De la libertad del comercio · Sección preliminar
INTRODUCCION
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
INTRODUCCION.
Desde que Adani Smith enseñó a los pueblos cultos el verdadero, y hasta entonces ignorado camino de aplicar el racioci nio y la análisis filosófica a la investigación de los medios que crean, distribuyen y consumen los productos naturales y artificiales, cuya masa forma la riqueza de las naciones , la ciencia iniciada por aquel hombre célebre, y cultivada después con desinteresado celo y estudio laborioso en los principales focos de la civilización, ba llegado a ser , entre todas las ramificaciones de los conocimientos humanos la mas útil, práctica y efectiva; la mas fecunda en aplicaciones inmediatas y provechosas; la ciencia de los gobiernos y de los pueblos ; en una palabra: la ciencia social , por excelencia y antonomasia.
Ni cede en importancia a ninguno de los otros estudios , que tienen por objeto la ventura de los hombres solos, o reunidos, si se exceptúa únicamente la Etica, que recibiendo su sanción de Dios mismo , y arreglando en parte las relaciones de la criatura con el Criador, precede en dignidad a todas las especulaciones puramente humanas. La Economía Política no es, en efecto, menos vasta en su esfera de acción que el Derecho Público, ni menos positiva y grave en su influjo que lalegislacion civil y criminal : porque las relaciones mutuas de los gobiernos y naciones, objetos de los trabajos del publicista y del diplomático, y los
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preceptos impuestos a los contratos humanos, asi como los destinados a evitar, averiguar, reprimir y castigar los crímenes y delitos, materia primera de los trabajos legislativos, dependen esencialmente délas modificaciones, vicisitudes, peculiaridades, distribución, desarrollo y aumento o disminución de la riqueza pública: en términos que los códigos y los tratados no serian mas que resmas inútiles de papel , si no estuvieran en armonía con las circunstancias económicas de los pueblos a que se destinan, mientras que , por otro lado, las alteraciones que estas circunstancias experimenten, de resultas de las disposiciones emanadas de la autoridad que las modifica, son las bases necesarias e inevitables de todos los mandatos o transacciones a que debe sujetarse la vida pública de las familias humanas regularizadas en cuerpos políticos. ¿Qué relaciones, vínculos o puntos de contacto pueden imaginarse entre hombre y hombre, entre nación y nación, que no tengan por fundamento , por motivo o por consecuencia ya el fruto mismo de su trabajo, ya su producto , ya la transmisión , la seguridad , el despojo, o el progreso de uno u otro? ¿Qué disposición ha salido jamas del salón de un congreso , o del gabinete de un ministro , que no afecte por ultimo, directa o indirectamente , con mayor o menor amplitud e intensidad, la producción , la circulación o el consumo de alguno de los ciernen-
tos físicos que contribuyen al bien-estar y ala opulencia? Y, lo que es mas todavía , y d ce mas en favor de la verdad que esloi exponiendo, ¿cuál de los obstáculos que en cualquier parte del mundo se oponen a la prosperidad de los hombres, al desenvolvimiento de sus fuerzas productivas , a la seguridad de la posesión, y a la transmisión déla propiedad, no tiene su origen único en la ignorancia o en el error de los gobiernos? ¿Puede aca-
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so señalarse un solo mal , un solo inconveniente, de los pertenecientes al orden fiscal o económico, que no provenga de una lei^mala, o de la falta de una buena? Si, pues, existe por dicha de los hombres, un instrumento que indica estos vicios y su remedio ; un cuerpo de doctrinas , fundado en la observación y la experiencia, adaptable a todas las condiciones sociales y politicas , y del cual no es difícil deducir reglas seguras y preceptos sanos para dirijir los elementos creadores del bien-estar, de modo que esparza sus beneficios en la mayor esfera posible, ¿no es un deber imperioso de los gobiernos y de los pueblos , dedicarse a su estudio , poner en práctica sus principios , utilizar sus descubrimientos , y evitar los desaciertos que sentíala como tales , y cuyos preservativos y remedios explica y demuestra?
Es una verdad triste y poco honorífica a nuestra especie, pero harto visible a los ojos de todo el mundo, que después de tantos siglos de ensayos y de vicisitudes legislativas existen en todas las naciones, sin excluir las mas poderosas y sabias, males profundamente arraigados en su propia estructura , y en los elementos vitales de su composición , y que propenden sin cesar a restringir la producción , y a romper el equilibrio del repartimiento de los bienes reales necesarios a la subsistencia, a la comodidad y a los goces inocentes y lícitos. En unas partes la escasez de población , y en otras su excesiva abundancia , o condenan la tierra a la esterilidad y al abandono, o agotan su fecundidad, produciendo en uno y otro caso, infortunios análogos e igualmente peligrosos y deplorables. En otras partes , la población , correspondiente en su número al terreno que ocupa, se aletarga en estacionaria languidez, por falta de facilidad en los cambios, y de salidas para los frutos. Aqui, se agitan los pueblos en trabajos ím-
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probos , y parecen ardientemente afanados en enriquecerse , cuando de pronto, una mano invisible cierra las puertas por las que se esparcían en innumerables mercados, los frutos de su industria, y condena sus productores a todos los horrores de la miseria. Alli , dominados los pueblos por el mismo espíritu de empresa y de actividad, bailan por todas partes barreras que encadenan su energía. Naciones hai en que las leyes relativas a la propiedad y al trabajo, parecen ingeniosamente construidas con el único designio de privar a la propiedad de sus ventajas , y al trabajo de su recompensa. Otras , en que una legislación versátil y vacilante conmueve diariamente los cimientos del orden económico, y no deja tiempo al hombre para entablar y regularizar un sistema lijo y seguido de ocupaciones lucrativas. En casi todas las fracciones políticas del globo , se han inmolado los intereses generales a los del fisco , o a los de una clase preferida ; o se han antepuesto las quimeras de un sistema y los dogmas de una escuela, alas lecciones de la experiencia y de la observación ; o en el precipitado empeño de conseguir un fin inmediato , se han esterilizado en su germen los bienes del porvenir , o en fin ( y este error es casi universal) las leyes, arrancadas por las necesidades del momento o por las ideas a la moda , han recorrido, como un rio sin margenes, la superficie entera de la sociedad, embarazándola con un infecundo sedimento , en lugar de beneficiarla con una substanciosa y prolííica aluvión. En medio de tan calamitosos extravíos, y de tan culpables e imprudentes excesos, es una idea mui consoladora la que presenta al amigo de la humanidad, este codigo de documentos sencillos y juiciosos, redactado por la sana razón, a vista de las ruinas y estragos producidos por la ignorancia y por el orgullo. Allí, en efecto.
