Cuentos morales · Unidad 86 de 188
Unidad 86 · 188 LEOPOLDO ALAS
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
188 LEOPOLDO ALAS
fectos de la humanidad pueril. Los chicos seguían siendo el diablo.
Por fin, cansado de luchar, dejó la enseñanza y procuró conquistar una plaza de delineante al lado del arquitecto municipal.
Ya que los hombres no se dejaban alinear, alinearía casas. ¡Oh, la santa simetría! Su biblia, en adelante, fueron las ordenanzas municipales, que tan sabias disposiciones contenían para impedir las demasías arquitectónicas de los vecinos.
D. Urbano se convirtió en un verdadero familiar de aquella inquisición de policía urbana. Era un espía del alcalde, y le denunciaba los abusos de la vecindad que abría una puerta á la calle, ensanchaba un hueco ó cambiaba la disposición de una tapia.
Acudía á las sesiones del ayuntamiento, ávido siempre de denunciar abusos de este género á los concejales celosos.
Lo que más le preocupaba eran los áticos y las rasantes. «¡Que Fulano Gómez ha sacado un ático sobre el segundo piso! ¡Fuego en él! ¡Embargo! ¡Que Zutano Pérez no sigue la rasante de la calle Tal en su casa nueva! ¡Multa y embargo!
La gente empezó á murmurar. Todos decían:
— Pero ¡qué mala intención tiene el maestro de párvulos! ¿Qué le importará á él que una casa sea más alta que otra, ó que avance más ó menos hacia el arroyo?
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júrala intención! No^ señor; era amor de Ja medida, del orden, de la plomada y del nivel, de la simetría, de la línea recta. Y no cejaba en su empeño. Si en el Ayuntamiento no le hacían caso, se iba á los periódicos, y procuraba deslizar una gacetilla que se titulaba, por ejemplo, (con letras gordas}:
¡Alinear por la derecha!
Era gran amigo de la expropiación forzosa, y con tal de evitar un martillo {sn pesadilla) en la vía pública, hubiera derribado la casa paterna, aunque tuviese que pasar por el ombligo de cualquiera de sus mayores. Línea recta, y caiga el que caiga. Era un anarquista de la rasante. ¡La rrrasante] como él decía con énfasis nivelador.
Pero también tuvo que renunciar á la policía urbana, á la belleza del orden municipal de los ediñcios; caDes, casas con ático, rasantes y demás ensueños, se convirtieron en desengaños: la intriga, el favor, el caciquismo, pudieron más que él; sólo consiguió perder el destino. Los amigos del alcalde, ya se veía, podían construir en mitad del arroyo, y levantar las siete colinas de Roma sobre la rasante de la calle. Las ordenanzas eran un papel mojado. No podía haber calles derechas. Le pasaba á la ciudad lo que al ciudadano, se torcía por naturaleza.
Ni los hombres, ni las casas, se sujetaban al orden, á la rectitud.