De Madrid a Nápoles, pasando por París, Ginebra, el Mont-Blanc · Capítulo real 2 de 9
CAPITULO III
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 26 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO III.
ooo
EL PIAMONTE.
El Lago Mayor. — Un domingo en las Islas Borromeas. — La familia de San Cirios. — Milicia nacional.— La cuestión de Italia.— Novara y Magenta.— Llegada á Turin.
Apenas la blanca aurora había dado lugar á que el luciente Febo, con el ardor de sus calientes rayos , las liquidas perlas de sus cabellos de oro enjugase, Mr. Iríarte sacó la cabeza de entre el sudario nocturno que llamamos sábanas , y esclamó solemnemente desde su alcoba:
— Buenos dias.
—Dios te los de muy buenos , respondió mi humanidad compareciendo de pronto en este mundo, ó sea despertando repentinamente. —¿No sabes qué hora es? siguió gritando mi amigo. — Serán las cinco sobre poco mas ó menos. . .
—No deben de ser sino las seis, señor perezoso. Por las hendijas del balcón se filtra la luz del dia.
En efecto: algunas hebras de oro ó agujas de fuego penetraban en el salón que separaba nuestras dos alcobas.
Una campana tocaba á misa allá muy lejos , pero su son se dilataba puro y melodioso sobre la vibrante superficie del lago , llegando á nuestros oidos como una nota musical. El canto de los pájaros y los gritos de los hombres se esparcían limpios y sonoros por una atmósfera tensa, plácida , tranquila... Todo nos indicaba que habia amanecido un dia delicioso.
Nuestro diálogo continuó de esta manera.
— ¿Cárlos?
—¿Qué?
— Estamos en el Piamonte...
— Muy mal dicho. Estamos en Italia.
— ¡Quiéralo Dios! •
— Ya lo veremos. — Y á propósito : creo que debemos levantarnos.
-llagamos antes un poquito programa.
Eso es lo primero. • -Pues orientémonos. ¿Tú sabes lo qup hay debajo de nuestros balcones?
DE MADRID A ÑAPOLES. US
— Me lo figuro , porque hace media hora que estoy oyendo el ruido de los remos en el agua.
— Perfectamente. — ¿Tú sabes lo que hay un poco mas allá?
—Mas allá... deben verse las Islas Borroneas, brotando de en medio del lago como graciosas macetas de flores...
—Justo y cabal. ¿Y tú sabes que en hola Bella, la mayor de las cuatro islas, hay un hotel en que se almuerza perfectamente?
—Sé mas que eso. — Sé que nosotros vamos á almorzar en eso hotel.
—¿Y sabes que hoy es domingo?
— Eso no lo sabia; pero me alegro de saberlo; pues si no mienten nuestros itinerarios , todos los domingos recorren varios vaporcitos el Lago Mayor, llevando de orilla á orilla , y de un pueblo á otro pueblo, y de una isla á otra isla , una infinidad de gentes de Turin y de Afilan , que llegan en ferro-carril á estas márgenes encantadas.
— De manera que nosotros podemos vestirnos, cargar con nuestro equipaje, meternos en un bote á la puerta misma de este hotel , visitar las islas , oir misa en cualquiera de ellas , almorzar donde hemos dicho, acechar el paso del vapor, unirnos á una caravana que vaya de vuelta á Turin , tomar el camino de hierro en Arona, y llegar esta nocho á la capital de Cerdeña...
— Sí que podemos. Y á fin do demostrárselo á nuestros enemigos, vamos á levan tainos.
— Te comunicaré antes una cosa.
— Soy todo orejas.
— Estamos en un país excomulgado.
—Lo sabia.
—Pues no se te conoce...— Yo estoy nervioso dosde que me he acordado de ello.
—¿Y cuándo te has acordado?
— Cuando me dijiste que no estábamos en el Piamonte , sino en Italia. Yo bien sabia que el Piamonte era Italia ; pero tú has querido darme á entender que Italia es el Piamonte.
— Italia es Italia. — No hablemos de política: lo hemos convenido.
— Pero yo estoy nervioso sin poderlo remediar. Tú no sabes dónde nos hemos metido. Estos piamonteses son el demonio. Ellos empiezan por estar excomulgados, como te acabo de decir. Ellos se encuentran motidos en dos guerras; la una contra un rey amigo ; la otra contra el Santo Padre... Ellos han armado la milicia nacional... ¡Figúrate qué baraúnda vamos á encontrar por todas partes; cuántos peligros, cuántos contratiempos!... ¡Digo! ¡Y yo, que soy español! Porque has de saber que en esta tierra, español es sinónimo de reaccionario, de borbónico, de antonellisla , de napolitano, de inquisidor...
— Según eso , ¿ no quieres levantarte ? . . .
— No me atrevo.
— Pues yo sí ; y en prueba de ello...
14f, DE MADRID A ÑAPOLES.
— En prueba de ello...
— ¡ Aquí me tienes vestido y en marcha !
— No mas vestido ni mas en marcha que yo, respondí apareciendo en el salón al mismo tiempo que mi amigo.
Las dos habíamos tenido la idea de engañarnos, vistiéndonos con disimulo.
Abrimos, pues, el balcón , — que por cierto daba al Oriente.
Un mar do sol inundó la sala y nos dejó ciegos |>or un instante.
El lago, que empezaba debajo del mismo balcón, relucía como un espejo, ó mas bien como una llama... El sol se levantaba frente á frente de nosotros, radiante, alborozado, risueño, empezando su carrera por un cielo limpio de nieblas y de nubes.
Cuando mis ojos pudieron ya resistir tan vivos resplandores, quedóme ostático ante la peregrina hermosura do un panorama sin rival.
Yo no intentaré describíroslo. — Esto seria imposible.
Mejor es quo as asoméis conmigo al balcón del hotel , y disfrutemos juntos de tanta maravilla.
Mirad. — El lago se dilata de Norte a Sur en una ostensión de quince leguas; pero desde la orilla en que estaraos hasta la de enfrente , solo habrá dos leguas
Esta es su mayor anchura.
Las aguas inmóviles parecen una tersa lamina de plata bruñida. En medio de ellas se levantan cuatro pequeñas y graciosas islas, amorosamente agrupadas, cuyos palacios y jardines so reflejan y copian con admirable minuciosidad en el diáfano elemento.
Son las Islas Bórrameos.
Diríase que son cuatro mágicas naves , en que una reina voluptuosa , (una Cleopatra , una Semíramis ó una Faustina , ) ha reunido todas las delicias de la
tierra.
Mas allá se estiendo la márgen oriental del lago , determinada por suaves colinas verdes, coronadas de árboles y de quintas , á cuyo pié se recuestan algunas blancas ciudades, que brillan al sol como si fueran de alabastro, y que se miran también en las cristalinas ondas, repitiéndose y como bañándose en ellas...
¡ Es la Lombardía !
¡ Salud á esa márgen y á esos pueblos 1 — Ayer pertenecían al Austria : ayer amenazaban desde allí al Piamonte los cañones del estranjero : ayer salían de aquella orilla los vapores austriacos y paseaban su aborrecido pabellón por delante de la ribera sarda. Ayer piamonteses y lombardos tendíanse los brazos desde una costa á la otra ; estos pidiendo auxilio ; aquellos ofreciéndoselo ; los primeras lamentando su horrible esclavitud; los segundos jurando vengar el desastre de Novara... — Hoy las ciudades hermanas quo se miran frente á frente desde las dos orillas del Layo Mayor, viven en paz, libres y contentas, bajo la bandera tricolor de la madre Italia... — | Salud, salud á esos pueblos I
Al mediodía de la formidable plaza de Jjiveno (en que hace poco mas de un
uigm,
xl by Google
RE MADRID A ÑAPOLES. 147
año estrelláronse el valor y la fortuna de Garibaldi , y que solo se rindió después de la batalla de Magenta), descúbrese un vasto horizonte sobre una tierra lisa, verde, estensísima.
Son las llanuras famosas de la Lombardía , en medio de las cuales se asienta Milán. — Sus campos son los mas ricos , los mas bellos y acaso también los mas ensangretados de toda Europa.
Hacia el Norte, el paisaje es muy diferente. El lago penetra por entre altos y abruptas montes, que proyectan su sombra sobre las aguas , dándolas un tinte verde y misterioso.— Los barcos que suben en aquella dirección y que desaparecen en el interior de la montaña , se dirigen á Suiza , á la cual i>ertencce la liarte septentrional del lago.
A nuestra izquierda se estiende un ancho golfo , al través del cual divisamos á Patianzu, pintoresca ciudad del Piamonte ; mientras que por el otro lado descubrimos á Slresa con su magnífico palacio y deliciosas villas.
Por todas partes, cu fin , vénse caseríos, alcázares ó aldeas, cuya reproducción en el cristal del lago hace soñar con los palacios submarinos de las nereidas; pues no parece sino que debajo del nivel do las aguas hay otro mundo , con sus montes , su cielo, sus árbolos , sus casas, sus iglesias y hasta sus aves que cruzan en todas direcciones.
¡ Y qué intensa luz, qué gozoso ambiente, que" dulce calor, qué acordes ruidos inundan la comarca I
Parece imposible que después de haber estudiado á nuestro paso por Francia todos los portentos sociales, y de haber contemplado en Saboya y en Suiza ludo el jxxler, toda la magostad de la naturaleza, aun encontremos aquí maravillas que admirar!
Y es que hemos llegado á la patria del arto : es que en el sublime cuadro que ahora tenemos ante la vista, combinanse las tres hermosuras, los tres atractivos que mas seducen al viajero : os que aquí se goza á un mismo tiempo de la vida social , con todas sus comodidades , encantos y placeres , del esjiectáculo de una espléndida y grandiosa naturaleza , y de los prodigios del arte , — que deja ya sentir su influjo en los menores accidentes , armonizando , como diría un preceptista, lo útil y lo agradable.
Pero, mientras nosotros hacemos estas reflexiones, se ha reunido debajo del balcón toda una escuadra de botes, gobernados por gallardas mancebos y hasta por líennosos niños , vestidos con una sencillez que no carece de gracia; — descubierta la frente, descalzos de pié y piorna, con los largos cabellos flotando sobre los hombros, el pecho desnudo y los brazos al airo, cstendidos hacia nosotros.
—Señor... Señor... Tome mi barca... j Vamos á las Islas Borroneas* esclamaban todos los patrones á un tiempo.
— Varaos á las Islas Bórrameos, repetimos nosotros.
Y cogiendo nuestro equipaje , abandonamos el hotel ; á cuya misma puerta nos embarcamos en un bote.
El barquero, que tendría quince años, empuñó los remos, permaneciendo de
10*
i W DE MADRID A ÑAPOLES.
pió ; y la tajante quilla empezó á romper el unido y terso cristal de aquel apacible estanque...
El movimiento era tan leve, que dorante la travesía Iríarte iba dibujando las líneas generales del paisaje , y yo escribiendo todas estas cosas en mi cartera...
Nos dirigíamos á ¡sola Madre , la mayor del encantado archipiélago , y que sin embargo no tendrá un kilómetro de circunferencia.
Un cuarto de hora después, atracábamos al pié de una ancha escalera tallada en la roca viva , cuyas gradas conducían á una puerta del Renacimento , sobre la cual se veia un escudo de armas.
Eran las armas del propietario de la isla; del conde Borromeo , descendiente por linea recta del mismísimo San Cárlos, cardenal arzobispo de Milán , muerto en 1584 y beatificado en 1610.
Saltamos, pues, del bote á la escalinata, y llamamos á aquella puerta.
Un jardinero vino á abrirnos.
El era el único habitante de aquella mansión de delicias.
A las pocas preguntas que hicimos á aquel jardinero, nos persuadimos de que era tonto ; pero tonto imbécil , como los del Voláis salvo el padecimiento físico.
— I Dichosa comarca I . . . j Verdadero paraíso 1 ¡ Refugio de la paz y de la inocencia I esclamé yo entonces, quitándome el sombrero y apostrofando á aquella tierra. [ El único habitante de la Isla Afortunada , de la Isla de Jauja , es un idiota, es un hombre feliz, es un hombre de bien! \Áve ! \Salve\ Yo te saludo con el respeto que hubiera saludado el Edén , antes de que Adán contrajera matrimonio.
Y era la verdad. Aquel bienaventurado jardinero , único morador de todo ud mundo en miniatura, y de un mundo tan bello y delicioso, me recordaba á nuestro primer padre ,— el cual tampoco debió de ser muy avisado.
Eo tramos en la isla.
Yo la habia dado en broma el nombre de paraíso ; pero es lo cierto que ningún otro la cuadraba mejor.
Primero nos hallamos en un bosque de laureles, por en medio del cual serpenteaba una arrecifada cuesta.
Este bosque era tan espeso, que por ninguna parte se descubría la bóveda celeste.
Millares de ruiseñores ocultos en las sombras del perfumado ramaje , prestaban voces de amor al alto silencio de aquella soledad dichosa.
Habia en todo esto un encanto, un misterio, una poesía, que recordaba el templo de la inmortalidad imaginado por los vates de la Grecia , la sagrada mansión de Apolo, el Parnaso pintado por Rafael Urbino.— -Los ruiseñores, cantando en los laureles, parecíanme poetas inmortales, reunidos en Delphos en torno del hijo de Latona; ó bien creía haber desembarcado en la isla de Délos, y halládola, no tal como hoy se encuentra, deshabitada y pobr¿, sino tan rica y
DE MADRID A ÑAPOLES. 149 bella como debió de ser en otro tiempo, cuando la respetaban las devastadoras haces de Gerges y Darío y la rendian homenaje los atenienses.
Terminada la cuesta, y fuera ya de la sacra mansión de los cantores, ¡sola Madre se nos presentó bajo otro aspecto no menos delicioso.
Los altos cedros , los naranjos cargados de fruto y los pomposos aloes sustituyeron á los laureles. Las palomas reemplazaron á los ruiseñores. El cielo se veía por los claros de las ramas, y la luz del sol lograba penetrar hasta los prados de llores que se estendian en rededor de los troncos seculares.
Si el bosque de laureles me había recordado el templo de la gloria, el bosque de naranjos y limoneros me recordó el templo del amor.
Las palomas se arrullaban y besaban volando de árbol en árbol. Los faisanes y los pavos reales se perseguían dando vueltas en torno de las camas de jazmines, luciendo, con la ufanía propia de enamorados correspondidos, las galas de su espléndido plumaje. El aroma del azahar prestaba al ambiente una plácida dulzura que penetraba hasta mi corazón... La inmovilidad de las hojas, el sosiego y soledad del vergel y hasta la ininteligente condición del guardián de tantas maravillas, daban un aire monumental , eterno , ajwteótico á aquella artificial naturaleza.
Yo pensaba en la Isla Afortunada donde Reinaldo vivió preso entre los bra- »s de Armida , y en la isla de Chipre , consagrada á Venus , y en el paraíso de Mahoma, y en los jardines fantásticos de los cuentos persas , y en Circe y en el «poso de Penelope.
En medio de ¡sola Madre álzase un vasto palacio , medio ruinoso , deshabitado y sin muebles, donde solo viven los ecos de antiguas fiestas y los suspiros de pasados amores.
til actual conde Borromeo habita en ¡sola Bella.
En poco mas de un cuarto de hora dimos la vuelta á toda la isla y llegamos á la puerta por donde hablamos entrado.
Saltamos al bote y pusimos el rumbo á lsola Bella.
Durante la travesía , el barquero nos fue dando todas las noticias que necesitábamos acerca del Archipiélago Borromeo. Aquel rapaz sabia de memoria toda m Ouía del viajero en ¡taita.
—De estas cuatro islas , nos decía en verdadero italiano ; las dos mayores , ó ^ ¡tola Madre é ¡sola Bella , pertenecen al conde Borromeo , el cual viene á el,as >os otoños oon su familia y muchos convidados , que bailan y se divierten hasta Ñas no poder, y unas veces pasan las noches damas y galanes persiguicndo- 56 por el lago en ligeras canoas; otras iluminan los jardines; ya queman ai-bolillos de pólvora ; ya dan conciertos que so oyen desde todas las riberas y no nos '^jan dormir. Anoche , sin ir mas lejos, hubo una de estas funciones , y yo ho hasta la madrugada tendido en mi barca, pegada como una sombra á las ^de la isla, oyendo cantar á las hijas del señor conde, á las cuales co- 1,1 zco ya en la voz ; y en verdad les digo á ustedes, que aquello valia la pena e *r oido por alguien que no fuese un pobre pescador como yo soy.
130 DE MADRID A NA POLI».
¿Conocéis las novelas de Jorge Sand? — Ahora soy yo quien habla, y me dirijo á vosotros, lectores mios. — ¿Conocéis á Consuelo, a Ulia, fj)s dos amores... sobre todo tos tíos amores? ¿No es verdad que al oir a esto barquero de quince años, bello como un Apolo y medio desnudo como él, hablar de música y de condesas con tan fogoso entusiasmo , en el seno de una naturaleza tan ardiente y esplendorosa, creo uno ver realizarse las mas apasionadas imaginaciones de aquella ilustre poetisa 't
[Oh! j Jorge Sand!
El, ó sea ella, vivió mucho tiempo en las orillas de este lago, y colocó allí la acción de muchas obras suyas. Ella , ó sea 61 , mas que ningún otro escritor, hizo adivinar á mi alma de niño la inmortal hermosura de la Italia. ¡Oh, Jorge Sand! — ¡Lord Byroucon faldas!... — ;Qué lastima de que este poeta fuera mujer, ó do que esta mujer fuera poetisa , ó de que esta poetisa no hubiera sabido morir á tiempo , antes de que la edad ajase su hermosura y la obligase á vestirse de nuevo por la cabeza ! — Yo he sido fanático admirador de Jorge Sand , como de1 alma mejor templada , como de la vida mas poética , como de la organización mas esquisita, como de la historia mas romántica, como de la hermosura mas cabal, como de la musa mas elocuente y verdaderamente clasica, como del ser mas libre , mas gracioso y mas apasionado de nuestros tiempos...— Pero yo lamentaré siempre el haber llegado a saber que Jorge Sand as hoy una respetable anciana de cincuenta y siete años , que vive en prosa y con guardapiés en el fondo de un pueblo de provincia.
¡ Con qué razón dijo nuestro insigne Quintana :
¡Muera mas bien que envejecer la hermosa! Pero escuchemos al pescador.