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astilla medicina de todas esas dolencias; allí la indemnización de tantos perjuicios; allí el preservativo de nuevas reincidencias en los mismos errores.
«Entrar en difusos argumentos, (dice un escritor moderno) para probar la importancia de una ciencia que tan nobles objetos se propone, sería una tarea sobradamente inútil. El consumo de la riqueza , es una condición indispensable a la existencia del hombre : pero la lei eterna de la Providencia ha decretado que esta riqueza (1) so-
(1) La Economía Política, como la Filosofía y la Legislación, lia tomado su nomenclatura del idioma común, y de aqui resulta muchas veces una confusión de ideas, que puede acarrear tristes consecuencias. En el lenguage científico , la palabra riqueza no tiene una significación relativa, como en el uso común de la sociedad. Smith no quiso darle una definición positiva, pero mui frecuentemente la designa, como «el producto annual de la tierra y del trabajo » lo cual sin duda puede aplicarse a los manantiales de la riqueza , pero no a la riqueza misma , ademas de incluir , bajo el nombre «producto de la tierra» innumerables productos inútiles, y aun dañosos. Malthus define la riqueza : «los objetos materiales , que son necesarios , útiles o agradables al hombre : » definición evidentemente viciosa , por comprender muchos productos , como el aire atmosférico , y el calor del sol, los cuales, no obstante la necesidad que el hombre tiene de ellos, por su existencia independiente y por la imposibilidad de someterlos a una posesión exclusiva , quedan excluidos de la investigación del economista. La definición adoptada por Me. Culloch parece obviar todos aquellos defectos, y es la que explica el sentido en que el autor de la presente obra la usa: a saber: «riqueza es el conjunto de productos materiales , que poseen un valor susceptible de hacerlos objetos de cambio , y que son necesarios , útiles o agradables al hombre.» Según las reglas aristotélicas, esta es mas bien una descripción que una definición perfecta: pero poco importa con tal que fije de una vez un sentido «claro e inequivoco, y evite el azote logico de las tergiversaciones y ambigüedades.
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no pueda ser obra de la industria ; que el hombre gane el sustento con el sudor de su rostro. Asi es como la producción de la riqueza ha llegado a ser el objeto constante y principal délos esfuerzos de la vasta mayoría de la raza humana ; asi es como se ha subyugado la aversión natural del hombre al trabajo , armando la paciente mano de la industria con el celo que emprende, y con la perseverancia que sobrepuja las tareas mas difíciles y repugnantes. Pero, una vez que está demostrada la necesidad de la riqueza ; una vez que el deseo de adquirirla basta para que nos sometamos a las mayores fatigas y privaciones, es claramente imposible dudar de la utilidad y de la importancia de la ciencia que enseña los medios de facilitar su adquisición, y de obtener su mayor aumento, con la menor dificultad posible. No hai Icase’ de personas para quienes sean útiles o inoportunos estos conocimientos: las hai para quienes sonjmas ventajosos que para otros, pero su importancia es universal. La prosperidad de los individuos, y por consiguiente, la de las naciones, no depende tanto ni con mucho, de la salubridad del clima, o de la fertilidad del territorio, como délas facultades que ellos poseen de aplicar el trabajo con perseverancia, destreza y juicio. La industria puede suplirla falta de aquellas no menos útiles prerrogativas. Ella puede convertir regiones inclementes e improduc livas , en residencias cómodas y gratas de una población numerosa, inteligente, culta y opulenta : pero donde falta la industria, inútiles son los mas prolificos dones de la naturaleza. » (1)
Si tales son las ventajas de la industria ; si su
(t) Articulo Economía Política , tle la Enciclopedia británica.
en la ultima edición
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ejercicio es ademas una necesidad de nuestra constitución intelectual y física; si tan palpable y tan infalible es su galardón; si tan lamentables las consecuencias de todas las barreras que se opo-
nen a su acción y a su desarrollo ¿ de donde vienen esas enormes dificultades que la obstruyen, la persiguen , y a veces la aniquilan o la abogan en su origen? ¿De donde esos obstáculos que encuentra por todas partes el hombre industrioso, cuando quiere egercer su razón y sus músculos en provecho suyo y de sus semejantes? ¿De donde esos conflictos de intereses, esas restricciones tiráni-
cas , esos miedos pueriles , esa muchedumbre de leyes, de reglamentos , de aranceles , de códigos
penales, de tratados diplomáticos, que por todas partes y a cada momento , salen al encuentro de la industria para aletargar su energía, esclavizar su independencia , frustrar sus esperanzas , y darle cuando menos, un giro torcido, que la desvirtúa, la mutila y la pervierte? Todo esto viene de
un error; error gigantesco en su extensión y en su
poder , ya que son tantas las preocupaciones que lo nutren , y los intereses que lo apoyan : pero cuya extirpación completa están acelerando diaria-
mente los progresos del saber, y las calamidades de los pueblos ; error que ha suscitado en daño suyo las especulaciones del sabio , y los clamores de las victimas ; error en fin , que por hallarse en contradicción abierta con las ideas mas profundamente arraigadas en las sociedades modernas , con los derechos de las mayorías, que van entronizándose tan rápidamente sobre las ruinas del poder absoluto , y con esa imperiosa necesidad de moralidad pública , que es el grito universal de los hombres de nuestro tiempo, parece destinado a desaparecer mui pronto del catalogo de nuestros descarríos.
