y el odio al mérito ajeno obligaban á trabajar quince y más horas diarias.
De allí salió bien aleccionado el mocosuelo ilustre para emprender los estudios más graves de la Academia, que le había de dar el título facultativo, objeto inmediato de su carrera.
Ya se sabía: Primitivo, como en la escuela, como en el colegio de segunda enseñanza, en la Academia siempre el primero: si había notas, sobresaliente y premio; si había escalafón, el número uno.
En casa de Protocolo no se concebía mayor desgracia que la que hubiera caído sobre aquel hogar si una VQZ sola Primito hubiera descendido al número dos. ¡Horror! Ni pensarlo.
Y el diablo del chico, según se iba haciendo mozalbete, como si le probasen mejor las raíces cuadradas y los logaritmos, que el rábano y el hígado de bacalao, iba echando así, una especie
de cecina que podía pasar por carne fresca. Seguía
amarillento y verdoso y seco , pero algo había
medrado, y ya pasaba meses y meses sin una mala pulmonía.
Tenía una fama de sabio, que valía por la de
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los siete de Grecia, entre toda la juventud víctima de la politécnica emulación.
Por supuesto que la sabiduría de Protocolo-Lopijo se limitaba, voluntariamente, á los libros de texto y sus afines; pues el chico despreciaba todo lo que no conocía; y así, por ejemplo, tenía por imbéciles é ignorantes á todos los literatos y juristas, porque los primeros no necesitaban carrera, y los otros la solían ganar muy holgadamente. Sólo porque no habia rigor en los exámenes, tenía el derecho por una pamplina; y así de lo demás. Ignoraba tan profundamente lo que no había estudiado de modo perfecto, que no sospechaba apenas su existencia; de donde deducía que todo se lo sabía él.
Llegó á ser en él segunda naturaleza aquello de ver en sí el número uno. Hasta cuando la debilidad 1q hacía soñar esa extraña pluralidad del yo, esa alarmante anarquía de la conciencia en que parece que cada centro misterioso de la vida sacude el yugo de cierta heguemonía cerebral; hasta en esas disparatadas visiones en que se convertía en muchos Primitivos , seguía siendo el jjrimero en todos ellos: sí, todos aquellos Primitivos interiores eran números unos. Por supuesto, Primito salió de la Academia con el número uno de la promoción, y esta ventaja la llevó al escalafón del cuerpo.