— Isula Bella é hola Madre eran hace doscientos años dos áridas rocas completamente despobladas. En 1070, el conde Vitalio Horromeo las cubrió de tierra y construyó el palacio de Isola Bella y los jaidines de una y otra isla. Desdo este tiem|)o , todos los condes se han afanado por hermosearlas, trayendo a ellas plantas y llores de lejanos países y estatuas y cuadros de sus palacios de Turin y de Milán. — Aquella otra isla que ven ustedes cubierta do casas, se llama Isola dei Vescatori, por ser propiedad de los pescadores del lago, y constituye un pueblo con su iglesia, sus autoridades y todo lo domas que hay en los pueblos, menos un palmo de terreno en que plantar un árbol. En l' Isola dei Pcscatori no crecen otras plantas que las que cada uno cuida cu las macetas do su terrado. Las casas nos dejan apenas lugar para tender las redes al sol á On de que se sequen. — Eu lin, aquella otra isla, llamada de San Uiovannt (San Juan), que ve usted allá lejos, en frente de Pallanza, es tan pequeña que bastan á llenarla una capilla, una cusa y un jardin. Toda ella ha pertenecido hasta ahora á los canónigos do Pallanza; pero ha«;c pocos meses la ha comprado el conde Borromoo.— (En el lugar |n>r dondo vamos vogando en este instante tendrá .1 lago setecientos
DE MADRID A ÑAPOLES. 151 píés de profundidad.) — Los condes Borromeo descienden del mejor santo que ha habido sobre la tierra. — Ya verán ustedes esta tarde su estatua colosal , cerca de Aro na. — Este santo existió hace tres siglos , y ora sobrino del Papa. El fue el inventor del Catecismo que aprendemos en la escuela, y estuvo en el Concilio de Trento , donde trabajó como nadie contra los herejes enemigos de la Madonna (la Virgen María). En premio de esto, la Madonna lo libró del puñal de unos frailes muy malos que trataron de asesinarle solo porque se empeñó en meterlos por vereda y corregirlos de las malas mañas que habían adquirido. Cuando la peste de Milán, llevaba los enfermos acuestas... ¡y eso que era arzobispo!... y pasaba la noche á la cabecera de los enfermos pobres , de los pescadores como yo, sin temer el contagio ni la incomodidad de las viviendas humildes. En fin, después que murió , que fue á los cuarenta y seis años , Dios concedió a su sepulcro la virtud milagrosa de curar enfermedades mortales, por lo cual se vino en conocimiento de que aquel hombre tan bueno era un santo, y Pablo V , poutílice muy célebre , le canonizó tal como hoy se halla...— Yo me llamo Carlos , para servir á los señores.
Esta relación (que apenas discrepará en un ápice de la dol barquero) me ha parecido digna de figurar Integramente en mi relato ; pues sobre contener noticias muy ciertas , que me escusan de dároslas por mí mismo, respira tanta gracia , tanta inocencia y tanta bondad , que me hizo breve y fugitiva la navegación de una isla á otra , como á vosotros os habrá hecho llevadera y agradable la mucha erudición que os ha proporcionado.
En esto pasamos cerca de una nueva isla, tan raquítica y diminuta, que ni ligura en los mapas ni en las guías , ni en los diccionarios,. — El mismo barquero la liabia juzgado indigna do mención , creyendo sin duda que nosotros no repararíamos en ella.
Aquella isla , que parece una hija recien nacida do las Borromeas , tendrá cincuenta pasos de circunferencia y apenas sobresale un pió del nivel dol lago. —En ella crecen dos sauces y medio , estremadamente endebles y muy pálidos.
Cuando nosotros cruzamos á su vista, habitábala, al modo de Robinson, un barquerillo de diez ó doce años , que había amarrado su ligera barca á uno de los sauces , y tomaba el sol , tendido boca arriba sobre la aroua , fumando y cantando alternativamente.
Los sauces , la isla , la barca y el muchacho formaban un cuadro tan gracioso, tau sencillo, tan artísticamente dibujado sobre el fondo brillante de las aguas , y por añadidura tan pequeño , que todo ello junto parecía un juguete modelado en barro para servir de palillero en una mesa.
Réstame decir que la tal islilla suele dar sus capuzones en el agua y quedar sumergida durante meses enteros ; pues la superficie del Lago Mayor sube algunos años , en la época de las grandes lluvias, hasta tres metros y medio sobre su nivel habitual. — De aquí que los sauces sean tan débiles y enfermizos.— Los baños largos debilitan mucho.
Por lo demás, aquel paraje anübio ha merecido los honores de llev nombrp. — Se llama la isla de MnUjhera.
DE MADRID A ÑAPOLES. 153 Yogando, rogando... siempre con dirección á ¡sola Bella, iba yo mirando la cordillera de los Alpes, que cerraba el hónrente al Noroeste; y sobre las bramas que coronaban todas las cúspides , veía asomar un pico blanco, limpio de nubes, que reflejaba como un espejo la luz ardiente del sol, próximo ya al Meridiano.
— Aquel pico es el Sempione (el Simplón), esclamó nuestro barquero , siguiendo la dirección de mi mirada.
— Ayer á estas horas estábamos nosotros allá arriba, anadió Iriarte. Parecía imposible... y era verdad.
A todo esto el lago empezaba á poblarse de botes que cruzaban de pueblo á pueblo y de isla á isla, llevando y trayendo pasajeros de los muchos que un vaporcito iba dejando donde quiera que tocaba.
Este vapor había salido de Arotta, estación de ferro-carril, que dista de Milán dos horas y de Turin menos de cuatro.
En el vapor y en los botes veíanse, pues, infinidad de familias, que por la mañana habían salido de ambas capitales á fin de pasar, como quien dice, un dia de campo en el Lago Mayor. Y aquí encontrábamos la alegre partida de la amistad , allá el gracioso grupo del amor, en otra parte el santo cuadro de la familia; ora gentes del pueblo ; ora mujeres elegantes ; en un lado las célebres hermosuras milanesas , que parecen nobilísimas estatuas ; en otro las hijas del Piamonte, de franca y graciosa fisonomía.
El vapor ostentaba la bandera tricolor de Italia , blanca , encarnada y verde, con la Cruz de Saboya en medio... ¡Con la Cruz do Saboya!... jDe Saboya, vendida al estranjeroü
Entre los hombres , veíanse muchos vestidos con el uniforme de guardias nacionales, y condecorados con una medalla pendiente de una cinta roja y blanca. Aquella oondecoracion significaba que habían tomado parte en la última guerra contra los austríacos. ¡Salud á los héroes de Pallestro y Solferino!
El resto de los milaneses y sardos llevaban el traje europeo, quiero decir, un pantalón, un sombrero y una levita, que son los mismos en Madrid que en París, en Roma que en San Petersburgo.
Solo el pueblo bajo presentaba en su vestido cierto carácter italiano. Entre esta clase recuerdo haber vislo algunos tipos soberbios , cuyos rasgos principales eran los siguientes: grande nariz aguileña , ojos negros y sombríos, barbas y cabellas largos, atlética complexión y muy' noble estatura. Su mas pintoresco traje consistía en sombrero chambergo , de castor ó do paja , corbata roja, larga chaqueta de terciopelo y anchuroso pantalón de pana.
Estas figuras, campeando sobre la popa de una barca, dibujándose en el espléndido lago ó perfilándose sobr e un cielo puro y luminoso , eran cstremadamente bellas, y en muchas ocasiones hasta hermosas.
Se acercaban las dore. De todos los pueblos esparcidos en una y otra ribera llegaban á nosotros otaras y vibrantes las voces de las campanas que llamaban á misa. Hacia calor. La comarca entera rebosaba placer y regocijo. Todos los pes-
154 DE MADRID A ÑAPOLES.
cadores cantaban. Todos los pasajeros reían. Solo callaluui, mirándose, las parejas de enamorados que cruzaban acá y allá los cristales del lago sobre ligeras barquillas , recordándome a las palomas que vagaban libres por los bosques perfumados de Isola Madre. — ¡Inolvidable mañana!... El recuerdo de tu sol, de tu alegría, de tus inefables encantos, vivirá siempre en mi alma como un perdurable crepúsculo...
Llegamos á Isola Bella.
En aquel instante dieron las doce.
La plegaria del Ave-María resonó en todos los campanarios de los innumerables pueblos que bordan la márgen del lago y las faldas de los montes...
Parecía que la naturaleza misma entonaba un himno á la reina de los cielos.
La solemne emoción que nos produjo aquel concierto triunfó de la mucha hambre que teníamos.
— ¿A dónde vamos? ¿Al hotel? nos preguntó el pescador, amarrando la barca y preparándose á servirnos do Cicerone.
— No tal, respondimos heróicamonte. Vamos primero á misa.
Isola Bella puede dividirse on dos partes. La una ocupada por el vasto palacio y magníficos jardines de los condes Borromco , y la otra cedida al público, que tiene en ella una especie de ciudad, con su iglesia, su hotel y su mercado.
En la iglesia habría unas cincuenta personas oyendo misa.
La mayor parto eran mujeres.
Entre oslas las habia con mantilla , al modo de nuestro jais. Eran las avecindadas en la isla.
Otras llevaban sombreros medio húngaros , medio calañeses. Eran damas de Turin y de Milán.
Algunas se -paseaban viendo los cuadros y los altares sin poner atención á la ceremonia.
Eran touristes inglesas.
Las pescadoras se distinguían por sus talles largos y esbeltos , por su cabeza , solo adornada con flores , y por sus corpinos negros y sayas azules ó encarnadas.
Después de la misa , fuimos al Hotel fiel Delfín , en el que ya nos esperaba el almuerzo, en virtud de aviso de nuestro Cicerone.
La mesa so hallaba colocada en un balcón , cuya vista sobre los jardines y sobre el lago era sorprendente.
El sol bañaba el limpio mantel y los apetecidos manjares. Un ramo de llores y una soberbia pirámide de fintas fueron el único lujo de aquel almuerzo, que no hubiera yo cambiado por el festin de Daltasar.
La [Kísca del Lago Mayor es esquisita , y nosotros la hicimos los honores consiguientes á un largo ayuno. — El vino era de Asti, aromático, leve, generoso, como la limpia esencia de la uva. ,
A los postres nos sirvieron la Oj/inioiw de Turin y la l'erseverunza de Milán, periódicos dnl día, que nos dieron noticias de lesladodc la guerra de Ñápeles.
DE MADRID A ÑAPOLES. 155 Aquol reino había sido invitado á decir por medio del sufragio universal si quería 6 no unirse al Piamonte y á los domas estados de Italia que se habían ya agrupado bajo la bandera de iiulepewlcncia y unidwl. — Entre tanto Víctor Manuel y Francisco II se encontraban frente á frente, cada uno á la cabeza de su ejército , á las orillas del Yolturno. — Los Estados Pontificios habían quedado reducidos al Patrimonio de San Pedro. — El Pa|>a redóblala sus anatemas sobre el rey y sobre el pueblo que habían tomado la iniciativa en contra del antiguo Orden de cosas. — Parma, Toscana, Módcna, la Lombardía ,las Legaciones, las Marcas, la Umbría, Sicilia y Nápoles, so habían fundido en una sola nación.— Los principes de los extinguidos reinos habían pagado caro su desatentado amor al enemigo natural de los mismos pueblos que regían , al tirano de Milán y de Veuecia , al aborrecido emperador de Austria.
Terminada esta lectura , dejamos el hotel y nos dirigimos al palacio , que es vei-daderamente regio , y al decir de los peritos , demasiado grande para tan pequeña isla.
A mí me llamaron la atención en él muchas y muy diversas cosas.
Primero, su severa entrada, — especie de cuerpo de guardia donde en otro tiempo se reunirían los soldados del conde á jugar y beber, en tanto que velaban el sueño de su ilustre amo. — Allí se ven colgadas de las paredes viejas armaduras, que parecen el férreo esqueleto de aquella gente venal y pendenciera. Sus armas , ennegrecidas por el moho , forman en otro lado venerables trofeos. Debajo de ellos vése una enorme chimenea ,— cosa rara en un portal ; — y el melancólico aspecto de aquel hogar apagado trae a la imaginación las noches de otros siglos y las historias de batallas y de amores que se contarían allí al amor de la lumbre y entre el azar de los dados.
Las altas paredes de la soberbia escalera están adornadas con disformes escudos de piedra, que llegan desde el suelo al techo, en los cuales se ven esculpidas de relieve las armas de la familia Borromeo.
El lema de estas armas es la palabra IfumiltUis (Humildad) , que se ve re¡>etido en todos los muebles , en las cortinas , en las paredes , donde quiera quo se lijan los ojos.
El salón principal es magnífico. En medio de él se alza el viejo trono condal, que, como todos los muebles, cuenta mas de trescientos años.
Magníficas camas del siglo XVI, que fueron entonces lechos nupciales, son hoy puestos de honor que solo ocupan los cadáveres de los condes , sí por acaso les sorprende la muerto en la isla.
Sin cmI>argo , en una de estas camas descansó en ©1 presente siglo un ilustre hués|)ed ; y de ella se levantó al otro dia para gauar la batalla de Marcngo.
Esto huésped había escrito con un puñal la tarde antes en un laurel del jardín de hola Helia la palabra /¡aliaría (batalla).— Cuando yo he visto eso laurel monumental , solo se leía ya la primera letra do aquella profecía de gloria. El pedazo de corteza en que estaban los restantes , so lo han llevado poco á \two los ingleses.
- — ■ i
1M DE MADRID A ÑAPOLES.
También es notable en el palacio la Galería de cuadros, en que se ven lienzos de Le Brun , Lucas Jordán , Ticiano y otros ramosos artistas.
Como los condes estaban en la isla , no pudimos ver las habitaciones en que al presente moran. — AJ decir del criado que nos conducía, se hallan amuebladas á la moderna y con estraordinario lujo.— Dirigimonos , pues , á los jardines.
Para llegar á ellos pasamos por un nuevo palacio subterráneo, que consiste en una sucesión de grutas, revestidas de mosaico y de caprichoso risco. Aquellos aposentos se liallan al nivel del agua y son fresquísimos en el verano. Adórnanlos muebles rústicos.
Los renombrados jardines de Isola Bella (que para mi gusto son inferiores en hermosura á los de Isola Madre), se levantan, al modo de pensil babilónico, en diez y seis terrados construidos unos sobre otros hasta formar una especie de pirámide. El jardín mas alto se halla á cien metros del nivel del Lago Mayor, y en él como en los demás, admírase una variada multitud de fuentes, estatuas, macetas , árboles de las cinco partes del mundo , flores de todas clases , glorietas umbrosas y cuanto puede soñar la imaginación y combinar ol arte para convertir una árida peña y unas simétricas murallas en una mansión de delicias.
Desde la cúspide de aquella torre encantada, vimos eu una fértil huerta que linda con el palacio, algunas damas vestidas con peinadores blancos, (loque en el dialecto elegante quiere decir no vestidas,) que andaban de un lado á otro cogiendo flores y frutas.
Eran las castellanas de Isola Bella (por cierto muy bonitas).— Sus voces argentinas llegaban claramente hasta nosotros...
I Ay 1 j Las diosas de aquel mágico recinto hablaban en francés !
¡Abominable facón \
— I Cuánto mas mitológico no hubiera sido su propio idioma... el melodioso y dulce idioma de Petrarca !
Al volver de los jardines al palacio, nos encontramos en una ancha escalera á un eaballero, vestido como cualquiera otro , con levita, pantalón y chaleco al estilo de París.
El subia y nosotros bajábamos.
Al pasar á nuestro lado se quitó el sombrero y nos saludó cortesmente.
Nosotros le contestamos sin saber quien era.
El criado que nos guiaba le hizo una profunda reverencia.
Aquel caballero era el rey del archipiélago ; el dios de aquel edén ; el señor á quien cantaban los ruiseñores , y perfumaban los mirtos y laureles de Isola Madre é Isola Bella ; — el actual conde Borromeo.
El heredero de San Carlos se llama Vitaltano ó Vitalio, como algunos de sus mayores , y es hombre de unos sesenta y cinco años , alto , delgado y de severo aspecto.
Antes de 1848 vivia en Milán, como uno de los mas distinguidos patricios lombardos. Cuando estalló la revolución , tomó en ella una parte muy activa , y
DE MADRID A ÑAPOLES. 157 una vez espulsados los austríacos , después de cinco días de horrible combate, fue elegido miembro del gobierno provisional que se estableció en Hilan y que duró desde el 18 de marzo hasta el 6 de agosto de dicho año.
Dueños otra vez de Milán los estranjeros, el conde Borromeo tuvo que emigrar al Piamonte. El Austria se vengó entonces de él secuestrándole todos los bienes que poseía en territorio lombardo; pero el gobierno de Turín premió su patriótico esfuerzo , nombrándole senador y Gran Cruz de la órden de San Mauricio.
Vitalio Borromeo Aprese casó con una hija del marqués d'Adda, de la cual ha tenido muchos hijos. Uno de ellos es camarero secreto del Santo Padre; otro es diputado, y los demás sirven en el ejército de la nueva Italia. Uno de estos últimos es ayudante del general Cialdini.— En cuanto á las hijas, ya las hemos visto coger flores en la huerta del palacio.
La familia Borromeo tiene parientes en España.— Entre ellos se cuenta mi noble amigo el duque de Fernan-Nuñez.
A eso de las dos abandonamos la isla, y nos dirigimos á Sfreía,— siempre á fuerza de remo.
En Slresa pasamos una hora aguardando el vapor que debia conducimos á Arona.
Durante este tiempo visitamos el magnifico palacio Bolongaro , en que vive ordinariamente la duquesa viuda de Gónova , cuñada del rey Yictor Manuel , y el famoso convento de Rosminiemes , donde murió en 1855 el célebre obispo Rosmini , fundador de esta órden y amigo íntimo del inmortal Manzoni , que venia a visitarlo desde Milán.
De vuelta en la margen del lago, y en tanto que nos recogia el vapor , cuyo penacho de humo asomaba ya por detrás del promontorio de San Remigio , sentámonos en la puerta de un café , á la orilla misma del agua.
Desde allí se veia el Lago Mayor en casi toda su longitud , ó sea desde Seslo Calenda, por donde se escapa el Tessino con dirección al Po, hasta las aguas suizas , que toman el nombre de lago de Locarno.
Como el sol empezaba á caer , su luz heria de frente los pueblos y los palacios asentados en la ribera lombarda , destacando vivamente sobre el verde oscuro de los viñedos y olivares las blancas siluetas de los edificios, que resplandecían como el cristal. Los altos Alpes empezaban á festonearse de rosada niebla. El lago dormía suavemente , y sobre su brillante superficie trazaban largas estelas mil y mil pequeñas embarcaciones, que se dirigían á los puntos en que debia tocar el vapor. Cerca de nosotros, un grupo de guardias nacionales discutía los negocios públicos en la armoniosa lengua italiana. No lejos jugaba y alborotaba un gracioso escuadrón de muchachos. En los balcones del cafó y de una fonda vecina veíanse algunas elegantes inglesas y ostra vagan tes ingleses que debían de embarcarse con nosotros. En otro lado cantaban millares de pájaros en una hermosa arboleda tendida á lo largo de un magnífico camino , que no era sino la continuación de la carretera que habíamos nosotros abandonado en Baveno la noche antes. En una casa próxima sonaba un piano, que tocó sucesivamente el himno
i 5» J)R MADlilh A ÑAPOLES.
de (¡aribaldi , una caución tirolesa, muy rcj>elida por los organillos on las calles de Madrid, y el ooro de guerreros do la Norma. — Todos estos ruidos, y las camainas de la iglesia de Stresa , acordadas musicalmente, formaban un concierto , una gran voz , un acento jubiloso y prolongado , que murmuraba en mis oidos esta sola palabra mágica , llena de promesas , de deseos , de imaginaciones locas. . . . — / Italia f ¡ Italia !. . .
Todo, todo era amor, todo belleza, todo alegría... — Yo buscaba en tomo mió algo que me hablara de la guerra , de la muerte , de la excomunión ; de sobresaltos, de peligros, de lagrimas, de lutos, de ruinas, de temores, de remordimientos... y por donde quiera que miraba solo veia placer, tranquilidad, regocijo, bienastar y confianza.
A las tres llegó el vapor en frente do Stresa ; recogiónos á las muchos viajeros que lo esperábamos, y siguió su marcha al Sur.
Diez minutos después pasábamos por delante de una punta de la orilla lombarda , poco distante allí do la ribera piamontesa.
Sobre aquella punta se levanta una fortificación , cuyo nombre me recordó otros lugares muy remotos.— Llamase Anghcra.