El título de esta obra, contradicción termi-
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nante del error a que aludo, indica bastantemente su naturaleza. La esclavitud del comercio, tal es el mal que emprendo combatir en las siguientes paginas. Por ahora, y basta que nuestra población corresponda a la extensión de nuestro territorio ; la multiplicidad de ios trabajos fabriles a las necesidades de nuestra población incrementada; la cimentación del crédito público al aumento y a la propagación de nuestros capitales , en esta expresión Libertad de Comercio , creo que so compendia toda la ciencia económica necesaria para remediar los males de que adolecemos. Tan grandes son y tan complicados, quela empresa de atacarlos todos de frente, sobrepujaría las fuerzas del gobierno mas sabio , mas poderoso , y mas infatigable. Por fortuna todos ellos se ligan intimamente con ese principio funesto, cuya desaparición sería la señal de la desaparición de lodos ellos.
En España ha crecido de poco tiempo a esta parte , y de un modo extraordinario , el deseo de prosperar, y con él, lian crecido en proporción, el espíritu de empresa y de asociación , la afición a trabajos útiles, la competencia de las especulaciones , la aplicación de los capitales , y el ansia de mejoras en toda clase de trabajo y de industria. La Providencia nos lia dado, para arena de tan nobles luchas, un suelo pingüe, una variedad inagotable de producciones , muchos y excelentes puertos , rios navegables , en fin , todo cuanto puede apetecer una familia humana , para consumar los mas altos destinos que a la mas favorecida de ellas están señalados: sin embargo, con tantos elementos de ventura, con una raza inteligente, dócil y laboriosa, con un regimen político que afianza los derechos mas preciosos, lejos, muy lejos estamos del punto a que tartos esfuerzos se encaminan, y que tantas prerogativas
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nos señalan. Males agudos y extensos aquejan todas las partes de nuestro sistema económico. ¿Para qué nos detendremos en enumerarlos? Harto patentes están a los ojos de todo el mundo. Y sin embargo , si consideramos que la escasez de nuestra población, la mezquindad de nuestro comercio, la insolvencia de nuestro tesoro , la nulidad de nuestro crédito , y todas las otras calamidades que con ellas se ligan y que de ellas emanan , tienen la mas estrecha afinidad con , y son los frutos naturales de un solo principio mortífero , que en todas partes , y en todas épocas ha dado los mismos resultados ; si tenemos presente que el principio contrario ha dado constantemente consecuencias contrarias ; es decir, ha producido los bienes opuestos a los males que nacen del principió antagonista , ya que no alcemos un grito unisono en favor del uno y en execración del otro, ¿nos negaremos al examen pausado y metódico de una cuestión que envuelve tantas cuestiones vitales?
El autor de la presente obra no se jacta de poseer la Panacea de tantas enfermedades , ni tiene la vanagloria de creerse poseedor del talismán que las extinga. Pero la ciencia existe , y está a su alcance, como al de todos los que la consulten; y la ciencia, hablando en las producciones escritas de los muchos hombres distinguidos que la cultivan, y por boca de uno de sus mas ilustres adeptos , (1)
(1) Alude el autor a los auxilios que le ha prestado el célebre M’ Culloch, en diferentes entrevistas con que lo ha favorecido. Este bien conocido escoces pasa por el mayor economista de la época presente. El autor le debe muchas de las doctrinas y argumentos de que se vale en el curso de esta obra. «No hai mas remedio, ha dicho muchas veces al que esto escribe, para los males de España: — que emancipen al comercio, y todo lo demas vendrá en pos.»
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ba revelado al mundo civilizado , lo que la naturaleza , cuando no vician sus impulsos sofismas interesados , revela a la razón desnuda que la consulta de buena fe. Este doble oráculo se encierra en la expresión libertad del comercio.
El asunto es tan vasto , y ba sido tan copiosamente ilustrado por los escritores modernos, que mas he trabajado en reducir a pequeño espacio toda la materia que suministra , que en diluirlo con raciocinios , comentarios y digresiones. Habiéndome propuesto el único objeto de ser útil, he desdeñado la intención de ser aplaudido. Para esto procuro , en cuanto me es posible , desembarazar mis argumentos y explicaciones de la fraseología técnica , y adoptar las locuciones mas sencillas y familiares. Con el mismo proposito, y convencido de que en obras de esta clase, la erudición es un adorno postizo , cuando no sirve a confirmar verdades y principios, por medio de autoridades irrecusables, me be abstenido de citar autores , y de acumular hechos y datos , cuando he podido pasar sin estos socorros. Me he fijado principalmente en raciocinios ; es decir , en deducir consecuencias naturales y lógicas de premisas ciertas y conocidas : porque en el departamento de las ciencias morales y políticas , este enlace de antecedentes y consecuencias, forma la fuerza principal que ha de obtener el convencimiento , y que ha de disipar los obstáculos que se le oponen. Sin embargo , toda ciencia es de hechos , y los raciocinios serian ilusorios, si los hechos no los confirmasen. Por esto , éntrelos innumerables que habría podido escoger en defensa de mis opiniones, he preferido los mas señalados por su importancia y gravedad , y en cuanto a su certeza , casi todos los que cito se fundan en documentos de oficio , o en autoridades incontrovertibles. La Estadística Comercial ha hecho muchos progresos en estos
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últimos años , y diariamente se están dando a luz datos copiosísimos y curiosos , que permiten al observador atento y despreocupado , seguir paso a paso las consecuencias prácticas de las instituciones y de las leyes. Los que se dedican a esta clase de estudios, deben un gran tributo de agradecimiento al Parlamento de la Gran Bretaña , cuyas diferentes comisiones consagran un trabajo improbo a la averiguación de los hechos económicos, y cuyos trabajos se dan anualmente a luz , con una profusión de esmeros y de gastos , dignos de aquella gran nación , y de sus ilustrados y patrióticos representantes.
