Cuentos morales · Unidad 44 de 188

Unidad 44 · EL NÚMERO UNO 91

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EL NÚMERO UNO 91

Pero ¡ay amigo! que él creía que el mundo era otra especie de escalafón, en que ocupaba el primer lugar el muchacho que más matemáticas, conformes ó no con Euclides, sabía y podía explicar en un periquete.

Su idea era que nadie le pondría el pie delante: ¡era el número uno de la Academia en que se hilaba más delgado!

Empezó á notar, con gran asombro y grandísimo disgusto^ que la sociedad no le admiraba demasiado.

Ya el jefe de la oficina le trataba con una superioridad que le mortificaba y le parecía injusta; pues el jefe, en su promoción, había sido de los últimos.

La segunda persona que le trató con menos consideración de la que él creía merecer fué una muchacha rubia, muy guapa, á quien se declaró en un baile, y que le dio calabazas, con el frivolo pretexto de que ya había dado el sí á un oficial del Gobierno civil que no había pasado de bachiller en artes, pero que era más alto, de mejor color que Protocolo, y que pesaba lo menos veinte kilos más que él.

De estos disgustos fué teniendo muchos. Asistía á los teatros, y veía que sacaban á las tablas para aturdirlosá palmadas á músicos y danzantes, tenores, poetas, hasta oradores; pero á nadie se le ocurría pedir que saliera el número uno de la pro-

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moción de Primitivo. A él, tan matemático, no se le ocurría jamás hacer un cálculo muy sencillo, que se fundara, por ejemplo, en los siguientes datos:

En su misma Academia había cada año un número uno que salía de ella con esta supremacía; la Academia contaba, sin hablar de los muertos, lo menos con treinta ó cuarenta números unos ni más ni menos que él. Por aquí ya iba entrando en el coro general.

Había en el país (y no se hable del extranjero) muchas Academias con sendos números unos para cada promoción. Aquí había que multiplicar cuarenta por veinte lo menos.

Había otras muchas carreras que, sin llamarse Academias ni numerar el mérito de los alumnos como cuartos de fonda, también tenían sus gallitos: es decir, sus números unos correspondientes. Y aquí ya no se sabía cuánto había que multiplicar por cuánto.

Fuera de las carreras, en la industria, en las profesiones libres, y en la escuela del mundo, había multitud de actividades á que acudían muchos jóvenes en nohle emulación, y en que los más listos y aprovechados eran también el número uno correlativo.

Y aquí ya Primitivo pasaba á perderse en una verdadera multitud de númei'os unos. Y además... no todo era en la vida la inteligencia, la aplica-