Pero toda mi atención estaba ya tija en la famosa Estatua colosal de San Carlos Borromeo, que habíamos dascubierto á poco do entrar en el vajwr, y que á medida que nos acercábamos á Arona , iba desarrollando á nuestros ojos su imponente corpulencia.
Esto monumento, célebre á un mismo tierajK) por su grandeza y |*>r su grandor, se eleva sobre mi monte frondosísimo , á cuya falda se recuesta cariñosamente Arona.
La estatua representa al santo en actitud de bendecir á asta ciudad , que fue su cuna, el lago en que se mira, y los risueños campos que la rodean.
El pedestal tiene cuarenta piés de altura, y la estatua sesenta y seis. — La cabeza y las manos son de bronce, y ol resto del cuerpo de cobre forjado.— El interior es hueco , y aunque con mucho trabajo, pueden subir las curiosos hasta la cabeza , trepando por los pilares de piodra que la sostienen. Una vez arriba, las aberturas de los ojos sirven do balcones, desde los cuales se disfruta una magnílica vista, si el que se asoma no carece de ella; pues la pobre astatua no ve nada por si sola á pesar de tener los ojos tan grandes.
La longitud de la cara del Santo es de siete piés y medio ; la nariz no baja de dos piés y siete pulgadas , y en cuanto á la boca. . . ¡desgraciado el que tuviese que dar de comer á un abismo semejante !
Dentro de la cabeza caben cuatro personas de un tamaño regular ; por ejemplo: cuatro cabos de gastadores.
Esta verdadera maravilla so erigió en 1G97. Costó unos 4.000,000 de reales , y fue modelada por Cerano y ejecutada por Ciro Zandía y D. Falconi.
Por lo que respecta á Arona, yo no encontré en olla nada de particular, fuera do un magnífico retablo de Gawlenzio Vinci, que vale todo lo que cuesta el subir ó. Santa Maria. — Yo subí , á pesar de encontrarme muy anisado.
DE MADRID A ÑAPOLES. 459 Después nos dirigimos al camino de hierro (Slroda-farala en italiano), y
tomamos nuestros billetes para Turin.
Esto no se verificó sin que palpitásemos de gozo, y quién sabo si de pena, al
darnos cuenta de que con aquel paso acabábamos de comprometemos -a realizar
en pocas horas algunos deseos do toda nuestra vida.
Los que se casan enamorados deben de esperimentar, al Mrmar el contrato,
una emoción de pesar y de alegría semejante á la que me causó a mí el tomar
aquel billete.
— Cuando esta noche me acueste , pensaba yo , habré pasado ya por Novara; habré visto los campos de Magenta; habré dejado de desear y esperar conocer á Turin !
Así somos. — A mí me gusta el mañana mas que el hoy, y el ayer masque el hoy y que el mañana.
Si hay algo mas bello que lo que se desea , es lo que se pierde.
Cuando yo deseo una cosa , la creo plata ; cuando la tengo , so me figura cobre ; y cuando la recuerdo, me parece oro.
Yo me he creído desgraciado todos los dias de mi vida, y sin embargo, no hay entre todos ellos uno solo que no eche de menas ahora , y cuya pérdida no lamente como una felicidad pasada.
Hablen otros todo lo mal que quieran de nuestro pobre mundo : yo recordaré siempre con envidia los años que he vivido en 61.
El tiempo es como las medicinas, un poco amargo de tragar; pero después que se ha tragado, hace mucho bien a nuestro espíritu.
Asi es que yo no deseo ya las cosas por poseerlas , sino por recordarlas después que hayan pasado.
Y deseo vivir muchos años, y vivirlos pronto, solo por tener mas historia que hojear y con que divertirme.
Y lo mismo que yo, piensa todo ol mundo.
Y si no, decidme: ¿por qué le temen los viejos á la muerte?
¿Será por lo que «le presente están" gozando ó por lo que esperan gozar en lo futuro?
De ningún modo. — Es |K>rque les duele perder de vista su pasado, dejar de leer su vida, ver reducido á pavesas el poema ó el drama que con tantos afanes compusieron.
Por aquí iba yo en mis reflexiones , cuando dieron las cuatro y la campana de la estación nos llamó al tren.
Un empleado del fcn o-carril pregonaba en tanto á grandes voces los principales puntos para donde so admitían pasajeros.
—¡Novara!— ¡ VcrccIi—¡ Torinot (Turin.)— ¡Milano! (Milán .)— / Alejandría!—¡Génova!... gritaba aquel hombro, sin adivinar el combate de deseos y de impaciencias quo sus palabras provocaban en mi imaginación.
El tren en que habíamos entrado, se dividiría en Novara en tres partes, de las que una se dirigiría á Milán , otra á Turin , y la tercera á Génova.— Con solo
160 DE MADRID A ÑAPOLES.
desearlo , podíamos ir á dormir aquella noche , y hasta llegar á la hora del teatro, á cualquiera de tan famosas capitales. — Génova, que era la mas lejana, distaba bolo seis horas del lugar en que nos hallábamos.
Pero ya no habia que dudar. Nuestros billetes eran para Turin.
De Arona á Novara se emplea una hora. — El paso que media entre ambas ciudades es monótono, llano y muy feraz.
Puente sobre ct Po , cu Tuxia.
A. la izquierda del camino de hierro , corre el anchuroso TestnO.
Este célebre rio nace en el San Gotardo; da nombre a un cantón de la Suiza; alimenta el Lago Mayor; traza la frontera de la Lombardía y del Piamonte , y va A morir en el Po , á poca distancia de los muras de Pavía.
I Y cuánta sangre ha teñido sus ondas en todos tiempos I ¡ Cuántas veces la han pasado ejércitos poderosos, ora en son de guerra y de conquista; ora fugitivos y deshechos I — Esos verdes campos de la Lombardía que miro dilatarse al otro lado del Tesino , y esta llanura que vamos atravesando , han visto luchar á Aníbal con Escipion , á los lombardos con Carlo-Magno , á Güelfos y Gibelinos, á la Liqa Lombarda con Barbarroja , á Francisco I con Carlos V, y á Napoleón el Grande con el Austria.
jY aquí fue precisamente donde, hace once años, Carlos Alberto sufrió la
DE MADRID A ÑAPOLES. 461 terrible y gloriosa domóla de Novara... ¡Y allí fue precisamente donde el auo pasado , el rey Víctor Manuel vengó a su padre y a su patria , enseñoreándose de la llanura de Magenta, cubierta de cadáveres austríacos! Magenta y Novara se miran aquí frente á frente.
Víctor Manuel, rry de Ilalü.
El Tesino corre magestuoso entre los dos campos de batalla...
Allá se distingue el puente de Bufalora , de inmortal renombro. . .
En él debió de aparecerse á Napoleón III la sombra del primer Napoleón en toda su guerrera magostad , mostrándole los ejércitos confundidos entre el humo del combate, y diciéndole melancólicamente: — «Así fue toda mi vida. Ahí tienes el secreto de mi gloria.»
\C,t DE MADRID A ÑAPOLES.
A las cinco llegamos á Novara.
Aquí la tentación de mudar nuestro itinerario fue todavía mayor que en Arona.
Estábamos á hora y cuarto de Milán , y aun nos faltaban cinco horas para llegar á Turin ,— teniendo en cuenta hora y media que habíamos de estar detenidos en Novara...
Confesad que la seducción era poderosa.
Con pena, pues, vimos salir un tren para Alejandría y Génova, y otro para Milán; pero una vez libres de ellos, nos alegramos de haber sido fuertes contra nuestro deseo.
Dejar el Piamonte tt nuestra derecha, y engolfarnos en ta Lombardía, era una verdadera calaverada ; pues nos esponíamos á sufrir en Milán la atracción de Venecia , en Yenecia la de Bolonia , en Bolonia la de Toscana , en Toscana la de Roma y en Roma la de Nápoles ; y entonces, ó no veíamos nunca a Turin, ó lo veíamos demasiado tarde.
Lo natural era lo que íbamos á hacer : visitar antes que nada la capital del nuevo reino, y conocer el pueblo impetuoso que estaba influyendo en toda la península.
Novara es una viejísima ciudad defendida por un castillo. Tendrá de quince á veinte mil almas. Su catedral fue construida en el siglo Y ; pero las restauraciones la han arrebatado completamente el noble sello de tan venerable senectud.
En e\ Bautisterio ó capilla bautismal (que en todas las catedrales antiguas de Italia es un' edificio separado , aunque próximo á ellas , con arreglo á la antigua disciplina), se ve representada la Pasión por unos grupos de esculturas pintadas, que tienen tanto renombre entre la gente lega en artes, como poco mérito á los ojos de los artistas.
Aquellos son los famosos Santos de Novara , de que se oye hablar desde los Alpes hasta Sicilia.
En los pueblos de Andalucía se veneran también grupos de imágenes por el mismo estilo , las cuales son llamadas generalmente Pasos de Semana Santa.
Como todavía era domingo , las calles de Novara estaban llenas de gente que volvía de paseo , luciendo el fondo del cofre , ó sea sus mejores trajes.
La lentitud y magestad con que andaban señoras y caballeros; las conversaciones casi al oido que mantenían entre si las jóvenes hermosas; Jas escoltas de galanes que las seguían , y los diálogos, saludos y miradas que se cruzaban de la calle á los balcones , daban perfecta idea de la vida de provincias, — donde todos se conocen ; donde los afectos son tan profundos y los amores tan platónicos; donde las gentes se ven cuando menos todos los domingos , pero no se hablan en años enteros; donde la etiqueta , en fin , hace casi siempre las veces de la educación , como en las grandes capitales la educación hace las veces del amor y de la amistad.
Las damas de Novara iban en cuerpo y llevaban también mantillas negras de blonda, que no les cubrían sino hasta la mitad de la espalda, dejando ver unos
DE MADRID A ÑAPOLES. 1C3 •
talles largos y esbeltos, flexibles y voluptuosos como los de las hijas de Va-
Esto traje tan sencillo, compuesto solamente del vestido y «le la mantilla, cuadraba perfectamente á la elevada estatura, á los negros cabellos y al descolorido rostro de aquellas beldades un tanto novelescas.
Muchas de ellas hubieran podido servir para heroínas de mclo-drama.
En hacer estas observaciones y tomar un refrigerio en un café, pasamos el resto de la tarde.
Durante mi permanencia en el café, llamóme la atención c) gran número de clérigos que en él habia , todos vestidos con levita , calzón corto , zapatos de hebilla y ancho sombrero pastoral de estendidas alas.
Estos clérigos no se parecían en nada á los de España.
Su aspecto era alegre, espansivo, desembarazado , hasta picante.
Los unos fumaban, los otros reían y charlaban ruidosamente; estos refrescaban con sosiego ; aquellos leian y comentaban los periódicos.
Los habia también que jugaban al billar.
Los paisanos veían todo esto sin estrañeza.
Se diría que en Italia los clérigos y los legos se conocen de mas tiempo ó se tratan con mas confianza que en nuestro país. — Ni de una parte hay tanta reserva , ni de la otra tanto respeto. — Unos y otros son , como quien dice , mas despreocupados.
El mismo traje 'de los eclesiásticos contribuye mucho á desposeerlos de severidad.—Yo lo encuentro hasta mas gracioso y elegante que el de los seglares.
Aquellas piernas ceñidas por la aristocrática media de seda , aquella graciosa levita con esclavina , aquel ajustado chaleco , aquella muceta blanca , aquella larga cabellera, que cae á los lados de un rostro afeitado pulcramente y en que los ojos aterciopelados se destacan con energía ; aquella cadena de reloj , aquellas lentes de oro y aquel charolado zapato , forman un conjunto mucho mas agradable, mas artístico, mas ventajoso para la figura, que nuestros pantalones cuadrados y nuestro sombrero de copa.
Y por supuesto , escluyen completamente la grave austeridad é imponente misterio que los hábitos talares y ol sombrero de canal prestan á los sacerdotes españoles.
Con que prosigamos.
Decía, pues, que se nos pasó como un soplo el resto de la tarde.
A. las siete menos cuarto salimos definitivamente para Turin.
Hacía luna... lo cual no debe estrañaros, pues ya recordareis que pocos dias antes habíamos saludado el cuarto creciente desde las inmediaciones del MonfBlanc.
El astro melancólico blanqueaba las llanuras que hay á la salida de Novara. Aquellas llanuras eran el teatro de la lúgubre batalla á que hace poco aludimos.
Allí estaban enterrados miles de austriacos y de piamouteses.
. IC4 DE MADRID A ÑAPOLES.
De allí apartaron a Carlos Alberto la triste noche del 23 de marzo de \ 849. . . aquella noche en que el rey magnánimo, como se le llama en Cerdeña, buscaba la muerte entre las bayonetas enemigas, no queriendo sobrevivir á su hermosa ilusión de hacer independientes y libres a todos los italianos!
En aquel campo, en fin, pensaría el bravo monarca, cuando, después de abdicar su corona en el hijo que habia de vengarle , moría de pesar , de desesperación y de amor patrio en el triste destierro que se impuso.
A poca distancia de Novara , el camino de hierro dejó de dirigirse al Sur y se . volvió hácia Poniente.
Teníamos que desandar mucha parte del gran rodeo que habíamos dado en los días anteriores para saltar los Alpes.
Es decir, que íbamos á ver á lo lejos y por sus vertientes del Mediodía, casi todas las montañas que habíamos visto de cerca y por sus vertientes del Norte.
Turin viene á estar bajo el mismo meridiano que Sion.
Hay para el viajero un verdadero placer en buscar en el Mapa el lugar por donde va andando; ver allí marcada una ciudad , señalado un rio ó delineado un monte; volver la cabeza en la dirección indicada, y encontrarse efectivamente con el monte , con el río ó con la ciudad.
Yo he esperimentado este placer muclias veces, y la primera ha sido esta noche.
Reconocí , pues, uno por uno y al través de la vasta llanura que me separaba de ellos, el Simplón, el Monte Rosa, el San Bernardo y el Mont-Blanc... todos aquellos amigos mios (ya podía nombrarlos asi), cuyas blancas cimas, plateadas por la luz de la luna, me recordaban minuto por minuto los cinco días que habia pasado entre ellos.
En cuanto al terreno que íbamos atravesando, consistía en unos arrozales estensísimos , que están inundados la mitad del año por las aguas de Sesia y del Ogogna.
Al término de aquella comarca hicimos alto en VercelU.
Este nombre suscitó también en mi mente algunos pálidos recuerdos de las cosas que aprendí cuando viajaba por la Historia.
A las puertas de VercelU derrotó Mario á los Cimbrios. — Es decir, que hace veinte siglos, ya corría en estos campos la sangre teutona mezclada con la latina.
Los cimbrios que escaparon de aquel terrible combate , tuvieron por conveniente refugiarse en España , donde , si no me equivoco , no fueron mejor recicibidos...
De lo que sí me acuerdo es de que Verceüi ha sido tomada dos veces por los españoles ; la primera, en tiempo de Felipe IV, y la segunda, durante la Guerra ilo sucesión.
Pero fuera el cuento de nunca acabar, si yo hubiera de citar una por una todas las glorias de España que recuerda el territorio en que he penetrado.
Baste decir que desde los Alpes hasta el Etna, apenas hay un pueblo, un arroyo, una montaña que no hayan regado con su sangre nuestros mayores. — En
DE MADRID A ÑAPOLES". 1G3 Tiirin como en Milán, en Nápoles como en Roma, ba tremolado en un tiempo la bandera de Castilla.— Cuando el nieto de los Reyes Católicos daba sus leyes á dos mundos, este poderoso reino de Italia que no acierta á constituirse, era una de tantas provincias españolas... ¿Qué nos valió 1
Respondiéndome estaba yo á esta pregunta, con los ojos lijos en las luces que se veian sobre las murallas de Vercetli, cuando el pito de la máquina me sacó de dudas y el tren siguió su camino.
Hora y media después llegábamos á Chivasso.
De allí en adelante empezamos á ver á nuestra izquierda un ancho y poderoso rio , que ya no nos abandonó hasta Turin. Era el Po.
De sus copiosas aguas se desprendía una vaga niebla que empañaba la claridad de la luna, impidiéndome ver el paisaje.
— ¡Salud al Po! dijeme al descubrirlo. ¡Salud al viejo Eridano, sepulcro de la soberbia de Faetón! [Salud al mas potente de los ríos de Italia!
El Po nace en el Monte Viso , á pocas leguas de Turin ; recibe en su seno mas de cien ríos desprendidos de toda la cadena de los Alpes, y recorre la Alta Italia de un estremo á otro , hasta ir á morir en el Adriático.
En aquel momento iba yo viajando en contra de su corriente; pero sabed que mas tarde seguiré su mismo curso; lo acompañaré en su marcha de cien leguas ; le saludaré en Pavía , en Piacenza y en Forrara , y llegaré con él á avistar las saladas ondas que estrechan en sus brazos á Vonecia.
A todo esto , Turin se nos venia encima.
Las casas de campo principiaban á menudear á los dos lados do la via férrea. . . Largas hileras de luces de gas brillaban tenuemente en el brumoso horizonte...
Los ruidos de la capital empezaban á percibirse á lo lejos...
Y la máquina silbaba como un dragón en agonía,— si es que los dragones acostumbran á silbar.
— ¡Toritw! ¡Torillo! gritaron al poco tiempo los empleados. ¡Preparad vuestros billetes !
— Estamos en Turin , dígimos á nuestra vez todos los viajeros.
Y el techo de la estación resonó sobre nosotros , y el tren hizo alto , y la máquina dió un largo resoplido como si se muriera , y se abrieron las portezuelas de los coches, y saltamos al anden del mismo modo que si hubiéramos llegado á otra cualquier parte.
En la capital de la reciente Italia eran las diez y tres minutos de la noche.
Al salir de la estación nos encontramos en una anchísima esplanada , toda llena de cochos de alquiler, entre los que se veían muchos en cuyos grandes faroles se leían los nombres de los principales hoteles de Turin. ,
Nosotros habíamos decidido ir á parar al Hotel d'Europe, dirigido por el señor Trombelta , cuya fama es universal.
106 DE MADRID A ÑAPOLES.
Dirigí monos, pues , á su coche , y ya ponía yo el pié en el estribo para subir á él, cuando me senti detenido por unos robustos brazos, y oí que una voz, nada española por el acento , me decía en español estas palabras :
— ¿Cómo estás?
Me volví , y á la incierta luz de la luna y del alumbrado público , me encontré con un estraño personaje, elegantemente vestido de negro, alto y fuerte como un Sansón, moreno basta rayar en mulato, y cuyos ojos de león, cuyos dientes de marfil y cuya hermosa barba, azulada como las plumas del cuervo, recordaba yo haber visto en otra parte.
— ¿Y Caballero? ¿No venir contigo? continuó preguntándome aquel hombre, cou una espresion de cariño , de inocencia y de bondad en la mirada y en la risa, que contrastaba vivamente con su formidable figura.
— ¡Jussufl ¿Eres tú? esclamé yo entonces reconociéndole.
— Sí , sí... yo soy Jussuf, respondió mi aparecido con una alegría infantil.
Imaginaos mi sorpresa.— Jussuf era un marroquí de pura sangre , que habia yo conocido en Africa , donde vestía jaique , turbante y babuchas. — Durante la tregua que medió entre la batalla de Tetuan y la de Vad-ras, aquel moro , que nos habia combatido hasta entonces como una fiera, vino, como otros varios, á nuestro campamento; se aficionó á nuestras costumbres; intimó mucho con mi amigo don José del Saz Caballero (por quien acababa de preguntarme); vivió en su tienda; declaróse neutral en la última batalla, y allá me lo dejó cuando abandonó el ejército.