En esta ciencia , como en todas las de observación , también engañan los hechos , y no seria prudencia fiarse de ellos , tomándolos en su aislamiento , o limitándose a un número reducido, en cuya producción ha podido tener parte una causa diversa de la que se trata de esclarecer. Pero tampoco sería racional ni justo exigir la uniformidad invariable , en materias en que influyen tantas causas versátiles y transitorias. Es mui común argüir contra una teoría política , filosófica o económica, fundándose en que no cuadra con ciertos hechos conocidos. Pero esta falsa lógica prueba en el que la usa , una completa ignorancia de los límites e Índole de aquella clase de ciencias. Fácil es probar , por ejemplo , que muchos individuos v compañías se han enriquecido por medio del monopolio y de los privilegios exclusivos. Mas la consecuencia que de aqui se deduce es la misma que se deduciría de la riqueza adquirida por el saqueo y el robo. ¿Se infiere de estos ejemplos que las sociedades se enriquecen, adoptando aquellos medios ? He aqui , sin embargo , el legítimo punto de vista en que el economista debe colocarse. Interin no se le demuestre que los monopolios y privilegios, son favorables a la nación ente-
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ra , está sobradamente justificado en condenarlos como ruinosos y funestos. Aun cuando se le presentasen casos aislados en que las sociedades se lian enriquecido por aquellos medios , a menos que estos casos fuesen mui superiores en numero y en importancia a los que obran en sentido contrario , su obligación es persistir en reprobar y negar la inferencia. Post hoc , crgo propler hoc , no ba sido nunca un argumento vencedor. Si tales circunstancias favorables lian coexistido con ciertos principios maléficos y destructores, es necesario examinar i .° si las circunstancias a que se alude son tan favorables como se dice : 2.° si no serian infinitamente mas favorables, faltando el principio coexistente. Ante esta severa e imparcial análisis, se disipan mui fácilmente , los errores raasalhagtieñosy alucinadores. Todos sabemos que han existido muchos monarcas absolutos eminentemente humanos , benévolos y generosos , y el demócrata mas encarnizado se verá obligado a confesar que, a la sombra de su autoridad, los pueblos han vivido contentos , seguros y dichosos. ¿Quién osará, sin embargo, inferir de aqui que el poder absoluto es mas ventajoso a los hombres, que el responsable , y el restringido por leyes populares?
Felizmente , el tema que se sostiene en esta obra, no tiene que recelar mucho de las contradicciones de la experiencia, y explica , de un modo fácil y claro , las anomalías aparentes en que se fundan sus contrarios. El principio de la libertad de comercio , como se entiende en esta obra, no solo está intimamente ligado con la naturaleza del hombre, y con los dogmas fundamentales de la sociabilidad; no solo está perfectamente de acucíalo con la razón común y la lógica de la naturaleza : sino que armoniza con las lecciones de Ja Historia, y se fortifica en grandes y deplora-
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bles escarmientos. Las propensiones irresistibles del corazón humano, lo favorecen; el interes de ios pueblos lo exijen ; la sabiduría lo sanciona , y solo falta que el curso del tiempo y los progresos de la civilización , o el genio de un hombre , o el clamor preponderante de la mayoría, lo saque de su inactividad , para que , convertido en resorte motor de las sociedades , y llama animadora de su vida, señale en los anales de la humanidad una de sus épocas mas venturosas , y el triunfo de la inteligencia , sobre los intereses torcidos , los errores voluntarios, y las preocupaciones inexcusables.
CAPÍTilO I.
Definiciones y Explicaciones. Naturaleza j límites de la Libertad del Comercio.
La palabra Libertad , como todas las que representan ideas abstractas, complicadas y extensas, no es quizas susceptible de una definición satisfactoria : a lo menos , ninguna de las que se ban dado hasta ahora a la libertad natural , a la libertad civil y a la libertad politica , está exenta de inexactitud , indeterminación y obscuridad. En todo sentido, el genero de estas definiciones es la idea de facultad : pero la diferencia no ha sido señalada todavía con caracteres precisos e inerrables. Aplicada al comercio , no presenta tantas dificultades , y el entendimiento mas vulgar comprende a primera vista qué significa comerciar libremente. Sin embargo, cuando se trata de modificar instituciones humanas , que abrazan tantos intereses , y que influyen en tantas clases y en tantos hombres , no parece que deba ser lícito contentarse con esta idea vaga y trivial. Procuremos , pues , empezando ana-
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tilicamente por los elementos constitutivos de la idea misma , señalarle el puesto que dehe ocupar
en nuestras investigaciones.
La Providencia ha señalado a cada región de la tierra, diferentes clases de productos de los destinados a satisfacer las necesidades, y a engrandecer y refinar los goces de sus habitantes. .Ninguna porción determinada del globo produce espontáneamente, ni puede producir, por mas esluerzos que hagan el trabajo y la sabiduría, todos los olíjetos destinados a aquellos fines, y como por una lei constante de nuestra constitución física y moral, la satisfacción de una clase de necesidades exige imperiosamente la de otras, y los goces se multiplican a medida que nuestras facultades se engrandecen y perfeccionan , es absolutamente imposible fijar los límites de esta esfera de acción y de energía, asi como lo es enumerar, aun aproximativamente, las producciones naturales y artificiales
que las alimentan y estimulan. Aun en el territorio mas fecundo y privilegiado, el conjunto de habitantes que se redujese a vivir de los productos que él solo diese , no saldría jamas del estado salvage, y no solo carecería su inteligencia de aquella ilustración que resulta de la comunicación y roce con otros pueblos: sino que ni aun su ser físico podría adquirir su perfecto desarrollo, condenado, como inevitablemente lo estaría, ala escasez de alimento , y a la falta , o a la imperfección de los inventos y amaños , que , preservando nuestra estructura material de los rigores de la intemperie, y de las dolencias que producen los extremos de las estaciones , contribuyen tan eficazmente a mejorarla, hermosearla y fortalecerla. Como , por otra parte , de resultas de esta sabia distribución de productos espontáneos, los que faltan en una latitud se hallan en otra , y las necesidades que se sienten en cierta localidad , fie-
nen en otra los objetos destinados a satisfacerlas* mientras en esta abundan los que alli se requieren , parece que la Providencia misma impele a los hombres a cambiar entre sí los sobrantes de sus moradas respectivas , estableciendo ese enlace de servicios mutuos, ventajosos a las dos partes que los prestan ; ese sistema de transmisiones reciprocas de propiedad y posesión , a que damos el nombre de comercio.
