De la libertad del comercio · Sección preliminar
Preliminares
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
Legibus insanis ....
. . . . Quod magis ad nos
Pertinet^ et nescire malum est agitamtis.
Horat* Libe II. Sat. ۥ
cando una regeneración política en lugar Je ser el producto repentino de sacudí alientos destructores y de sangrientos conflictos , proviene de causas mas lentas en su acción y menos maléficas en sus consecuencias inmediatas , no esest rano (pie en el orden de cosas que sucede a la crisis , algunas partes de la estructura de la sociedad nueva conserven restos de los inconvenientes :•/ errores de
f /
la antigua, ni es justo culpar a los hombres públicos , que dejan pasar los años y continuar los abusos , antes de poner las instituciones erróneas al nivel de las perfeccionadas : empresa muchas veces gigantesca, que no favorecen siempre el tiempo y las circunstancias.
Tal es la situación presente de la nación española , cuya admirable transformación en pueblo libre y representado , no ha sido ni podido ser una consumación tan omnímoda y completa, que comprenda absolutamente todas las partes vitales del ejercicio de la autoridad , y todas las relaciones que la ligan con los gobernados. Quedan aun importantes vacíos en la obra grande que bajo tan gratos auspicios lia empezado : vacíos que indispensablemente han de llenarse , so-
pena de que ¡te desplome lo edificado Imita alio ra , 1/ se pierda el fruto de tantas labores y sacrificios.
Mas entre estas ingentes necesidades , hai una por cuya pronta satisfacción , claman de consuno el honor nacional , la moralidad pública , la libertad del trabajo , las exigencias del consumo, el orden legal, y hasta la caridad cristiana , a cuyos santos preceptos se ofrece una no interrumpida infracción , cuando se dejan en pie los alicien tes del crimen, y los obstáculos que se oponen a que todos los hombres participen de las bondades de la Providencia. Esta necesidad , como nuestros lectores han debido inferirlo, es la de un sistema de hacienda, enteramente opuesto al que actual mente nos rige: en cuya breve expresión se encier ra el mas alto elogio del que se desea : sistema que combine los intereses del tesoro con los de los contribuyentes , y sobre todo, que facilite, afiance, proteja, ensanche y estimule el caput mortuum de que exclusivamente han de emanarla prosperidad délos contribuyentes y la del tesoro: la producción.
Porque de los dos grandes órdenes de relaciones que un sistema de hacienda crea y consolida, a saber, las que median entre el tesoro y los contribuyentes , y las que ligan la producción con el consumo, las ultimas , en las circunstancias actuales de la nación, son de una magnitud e importancia infinitamente superiores a la primera ; y la razón es clarísima , supuesto que sin producción y consumo no puede haber prestación de ninguna especie al poder que nos defiende y gobierna ; y por la razón contrána , las
prestaciones con que este ha de sostener su acción, deberán crecer en proporción al incremento que tomen los manantiales que lo alimentan. Infiérese de aquí que el orden logico de proceder en asunto de tanta gravedad y trascendencia , señala el primer lugar , y la precedencia de tiempo , en la regeneración que inevitablemente ha de modificar la Hacienda pública , a la parte legislativa concerniente a la organización del trabajo
Bajo esta denominación indefinida, compren demos la agricultura, la industria fabril, y el comercio en todas sus ramificaciones. Están unánimes todos los economistas despreocupados en la igualdad de importancia que estos tres ramos ocupan con respecto a su influjo en la creación , distribución y consumo de los valores ; es una verdad , puede decirse , demostrada que la prosperidad de ninguno de ellos ha de separarse de la prosperidad de los otros , sin que los tres se deterioren y arruinen’, las condiciones que uno de ellos necesita para nacer y ampliarse, son las mismas que necesitan los otros; y en esta identidad perfecta de naturaleza y de circunstancias , es difícil , si no imposible , hallar motivos excusables de someter cada uno a una legislación peculiar, o de no abrazar a los tres entina sola legislación, perfectamente homogénea, o por mejor decir, idéntica o única.
La gran dificultad consiste en fijar el principio en que ha de apoyarse esta legislación , escogiendo entre los dos que hasta ahora han dominado en las naciones cultas y han dividido a los
escritores en dos escuelas contrarias, a saber: la
VIH.
coartación y la libertad. Están dos nombres bastan para demostrar cuan distintas deben ser las medidas que de la adopción de uno o de otro han de emanar ; cuan opuestos los resultados de su aplicación. Tal es el gran problema del día , y a la nación que se encuentra en el caso de dar un paso tan definitivo , podemos adaptar las palabras de la Sibila a Eneas:
Hic locas est, partes ubi se viafindit in ambas: Dextera, quie Dilis magni sub mamia tendit, Mac ¡terEIysiiim nobis; at lana malorum Exereet pierias, et ad irnpia Tartara mittit (1)