Cuentos · Unidad 8 de 58

Unidad 8 · FERNANDEZ BEEMON.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

FERNANDEZ BEEMON.

algo grave ocurría cuando le había reducido á alimen^ tarse de la pesca y de modestas ensaladas ; así es que se impacientaba de la tardanza de Tomás, que había salido á recoger berros en las orillas de un arroyo. Pasaron algunas horas de verdadera angustia: la noche se acercaba: el bosque se hacía peligroso á tales horas, y determinó salir en busca de su amigo.

Tomás había reflexionado que un plato de berros no era un almuerzo fuerte para dos hombres robustos que iban de viaje, y pensó acercarse al castillo, por si tenía ocasión en sus inmediaciones de retorcer el pescuezo á una gallina, las que solían alejarse demasiado. Pero volviendo al cabo de un rato la cabeza, notó que un lobo le seguía: chocóle y púsole en cuidado aquel atrevimiento, y se detuvo: el animal le miraba con descaro y detras de él caminan varios lobos. Tomás tuvo tiempo para atrincherarse en unos árboles espesos : los lobos avanzaron, y sólo halló el recurso de blandir una rama nudosa y pesada; pero comprendiendo que la lucha era desigual, seencomendó á Dios para morir como cristiano. El juego le había costado un ojo : la gula le costaba todo el resto de su cuerpo.

Lázaro, después de haberle llamado inútilmente y recorrido los sitios que de ordinario frecuentaba , se detuvo lleno de horror ante un charco de sangre: siguió conmovido aquella huella, y las últimas luces del crepúsculo le permitieron ver un cuadro desgarrador y lamentable.

Un cráneo y los restos más visibles de una osamenta humana, pelados y roídos, yacían en desorden por el

Buelo. Del hombre vigoroso y lleno de vida poco antes, de su compañero Tomás , sólo quedaban aquellos despojos miserables : Lázaro derramó copioso llanto , y empezó á rendir á su amigo el último tributo. ¿ Qué podia hacer ya en su obsequio ? Colocar sus huesos en perfecta simetría.

— ; Asesino ; ¡ asesino ! gritaron de repente varias voces.

Lázaro estuvo á punto de caer desmayado, al verse rodeado de guardias y alguaciles. No encontró palabras para justificarse, y se dejó atar sin resistencia.

El tio Esqueleto colocó en una espuerta el de Tomás, llenando á la vez dos funciones de las cuatro que ejercía: las de alguacil y sepulturero.

La comitiva se puso en marcha , y Lázaro , con paso vacilante y la cabeza baja , emprendió también el camino, rezando piadosamente por el alma del finado.

El tio Esqueleto , cuya ligereza no le permitia caminar al paso de los otros, se adelantó con la espuerta mortuoria, hácia la cabeza de partido. Cuando llegó al pueblo era de noche , pero habia un ruido desusado á tales horas, y un hombre le llamó desde una casa.

El alguacil se detuvo aterrado: el hombre salió á su encuentro, y e] tio Esqueleto cayó de rodillas santiguándose y diciendo:

— En nombre de Dios pide lo que quieras, pero aléjate al momento.

— ¿Por qué te asustas? replicó el aparecido : soy Tomás en carne y hueso.

— En carne ó ánima, no lo negaré : pero ¿ cómo has de estar completo si llevo tus huesos en mi espuerta?

Hubo un momento de confusión, é intervino el juzgado, que se hallaba esperando la resolución de jtan variados incidentes.

Antón, que llegaba del castillo, dió una noticia sin importancia que completada por Tomás, explicó el liécTio.

Miéntras los lobos sitiaban á éste , recelosos de la lucha, y después de haberle tenido acorralado algunas horas, se oyó un ruido extraordinario: el mono, sulDido sobre el cerdo, pasaba á todo escape, dando su .carrera acostumbrada: los lobos juzgaron ménos peligrosa aquella presa, y se lanzaron á la caza, dejando á Tomás huir hácia poblado. Antón anunciaba que el cerdo habia vuelto sólo. Los médicos reconocieron el cráneo del orangután, ántes de que se depositasen los huesos en la iglesia.

Cuando llegó Lázaro , no se esperaba encontrar en el pueblo un recibimiento tan. alegre. Tomás y Lucía abrazados: Lucía y Aurora reconciliadas: la causa sobreseída en principio, pues después de lo ocurrido, el Juzgado, los testigos y los médicos, buscaban á todo explicación satisfactoria, desechando lo que no conviniese al juicio ya formado del asunto: el ojo humano era indudablemente de ún enfermo: la sangre de la camisa, era sangre de una muela, y los gritos de Tomás habían sido de alegría.

Lucía no se cansaba de mirar á Tomás y le encontraIm mejorado.

Solo Lázaro lamentó la pérdida del mono, por haberse desperdiciado el ojo que consideraba como suyo, y que habia deseado tanto tiempo.

Apénaspudo regresar al castillo, se apresuró Ojeda á abandonar la población , porque habia notado con recelo que los ojos de Aurora y de Tomás, sin duda por espíritu de compañerismo, se buscaban y encontraban á menudo.