Considerado el comercio en este punto de vista original y primitivo ; teniendo presente que se compone de actos puramente libres y voluntarios, útiles y provechosos a los que los ejecutan, y reflexionando ademas que la Providencia nos ha concedido todas las aptitudes, todas las fuerzas, todas las inclinaciones necesarias para desempeñarlos, no se percibe a primera vista como se puede abusar , de un pueblo a otro , de la facultad de comerciar entre sí , cuando los intereses comunes a ambos los convidan a ello , ni se pueden atribuir, sino a fines demasiado recónditos, que pueden parecer torcidos a unos, e impenetrablemente ingeniosos y prudentes a otros, las coartaciones y trabas que imponen a esta misma facultad, las autoridades a quienes está confiado el cuidado déla ventura pública. En el orden moral, en el civil y en el politizo , se entienden todas , y se agradecen y aplauden algunas de las restricciones impuestas a la libertad. « Es inútil, dicen los Editores de la Revista ele Edimburgo , hablar de la violación de la libertad natural , porque hace siglos que ha dejado de existir. La sociedad se funda en su aniquilación, o a lo menos, en las coartaciones que se le han dictado , y la cuestión real y verdadera , con respecto a una coartación determinada, es, si es o no ventajosa. Si lo es, debe ejecutarse : si no lo es , debe abolirse. » En efecto, basta el sentido común para conocer que la i 1 i-
«« 26 ¡Shuntada libertad moral se opondría a la lei divina, y a la felicidad de los individuos ; que la ilimitada libertad civil , sería incompatible con la seguridad pública, y con la administración de justicia, y que bajo un sistema de ilimitada libertad política, las ideas de gobierno , leyes , magistratura , subordinación y gerarquia , no podrian ser otra cosa que quimeras irrealizables.
Pero ¿cuál de estos inconvenientes , o qué inconveniente análogo a estos presenta la libertad de comercio , exenta de otros límites que los que le dicta el in teres de los que lo practican? ¿Qué abuso puede hacerse de ella que no recaiga inmediatamente en el que lo comete? ¿Qué otra libertad está en conflicto con ella? ¿Quién puede quejarse de su indefinido y franco ejercicio? ¿Quién padece , a quién se agravia , qué bienestar se disminuye , qué males pueden seguirse de su no restringida operación? Si se nos privara de la facultad de ver y de oir , en la imposibilidad de adivinar los motivos de tan absurda prohibición ¿no nos sentiríamos mui inclinados a indicarle un origen interesado o vicioso, un fin puesto en contradicción con la ventura general , un proposito opuesto a los designios de la naturaleza , y a nuestras mas inocentes inclinaciones? Asi es en efecto , con respecto a las leyes prohibitivas y restrictivas del tráfico. Ha sido preciso que las sociedades se separen con el curso del tiempo del camino trazado por la sana razón , que dictó las primeras leyes ; ha sido preciso que se alcen en su seno intereses enemigos de los intereses generales ; ha sido preciso que las faltas y las pasiones de los que gobiernan hayan excedido con demasía la necesidad de las prestaciones , y sacrificios délos gobernados; ha sido preciso, en fin, que el sofisma, el falso saber y la degradación del raciocinio hayan prestado sus armas a aquellos extra-
vios, para que los hombres hayan pensado en encadenar sus mas preciosas facultades , en envilecer sus mas nobles prerogativas, y en contrariar sus mas honoríficas propensiones.
Y, sin embargo, hubo gobiernos corrompidos y tiránicos , y gefes de naciones opresores y codiciosos , antes que se diese un paso tan aventurado en la carrera de los delirios humanos. (1) Por
(1) En todos los cuerpos del Derecho Romano, que, como es sabido , no escasea restricciones a toda especie de libertad, no se hallan mas que dos impuestas a la del comercio , y una y otra son posteriores a la translación del imperio a Constantinopla. Una prohíbe la importación de la púrpura , exclusivamente destinada al uso del emperador; otra la de los puñales fabricados en paises extrangeros. La primera , consideradas las preocupaciones de la época , es sobradamente excusable. La otra, expedida durante las sangrientas facciones del circo , cuando los hombres se mataban a millares, bajo las banderas opuestas de los verdes y de los azules , parece dictada por un sentimiento loable de humanidad y previsión. Esta independencia del comercio, bajo el dominio de los romanos, es tanto mas digna de atención, cuanto que en aquel pueblo militar y orgulloso, toda ocupación lucrativa era mirada como vil y deshonrosa, excepto la agricultura. Cicerón , con toda la sublimidad de su inteligencia, participó grandemente de esta preocupación. «¡Iliberales autem et sor didi queslus mercenariorum, omniumque quorum opera } , non quorum artes emuntur. Est enim illis ipsa merces, auctoramentum servilutis. Sordidi etiam putandi , qui mercantur a mercatoribus quod statim vendant, nihilenim proficiunt, nisiadmodum mentiantur. Opificesque omnes in sórdida arte versantur , nec enim quidquam ingenuum potesl habere officina.... Mercatura autem , si tenuis est, sórdida putanda est ; sin autem magna et copiosa , multaque undiquc apporlans, multisque sine vanitatc imper tiens , non est admodum vituperanda. (De officiis lili. 1 . sec.