En cuanto al resto de su historia , él mismo se apresuró á contármelo , resultando de todo, que Caballero se lo habia traído á Europa en calidad de picador; que habia recorrido con él toda España , toda Francia y toda Suiza; que en España habia hablado A la reina ; que en el MontBlanc ,— donde se hallaba, vestido todavía de moro, cuando lo visitaron los emperadores franceses,— habia conversado con Napoleón y Eugenia; que en virtud de estos antecedentes, habia solicitado de su amo (él decia de su amigo), que le vistiese á la europea; que esto tuvo lugar en Milán hace pocos dias; que con aquel traje y su hermosura mora era el rey de todas las doncellas y criadas de los hoteles en que iba á parar; que Caballero se habia separado de él hacia dos semanas , y debia llegar á Turin de un momento á otro ; que él conocía ya la capital del Piamonte como si hubiera nacido en ella, y que vivía en el mismo hotel á que nosotros nos dirigíamos; que nos serviría de cicerone y nos diría dóndo estaban el gobierno de Esl>aña, (la legación española,) el teatro, el paseo, el café y cuanto pudiéramos desear; y en lin , que se encontraba muy aburrido sin Caballero ; pero que ya empezaba á hablar el francés y el italiano , y se hacia entender de todo el mundo.
Esta relación , dicha medio en español , medio en árabe , y salpicada de algunas frases francesas ó italianas , nos entretuvo desde la estación hasta el hotel.
Yo reparó , sin embargo , que habíamos pasado por hermosísimas calles , todas rectas y profusamente alumbradas , llenas de gente , do carruajes y de tiendas , y que el Hotel ile Eurojm} en cuyo patío penetró el coche y donde escribo
DE MADRID A ÑAPOLES. 167 estas líneas, se halla situado en una estensa plaza, rodeada de arcadas ó ¡loríalas como la plaza Mayor de Madrid.
La impresión que basta ahora me ha hecho la capital del Piamonte es sumamente favorable.— Todo lo que he observado en ella desde la estación del ferrocarril hasta mi aposento, revela una gran riqueza publica, una reflnada civilización, y un notable espíritu de orden en todas las cosas.— Los empleados del ferrocarril y los del hotel no ceden en servioiales y atentos á los franceses , pero son menos charlatanes.
Para concluir por boy, os diré que cuando ahora poco cenábamos en el comedor (que es un vasto salón , verdaderamente regio), hemos visto cruzar por él una elegantísima dama, de singular hermosura, coronada de flores y envuelta en un lujoso capuchón blanco , la cual iba precedida de un criado con luces y seguida de un lacayo moy compuesto.
Era una duquesa florentina que volvía del teatro , y cuya habitación se halla debajo de la nuestra.
Yo me inclino á creer que la aparición de esta beldad aristocrática en semejante momento, — cuando llevamos tantos días de rodar por valles y montes, lejos de los artificiales encantos de la sociedad, — habrá contribuido en gran parte á nacerme ver ó adivinar á Turín al través de un prisma tan optimista y lisonjero. — ¡Es tan fácil de engañar nuestra loca imaginación !
Como quiera que sea, ya solo debemos pensar en acostarnos. — j Harto hemos visto y pensado durante el larguísimo dia que terminará dentro de pocos minutos!
Hace diez y ocho horas que despertábamos en Baveno... — Desde entonces... ¡Cuántas y cuan varias emociones!...
El Lago Mayor, reverberando un sol de fuego, que ahora alumbra á los antípodas... la misa y el almuerzo en las/í/a* Borromeas... la rilara lombarda... nuestra permanencia en Stresa... nuestra detención en Arona... la estatua de San Carlos... el Tessino... el café de Novara... el horizonte do Magenta esclarecido por la luna... Vercelli... el Po... nuestra llegada áTurin... ¡cuántas y cuantas cosas en un solo dia ! — ¡ A mí me parece que ha pasado un mes desde que amaneció hasta ahora!
Pero hagamos punto redondo; demos al olvido todo lo que hemos visto hoy, y durmámonos pensando en lo que hemos de ver mañana.
II.
Turin — Resumen de su historia.— Un paseo por la ciudad.— Emmanuel Filiberto de Saboya.— El Palacio Real por dentro.— Turin á vista de pájaro.— Las inglesas de Martigui.— Una ópera en Italia.— Jussuf.
Turin, tt de octubre.
Mi primer cuidado esta mañana, — no bien Dios y su profeta Morfeo me permitieron abrir los ojos,— fue hacerme traer una (iuia y un plano de Turin.
188 DE MADRID A ÑAPOLES.
Con auxilio del plano y algunas esplicaciones de Jussuf , me enteré en un mo • mentó de la estructura y orientación de la ciudad , asi como del lugar en que yo me bailaba y de los caminos que debia seguir para regularizar mis escursiones. — Averigüe, pues, antes de tener el gusto de verlo por mi mismo, que había pasado la noche en el centro de Turin ; que mis balcones daban á su plaza principal (la Piaisa Castello); y que á pocos pasos de ella-se encontraban los edificios públicos y monumentos mas curiosos que la corte de Víctor Manuel ofrece al caminante.
En la Guia aprendí que Turin se halla situado á doscientos treinta metros sobre el nivel del mar:
Que hace cincuenta años solo encerraba 65,000 almas; pero que hoy la población pasa de 160,000 ídem,
Y que entre ellas hay 1 ,200 protestantes , y sobre unas 2,000 y tantas judías.
(De los cuerpos no dice nada el autor, sin duda por no incluir en una misma cifra á los vivos, á los muertos y á los irracionales.)
La Guía me recordó en seguida que Turin se llama Turin porque la fundaron los taurinos , como el Piamonte se llama Piamonte por hallarse al pié de los Alpes {Pié-di-monte en italiano):
Que Aníbal la destruyó, porque no quiso aliarse con él en contra de los romanos:
Que César la conquistó (sin duda en recompensa), llamándola Colonia Julia. . . lo cual no acredita de modesto al héroe de Farsalia ;
Pero que después se denominó Colonia Augusta Taurinorum frase ruidosa y vana, que revela dos debilidades :
Que luego cayó en poder de los lombardos ,— á los que no hay que confundir con los lombardos de hoy, por mas que estos les deban su nombre y la levadura - •de su sangre; pues aquellos eran unos germanos (que es como quien dice alemanes... ¡tedeschi!) recien llegaditos de su país:
Que andando los tiempos, Cario Magno la libró de aquella gente y se la guardó para sí , dándola á los señores de Susa , feudatarios de su imperio :
Que en el siglo XI esta desventuradísima Turin fué á parar por herencia á manos de un nuevo amo , es á saber : del duque de Saboya de lo que se acaba de vengar el Piamonte, regalando la Saboya á los franceses...!
Que en 1418 , la tan llevada y traída ciudad empezó á ser capital de uno y otro Estado:
Que después se apoderó de ella la Francia :
Que Enmanuel Filiberto de Saboya entró al servicio de Carlos V , y le sirvió de tal manera contra el enemigo común, que mereció ser repuesto al frente de sus Estados:
Que, en 1675, Turin empezó á sor capital de un reino, por haber lomado los duques de Saboya el título de Reyes de Cerdeña:
Que la tal capital hubo todavía de serlo do una provincia Ixijo la república fi-ancesa y duranto el imperio del primer Napoleón :
Digitiz^i by Google
DE MADRID A ÑAPOLES. 169 Que, en 181 5, el congreso de Viena, — sin saber lo que se hacia,— la restituyó á la casa de Saboya, aumentando sus dominios con la que fue en un tiempo república de Génova , y que desde entonces el reino que Turin preside tomó la denominación de Estados Sardos :
(Y aun no habia de ser esta su última denominación , ni nadie puede asegurar que conserve mucho tiempo la que acaba de darse.)
El coode de Ca\oar.
Que el rey Carlos Alberto dijo un dia: La Italia fará da se... (y ya hemos visto lo que la Italia ha hecho de sí , según afirman unos , ó lo que el Piamonte ha hecho de la Italia , según pretenden otros):
Que hasta hace pocos años, el idioma oficial y popular de Turin era el francés, y que solo se empezó a legislar y hablar en italiano cuando el dicho Carlos Alberto dió el Estatuto y empezó á acariciar la idea de Napoleón I de hacer un solo reino con toda la Italia, idea que ha tenido sus apóstoles, sus mártires y sus guerreros desde épocas muy remotas. ..
170 DE MADRID A ÑAPOLES.
Y qué...
Pero lo demás que leí en la Guia , y hasta lo que la Guia ignoraba , lo sabéis vosotros por los periódicos.
Levánteme, pues , y me echó á la calle ó por mejor decir, salí á la plaza.
La piazza Casteilo es el punto oéntrioo de Turin; tiene 225 metros de longitud por 166 de anchura , y debe su nombre á un castillo ó palacio que se levanta en medio de ella.
Los edificios que determinan tan vasto cuadrilongo son altos y bellos, iguales todos por los lados del Sur, de Oriente y de Poniente , y levantados sobre elegantes pórticos, que forman tres hermosas galerías llenas de tiendas á derecha é izquierda, ñor en medio de las cuales circula incesantemente una apretada muehodumbre.
El lado del Norte lo ocupan una gran verja (que da entrada á otra plaza mas pequeña, en cuyo fondo se levanta el Potado Real), los ministerios de Estado, de la Guerra, de Marina y do Hacienda, y la dirección de artillería y de fortificaciones.
Al fin de la galería del Este se halla el Teatro Regio , que no tiene fachada, y que, dicho sea de paso, no se abre hasta la Pascua de Navidad, — época en que principia lo que aquí se llama el Carnavalone , ó sea la verdadera temporada lírica , durante la cual da sus grandes bailes la aristocracia.
El edificio que, según hemos indicado, se levanta en medio do la Piazza Casteilo , se llama ahora il P alano Madama (antes le P alais Madame) y debe su nombre á la circunstancia de haberlo vivido y restaurado la madre de Amadeo II , denominada generalmente Madame Reate, como todas las reinas madres del Piamonte.
Este palacio es antiquísimo , de noble arquitectura (á pesar de habérsele quitado en gran parte su carácter de la Edad Media para darle el del Renacimiento), fortificado por recias torres en su lado oriental, y residencia hoy del Senado, de la Policía y del Museo de Pinturas, — que visitaremos cuanto antes.
En resumen, la Piazza Casteilo es digna de una gran capital. Sus vastas dimensiones, la noble regularidad de sus edificios, la severidad de sus pórticos (i Portiei), donde se dan cita por las mañanas los elegantes desocupados de Turin para ver pasar á las damas que van á compras, y sobre todo, el venerable aspecto del Palais Madame , campeando solo en medio de la estensa planicie, como un monumento, como una ejecutoria , como recuerdo histórico , sorprenden agradablemente al viajero, disponiendo su ánimo en favor del pequeño estado que se supo crear una tan decorosa metrópoli.
Las principales calles de Turin arrancan de la Piazza Casteilo.
Estas calles, que son las del Po [Via di Po), la de Dora Grossa y la Via Nuova, corren en línea recta hasta los confines de la ciudad , pasando por plazas no menos bellas que la que acabo de describir.
La Via di Po, que indudablemente es la mas hermosa , tiene diez y ocho • metros y medio de ancha , y una galería de pórticos á cada lado.
DE MADRID A ÑAPOLES. 171 Al término de ella se divisa la Piazza Vütorio Emnanuele, (una de las mas espaciosas del mundo,) las riberas y el puente del Po, y una verde colina que cierra el horizonte.
Como yo había de subir esta tarde á aquella colina , desde donde se ve á Turto a vista de pájaro, dejé para entonces el recorrer la parte meridional de la ciudad, y girando por la Piazza Castello, me asomé á la embocadura de otra calle.
Aquella era de la de Dora Grosm , cuya longitud pasa de un kilómetro.
Al fin de ella se distingue la Piazza dello Statuío ; después una alameda, detras un campo que se eleva gradualmente , y allá en lo último , las nevadas cumbres del Mont-Cenis y del Mont-Genévre , levantándose muy por encima de la desembocadura de la calle, como una decoración de teatro.
Tampoco entraba en mi plan dirigirme por aquel lado, y seguí dando la vuelta á la plaza hasta llegar á la embocadura de la Via Nuova.
La Via Nuova ofrece un golpe de vista que no cede en hermosura á las dos que hemos señalado.
Es también recta y ancha , y termina en una soberbia plaza (Piazza San Cario), en medio de la cual se levanta una airosa estatua ecuestre.
Al otro lado de la plaza, continua la calle con el nombre de Via di Porta Suova , de modo que la estatua, en vez de destacarse contra un muro, campea en el espacio de aquella otra larga vía , que por su parte va á terminar en la magnífica plaza de Corlo Felice, plantada de árboles, detrás de los cuales asoma el embarcadero del camino de hierro.
Esta sucesión de plazas y calles , cuyo límite definitivo es la conjunción aparente del verde campo y del cielo azul, presenta un aspecto magestuoso, muy superior á la decantada vista de la calle de la Paz , la columna Vendóme y la calle de Castiglione de París.
Bajando, pues, por la Via Nuova, llegué á la Piazza San Cario y al pié de aquella estatua ecuestre que tan airosa me habia parecido desde lejos.
La Piazza San Cario es para mi gusto la mas bella de Turin.
Los edificios que la forman no son ya notables solamente por su tamaño y su regularidad , sino también por su noble arquitectura y conjunto armonioso.
Las alas laterales son dos estensos palacios, levantados sobre amplios pórticos mucho mas artísticos que los de la Piazza Casíeilo.
El ala del Sur, — partida , como hemos dicho, por la Via di Porta Nuova, — esta ocupada por dos iglesias : la de San Carlos y la de Santa Cristina.
Al principio y al fin de la plaza , entran en ella simétricamente , aislando los dos palacios citados , cuatro calles trasversales , por las que se descubren también , ora el Po , ora otras plazas , ora las campiñas y los montes.
Todo esto se esplica por la regularísima planta de Turin , cuyas calles todas, tiradas rigorosamente á cordel , se cortan en ángulos rectos , cual si la capital ' entera hubiera sido hecha de una vez como se hace un solo edificio.
Y la verdad es esta. — La capital del Piamonte , arrasada varias veces por
172 DE MADRID A ÑAPOLES.
. los conquistadores, y una de ellas , al principio del siglo pasado , es hoy la corte mas moderna de Europa, por mas que se levante sobre cimientos tan antiguos.
El empedrado es uno de los mejores que yo ho visto en parte alguna, no solo por su disposición, sino por la calidad de la piedra, la cual, al decir de los inteligentes, es por lo general tan rica, que si se la pulimentase, podría servir para adorno interior de alcázares y templos. — Aparte de los pórticos , que tanto abundan en Turin , y que protegen al transeúnte contra el sol del verano y las nieves del invierno, las calles tienen aceras, y además una especie de carril (y hasta dos, en las muy anchas) trazado con una doble hilera de losas , á Un de marcar su derrotero á los coches.
En cuanto á las casas, todas son buenas, sin que haya ninguna estraordinanamente hermosa.
El carácter especial de la población consiste principalmente en esto.
Yo no he encontrado en toda ella (ni en los barrios mas apartados) una sola casucha de esas que sirven de compensación en París y Londres á sus grandes hoteles y suntuosos palacios; como tampoco me ha llamado fuertemente la atención hotel ni palacio alguno.
Esta monotonía no será pintoresca ; pero es agradable en otro sentido.— En Turin son tan raros los pobres de solemnidad como los Cresos y los Midas.
Pero me he adelantado á los sucesos y os estoy dando cuenta de observaciones que hice mas tarde.
Decíamos que llegué al pié de la estatua ecuestre que decora la plaza de San Carlos.
El ginete de bronce que envaina allí su espada con la mas noble ufanía , representa á un hombre tan venerado en España como en Cerdeña, y á quien los españoles debemos tanto amor y gratitud como sus compatriotas , siendo de lamentar que no se nos haya ocurrido antes que á ellos la idea de levantar monumentos en su honor. '
Aquel ginete representa al insigne general Enmanuel FUiberto de Saboya, apellidado Cabeza de hierro , quien desposeído de sus Estados por los franceses, entró al servicio de Carlos Y, y después al de Felipe II , cabiéndole la gloria de haber mandado á los españoles en la batalla de San Quintín. — Allí derrotó completamente á nuestros enemigos, que también eran los suyos; y esta victoria y otros memorables hechos de armas, que eternizaron la memoria del ilustre saboyano, como le nombra Mariana, produjeron la paz de Chateau-Cambrósis, tan ventajosa para la política de Felipe II , y en la cual se le devolvieron á Filibe/to sus Estados, que él solo, con su propio esfuerzo , había sabido redimir de la dominación estranjera.
Ahora comprendereis la feliz idea que ha tenido el escultor al representar á Enmanuel en ademan de envainar la espada después de haber concluido una paz tan gloriosa.
Por eso dice la inscripción del pedestal, que Carlos Alberto dedicó aquel monumento al vengador y salvador de su familia.
DE MADRID A ÑAPOLES. 173
Aparte de todas estas consideraciones , yo he encontrado sumamente bella aquella estatua como simple obra de arte.
En el pedestal hay dos bajo-relieves, de los cuales uno representa la Batalla de San Quintín y el otro la Paz de Chateau-Cambrésis.
La Ogura del guerrero está llena de vida y magostad , á pesar de lo violento de su actitud , $ traduce perfectamente la bien sentida inspiración de su autor el famoso Marochetli.
La armadura está copiada de la que usó Filiberto.
Ya la veremos en el Museo de armas.
De la Piazza San Cario me fui al Palacio real.
Según os he dicho antes, una alta verja de hierro sirve de entrada á la plaza que lo precede.
Sobre los pilares que hay en medio de esta verja vénse dos grupos de caballos de bronce , mas buenos ó mas malos, pero que son allí de un gran efecto.
El palacio es de ladrillos, que están al descubierto; pues la fachada no ha sido aun revestida ni tan siquiera revocada ; todo lo cual , como supondréis fácilmente, le da un aire tan pobre é insignificante que nadie lo tomaría por la morada de un rey.
Por dentro' es otra cosa. Desde que se entra en el peristilo , empiezan á llamar la atención las grandiosas y bien concertadas proporciones del edificio y el lujo con que se halla decorado.
Cerca de la escalera vése en una gran hornacina la estatua ecuestre de Victor Amadeo I , primer rey de Cerdeña.— La estatua es de bronce y el caballo de mármol blanco , sirviéndole de palafreneros dos esclavos bastante bien esculpidos.
Mientras subía la ancha escalera, esperimenté una rara emoción, que no acerté á discernir si era tristeza ó miedo , al considerar que el en otro tiempo pacifico habitante de aquella soberbia morada, hallábase en lejanas tierras al frente de su ejército, comprometido en una audaz empresa, en que jugaba el todo por el todo ; anatematizado y maldecido por clases enteras de la sociedad ; mirado con odio por fortfsimas potencias , que acechaban el momento de aniquilarle; vencedor afortunado, pero que no dispondría nunca de un solo instante de reposo en que saborear sus triunfos; instrumento fatal, elegido por la revolución para dar el asalto á la autoridad temporal de la Iglesia, combatida y cercada hace tanto tiempo ; mantenedor, en fin , de la noble y levantada idea de unificar la Italia, librándola de la opresión estranjera; de principes desnaturalizados, que conspiraban contra sus propios subditos, y de gobiernos parricidas, que atentaban á la madre patria.
