Cuentos morales · Unidad 68 de 188
Unidad 68 · 146 LEOPOLDO ALAS
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146 LEOPOLDO ALAS
no quiero que me clasifiquen y me saquen en sus clínicas impresas como voto involuntario, y de calidad, en favor de sus hipótesis. Pero la verdades que soy un caso. Mi enfermedad tiene una historia de origen bien claro, bien determinado. Nació, ó por^o menos, brotó al exterior, de repente, en una crisis.
Glauben calló un momento. Parecía que dudaba si debía proseguir por aquel camino de las revelaciones.
Con voz más solemne y reposada^ continuó: — La cosa... es más grave que parece. Porque el secreto de mi enfermedad, es en parte el secreto de mi filosofía.
Se volvió á mí para ver qué efecto me hacían sus palabras. Ya sabía él que por mucho que me importaran sus aprensiones de enfermo, si las tenía, más me importaba su filosofía, de la cual iba yo haciendo algo mío, algo que me llegaba muy adentro, y empezaba á guiar en parte mi conducta.
— ¿No ha notado usted — siguió, cada vez con más miedo á que no ftiera prudente lo que decía — no ha notado usted que... cuando hablamos aquí, privadamente, de nuestras ideas de cátedra, de mi método, de mi tendencia, sobre todo^ do mis conclusiones... no me entusiasmo tanto, no le animo á usted tanto á abundar en mis ideas, y hasta parece que ni) agradezco bastante la ardorosa defensa
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en que usted me Las refleja fielmente, y además, con el encanto que les añade su espíritu de joven y un si es no es poeta?
Calló y volvió á sonreír, como pidiéndome perdón por el mal que pudieran hacerme sus palabras.
— Sí — me atreví á decir; — he sentido muchas veces cierta frialdad relativa, así como deseos de no insistir, como si se tratara de algo que ofendiese su modestia.
— No^ de algo que me remordiera un poco^ un si es no es, en la conciencia.
— Sin embargo — exclamé asustado — la sinceridad de su doctrina, la buena fe de usted yo
no las pondría en duda, aunque usted mismo
— Gracias. No es eso. Sinceridad, absoluta; creo firmemente que es la verdad lo que pienso, lo que siento. Creo también que mi método es rigoroso, que no deja nada atrás; que no impone ningún postulado gratuito No es eso.
Tras nueva pausa prosiguió:
— Es esto otro; — y con el puño cerrado dio dos ó tres golpes al aire, rápidos, de arriba abajo. — Desde que murió mi mujer, yo me agarré á mis huérfanos, como en un naufragio. Como si todo el mundo fuera las fauces del mar traidor, y sólo mis rodillas lugar de salvación para mis hijos. Mis hijos sin madre: esta idea era un tormento horroroso, sin tregua, real, positivo, sin consue-