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una contradicción que se encuentra frecuentemente en los anales de nuestra especie, el sistema restrictivo es contemporáneo del restablecimiento del saber y de los progresos de la civilización; de ese mismo saber y de esa misma civilización que están destinados a extirparlo del mundo, y a borrar en su virilidad la mancha y la ignominia de su infancia.
En dos principios mui diversos han tenido origen las leyes que encadenan la producción, la circulación y el consumo de los frutos de la industria natural y manufacturera. Uno ha sido el deseo de favorecer ciertos trabajos privilegiados, cortando de raiz toda rivalidad que pudiese hacerle sombra; otro la necesidad de ingresos en el tesoro público. Desembaracemosnos por ahora de la primera de estas dos consideraciones, a la cual dedicaremos muchas paginas en lo succesivo. Fi-
En la edad media , las restricciones del comercio , lio eran mas que una aplicación del derecho feudal , y fueron consideradas como poco menos violentas y criminales que el derecho que se arrogaban algunos barones y castellanos de despojar. a guisa de salteadores de caminos, a todo caminante que pasaba por su territorio. En muchos estados de la cristiandad, la introducción de los derechos de importación, ocasionada por las necesidades del fisco , y clasificado como el papel sellado y la sisa , entre los abusos mas insoportables del poder , causó mucho descontento en los pueblos , y en varias ocasiones fue abiertamente resistida. Grocio y la mayor parte de los escritores de su escuela , condenaron formalmente estos excesos de la autoridad, y pensaban, sobre este asunto, con tanta latitud, como los escritores mas liberales e independientes de la época actual. Luego veremos cpie ya en el siglo X Vil se hablaba en Inglaterra de la libertad de comercio, con no menos amplitud, cpie en la epoea presente.
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jemosnos en la segunda, que es la que se liga con las ideas en que nos proponemos apoyar una definición correcta de la libertad de comercio. No se opone ni a la justicia, ni a la conveniencia pública , antes bien concuerda con la igualdad y el equilibrio que deben dominar en la distribución de las cargas generales , la obligación impuesta al comercio , de contribuir , como lo hace la propiedad territorial a los gastos que exigen la conservación del orden y el servicio déla Sociedad. Tampoco estaría en contradicción con aquellos principios la preferencia dada con respecto a estas pretensiones al comercio estrangero , ni la idea do exigirlas en el momento de su introducción en el territorio nacional, sino fuera por la odiosidad de las medidas, por el espíritu inquisitorial y perseguidor , por el riesgo de la corrupción y del soborno , que parecen inherentes a este sistema , y que ningún gobierno, por sabio y cauto que haya sido , ha sabido evitar hasta ahora. Sonríe , en verdad, al legislador benévolo la facilidad con que aparentemente obra esta clase de impuestos. El introductor los paga sin repugnancia , seguro de indemnizarse con el aumento de precio que pide al consumidor. Este los paga, casi sin saberlo , como una parte del precio que satisface al introductor. Pero al través de este aspecto de equidad y de conveniencia ¿ cómo pueden ocultarse los inconvenientes, las calamidades y los crímenes, que no solo equilibran , sino que destruyen aquellas ventajas? La necesidad de mantener y pagar una falange numerosa de empleados públicos , armados de un poder , que , en muchos casos , es forzosamente irresponsable y arbitrario ; las sumas inmensas que se invierten en pagarlos , y en la creación y conservación de los edificios necesarios para las operaciones de su instituto; las vejaciones V molestias, que , aun ejer-
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riendo sus funciones con rectitud e imparcialidad, ocasionan al negociante ; el carácter tiránico y odioso del registro , indispensable para la recaudación: ese registro desmoralizador que abre los secretos de las familias a las miradas de un mercenario , y que somete un hombre honrado e independiente a continuas afrentas y humillaciones; el espíritu de malevolencia, de delación y de hostilidad que esparce entre los hombres el rigor de los reglamentos ; las facilidades que este mismo rigor abre al cohecho y a la seducción; el desprecio con que se llegan a mirar Jas leyes cuando es tan fácil y tan provechoso eludirlas : todos estos inconvenientes ¿no bastan y sobran para compensar el lucro metálico que produce una tarifa sobrecargada y tiránica , como lo son , sin una sola excepción, todas las vigentes? Aunque no hubiese otra objeción a la esclavitud del comercio que la existencia del contrabando ¿no bastaría él solo para desacreditar aquel sistema , como uno de los medios mas eficaces de armar los ciudadanos contra las leyes , multiplicar en vano las disposiciones del codigo penal, y borrar, en vastas masas de seres humanos, hasta las ultimas trazas déla honradez, de la subordinación y del patriotismo? (1) En vano se buscará en la vasta nomenclatura de imposiciones, contribuciones , tasas y derechos, uno solo que presente tantos sintomas de iniquidad, y que produzca tan desastrosas consecuencias. Ninguno de los inventos puestos en uso para disminuir la riqueza de los individuos en pro de la del erario , está tan impregnado como este , en lagrimas y maldiciones; ni tan en oposición con los deberes recíprocos de los hombres , y con los que ligan entre sí a las naciones y a los gobiernos:
’h Vease e! Capítulo VI de esta obra
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ni tan en guerra abierta con las inclinaciones mas honoríficas del corazón humano ; ni , en fin , tan expuesto a las oscilaciones y mudanzas, como los cambios de la politica , y las alteraciones de las costumbres públicas , y de los hábitos generales provocan, y que forzosamente privan al comercio de aquella confianza en el porvenir , que es una de las condiciones vitales de su prosperidad.