I Oh ! ¡ sí 1 Al recorrer aquel palacio desierto causábame espanto la tremenda posición en que una generosa idea, prematura ó torpemente manifestada , habia colocado al héroe de Pallestro y San Martino , á aquel hombre á quien todos saludábamos con entusiasta admiración cuando juraba no visitar el sepulcro de su padre hasta vengar su muerte y el desastre que la produjo ; cuando enviaba á la Crimea aquel puñado de valientes que tanta gloria alcanzó á las orillas del
174 DE MADRID A ÑAPOLES.
Tchernaia , y cuando Milán lo aclamaba su rey después de la batalla de Magenta.
Pero yo no he venido á Italia a proclamar mis opiniones, si es que tengo algunas; yo be venido á observar y referir...
Os diré , pues , que el palacio del rey de Italia se hallaba todo revuelto y desordenado, á causa de estarse enviando á Ñapóles algunos de sus muebles , y por haberse* ya empezado á preparar las habitaciones para el inviefcio.
Llamáronme, sin embargo, la atención, por su magnificencia y por otras consideraciones, primeramente: el salón del trono (donde hacia poco tiempo habían tenido lugar solemnísimas ceremonias y resonado importantes mensajes y discursos , con motivo de las anexiones de Parma, Módena , Toscana y parte de los Estados Pontificios), y después, la sala del consejo, donde el rey había tratado con sus ministros todas aquellas cosas que nosotros leíamos con tanto afán en los periódicos á medida que sucedían .
La mesa redonda, que se ve en medio de aquel aposento, cubierta con un tapete verde, y rodeada de ocho ó diez sillones, entre los que sobresale' el destinado al rey, pudiera contar conversaciones muy curiosas. — Figuraos que lleva veinte años de asistir al Consejo de Ministros! — Allí dijo Carlos Alberto la primera palabra de esta revolución que hoy ha tomado tanto cuerpo. — Allí dirá acaso la ultima el monarca galantuomo.
En una magnifica estancia me mostraron la cama en que falleció la madre de Víctor Manuel ; y en un reducido gabinete, la trampa ó escotillón con que bajaban al jardín á su esposa, la encantadora María Adelaida, que como sabréis acaso, murió de consunción hace poco tiempo.
Y la he llamado encantadora , porque tal me ha parecido en los muchos retratos suyos que he visto en el palacio ; porque la fama lo afirma también asi , y sobre todo, porque los piamonteses, que no pecan de místicos, la tienen en opinión de Santa.
Pero lo que mas me ha chocado en esta regia morada ha sido el aposento que habitaba ordinariamente la princesa Clotilde , hija de Víctor Manuel , casada hoy con el principe Napoleón.
Escusado es decir que la princesa Clotilde tenia designado en el palacio un vasto departamento , compuesto de tantos salones y gabinetes cuantos son los ordinarios usos de la vida, — gabinetes y salones ¿cual mas espacioso y magnifico... Pero como no por ser reyes ó principes se tiene mas de un cuerpo ni mas de un alma (y gracias si la que se tiene vale algo) , resulta que aquella jóven se procuró una especie de nido en la fría soledad de su vivienda , ó por decir mejor, se hizo una casa proporcionada á su mortal persona.
¿Y qué lugar creeréis que eligió?
Voy ¿ decíroslo , no sin suplicaros que me creáis.
Los muros del palacio son espesísimos , y los balcones muy grandes ; de aquí resulta que cada hueco de aquellos tiene unas tres varas de largo por cuatro de ancho y como seis de altura. Las cortinas interiores dejan aislados estos pedazos de terreno.
DE MADRID A ÑAPOLES. <75 Ahora bien, la princesa empezó por huir del salón al gabinete; luego huyó del gabinete á la alcoba; después se refugió en el tocador; del tocador pasó al cuarto del baño, y encontrándolo todavía demasiado grande para una persona sola, demasiado alto de techo, demasiado mudo y solo, se escondió detrás de una cortina y fijó su residencia en el hueco de un balcón.
Allí hizo poner un diván, un taburete, una mesa, un pequeñísimo estante con una biblioteca en miniatura, dos jarros de flores, un recado de escribir, una jaula con un ruiseñor, un costurero, los retratos de su familia, un espejo en que retratarse ella, un reloj, una lampara y otras muchas cosas que no recuerdo.
Víctor Manuel , — en quien todos reconocen , como sentimiento dominante, los afectos de familia, — no ha querido que se cambie cosa alguna en este singular aposento, que le recuerda á su hija ausente , y que á mi me ha dado ocasión esta mañana para discurrir cuanto me ba parecido, acerca de la condición humana, de las vanidades de la vida, de lo verdadero y de lo falso; de lo que pensaran los reyes cuando están á solas con su propia humanidad ; de lo necesario y de lo superfino ; de lo finito y de lo infinito ; de la insuficiencia de los sentidos para complacer á la imaginación ; de lo limitada que es la vida y de lo ilimitado que es el deseo ; de la impenetrabilidad de los instantes, ó sea de la imposibilidad de vivir dos veces á un tiempo mismo ; de la implacable marcha del tiempo , que no sale de su paso por nada ni por nadie ; de la fatal precisión de dormir , de lo que fuera un hombre ubiquo; de las diferencias que hay entre la nada y lo pasado , y entre lo pasado y lo futuro ; de las fuerzas esceden tes ó sobrantes del alma; •le nuestra loca aspiración á una noción absoluta ; de los afanes gratuitos ó injustificados de la imaginación ; de la máxima profundísima : Jgnoti nulla cupido... y de otras muchas elucubraciones que aun me bullen en la mente; pero que me fuera imposible representar por medio de palabras.
Porque esta es la verdad.— Nosotros no sabemos lo que sabemos; nosotros no nos damos cuenta de lo que pensamos; nosotros no nos oimos...
Nosce te ipsum (¡conócete!) decia un filósofo...
j Yo lo creo imposible I — Por mas atención que presto á las voces de mi alma, no acierto a percibir sino muy pocas , y esas confusamente.
El que muere abrasado por un rayo , no ve el rayo , ni lo siente siquiera , ni seda cuenta de la novedad que le ha ocurrido...
Pues casi lo mismo , aunque en sentido inverso , acontece con ciertas ideas que pasan por nosotros sin que las veamos, y de las cuales solo sabemos que pasaron ya.
¿No habéis formado alguna noche el necio empeño de saber cuando os dormís, de tener conciencia de vuestra última idea , y de poder deciros: todavía estoy despierto... — ya no lo estoy?
Pues tan necio fuera empeñarnos en saber algunas cosas de lasque pensamos despiertos.
Yo diria que nuestro pensamiento es una bola maciza de oro puro, de la
176 DE MADRID A ÑAPOLES.
cual solo podemos ver la superficie.— El que lograra ver a un mismo tiempo, de una sola ojeada (i oh qué absurdo !), todo el oro que contiene esa bola, átomo por átomo (¿pero qué hablo de átomos?), reduciendo el metal á mera superficie... (lo que ni aun se puede imaginar); el que hiciera eso (cual si la materia no fuese divisible hasta lo infinito , y cual si la fracción mas infinitesimal no guardase otra masa escondida); el que eso consiguiera (lo cual equivaldría á convertir la materia en espíritu), ese podría lambien saber todo lo que encierra el alma humana ; ese se conocería á si mismo; ese tendría conciencia de su propio entendimiento; ese seria Dios I
üablemos , pues , solamente de lo que sepamos.
Por ejemplo : sigamos hablando del palacio real de Turin. •
Pero el caso es que ya no nos queda nada que contar acerca del tal palacio.
Pues ¿y las habitaciones del rey? preguntarán algunos.
A estos les responderé que Víctor Manuel II no es en su palacio sino una especie de empleado : que cuando está en Turin , vive en el piso segundo , en una modesta casa amueblada á la moderna y con menos lujo que la del último senador del reino: que de allí baja. al piso principal á desempeñar su oficio de rey, como van los ministros á sus ministerios, y que en su casa y en la calle hace la vida de un simple particular.
Víctor Manuel, el rey galantuomo (hombre de bien), recibió una severa educación militar y científica, que le inclinó á la rudeza y á la sencillez de costumbres. En vida de su padre mandaba un regimiento, no en el nombre , sino real y efectivamente. Según una tradición de esta familia, siempre que el rey sale á campaña tiene que llevar consigo á su hijo mayor, y asi lo hizo Oírlos Alberto en 1848.— Víctor Manuel recibió un balazo en una pierna en la batalla de Goito, que precedió á la de Novara.— El, por su parte, ha cumplido también con el precepto tradicional , confiando en 1854 el mando de una brigada á su hijo Humberto, presunto heredero del trono, á pesar deque solo tenia quince años; y el jóven príncipe demostró on las batallas de Pallestro , de Magenta y Solferino, que corría por sus venas la sangre de Filiberto de Saboya.
La gran afición de Víctor Manuel es la caza , á tal punto que se le ha visto muchas veces solo , fatigando á pié montes y selvas, lejos ya de los sitios reales, llegar á la cabana del pastor á pedir algún frugal alimento, y continuar después su ruda tarea, hasta que la noche le ha sorprendido, obligándole á buscar, ora una estación de camino de hierro , ora un pueblo en que alquilar un carruaje, ora la mansa cabalgadora de un campesino para volver á la córte, inquieta ya con su tardanza.
Este género de vida ha dado lugar á raros encuentros y singulares aventuras, dignas del romance y de la novela, que os recomiendo leáis en las historias que tratan de este rey, á quien se tiene por el primer cazador, el mejor soldado y el mas constante madrugador de su reino.
Detrás'del palacio hay un bello jardin (ü Giar'dino reah)y abierto al público desde las once hasta las cuatro.
DE MADRID A ÑAPOLES. 177 Como yo lo vi desde un balcón , renuncié á bajar á él , prefiriendo emplear aquel tiempo en visitar el Museo de armas, que está tocando al palacio.
Allí tuve el placer de contemplar, entre otras muchas cosas, la armadura de Emmanuel Fi liberto, un hermoso escudo cincelado por Benvenuto Cellini, una montura de terciopelo encarnado, que perteneció á Carlos V, y una armadura de colosales dimensiones , con la cual asistió á la batalla de Pavía un escudero del rey de Francia.— El tal escudero debia de ser un gigante.
Desde la armería me vine al hotel, donde me aguardaba Iriarte, que habia empleado la mañana en retratar á Jussuf ; y una vez reunidos, discutimos el programa del resto del dia, dándole voz y voto al nunca bien ponderado sectario de Mahoma.
Del debate resultó que lo mas urgente para nosotros era buscar una altura que dominara á todo Turin , á fin de contemplarlo á vista de pájaro y formar perfecta idea de su aspecto general , límites y circunstancias. No nos bastaba el plano : necesitábamos la perspectiva. — Convinimos , pues , en subir á las cuatro al convento de Capuchinos del Monte , que, como creo haberos dicho, está situado en lo alto de una colina , al otro lado del Po.
— Desde ahora hasta las cuatro, dije yo, podemos ver algunas iglesias, algún museo, algún...
— De ningún modo, replicó mi amigo. No involucremos las cuestiones. Lo primero de todo es ver la ciudad por fuera, comprenderla, sentirla, dominarla. Después la desmenuzaremos. — Ahora estamos todavía en el periodo de síntesis. — Mañana entraremos en el de análisis. — Opino, pues , que vaguemos por las calles hasta la hora de subir á Cappuccini.
Aprobóse tan juiciosa observación.
Entonces propuso Jusuf que fuésemos á la noche á un teatro que él conocía, en el cual se cantaba hacia muchas noches una cosa , que por las señas que nos dió el avisado marroquí comprendimos debia de ser la JVorma.
Esta idea fue también aprobada por unanimidad y entre los mayores aplausos.— jlr á la ópera en Italia!... |En el país clásico de la música!... ¿Qué co?a mas natural, mas indígena, mas indispensable!
—i Veréis que bien cantan! esclamó Jussuf.
—¿Quién lo duda, si estamos en la fuente? respondimos nosotros con indecible alegría.
Y como durante la sesión hubiésemos almorzado, pusímonos en la del rey, mas libres , mas sin cuidados y mas dichosos que los gorriones que tomaban el sol en los tejados.
Hacia un hermoso dia de sol ; habíamos almorzado como so almuerza en el Hotel Trombetta ; aun nos quedaban cigarros españoles ; teníamos buenas y recientes noticias de nuestras familias ; carecíamos de equipaje en que pensar ; el dinero que llevábamos encima nos parecía inagotable, aunque estaba muy lejos de serlo ; veíamos á nuestra disposición toda una hermosa capital en que nadie nos conocía; podíamos disponer de un idioma que los demás ignoraban (el espalé
ITS l>E MADIUlt A ÑAPOLES.
ñol), y éramos capaces de entender á medio mundo, á favor de seis lenguas que hablábamos entre los tres ; y por ültimo , para un caso de necesidad , contábamos con los puños del moro , que deshace las piedras con los dedos y echa por tierra al caballo que lo desobpdo.ee...—;, Quién soñó nunca tan completa felicidad?
Ufanos , pues , y alegres , como triunfadores por país conquistado , entramos en la Via di Po , en cuyas anchas galerías , (llenas de gente , de tiendas , de anuncios, de puestos de libros y de frutas, de estamperías, de muestras fotográficas y de cuantos objetos é industrias pueden fiar idea del movimiento social de un pueblo), vagamos á la ventura, flaneamos, como dicen los franceses, observando, leyendo, comprando; haciendo preguntas , juicios y comparaciones; formando cálculos; entregándonos á reflexiones sérias; 'diciendo burlas inocentes , y sobre todo, procurando sacar , deducir, estraer de tantas cosas el espíritu popular, la opinión pública, la conciencia y el deseo de la nación.
Estos ensayos (como les llamaría un químico) no son ilusorios, ni ineficaces, ni de éxito inseguro.
Cierto que no pueden esponerse con cifras , ni menos comprobarse lógicamente ; pero la operación tiene lugar por medio de vagas impresiones , y el resultado se graba fuertemente allá en el alma.— Si algo enseñan los viajes es precisamente esto. — En vano es que un país trate de ocultar su índole ; de disfrazar sus tendencias; do negar, por boca de sus gobiernos, sus odios, sus ambiciones , sus simpatías , sus esperanzas. . . Y en vano es también que os presentéis en ese país con antiguas opiniones, con preocupaciones, por mejor decir; con pasión de partido, con propósito firme de encontrar solamente lo que os agrade...— El país liablará á pesar suyo, y vosotros escuchareis á pesar vuestro. La sensibilidad os irá enterando poco á poco do la verdad de las cosas: csüi verdad se desprenderá de todas partes, de lo animado y de lo inanimado , como un efluvio, como un perfume, y os penetrará por los poros hasta formar en vuestra conciencia una íntima convicción.— Yo no desconozco que si esta verdad os disgusta ; si se opone á vuestros intereses ; si os coloca en contradicion con cuanto habíais proclamado antes , vos podéis ocultarla , y hasta negarla en alta voz; pero la llevareis eternamente en lo íntimo del espíritu, como un remordimiento, como un miedo, como una luz inestinguiblc encerrada en un sepulcro.
De esta manera fatal, indeliberada , irresistible, he adquirido yo hoy ciertas opiniones y creencias (que ya irán apareciendo en mi discurso), á medida que iba considerando la forma en que estaban espuestos en la Via tli Po los retratas de Pío IX , de Víctor Manuel , do Cavour, de Napoleón y de Garibaldi ; el lujo y el precio de cada uno de ellos ; los atributos que los adornaban ; el modo que tenia el mercader de pregonar su venta; la venta que hacia; la espresion con que • jos miraban los soldados , los milicianos , los clérigos y las mujeres ; lo que estas gentes esclamaban ó se decían ; cómo trataban los bersaglieri (los zuavos de| Piamonte) á los guardias nacionales ; cómo se miraban los clérigos y los seglares; qué libros servían «le muestra on tos innumerables librería* que inundan á
I)K MAMtlh A NA1M.il.LS. 170 Turin; que Ululas Ilevalwin asos folletos «pie solo viven un día, y que son la espresíon Cándida y sincera de lo que ocultan los diplomáticos ; qué decían los periódicos callejeros , y cómo lo decían; y (en otro orden de cosas) qué precio tenían los géneros de los almacenes ; qué valor la moneda ; qué literatura los comerciantes; qué mañas los compradores; qué aspecto los transeúntes; qué fórmulas la cortesía; qué carácter la generalidad de las gentes ; si había mas alegres que tristes , mas ligeros que graves , mas tontos que discretos , o mas buenos que malos; si existían costumbres; si la sociedad ora antes que el individuo, ó el individuo antes que la sociedad ; si la vida giraba en torno de ideales abstractos, ó de realidades terrenas, y sí estas realidades eran permanentes ó transitorias; por cuanto entraba el sentimiento en el arte ,.y la poesía en la política ; qué lugar ocupaba la mujer en la escala de las devociones ; y en fin , otras muchas , innumerables fases que me presen talan en la Via di Po las personas y los objetos; — lases claras , distintas , reveladoras (sobre todo en un país tan libre y tan tolerante como este), que ora hablaban á la observación, ora á la intuición , ora á la sensibilidad , ora á la razón fria ; pero que hablaban en suma. . . por lo que nada tiene de particular que yo me haya enterado de sus secretos.
No desconfiéis , pues, de los dictámenes que yo emita, que no serán muchos, ni los creáis gratuitos ó infundados. — En cuanto á mí sinceridad , sé que no dudáis de ella.
Pero todo este exordio es completamente inútil ó cuando menos estemporáneo, puesto que yo no pienso tratar ahora ninguna cuestión importante. — Reservadlo, pues, para su dia.
Ahora me contento con que me acompañéis en mi paseo y vayáis viendo conmigo el animado cosmorama tle esta ámplia y recta calle.
Jussuf , con su admirable olfato de moro, avivado por un odio rumiado en el desprecio, descubrirá los judíos que andan mezclados mn la muchedumbre, aunque se hallen vestidos á la europea.
Nosotros comprenderemos por nuestra parte que los piamon teses profesan nna verdadera adoración á la dinastía de Saboya , y veremos repelido el nombre de sus reyes en los azulejos de callas y plazas , en los monumentos públicos , en historias y grabados, en la denominación de teatros y paseos, telas y muebles, modas y usos, cual si el pueblo se creyera representado en esta familia.
En un lado encontraremos que las principies oficinas del estado se hallan eu edificios provisionales.
En otro repararemos que hay muchas obras importantes suspendidas.
Aquí nos sorprenderá ver un mísero inquilino ó un pobre establecimiento en un vasto y hermoso local.
Allí nos convenceremos de que la ciudad ha sido construida en la previsión de altísimos destinos, y que es demasiado grande para la población que contiene.
Y lo que sobre todo echaremos de ver es que Turin empieza á perder la esperanza de ser la capital del nuevo reino.
La misma actividad febril con que el gobierno se apresura á construir un grau
Í2*
iso l»K MAimíl) A ÑAPOLES.
Parlamento provisional , á fin do que la primera asamblea italiana se reúna en Turin , y no en otra ciudad rival de ella , indica el temor que abriga esta vieja oórte de verse anulada por sus propios hechos.
Porque ya comprendereis que además de la Turin política , hay una Turin municipal ; y que todo lo que la Turin política ganaría con trasladar su trono á Roma (por ejemplo), lo perdería la Turin municipal irremisiblemente.
Yo recuerdo haber visto esta mañana una caricatura muy graciosa , titulada Historia de Gianduja, que representa perfectamente estas dos ideas.
Gianduja es un personaje imaginario, de invención popular, equivalente al Girolamo de Milán , al Arlequín de Bérgamo , al Pukinella de Nápoles , y del que se puede decir que es la personificación del Piamonte.
