Cuentos · Unidad 32 de 58
Unidad 32 · GESTAS, Ó EL IDIOMA DE LOS MONOS. 159-
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GESTAS, Ó EL IDIOMA DE LOS MONOS. 159-
de , atillas, y un emigrado español que no hace nada.
))Ha- c pocos dias se abrió con gran éxito una librería; el com^ rciante tenía una edición enorme de cierta Histo- "'-'a d la revolución francesa que nadie compra en Europa, y conociendo el carácter de aquel pueblo, se paseóuna tarde vestido exageradamente y con un ejemplar del libro en las manos abierto por la portada. Al dia siguiente la edición estaba agotada, y una multitud de orangutanes recorría la población llevando en las manos la Historia de la revolución francesa, escrita por un autor anónimo. Nadie que se precie de mono comme il faut sale á la calle sin el libro.
))Ha ocurrido un suceso que puede ser un casus belli entre dos naciones : varios portugueses de la colonia inmediata han cazado á varios subditos de Gestas en un bosque cercano. Divulgado el hecho, muchos orangutanes, armados de escopetas, pasan el dia cazando portu^ gueses.
))La salida del correo impidió á nuestro corresponsal dar más pormenores acerca de aquel curioso pueblo.»
lY.
El Sr. Barrientos estaba leyendo su periódico una tarde, cuando entró un criado en su despacho.
— ¡Señor! dijo el sirviente con aire misterioso: tiene V. una visita.
— Que pase adelante.
— Es que... me parece que es un mono.
— ¿Cómo? dijo el banquero levantándose.
— Si\ señor ; un mono que liabla y del tamaño de una persona.
— ¿Estás loco? Los monos no pueden hablar á causa de dos sacos membranosos... A ménos que baya en Angola orangntanes más perfectos... que pase, sea quien fuere ; sin duda Gestas me envia algún correo.
Un instante después entraba en el cuarto D. Crisóstomo desfigurado enteramente : su cuerpo pintado al óleo, la boca excesivamente prolongada por la costumbre de hablar gesticulando, sus maneras bruscas y su movilidad extraordinaria le daban el aspecto de un orangután ; el antiguo maestro se habia identificado con los habitantes del reino selvático de Angola. Para que la semejanza fuese más completa, por debajo del antiguo levitón asomaba un rabo majestuoso.
El Sr. Barrientos reconoció aquel levitón : el paraguas de familia sirvió para identificar la persona de su dueño.
— ¡Todo se ha perdido! exclamó D. Crisóstomo arrojándose en un sofá después de haber abrazado tiernamente á su amigo.
— ¿Pero cómo ha llegado Y. vivo hasta mi casa en ese traje?
— No lo sé, dijo el profesor reparando en el rabo, que le arrastraba por el suelo; creo que me han silbado : áun sospecho que rae han arrojado algunos tronchos y que las turbas me han seguido: pero ¿qué significa todo eso ante la inmensidad de mi desgracia?
— ¿Y el reino?
— Está entregado á la anarquía; las tropas han fraternizado con el pueblo ; me han obligado á emigrar: yo
he visto á los convencionales perorando en la Asamblea, al pueblo lanzando en infernal coro gritos salvajes é inarticulados ; se han proclamado los derechos del mono. Gestas ha tenido que ponerse el gorro frigio ; ha circulado el oro de Inglaterra ; han arrasado la cárcel, diciendo que era la Bastilla...
— Pero V. me está contando la primera revolución francesa...
— Pues eso ha sucedido exactamente : los orangutanes han leido aquel libro funesto y han tratado de imitarlo en todos sus detalles.
— De manera que la monarquía... ,
— Ha sido derribada.
— ¿Y Gestas?
— ¿No lo adivina V.?
— ¡Cómo! ¿Estará preso en el Temple?
— Era preciso llevar la imitación á la exactitud más :servil y fotográfica : las revoluciones de los monos ni áun tienen el mérito de ser originales.
— ¿Y no habrá medio de salvar al pobre Gestas ?
— Ha sido guillotinado por su pueblo : no ha faltado siquiera en su ejecución el redoble de tambores.
Hubo un rato de silencio : se produjo una sensación profunda de esas que sólo causan las catástrofes históricas.
— ¿Y qué va á ser de ese pueblo desdichado? preguntó conmovido el Sr. Barrientes.
— No lo sé, contestó el maestro : los monos dicen que han recobrado su perdida libertad... y yo, que los he visto furiosos y sin ropa y cometiendo destrozos, creo que tornan á su estado primitivo.
— ¿De modo que no volverá V. al Africa?
— Nunca: me he convencido de que son ingobernables los pueblos que copian servilmente y sin criterio; prefiero un país salvaje con costumbres propias, á una nación cuyo carácter, cuyas revoluciones y cuyas leyes son imitadas de otros pueblos.
Y D. Crisóstomo quedó profundamente pensativo: después tomó maquinalmente un periódico ; el señor de Barrientes le observaba repasar con agitación un escrito incendiario en que se pedia la nivelación de las fortunas.
De repente se levantó el profesor, y exclamó paseán^ dose por la sala :
— ¡ Orangutanes ! ¡ Nada más que orangutanes !
Habia tal exaltación en el acento de D. Crisóstomo,. se lanzó hacia el balcón con tanta ira, que el señor deBarrientos tuvo que sostenerle sujetándole la cola.
— ¿Qué hace V., amigo mió? le dijo con dulzura.
—Perdone Y. , respondió tranquilamente D. Crisóstomo; aquellas horrorosas escenas no se apartan de mi mente: creia que estaba aún en el reino selvático de Angola.