A vista de tan enormes y mortíferos resultados, que sería en vano negar, estando como estan al alcance de todo el mundo , y formando como forman, el inagotable asunto de tantas quejas y declamaciones; y no siendo difícil demostrar, como esperamos demostrarlo en el curso de esta obra , que la emancipación del comercio , lejos de ser perjudicial a los intereses que se quiere asegurar con su opresión, les es en alto grado favorable y ventajosa , es, por cierto, digno de admiración que no haya existido todavia un gobierno bastante magnánimo y sagaz , para romper de una vez tantos vinculos afrentosos , tantas incomodas barreras, ni un hombre público bastante ingenioso y entendido para reemplazar las sumas que producen al erario los derechos de importación , por otras contribuciones menos herizadas de peligros , y menos fértiles en desastres y miserias. La destrucción total de las aduanas , la abolición completa de los resguardos , la facultad indefinida de importar géneros extrangeros, sin someterse a una sola formalidad , ni contribuir con un solo peso al tesoro , con tal que se proporcionasen a este otros medios de llenar aquel vacio, no produciría el mas pequeño perjuicio a los individuos ni a la masa común , que no fuese mas que suficientemente compensado por beneficios directos e indirectos , transcendentales a todas las clases de la sociedad ; no daría de sí una alteración que no fuera un progreso ; no alarmaría otros
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intereses que los que se derivan del abuso de la autoridad , y de esa funesta empleomanía que devora las sociedades modernas ; y , en fin , no privaría de ingresos al tesoro en una dirección , sino para multiplicarlos en otras, infinitamente mas seguras y mas incontaminadas. Quiméricas Utopias parecerán estas ideas a los que , por una contradicción cuyos ejemplos abundan en nuestros dias , mientras se prestan gustosos a la destrucción de las instituciones mas consolidadas pelel tiempo, y mas respetadas por los pueblos, veneran con estúpida pusilanimidad, las que el curso del tiempo está continuamente desacreditando , y las que los pueblos detestan como obstáculos insuperables a su ventura. Diallegará en que la obcecación de las generaciones que se lian doblado pacientemente al férreo yugo de las leyes fiscales, provoque en otras mas ilustradas y magnánimas , la misma desdeñosa estrañeza que producen en nosotros los descarríos y extravagancias bajo las cuales gemía la Europa en los siglos de la edad media. (1)
(1) No es esta la vez primera que se ha presentado al público la idea de la completa e ilimitada emancipación del comercio. Entre los escritos que han parecido sobre este asunto merece particular atención un articulo publicado en 4819 en la Biblioteca Universal de Ginebra , trabajo profundo y meditado , que excitó mucho interes en los economistas , y que quizas hubiera abierto los ojos de los gobiernos del Norte , a no haber sido por las dificultades de la época en que se dio a luz. Y ya que tócan os un punto en cuya discusión , por las arraigadas preocupaciones que lo obscurecen, son de gran precio las autoridades, citemos una americana , a la que en este genero de doctrinas no puede hacer frente ninguna de las mas brillantes de Europa: la del Dr. Channing , célebre filosofo de los Estados
Mas a pesar de esta enorme desproporción entre estos dos opuestos sistemas ; apesar de la íntima convicción que produce en todo hombre de buena fe y de sano juicio el paralelo de sus respectivas ventajas y desventajas, hai, (es preciso confesarlo) circunstancias irresistiblemente imperiosas , que trazan límites al celo del filántropo, y lo obligan a ceder suspirando a la fuerza de las cosas , y a los errores que ban llegado a identificarse con los cimientos del orden existente.
España se halla en este caso. Su tesoro tiene vastas e imperiosas necesidades, que no bastaría a cubrir ningún sistema de contribuciones exclusivamente directas. Es forzoso que salgan de los
Unidos, y cuyas obras ban excitado dignamente la admiración de todos los amigos del saber. « Quisiéramos , dice, que en virtud de un gran progreso en la ciencia de la administración, se cerrasen de una vez todas las aduanas que cubren las costas de la Union, desde Maine hasta Luisiana. Los intereses de la naturaleza humana requieren que se rompan todos los hierros que encadenan el trato mutuo de las naciones ; que los países mas distantes truequen entre sí todos sus productos, sean manuales o intelectuales. Consideramos un sistema de comercio absolutamente libre , como el medio mas importante de esparcir en toda la extensión del globo el saber, el bienestar, la religión. Ja civilización y la libertad , y desearíamos que se consagrasen a esta gran causa todos los esfuerzos de nuestro país. No somos admiradores de la gran ventaja que se atribuye a los aranceles; a saber , que evitan los impuestos directos , v sacan grandes sumas de los pueblos, sin que ellos sepan que las pagan. En primer lugar, un pueblo libre debe saber lo que paga por serlo , y pagarlo gustoso , desdeñando que lo engañen para mantener al gobierno , como desdeñaría el mismo artificio, para la manutención de su familia. Después no creernos que los Gobiernos deban recibir grandes ingresos, porque nn tesoro opulento está en gran peligro de ser
contribuyentes , y que la riqueza mercantil contribuya , como todas las otras , al sosten de las cargas públicas. Todos los que viven y prosperan a la sombra de un gobierno están interesados en su conservación y dignidad , y que paguen unos servicios sin los cuales el orden público se derrumbaría, y no podría haber sociedad verdadera. Cediendo a esta necesidad inevitable , pero no capitulando con ella sino bajo las condiciones de abolición absoluta de prohibiciones , el mas bajo grado posible de derechos de importación , y la mayor lenidad posible en la interferencia y uso de la autoridad para su examen , reduciremos a límites algo mas estrechos que los naturales y lo-