Ahora bien , en la caricatura citada , Gianduja empieza por ser un sugelo muy delgado y muy glotón. — Principia a comer, y so traga sucesivamente la Saboya, la república de Génova, los condados de Asti y Niza, los ducados de Monferrato y de Aosta, el señorío de Vercelli, la isla de Cerdeña, parte del ducado de Mílan , etc. , etc. , con lodo lo cual llega á ser un mozo robusto y bien portado que causa envidia á las gentes.
Pero Gianduja sigue comiendo, y devora la Lombardía, los ducados de Módena , Parma y Toscana, el reino de Ñapóles y los Estados Pontificios.
Entonces se pone tan gordo, que revienta, dando de sí un hermoso reino de Italia , mientras que él se queda mas ílaco y miserable que al principio de su carrera , despreciado y desatendido de la misma creación que ha nutrido con su sangre.
Esta caricatura es sumamente filosófica como veremos después.
llaciendo estas y otras observaciones, bajamos tala la Via di Po, y llegamos á la Piazza Vitoria Emanuelle, de trescientos sesenta metros de longitud inicíenlo once de anchura.
Al lérmino de ella corre el Po, sobre el cual pasamos por un magnífico puente de cinco arcos , construido á principios de este siglo , cuando Turin formaba parte. del imperio do Napoleón.
La decoración que se alcanza por todos lados desde lo alto de aquel puente, es verdaderamente deliciosa. — Dejais atrás á Turin , hasta cuyo centro penetra la vista. — A un lado y otro tenéis el rio, raagestuosoy opulento, de entre cuyas ondas brotan dos islas , largas y estrechas como dos esquifes.— Pomposas alamedas embellecen ambas márgenes, sobre todo por la parte de la derecha, ó sea rio arriba.— La mirada reposa en los lindos barrios del Iiubaito y Borgo di Po, en el Asilo de mendicidad, la Vanehiglia y el Puente de hierro — lejanas perspectivas de uno y otro balcón,— y allá, en último término, descúbrense los jardines y los muros del Castel del Valentino, real casa de campo, tan ilustre por su antigüedad como reputada por su hermosura.
Al otro lado del puente se levanta una suave colina, cubierta de árboles Mores, iglesias y palacios.
Allí pasan H vrmnn minchas familias arislncráliVa* de Turin.
DE MADRID A ÑAPOLES. 181
Cerca de nosotros se alzalia la tiran Madre di Dio , á la cual se sube por una ancha escalinata.
Esta famosa iglesia fue erigida en 1814 por la ciudad y por el gobierno para celebrar el fin de la dominación francesa y la vuelta de Víctor Manuel I á su antigua córte. El Panlheon de Roma le sirvió de modelo. Delante del pórtico se ven dos grupas de escultura, que simbolizan la fe y el amor.
En lo alto de la colina divisábamos un gran edificio , al cual nos dirigíamos nosotros, pues aquel era el convento de Capuchinos del Monte, célebre por la vista de Turin que se disfruta desde su atrio.
A nuestra izquierda descubríaso entre los árboles, y también en la altura, la Viña de la reina, residencia de eslío, sumamente celebrada.
El camino que debíamos segtur para llegar al convento era una pendiente cuesta, sombreada por altos álamos y trazada en violentos y redoblados zig-zaij.
Una vez arriba , nuestra primera operación fue asomarnos al balcón de piedra que rodea la plazoleta ó coniftás en cuyo centro se alza el edificio... y ahora quisiera yo poder daros una idea del estenso y grandioso panorama que se descorrió entonces á nuestros ojos.
Primeramente veíamos debajo del balcón un bosque espesísimo, dispuesto en anfiteatro, de tal modo que, empezando al alcance de nuestra mano, iba á morir al pié de la colina, á la orilla misma del Po...
Después encontrábamos la ancha faja del sosegado rio, brillante como un espejo , perdiéndose de vista hácia Poniente y Levante, sin quo una sola barca turbara su quietud , su tersura, su apacible soledad.
En seguida descubríamos el cinturon de árboles y paseos que rodea á Turin, en sustitución de sus antiguas murallas.
Luego venia la ciudad, pacíficamente asentada en la llanura, mostrándose toda entera, descubriendo sus calles y plazas, revelando claramente su estructura , como si aun la estuviésemos viendo en un plano.
Turin , á vista de pájaro , es sumamente rojo , por estar cubierto de barnizadas tejas , asi como París es ceniciento oscuro , á causa de estar cubierto de pizarra.
Este rojo subido de las tejadas de Turin hace que las calles se dibujen con estricta precisión, al modo de largas cintas amarillentas, y da lugar á que el caserío contraste vivísimamente con el verdo de los campos y con el azul del cielo.
Ahora bien , como la capital del Piamonte carece de grandes torres y cúpulas; como todas sus casas son igualmente altas, y todas las calles so cortan en ángulos rectos, resulta que, al verla desde el convento de Capuchinos del Monte, se comprende la cómica metáfora de un amigo mió muy querido , que comparó á Turin con una libra do chocolate.
A la izquierda de la ciudad y por detrás de ella, serpentea otro gran rio al través de amenísimas campiñas.
Es el Dora , cuyas aguas entran en el Po h las puertas mismas de Turin .
18» DE MADRID A ÑAPOLES.
Mas allá se dilata una pintoresca llanura, cubierta de olivos, sembrada de quintas y de aldeas, y cruzada en todas dirroociones por acequias y canales, hasta que la vista tropieza con una cordillera de montes oscuros, que á su vez se deslaca en la linea semicircular de los nevados Alpes.
La esplendidez del dia, — verdadero dia italiano; — la magestad de la hora... (el sol empezaba á declinar); las variadas tintas del otoño; el sosiego del aire; la paz de mi espíritu... todo contribuia á engrandecer y hermosear el espectáculo de la ciudad y de los campos , de los ríos y de los montes , tendidos á nuestros pies, bajo la bóveda trasparente de un placidísimo cielo...
A nuestros oídos llegaba el alto rumor del Po , ó mas bien , de una gran presa que interrumpía el solemne silencio de sus aguas. A aquel rumor se mezclaban el ruido de los lalleres, las voces de los hombres, los eoas de alguna campana, el erugido de los látigos, el rodar de los carruajes... la respiración, en fin , de la gran capital , que llegaba al término de un día mas de trabajo, de lucha con la vida, de elaboración histórica...— Esos carruajes y esos hombres, empequeñecidos por la distancia , iban y venian por plazas y calles , como indecisos é inquietos, al modo de un atribulado ejército de hormigas...— De los cuarteles, y acaso lambien de algún campo de instrucción que nosotius no descubríamos, salían á veces agudos toques de corneta, los cuales, unidos al sordo estruendo de uno que otro tiro disparado por cazadores ocultos en los parques de las orillas del Po , traían á la mente vagas ideas de combates , sensaciones de gloria, ráfagas de muerte , inciertas profecías , que no acertaba á descifrar el alma , pero que la sumergían en dudosas é incoherentes meditaciones.
Jussuf creyó sin duda que me dormía , y me tocó en un brazo , volviéndome á una vida mas real y limitada.
—Mira, me dijo el moro, mostrándome dos viejos capuchinos, de largas barbas y descoloridos hábitos, que se paseaban detrás de nosotros, á la puerta del convento.
Aquella era otra faz de la existencia humana; y el moro constituía una tercera.—Yo pensé en la vida contemplativa y descuidada del claustro y del desierto; en Jussuf, cuando aun no vestía levita, y en los frailes, cuando eran dueños de impedir que subiera la gente á turbar su soledad en aquel monte... y suspiré por una libertad individual , por una paz y una quietud que ya son muy raras sobre la tierra... Suspiré por lugares ignorados , por asilos inviolables, por destierros de la sociedad... Suspiré, finalmente, de amor á lo infinito, cuya noción pierde el hombre á medida que se aleja de si, repartiéndose en los demás y espaciándose por el mundo.
Sin duda estaba fatigado. — Era la reacción consiguiente á las prolijas y estensas consideraciones en que había ejercitado mi espíritu, primero en ¿as calles de Turin , analizando nimiedades , y después , en la montaña , resumiendo la capital entera en una sola sensación. — Dichosamente , estas convulsiones del alma duran poco.
Cuando ya nos disponíamos á bajar á Turin , después de haber visitado la
DE MADRID A ÑAPOLES. 183 iglesia y el convento, que nada encierran de particular, reparamos en que los frailes que hablamos dejado paseándose en el compás , se hallaban rodeados de hombres, mujeres y niños, que les mostraban sucesivamente la boca abierta, después de lo cual algunos penetraban en el convento y otros se maroliaban desconsolados.
Pregunté á un muchacho la signilicacion de aquello, y entonces sujkj que de tiempo inmemorial los Capuchinos del Monte ejercen caritativamente el oficio de saca-muelas.
—¿Y las sacan bien? le pregunté.
— Admirablemente, me respondió el muchacho. A mi me acaban de sacar una.
—¿Y lo hacen de balde?
—Tan de balde, que hasta costean las pastas, los enjuagatorios y las demás medicinas.
—¡Pues no andarán muy medrados los dentistas de Turin ! — ¡ Tanto mejor para los pobres !
—Ya lo creo ; asi no están espuestos á perder oUas muelas que las verdaderamente dañadas.
—¡Toma! replico aquel rapaz. — Y si la medicina se ejerciera también caritativamente, habría muchos menos enfermos, y las enfermedades serian mas «.-orlas.
—Chico, ¿sabes que no eres tonto? esclaraó yo , dándome por vencido.
—Soy de Génova, señor, dijo el tunante, liaciendo un raro mohin, que lerminó en una reverencia.
Iriarte, Jussuf y yo omprendimos la bajada á la ciudad.
Cuando llegamos al hotel , resonaba el tercer tóeme de campana , llamando á los huéspedes á la mesa redonda , y las puertas de todos los cuartos se abrian dando paso á damas y caballeros de diversos paises. — Como yo venia todavía preocupado con los capuchinos, parecióme ver á una comunidad que salía de sus celdas y se dirigía al refectorio.
Pocos momentos después, el soberbio comedor de que hemos hablado contenia de ochenta á cíen personas , sentadas á una misma mesa, á pesar de no liaberso visto en toda su vida.
Allí había familias inglesas , suizas , alemanas , francesas. .. hasta rusas. Allí había unos jóvenes que hablaban español, poro que no eran españoles, sino americanos , lo cual me hacia muy mal efecto. Allí estaba la duquesa florentina que vi anoche. Y allí encontré... ¡oh rubor! tres caras conocidas, — dos de mujer y una de hombre,— las de mujer sumamente hermosas , y la de hombre un tanto burlona á costa nuestra...
Porque aquellas'tres caras estaban vueltas hacia nosotros... Porque aquella* tres personas nos miraban.
¡Eran las dos inglesas y el inglés que encontramos hace (locos días en el camino de Martignü— Laespresion de sus rostros nos decia claramente que habian
181 OH) MADRID A ÑAPOLES.
leído en el Album de la Flechere aquellas imprudentes palabras nuestras : Nosotros seremos los últimos viajeros que pongan su nombre este aiio en el presente libro.— \ Y ellos habrían escrito después el suyo ! ¡ Y ellos se habrían reído de nuestra necia baladronada 1
—¿Cuándo han llegado al hotel aquellos jóvenes ingleses? preguntó á uno de los criados que servían la mesa.
—Esta tarde , me respondió.
—¿De dónde vienen?
—De Chamounix.
— ¿Por qué camino?
— Por el San Bernardo.
— jPor el San Bernardo!
^-Si señor; por el camino de Aosta.
No me quedaba mas que oir. — Aquellas dos divinidades aristocráticas habían hecho lo que Iriarto y yo no nos habíamos atrevido á hacer.
¡Y sin embargo, su tez parecía de hojas de rosa, sus manos blanqueaban como las azucenas , sus ojos irradiaban inocencia , reposo y alegría ! — Yo las veneraba... á pesar de que me gustaban mucho.
Al comprender que las reconocíamos, pusiéronse las dos muy coloradas, para lo cual necesitan poco las señoritas y basta las matronas de los tres reinos unidos.
Nosotros devoramos en silencio nuestra humillación y los grissiniqm nos tobaron en suerte.
Dejo á vuestro cuidado el averiguar qué cosa se entiende por grissini.
Después de comer, todas las señoras volvieron á sus habitaciones, en tanto que los hombres nos reuníamos en otra pieza á fumar y tomar café.
El joven inglés, el hermano de sus hermanas, se dignó entonces también ruborizarse y sonreimos.
Nosotros empezamos á comprender que su reserva no procedía de orgullo, sino de timidez natural , y Je esa refinada etiqueta que forma la base de la educación de los insulares.
— Ese inglés quiere hablarnos, me dijo Mr. Iriarte. Le estoy viendo luchar con su temperamento; pero al cabo voncerá su curiosidad. Dejémosle , pues, tomar la iniciativa. Probablemente pasará toda esta noche sin dormir, pensando en las cosas que hubiese podido decirnos , si se hubiera atrevido , y en la manera de abordarnos mañana. Antes de tres días seremos amigos de nuestras aparecidas de la Té te Noire. Hoy somos ya toda una aventura en el viaje de esos tres jóvenes. Mañana podremos ser una novela.
En esto vino á buscarnos Jussuf, ganoso de hacernos conocer su teatro.
Yo también ardía en deseos de encontrarme en él.
¡ Oír una ópera en Italia! ¡Ver la Norma en la patria de la música!... ¿Qué mayor ilusión para mi ? ¿Qué cosa mas natural , mas propia, mas indígena, mas auténtica , mas de circunstancias? — Esto equivalía á comer ostras en Ostende, á
DE MADRID A NAIK)LES. 18o ir á los toros en Sevilla, á ver un serrallo en Asia , á lomar leche en Suiza, á verse vigilado en Venecia , á presenciar un asesinato en Roma , á beber cerveza en Londres , á hablar de Glosofia en Yiena.
El barón Ricasoli.
Tomamos , pues , el camino del Teatro Díaztonale , situado á un estremo de Turio , cerca del Giardmo pubblko.
Nuestras sorpresas empezaron en el despacho de billetes.
Nosotros pedimos butacas, lunetas, (stalles, fauteuüs,) ó cosa por el estilo, y á todo esto nos contestaban alargándonos tres llaves.
186 DE MADRID A ÑAPOLES
— Nu son jaleos lo quo queremos, insistíamos nosotros. Queremos butacas, lunetas, fauteuils d'orchestrc...
— Púas bien , eso les doy , respondía el expendedor , que hablaba indistintamente francés é italiano. Aquí se llaman salto chime (sillas cerradas). Con astas llaves las abrirán ustedes.
— Pero, señor, ¿cómo se abro una silla?
— Ya se lo dirá el acomodador.
— ¿Y son estas las mejores localidades de la platea?
— Si señor: son las mas caras: son lo que se llama en Francia sillón de orquesta.
— ¿Y cuánto valen?
— Cuatro mutas (mulé) cada una, comprendida la entrada.
La muta es una moneda especial del Piamonte , que ni es de cobre , ni de plata , sino una mezcla de plata y Cobre, como la que antiguamente se llamaba vellón en España. — Cada lira, ó sea cada franco, equivale á cinco mutas. — No? habian , pues, pedido unos tres reales por cada sillón de orquesta.
—j Barata anda la música en este pais ! esclamé yu.
—Es natural, me contestó Iriartc. ¿No ves que aquí se cria?
—Por esa misma razón debe de ser mejor que en ninguna otra parte.
— Lo que ya no admite duda es que los cantantes italianos no son legados en su tierra como en el estranjero.
— Nemo prophela est...
Provistos de estas ilusiones y de las susodichas llaves, entramos en el teatro.
La sala era espaciosa, si bien demasiado alta para su longitud y anchura. El decorado me pareció sumamente pobro , y el público... de la última calidad. Los' ciento diez y seis palcos en que se dividía el anfiteatro estaban llenos de hombros, mujeres y niños. Los niños lloral»an ó gritaban... sogun su edad. Las mujeres comían castañas. Los hombres conservaban el sombrero puesto.— Esto en cuanto á los palcos.
En la platea habia cuatro ó cinco filas de sedie chime y otras diez ó doce de asientos de madera lisa.— Una tercera jKirtc de la sala quedaba sin localidades. Allí se agrupaban de pié los que solo habian comprado entrada.
La sedia c/iiusa se llama así , porque su asiento (que se levanta y se baja, como el de las sillas de coro de algunas catedrales) está sujeto al espaldar con una cerradura de hierro , á tin de que solo pueda ocuparlo el poseedor de la llave.
Según me dijeron mis vecinos , estos usos y costumbres son iguales en casi todos los teatros de Italia.
Yo empozaba á perder mis ilusiones.. .
— jCon tal que canten bien!... esclamaba á cada momento.
Ya estaban encendidas las luces de la orquesta , consistentes en unos quinqués enormes, que mucho me engaño ó debieron de conocer á Guido el Aretino.
DE MADRID A ÑAPOLES. 187 El telón de boca, que era una alegoría del Estatuto Sardo, empezaba á menearse...
El público rugía de eutusiasmo é impaciencia al oir lemplar los instrumentos.
Jussuf se multiplicaba para atender á las innumerables victimas que esperaban una mirada de sus africanos ojos.
Los primeros acordes de la sinfonía restablecieron al fin la calma en el público, ahuyentándola de mi corazón.
; Dios de Israel ! i Qué orquesta ! ¡ Qué algarabía ! j Qué trompetazos ! ¡ Qué violines , sonando como rabeles ! ¡ Qué furia marcial la del signor diré t tot e ! — ¡ Ah! ¡perro moro! ¿Para qué nos has traído aquí? — ¡ Ah, querido Iriarte!... ¿Quién diría que estamos en Italia?— \ Oh, divina Euterpe! (Cómo toleras seraejaoles abominaciones l
En esto se corrió el telón y apareció la sagrada selva.
El público siguió con el sombrero puesto.
Esto me consoló en cierto modo.
Cuatro galos y uu cabo , y ocho druidas seguidos de Oroveso ocuparon la escena.
Uno de los druidas salía temblando como un azogado , á Un de siguillcar que era viejo. — Media arroba de lino le servia de barba. En cambio, había otro con bigote y perilla.
A Oroveso le llegaba la barba á las caderas... y no exagero ni una pulgada.
Toda esta tropa rompió á cantar sin pararse en barras , levantando los brazos coa una simultaneidad y un concierto que desgraciadamente no empleaban al levantar la voz.
Luego salió Pollione , formidable sugeto de dos varas y media de estatura, el cual empezó á gritar desaforadamente. A los pocos momentos desafina ; luego da un espantoso gallo; el público aplaude... tal vez irónicamente... El artista saluda con la mayor seriedad.— Toda su aria trascurre de este modo.
En seguida sale Norma , no trágica, sino patibularia figura, de recios y descamados huesos, macilenta lisonómica y amanerado traje. — La Casta diva es cantada de tal manera, que ni su autor la hubiera reconocido. — Al final del aria aparece un criado en la escena, llevando un gran ramo de flores, que ontregaá te ¡rima donna delante de todo el mundo y de parte do no sé quién. El público aplaude á mas y mejor, no sé si de veras y de broma. Jussuf nos mira con aire de triunfo , como diciéndonos:— Ya veis á dónde os he traitlo: todo esto me lo debéis á mi.
Yo no puedo mas, y abandono el teatro. — Iriarte se queda allí, haciendo sin duda estudios caricaturescos.
Al poner el pié en la calle, renegando, no de mis ilusiones músico-italianas, (pues aquello no era el arte , ni aquel el público , y ya rae habían dicho que hasta el 25 de diciembre no empezaba en Turin la temporada lírica), sino de mi triste error de haber empezado por semejante profanación el catálogo de las impresio-
188 DE MADRID A ÑAPOLES.
nes musicales que debía producirme Italia ; al salir á la calle , digo , quiso mi bueua suerte que tropezase con una veintena de soldados y otros tantos pescadores del Po , que vagaban del brazo por el Giardino pubblico , cantando á la luz de la luna ; (tan escarnecida por su sacerdotisa poco antes,) el famoso Miserere del Trovatore... pero con voces tan hermosas, con tal afinación y gusto, que me di por indemnizado del mal rato que acababa de pasar.
Del Giardino pubblico me dirigí á la Piazza Casíeilo , dando un gran rodeo por la orilla del rio.
Al llegar á los pórticos que hay delante de nuestro hotel , rae encontré de manos á boca con Marte.
— ¿De dónde vienes? le pregunté.
— Del hotel; de buscarte.
—¿Pues no te divertías tanto en el teatro?
— ¡ Oh 1 no he podido resistir á Adalgisa. . . — Norma es una sublimidad al lado de ella. — ¿Y Jussuf?
—Allá queda aplaudiendo. Creo que tiene intereses comprometidos en el cuerpo de coros.
— ¿Y dónde vamos? Son las nuevo de la noche.
— Podemos ir á otro teatro, que hay aquí cerca, y en el que he oído música al tiempo de pasar. A la puerta he visto muchos coches, y la orquesta no parecía mala...
— Ese será el Teatro Carignan ; pues si no me equivoco , la plaza de este nombre se encuentra por aquí. En ese .teatro, construido bajo la dirección de Alfieri , se representaron por la primera vez las tragedias de este inmortal poeta. Es el segundo coliseo de Turin. ..
— Aquí lo tenemos.
— En avaní...
—Ya ves que esto es otra cosa. . .
— En cambio , yo no conozco esa música . . .
—Debe de ser un baile.
— i Ahí si. Recuerdo haberlo leído en un cartel. Esta noche se representa aquí el gran baile de espectáculo titulado La Esmeralda. — Pues entremos.
El Teatro Carignan es muy lindo ; pero también en él hay una parte de la sala sin asientos ; también en él asiste el público á la representación con la cabeza cubierta; también en él hay sedie chiuse... por cierto bastante incómodas.
En cambio , los palcos de primo y secondo ordine estaban ocupados por la mejor sociedad de Turin ; ó sea por la parte de ella que no se encuentra en el campo.
El baile se reducía á una larga y pesada pantomima , cuyo argumento estalla sacado de Notre Dame de París.
La señorita Salvioní , la heroina de la fiesta , era una bailarína muy hermo-
DE MADRID A ÑAPOLES. IK9 sa, aunque demasiado alta para sílílde, y escesivaniente propensa á la traspiración...— Por lo demás, bailaba bien , y era aplaudida con locura.
Pero no ha sido seguramente el espectáculo lo que mas nos ha llamado esta noche la atención en el teatro Cariguan , sino un célebre personaje qüejbrmaba parte del público.
Este personaje se encontraba solo en el palco-platea de proscenio de la derecha, sentado de espaldas á los espectadores, que solo veian de él á veces los muchos periódicos que iba leyendo y depositando en otro sillón.
Era el conde de Cavour.
Siempre que la Salvioni aparecía en escena, el presidente del Consejo de Ministros dejaba los periódicos; avanzaba al antepecho del palco, y fijaba sus gemelos en la voluptuosa Esmeralda.
En torno mió decia la gente que el noble conde se perece por el baile y las bailarinas.
Cavour es hombre de unos cincuenta años, grueso, de pequeña estatura, elevada frente y vivísimos ojos, que relucen al través de las gafas; descuidado, aunque decoroso, en el traje; con mas aire de sabio, de bibliómano ó de arqueólogo, que de diplomático ó de guerrero; sencillo, en fin, y llano en su aspecto y actitudes. ■
Yo le hice estas observaciones al individuo del público que me había dicho:— Aquel es Cavour...
—Pues si conociera usted su vida, rae replicó el mismo; vería usted que corresponde perfectamente á su figura. Cavour se levanta á las cuatro de la mañana y estudia hasta las seis. A esa hora empieza á despachar los dos ó tres ministerios que tiene siempre á su cargo. A las diez puede usted verlo dando un paseo á pie por las calles de Turin. A las once viene al café del Cambio (que se halla al lado de este teatro), donde almuerza confundido con la multitud. Después va á palacio ó al Consejo de Ministros. En seguida al Parlamento. Luego come espléndidamente. A la noche recibe á los diplomáticos ó da audiencia pública. A las diez viene un rato á ver bailar, á leer los periódicos estranjeros , á hablar desde su palco con las bailarinas y á aplaudirlas con el furor que usted ve. Desde aquí se va á hacer alguna visita particular, y á las doce se meto en la cama. Esto quiere decir que solo duerme cuatro horas.
Yo sabia por mi parte [qm el conde Cantillo fíeuso di Cavour es uno de los hombres mas ricos de Italia , y que su familia pertenece á la primera nobleza del Piamonte.
El pueblo turinés, que le conoce, quiere y respeta mucho, á pesar de Garibaldi , le llama generalmente: — Paj)á Camillo.
El baile acabó á las once, á cuya hora nos vinimos al hotel , donde en este momento acabamos de hacer el programa de mañana.
Se me olvidaba deciros que la duquesa florentina y las heróicas inglesas estaban en el teatro.
Iglesias de Turin.— Palacio del Tasso. — Galería real de cuadros.— Establecimientos públicos.—Isabel y Juana.— La fotografía.— Almuerzo con españoles.— El Museo egipcio. -La Superga.— El cementerio.— Juicio del Piamonle.
Tnrin M «Ir orlotn».
Flan pasado ocho (lias.
Dentro de dos horas habré abandonado A Tnrin.
Me dirijo a Milán , no directamente , sino pasando por Marengo, Casteggio y Pavía.
Mi amigo Iriarte se habrá embarcado hoy en Genova con dirección a Xápoles.
Va en busca de la guerra...
Yo he preferido la paz y el arte , y no pisaré el suelo napolitano sin haber visitado ames a Venecia, Florencia y Roma.
Jussuf seguirá en Turin esperando a Caballero.
En adelante , pues , viajaré solo, lo cual debe de ser poco ^alegre.
Pero vamos al asunto.
Durante esta última semana he recorrido y estudiado prolijamente á Tnrin. He aquí mis principales observaciones y aventuras. Empezaremos por las iglesias.
La capital del Piamonte encierra ciento nueve templos católicos y uno protestante, y entre todos ellas no hay ninguno de primer orden, que sorprenda grandemente al viajero.
La catedral (San Juan Bautista) tiene una regular fachada del Renacimiento, y un cuadro de Alberto Durero digno de atención.
El edificio se comunica por un lado con el palacio real y por otro con la famosa capilla del Sanio Sudario.
La capilla del Santo Sudario es indudablemente la obra mas notable que se debe a la devoción piamontesa. — Figuraos una gran rotonda de mármol negro, formada por una multitud de columnas, cuyas liases, asi como los capiteles , son de bronce dorado. Cuatro sepulcros de marmol blanco , adornados con estatuas y con figuras alegóricas, so destacan valientemente sobre el fondo oscuro de tan lúgubre columnata. Aquellos sepulcros contienen las cenizas de cuatro duques de Saboya, uno de los cuales es Emmanuel Fihberfo, de quien ya hemos- hablado al ver su estatua ecuestre. La cúpula consisle en una superposición de muchas bóvedas, caladas artificiosamente, en medio de las cuales la luz del dia finge una gran corona aérea , una especie de estrella rutilante , cuyo fulgor asclarece la fúnebre capilla, yendo a desvanecerse en el pavimento, que es de mármol celeste, salpicado de estrellas de bronce.— Diríase, pues, que aquel luctuoso recinto se eleva sobre el cielo y que la cúpula trasluce ya un reflejo de la Gloria.
DE MADUII) A ÑAPOLES. 191 En el altar hay un gran relicario de piala, bajo un fanal magnifico. — En él se guarda el Santo Sudario que envolvió el cuerpo de Jesús. — El sacristán que nos acompañaba sostuvo acaloradamente (contestando a las observacianes de un inglés,) que los otros Santos Sudarios que se veneran en San Pedro de Roma, en llesanzon y en Cadouin son apócrifos y supuestos, y que el fínico auténtico y verdadero era el que teníamos delante.
Después de la catedral y de esta capilla , las iglesias mas notables son : San Lorenzo , celebrada con justicia por su doble cúpula ingeniosísimamente edificada:
La Consolóla, famosa también por la devoción que inspira y peregrinos que atrae una Virgen que hay en ella:
San Felipe Xeri, la mas espaciosa de Turin, construida, como todas las anteriores, por el padre Guarini:
El Corpus Domini, y su aneja el Espíritu Santo, insignes las dos por la riqueza de sus adornas , y muy renombrada la ultima a cansa de haber abrazado en ella el catolicismo Juan Jacobo Rousseau, a la odad de diez y seis anos, — conversión que anuló en Ginebra veinte y seis años después , volviéndose al protestantismo:
Y por último , // Tempio Yaldese 6 iglesia evangélica , que es 'como quien dice protestante, erigida a consecuencia de la proclamación de la libertad de cultos en 1 848 , y bastante bella como obra de arquitectura.
Pasemos , pues , á otra cosa ; pero antes de pasar a ella , consignemos una especialidad negativa de Turin.
Turin , mis amados lectores , es acaso la única gran ciudad de Europa en que no se ve una sola fuente monumental.
La otra cosa de qne iba á hablaros es del Palacio del Tasso , que se levanta
en la calle de la Basílica , y en el que leí la siguiente inscripción :
» •
TORQ1IATO TASsO XEt. CADKRK IHXI.'aWIO MIU.XXYtlI ABITÓ Ql'RSTA CASA PKR POCHI MKSSI MA CONSAGRO PER. T1TTI I SKO I I.
(Torcuata Tasso , ni espirar el afio de (578, habita esta rasa pocos mesps y la consagró para lodos los siglos.)
Esta inscripción se refiere a una de las muy contadas épocas felices de la vida del gran poeta.
Os diré el caso , tal como yo lo sé.
Reinaba en Turin el célebre Emmanuel Filiberlo, de quien tantas veces hemos hablado, y siempre con el mismo placer y entusiasmo que ahora.
Tres años iban pasados desde que la Jerusaleu libertada , á pesar de la envidia y de la ignorancia , que tan mal la recibieron , había demostrado a la Italia que Torcuato Tasso era el primer poeta de su siglo y de todos los siglos que habían seguido á Dante.
192 DE MADRID A ÑAPOLES.
Cuantos principes y señoras gobernaban a la sazón la península (que lo menos serian ciento,) procuraban atraer á su corte al creador de «Tancredo y de Reinaldo; pero el pobre cantor se habia enamorado perdidamente de Leonora, herma-
Lago de Carda.
na del duque de Ferrara, y no sabia alejarse de ella, a pesar de los tormentos que su esquivez y el orgullo de su hermano le daban á probar continuamente.
Perdió en esto la razón el infeliz Torcuato, y con ella la esperanza de ablandar aquellos corazones de roca; por lo cual huyó de la ciudad de la Ferrara, y empezó A vagar de corte en eórte, honrado, si, en todas ellas; poro esquivo ya
DE MADIUI) A NAPOI.KS. 193 i lodo halago , enfermo, loco, miserable, y sin poder apartar de su alma la imagen de Leonora.
Sabedor Emmanuel Filiberto de tanta desventura , creyó encontrar la manera de remediarla , proporcionando al gran poeta un triunfo y un honor de que no hubiera ejemplo en la antigüedad.
Imaginó, pues , construir a las orillas del Po una copia de los jardines de Armida y dar en ellos tina fiesta semejante a las que describe Torcuato en su inmortal poema, y envió emisarios á este, invitándole á dirigir la obra y la representación , pretesto decoroso que le permitiría asistir á la apoteosis de su genio.
El Tasso acudió á tan delicado llamamiento, y esta fue la ocasión en que habitó el palacio de la calle de la Basílica.
Las fiestas de Armida llegaron á tal grado de esplendor , que se habló de ellas en á toda Europa. El infortunado vate descansó algunos meses en la culta y galante córte de Turin , y sus dolores so adormecieron en medio de los agasajos, de las atenciones, del amor y del entusiasmo que le rodearon á todas horas.
Lo que después sucedió al cantor de Godofredo, ya se lo contaró á quien lo ignore , cuando pasemos por Ferrara y cuando visitemos el convento de San Onofre en Roma.
Ahora os contentareis con saber que hace pocos años un inspirado artista y célebre hombre político , .Vassimo ¿Azeglio, pintó un magniQco cuadro que representa las Fiestas del jardín de Armida, tal como la historia las relata, con los retratos de todos los i^i-sonajes de la córte de Enmanuel Filiberto que tomaron parte en ellas , el del duque , el de su esposa y el del poeta laureado.
Además del palacio que me ha sugerido tan larga digresión , he visitado estos días:
El Palacio Carignan , antigua morada de los príncipes reales del Piamonle, cedido por Cárlos Alberto á la nación , para ser convertido en Cámara de las diputados.
El salón de. sesiones podría contener apenas cómodamente á los representantes del reino de Cerdeña, antes de las anexiones lamosas; y sin embargo, se le ha obligado á servir últimamente para cuádruple número de diputados.— Esto oo ha podido verificarse sin estrechar los asientos hasta lo sumo, sin levantar uoa fila sobre otra en violento declive, sin aprovechar los huecos de los balcones y hasta las escaleras que ponen en comunicación las filas altas con las bajas , sin convertir finalmente la cámara en una especie de colmena, que se presta mucho al ridiculo.
Creo haberos ya dicho que para la reunión del primer parlamento italiano, en que tomarán parte todos los pueblos de la península , menos Yenecia y Roma, se construye en el patio del mismo palacio una gran cámara provisional , ó sea una enorme jaula de madera y telones pintados, — asi como los acróbatas y los cómicos ambulantes improvisan un teatro ó un hipódromo en las pequeñas ciudades de provincia.
También be vuelto estos di&s al palacio real , donde lie registrado la magni-
19 i !>E MADIMU A ÑAPOLES.
flca biblioteca del rey , compuesta de dos mil manuscritos preciosos y de mas de cincuenta mil volúmenes impresos.
Entre los manuscritos mo han enseñado uno, que se ha encontrado últimamente en un viejo archivo, y que mo alegraría ver algún día publicado en español.—Es nada menos que el Mario militar de Enmanuel Filiberlo de Saboya.
Consérvanse además allí muchas cartas de este príncipe , algunos autógrafos de Napoleón y de Federico el Grande , y una infinidad de cartones y dibujos de Rafael , Leonardo de Yinci , Correggio , Ticiano y otros célebres artistas.
Y á proposito de arte :— En el Palais Madame he recorrido las diez y ocho salas que constituyen la Galería Real de cuadros , la cual consta de seiscientas lienzos mas ó menos notables de pintores de todos los paises.
En tan inmensa colección , no hay ninguna obra verdaderamente maestra, de esas que atraen á los peregrinos del arle y dejan una impresión indeleble en su ánimo.
Llaman, sin embargo, li atención una Madonna delia Tenda, de Rafael, igual á otra que tonemos en Madrid ; — un Moisés salvado de las aguas, de Pablo el Veronés;— \os Jíijos de Carlos I de Inglaterra, pintados por Van Ryck;— un buen Rembrant;— una Madonna de Palma el viejo, rodeada de ángeles y santos , y algunos otros cuadros insignificantes , ilustres solamente por la grandeza do sus autores.
Ticiano, Gnercino, Francia, Giorgiooe, Gerard de la Nuil, Rubens y Julio Romano , están representados en este museo de una manera lamentable , lo cual me confirma en una idea de que ya estaba convencido, y es que los piamonteses no unen á sus grandes cualidades cívicas , militares y domésticas, el noble sentimiento de lo bello.
Esto que digo es proverbial en Italia y en Europa. El Piamonte no ha producido un solo grande artista ni en pintura, ni en escultura, ni en arquitectura, ni en música. — Gaudencio Ferrari y Girolamo Giovenone , de quien vi algunos cuadros en la sala piamonlesa de la Gtdería Real de cuadros, son sus pintores mas ¡lustres , y sin embargo no pasan de ser unas medianías entre los artistas de tercer órden.
En punto á letras, el Piamonte puede al menos envanecerse de haber sido cuna de Alfieri y de Silvio Pellico.— (El conde José le Maistre es saboyano.) — Gioberti, como filósofo, y Massimo d'Azeglio , como pintor y novelista, hacen también honor á Turin. — El roilá tout.
En compensación de una tan completa esterilidad artística y limitada produceion literaria, el Piamonte ha sido y es fecundo en hombres de ciencia , entre los cuales despunta el famoso matemático Lagrange.
El Gabinete de mineralogía , la Colección numismática , la Colección zoológica y el Musa* egipcio y de antigHedatles de Turin , son de los mejores de Enrola.— La Biblioteca de ta l'niversidad es también importantísima, fiaste decir que empezó á formarse en el siglo X .—La universidad comprende sesenta y cinco cátedras y tiene un magnifiw gabinete anatómico y patológico, laboratorios y
DE MAMlll) A ÑAPOLES. 195 anfiteatro de química, gabinete de física, jardín botánico y un patio revestido de bajo-relieves preciosísimos, inscripciones griegas y latinas y otras curiosas antigüedades.
Además de la Galería Real de cuadros , hay en Turin otras cinco ó seis galerías particulares , cuyos dueños las abren al público algunos dias.
Yo recorrí algunas de ellas , y las encontré muy semejantes al museo del Palazzo Madama.
Los establecimientos de beneficencia de esta capital son sumamente notables. —En el Hospital Mayor hay cuatrocientas diez y ocho camas. En el de la Caridad se encuentran albergados mil y quinientos pobres. El de la Maternidad contiene seiscientas mujeres y otros tantos niños. — Cuéntanse además dos Hospitales Militares y el Manicomio Real, en que liabrá ahora mas de seiscientos dementes... y no son muchos, atendidas las circunstancias políticas del país.
Asimismo he visitado el Arsenal, que es soberbio , y donde se halla un museo de armas, con puentes, barcos y herramientas; una escuela de metalurgia; un depósito de planos en relieve de las principales fortificaciones de Europa; una fábrica de cañones; un gabinete de historia natural , y una escuela de artillería.
En cuanto á la Academia real militar, no he podido verla ; pero me aseguran que es de primer órden.
Turin encierra doce teatros , de lo? que casi todos están cerrados todavía. — En ellos se dan durante el invierno representaciones de ópera italiana , de bailes franceses, de comedias, dramas y tragedias en francés y en italiano , de autómatas , de ejercicios ecuestres , y de juegos malabares.
Pero esto no es lo convenido: yo no escribo la Guia de Turin, sino mis propias impresiones. — Apresuremos, pues, á referir y copiar aquellas escenas y panoramas que mas nos hayan sorprendido en esta capital , y levantemos el campo sin pérdida de tiempo. — El tren para Alejandría sale á las diez de la mañana, y ya son las ocho y media. ..
Empezaré por deciros que los tres hermanos ingleses se humanizaron al fin; que he tomado el té con ellos estas últimas noches; que me he visto obligado á hacerles un plan de viaje por España , y que me han confesado que se rieron mucho á nuestra costa cuando vieron el Album de la Fléchete, donde se contentaron con escribir, debajo de nuestra frase y de nuestros nombres, esta elocuente y tremebunda nota :
alsabel y Juana W...t menores de edad, naturales de Lóndres, leyeron las anteriores palabras á los dos dias de ser escritas.»