un instrumento de corrupción para los que gobiernan v para los gobernados. ¡ Ojala desapareciesen de un todo los aranceles! Con ellos desaparecerían las causas de las envidias, de las guerras, del perjurio, del contrabando, de innumerables fraudes y crímenes, y de un tejido de trabas que encadenan el tráfico, destinado por su naturaleza a ser tan libre como el viento.» Channing On the Union . El mismo escritor escribió pocos dias antes de su muerte , estas admirables palabras: ((¡Comercio libre! Este es el deber y el interes de la especie humana , nivelar todas las barreras que se le oponen; cortar el sistema de restricciones en su raiz; abrir todos los puertos a todos los productos: a esto debe consagrarse la humanidad ilustrada. Libertad de mares, libertad de puertos, comunicación internacional libre como el viento: este no es el sueño del filántropo. A ese fin Caminamos, y debemos apresurarlo por todos los medios posibles. Cuando la civilización llegue a su madurez de saber y de Cristianismo , los hombres considerarán las restricciones actuales, como nosotros consideramos las fajas con que atormentaban ala niñez nuestras abuelas. La libertad del comercio , que tanto progresa actualmente en la opinión, es otra gloriosa pr ueba de la tendencia de nuestro siglo a la universalidad.» Channing, On the present age ,
«icos la significación de las palabras Libertad de Comercio. Teniendo presentes las condiciones de la sociedad en que vivimos , los empeños de su gobierno, la extensión de servicios públicos que la civilización requiere, y el impulso que todos los ramos de felicidad pública deben recibir del foco de la autoridad, diremos , copiando a un gran economista , (1) que «los mas decididos abogados del tráfico libre reconocen inequívocamente la justicia délos derechos que se le imponen, como necesarios a la existencia del gobierno y al desempeño de sus compromisos ; que los principios del tráfico libre no se oponen a las exigencias fiscales, con tal que se mantengan en los límites de la moderación y de la imparcialidad ; que todo lo que demanda es una entera y perfecta libertad de comprar en el mercado mas barato , y de vender en el mas caro ; por ultimo , que se satisface con que se consulten antes que todo , en materia de legislación comercial , los intereses del que consume.» Diremos, con otro escritor distinguido, (2) que «la verdadera sabiduría, la practicable en el mayor número de casos, consiste en las reglas que se derivan de un acertado compromiso entre ideas diametralmente opuestas»; y tomando por lema el manoseado
Est quoddam prodire tenus, si non dalur ultra: a fin de fijar de una vez la significación de una palabra de que vamos a hacer un uso continuo, entenderemos por libertad de comercio , aplicable a los países , cuya felicidad se trata de promover
(1) El Examiner de Londres de TI de Septiembre de 1841. Este periódico semanal es uno de los mas celosos, mas sabios y mas incansables defensores de la libertad del comercio .
Í2) Dublin fíeview Augu&t 1841.
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en esta obra — la facultad ilimitada de exportar r importar todo genero de producios naturales y fabriles , con los derechos mas bajos, compatibles con las necesidades del fisco, y sin otras obligaciones , requisitos , o diligencias que las absolutamente indispensables para asegurar el pago de aquellas exacciones.
Quisiéramos ser todavía mas positivos y terminantes , y fijar los límites de estos derechos que reconocemos necesarios. Mas parece imposible y sería realmente temerario establecer cantidades invariables en un ramo tan complicado y difícil.
Es de esperar que desaparezcan para siempre de los aranceles esos absurdos y monstruosos derechos de 90 y 45 por ciento, que basla ahora no han hecho ingresar un peso en las cajas de las aduanas, y que solo han servido para dar poderosos estímulos , y proporcionar cuantiosas ganancias al contrabando. En los paises que ha estudiado de cerca el autor de esta obra , todo derecho que exceda el límite de un 15 por ciento, leparece violento, y tan contrario a los intereses del comercio como a los del erario. Pero cualquiera que sea el número que se señale, lo que importa esencialmente es que no se oiga hablar mas de derechos específicos , y que todos ellos , o por mejor decir, que el único que se establezca sea uniforme y ad valorcm. Una vez admitido el principio que el comercio ha de contribuir solo para satisfacer la parte que le corresponde en las cargas públicas , y no para favorecer uno o muchos ramos de industria nacional, no se entiende porqué se han de diferenciar unos géneros de otros en la suma que pagan al entrar en el territorio. Es increíble cuanto han trabajado los hombres en complicar y aumentar sus propios infortunios , y en embarazar la máquina gubernativa , ya harto envedada y confusa , de resultas de los extravíos de oirás generaciones. Asombra el considerar cuan-
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los informes, cuantas averiguaciones , cuantas disputas lia costado a los ministros , a los diputados, a las juntas de aranceles , la ridicula tarea de clasificar los derechos que han de imponerse a productos casi homogéneos. Estas diferencias se cuentan , en algunos aranceles , por centenares ; y , el que no está iniciado en los sublimes arcanos de los expedientes y oficinas , no podra comprender, por ejemplo, qué razón hai para que en el mismo pais , el hierro en forma de clavo ha de pagar mas o menos que el mismo metal en forma de pico o de hazadon ; por qué el vino procedente de tal latitud no ha de pagar lo mismo que el mismo líquido procedente de algunos grados mas al sur o al norte. Una vez admitido el principio que el comercio extrangero debe pagar al Estado , por la misma razón que le pagan la propiedad y la industria , no hai un solo motivo justificable para que se inventen diferencias artificiales , en lo que, a los ojos del gobierno , no es mas que un genero de riqueza , que exige de él un genero de protección y apoyo, y que debe remunerar este servicio con un genero de compensación. Mil pesos de paños, como masa de valores , no son mas ni menos que mil pesos de papel o sombreros. Los sombreros y el papel no requieren de la autoridad mas ni menos patrocinio , mas ni menos esfuerzos para hacer efectivo este patrocinio que el paño. Si la sencillez y la facilidad son condiciones preciosas de la máquina administrativa , en ninguna de sus ramificaciones son tan indispensables , como en la que abraza tantos intereses , se diversifica en tantos productos, y establece tantas relaciones entre los hombres.