— ¡Horror! ¡Horror! ¡Horror!... digo yo , como dice Shakspeare , y como hubiera podido decir cualquiera otro sin necesidad de ser un gran poeta.
En cambio de esta pesada broma , las encantadoras inglesas nos han proporcionado muy buenos ratos, ora luciendo su habilidad al piano, oía cantando baladas ascocesas , ora mostrándonos sus albums de dibujo , ora (y esto era lo mas delicioso) dejándonos contemplar estáticamente su peregrina hermosura , escuchar su dulce voz , recibir su modesta y tentadora sonrisa , respirar la atmósfera
1% l>K MAimil» A ÑAPOLES.
de gracia , de distinción , de misterio que las rodealja , y por último , acompañarlas al ferro-carril de Génova, y despedirnos de ellas y de su honorable bermano como buenos amigos, cambiando las señas de nuestra habitual morada, y escribiendo ellos tres sus nombres en nuestras carteras , y nosotros los nuestros en las suyas.
¡Porque se han ido!... — ¡Quién sabe si Mr. Triarte me habrá abandonado por seguirlas!
Yo de mi sé decir que nunca me he visto mas espuesto a enamorarme... Pero ¿de cuál de las dos? Esto es lo que no sé.
Yo no podia comprender á la una sin la otra.— Eran dos figuras diferentes, que se completaban al reunirse. —-Separarlas , hubiera equivalido a deshacer un armonioso grupo de escultura.
Isabel era mas alta; mas fuerte. Tenia los ojos y los cabellos negros, la tez mate , los dientes como perlas , y el talle noble y gentil como el de Juno. — Juana era rubia , de ojos azules , blanca y delgada , alegre y chispeante. — Sin Juana no hubiera sonreído nunca Isabel. Isabel prestaba en cambio su serenidad melancólica A la impresionable Juana. Eran, en fin, dos llores de un mismo tallo.— La una era la gracia y la otra la hermosura; pero esta hermosura y esta gracia se influían , combinándose en un solo atribulo, que constituía el principal encanto de las dos hermanas. Asi es que lo que mas me agradaba en ellas, lo que mas me enamoraba, era oírlas hablar entre si, verlas abrazadas, mirarlas mirarse, considerar cuánto se querían , en qué se diferenciaban , como se equilibraban sus diversos atractivos , y hasta qué punto hubiera sido imposible a un hombre prendarse solamente de una de las dos hermanas.
Creo, pues, que me hubiera enamorado délas dos.— ¡Oh!... ¡Yo no habría tenido el mal gusto de contentarme con la mitad de tanta maravilla! — Los gemelos de Siam eran dos almas en un solo cuerpo. — Juana é Isabel eran dos cuerpos con una sola alma No amarlas juntas hubiera sido amarlas á medias... — Regalo este asunto á la imaginación de un novelista, suplicándole que me dedique la novela.
Ni han sido estos los únicos ratos de buena sociedad que he disfrutado en la capital del Piaraonte ; puesto que he tenido la dicha de encontrar en ella, de ministro plenipotenciario de España , al distinguido publicista señor don Diego Coello , con cuya amistad me honro hace algunos años.
Siempre es grato para el qtie viaja por el estranjero , penetrar en la casa cobijada por la bandera de su país y á cuya puerta se ven las armas que simbolizan su nacionalidad. Dentro de aquellos umbrales está la patria. Allí cree uno respirar el aire amigo que meció su cuna. A pocos pasos que dé, resonará en sus oídos la lengua natal ; encontrará afables compatriotas; recibirá noticias de la materna tierra...
Pero esta impresión es mucho mas dulce cuando se encuentra, como yo encontré en Turin (y pago una deuda de gratitud consignándolo en este lugar), la
DE UAUItil) A NAI'OLEá. 107
patria y la amistad reunidas bajo un mismo techo ; la acogida mas cariñosa ; las atenciones mas delicadas y hasta un reflejo de los perdidos goces de familia.
Asi es que yo recordaré siempre con placer las noches que be pasado en casa del señor Coello , oyendo á su amable cuanto bella y elegante esposa recordar en el piano las melodías populares de España ; departiendo amigablemente sobre nuestro pais con los ilustra/los jóvenes agregados á la legación ; trabando una amistad , que promete ser cordial y larga , con el secretario señor Duro, que tanto me lia acompañado y atendido ; jugando al tresillo con el ramoso ingeniero y diputado español señor Ardanaz y con mi delicioso amigo el nunca bien ponderado duque de la Roca , antiguo conde de Requena , ó viendo mas de mil retratos fotográficos de otras tantas personas de Madrid, — entre ellas mas de la mitad amigas ó conocidas raías; beldades afamadas, hombres políticos, periodistas militares, poetas, músicos y «lanzantes.
¡Oh, la fotografía es á la vista lo que el telégrafo eléctrico al oído ! — Con el telégrafo eléctrico, podéis oír á vuestros amigos y parientes, á vuestros padres y vuestras amadas , á una distancia de mi les de leguas. — Con la fotografía, podéis verlos; cruzar vuestra mirada con la suya; palpar su misma sombra; creeros en su presencia . . .
Regalo este asunto á un poeta enamorado.— Por mi parte... son las nueve menos diez minutos, y no puedo detenerme en largas consideraciones. Volvamos , pues , á la historia.
El señor Coello trasladó una mañana toda su tertulia á Slu/iinigyi dondo nos dio un magnifico almuerzo.
Stupimgyi es una residencia real de caza , situada á dos leguas de Turin.
El intendente de palacio la habia puesto aquel dia á disposición de nuestro ministro.
El castillo, que se alza en medio de unos estensos jardines y dilatados bosques, ostenta sobre su techo un enorme ciervo de bronce dorado, como símbolo venatorio.
Nosotros nos instalamos en una linda glorieta , cerca de un lago artificial , á la sombra de espesísimos árboles, desde donde se alcanzaba una admirable vista de todos los jardines y de las interminables alamedas que arrancan del castillo.
La hermosura de aquel lugar, en que la naturaleza y el arle han acumulado singulares encantos; la esplendidez y serenidad de un apacible dia de otoño; la alegría de los comensales ; el idioma español que no abandonamos ni un momento; la vaga melancolía que nuestra condición de estranjeros no podia menos de infundirnos, y la dulce tristeza que á mí me inspiraba aquel dia de efusión y de quietud , después de tantos otros de soledad y vértigo , y en vísperas de volver á luchar con los azares del viaje y con las melancolías propias del que va por estradas tierras , al modo de ave de paso ; lodo esto , digo , producía en mi alma una sorda inquietud , un suave placer, unos tácitos movimientos de ternura , una confusión , en fin, de encontradas emociones, que nunca olvidaré. . . ni lo deseo.
Al siguiente dia (que fue el de ayer) cambió la decoración completamente
198 DE MADRID A ÑAPOLES.
— Tres escursioaes hice , y las tres me pusieron en inmediato contacto con los muertos.
Mi primera escursion fue al Museo egipcio, que como os dejo indicado, es de primer orden. Algunos afirman que no tiene rival en Europa; y por consiguieute, ni en ninguna parte.
En él vi los despojos de un pueblo, de una civilización, de una edad del mundo. — Desde las estatuas de los dioses que se veneraban antes del nacimiento de Moisés , hasta las de los reyes que edificaron las Pirámides ; desde las esfinges y los animales inmundos que so adoraban en el valle del Nilo, hasta las momias de los mismos que los adoraban ; desde las armas del guerrero , hasta las telas preciosas y las alhajas que adornaron á las reinas; desde los manuscritos mpa- />yrn*,que han revelado el secreto de tan remota historia, hasta los instrumentos de agricultura, el ajuar doméstico, los vasos llenos de pinturas y los emblemas mitológicos que han desvelado el misterio de aquella vida , de aquellas costumbres...; lodo, todo se encontraba en tan magnifico museo ; todo acreditaba las mas peregrinas aseveraciones de la historia; todo hablaba un severo lenguaje que introducía la desolación en mi espíritu.
Porque esta es la verdad. Cuando los testimonios del tiempo pasado se refieren solamente á tres , á doce , hasta á veinte siglos , despiertan en et alma poéticas imaginaciones; pero cuando se estienden mas allá, de la historia de nuestra raza; cuando nos hablan de civilizaciones anteriores a la nuestra; cuando nos revelan otro mundo completamente estraño á nuestra genealogía histórica , lo que se despierta en el alma es una glacial filosofía, una ráfaga de muerte, que aniquila y barre todas las imágenes que son vida de la vida y sustancia de ta imaginación.— Un sepulcro de la Edad Media, v. g. , se contempla con amor, con devoción, con respeto, con melancolía... Dirlase que á él nos une un sentimiento lilial y religioso... Pero las ruinas de Palmira, un sepulcro fenicio, un geroglífico de Thébas, nos Inspiran graves y áridos pensamientos, una indiferencia estóica , una cruel misantropía.
Estas eran al menos mis ideas al contemplar las momias del Museo egipcio. — ¡Tenia ante mi vista una infinidad de cadáveres, cuyos ojos, cuyos cabellos, cuyos dientes , cuya carne , cuyas facciones todas se conservaban tan perfectamente , que si hubieran resucitado tal como se hallaban , de seguro se hubieran reconocido los hijos y los padres, los amigos y los enemigos, los amantes y las amadas, los deudores y los acreedores, los vasallos y los reyes! — ¡Y sin embargo, hacia cuatro mil anos que aquellos cuerpos se habían despedido de sus almas! ¡Hacia cuarenta siglos que yacían en aquella postura, que dormían con aquel gesto, que se encontraban liados en aquellas fajas de engomada tela!
Yo pido encarecidamente á mis albaceas testamentarios (que nombraré con el tiempo), que no me embalsamen de manera alguna, ni me sepulten en ataúd incorruptible , ni tan siquiera me entierren en un nicho de los que se estilan hoy. — Volvedme á la tierra cuando la tierra me llame. — No me leguéis á la sacrtle- . ga curiosidad de futuras generaciones. jQue no me vea yo. . . esto es , que no me
IJE SIAIMlll» A NAIDI.KS. • 199
vean á mí las genios con el poco amor, con el ningún miedo , con la falla de respeto y basla de asco con que miró yo ahora á estos infortunados egipcios! - - i Infortunados , sil — ¡ Hace cuatro mil años que se les niega la madre tierra! — ¡Qué destierro podrá compararse con el suyo! Desde el Museo me ful á la Superga.
La Sttjwrga (de la que no sé como no os he hablado ya muchas veces) es la mas alta cumbre de la serie de colinas que llevan el nombre de Montes de Turin, y de quo forma parte el Monte de los Capuchinos, que ya conocemos.
Sobre aquella eminente cumbre levántase un hermoso templo, que se divisa á muchas leguas de distancia, por cualquier parlo que se acerque el viajero á la capital del Piamonte.
En aquel templo duermen el sueño de la muerte los reyes de Cerdeña. Es, como si dijéramos , el Escorial de la dinastía de Saboya.
De Turin á la Superga hay dos leguas escasas, pero muy penosas, en razón á que se componen de ásperas cuestas y complicados rodeos. Para llegar á la misma puerta de la iglesia en carruaje, hay precisión de enganchar cuatro caballos, y aun asi se va muy lentamente y con gran peligro de rodar cejando hasta estrellarse.—La costumbre inglesa es hacerla escuraron en asnos.— Yo hice la milad en coche y la otra milad á pie.
Solo la vista que se disfruta desde lo alto de este monte, que se eleva mil cuatrocientos pies sobre Turin , vale la pena de la subida. — Dichosamente (tara mi , el dia no era muy trasparente : de lo contrario habría tenido el disgusto de divisar antes de tiempo todo el territorio que pienso recorrer en cuatro ó cuíco días. — Sin embargo alcancé á ver todo el Piamonte , todos los Alpes y mucha parte de las llanuras lombardas.
La iglesia de la Superga es de noble aspecto. Precédela un peristilo corintio al que se sube por una escalinata. El edificio principal es redondo, y termina en una elegante cópula. A los lados , y armonizando con él , hay unas casitas cuadradas, coronadas por altas torres.
Los franceses, que no cuentan nunca sino sus victorias, se han cuidado muy bien de omitir en sus libros de viajes el origen del panteón de la Superga. Ks el siguiente. ,
Al amanecer el dia 7 de setiembre de i 7(Ki , hallábanse en el mismo sitio que Iwy ocupa la iglesia , el famoso Principe Eugenio , generalísimo del emperador de Austria, y el duque de Saboya, Víctor Amadeo I, observando los movimientos de un ejército francés que se acercaba á Turin, á cuyas puertas estaban acampados los soldados imperiales. — Mandaban las tropas francesas el duque de Orleans y el mariscal Marchin , batidos ya muchas veces por el Principe; y como notara este cierta vacilación en la marcha y maniobras del enemigo, cuando aun no había principiado la batalla, esclamó dirigiéndose A Víctor Amadeo :
— Señor, se me antoja gue agüella gente está ya medio vencida
El duque de Saboya creyó en el presagio, é hizo en seguida voto de dedicar
■¿00 DE MAMlll) A .N U»OI I S
una iglesia á Maria Santísima eu el mismo lugar que eutonces pisaba, si el Principe Eugenio derrotaba aquel (lia á los franceses.
Asi sucedió , en efecto , pocas boras después ; y fue tan decisiva y brillante
J<*í Ciriltildi.
aquella victoria, que terminó la campaña y le valió al duque de Saboya el recuperar todos sus Estados y cambiar su titulo de duque por el de rey.
Dicho se está que la iglesia fue edificada; mas, para colmo de piedad, se dis-
UK MAimil) A ÑAPOLES. ¿01
puso hacer uu gran panteón debajo del templo, donde serian sepultados tutos los reyes de Cerdeña.
Yace allí , pues , Víctor Amadeo 1 , tal vez en el mismo lugar en que hizo la promesa, y en pos del suyo, siguen los sai*cófagos de la regia dinastía que principió en él.
El panteón tiene la forma de una cruz , y en su centro se alza un magnífico sepulcro, donde es costumbre debitar el cadáver del ultimo rey muerto , hasta que viene su sucesor á relevarle.
Por consiguiente, aquel sepulcro contiene hoy los restos mortales de Carlos Alberto.
Su ataúd está completamente cubierto de coronas de siemprevivas , ó de plata y oro; de guirnaldas de llores; de ramas de laurel, y de otras ofrendas que renueva sin cesar el amor de los agradecidos piamonteses.
En una de las torres de los edificios contiguos á la iglesia , hay un salón cuyas cuatro paredes están cubiertas con retratos de todos los papas que lian ocupado la silla de San Pedro. . .
i Y qué singulares ideas despertó en mi ánimo la vista de todos los pontífices, encerrados en la torre mas alta de Turin ! . . .
— Mire usted, me dijo el conserje de la casa. Este papa era español.
Y me señalaba á Calisto III.
— Eso quiere decir que usted sabe que yo lo soy. - Gracias por la galantería. — lie visto á tantos estranjeros , que adivino por la voz la patria de cada uno.
— Es natural. Pero dígame usted. ¿Por qué está mas estropeado que los demás el retrato de Pió IX , siendo asi que debe de haber sido pintado de los últimos?
— ¡Ah!... Señor... Los liberales .. los ingleses...
- -Basta. ¿Y aquel? ¿Por qué está colgado del revés'/ —Porque es Alejandro VI.
—¿Pero quién le ha colocado asi?
— Los estudiantes , señor. . . los estudiantes. . .
— ¿Y aquel otro? ¿Por qué tiene la cabeza para abajo?
— ¿Pues no la conoce usted? ¡ Es la papisa Juana ! . . .
— ¿Y usted , que dice á eso?
— Yo... señor... que cada uno cree sus cosas. Los liemi>os han venido asi, y yo estoy esperando Que el mejor dia me echen á mí y á los Santos Padres por ese balcón.
— ¿Luego usted ha conocido otros tiempos en este mismo oficio? -Ya lo creo... Hace cuarenta años que vivo aquí. — ¡ Oh í . . . hace cuarenta años. . .
— Hace cuarenta años todo el mundo entraba rezando por esa puerta. Ahora entran los muchachos diciendo de corrido la historia de los papas. ¡Y qué historias ! ¡ Peores que las comedias !
202 DE MADRID A NA PULES.
— Pero ¿qué es eso? ¿No hay religión en Turin?
— Religión... si, señor. Pero la han lomado con el clero... ya me entiende usted... Con el clero alto... ¡Con Roma! -añadió bajando la voz. — ¿Y a eso? ¿Qué dice usted? —Señor, yo no digo nada. —Pues ni yo tampoco.
Y el hombre se quedaría diciendo: - Todos estos españoles son absolutistas...»
Y yo me fui diciendo... lo que os podéis figurar.
Cuando llegué á Turin serian las tres de ia tarde. El tiempo estaba hermoso; mi espíritu se encontraba templado algo filosóficamente , y el coche me pertenecía hasta el oscurecer.
— ¿A dónde varaos? rae preguntó el cochero.
— Al cementerio , le contesté sin vacilar.
El Campo-Sanio de Turin , ó sea el cementerio nuevo , abierto al público (¡qué frase!) en 1829, se halla situado a una media legua de la capital, á las orillas del tortuoso Dora.
Cuatro galerías de arcos, revestidas de nichos, habitados en su mayor parte, encierran un vastísimo cuadrilongo, sembrado de lápidas y cruces, y dividido por una quinta galería.
Lo que mas sorprende al viajero en aquella pacifica ciudad os su grande estension , el órden y el aseo de las tumbas. . . quiero decir, de las casas , y el nombre de alguno de sus inquilinos.
Allí moran los cuerpos de cuatro hombres , cuyas almas conocí yo y traté en mis pasados tiempos de estudiante.
Y es que sus almas habían ido á buscarme á Guadix, adheridas á las hojas de algunos libros.
Estos libros se llamaban Las celadas de San Petersburgo, Le mié Priyhni, Francesco de Rimini, Eufemio di Messina, Ensayo sobre lo bello, El jesuíta moderno, Mérope , Agamenón y Mirra.
Dicho se está que los hombres de que hablo y cuyas tumbas visité ayer, son el conde José le Maistre, Silvio Pellico, el abate Gioberti, y Yictor Alfieri.
En punto á monumentos , el único digno de mención que encierra aquel Caml>o-Santo es el de Pier Díonigi Pinelli , dos veces ministro y otras dos presidente de la cámara popular de Turin.— Este sepulcro es obra de G. Albertoni.
Finalmente, el conserje del establecimiento me dijo que se trataba de ensanchar aquella vasta necrópole, añadiéndole nuevas galerías de nichos ; y esto me hizo volver á reprobar el sistema de inhumación que se emplea generalmente eu nuestra época.
— ¡ Ilusos mortales! murmuró en mis adentros.. . ¿A dónde iréis á parar por este camino? ¿Tratáis de construir una casa para albergar á cada difunto? ¿Creéis posible retener sobre la tierra á todas las generaciones? ¿No se os ocurre que si ensancháis los cementerios á medida que se vayan poblando , llegará un día en
DE MADRID A NAPOLKS. 203 que las ciudades do los muertos serán mas grandes que las de los vivos? Y después... ¿qué sucederá? Que los cadáveres ocuparan todos los campos; que llegarán á las puertas de nuestras capitales ; que nos echarán de nuestras casas ; que cubrirán toda la superficie del globo. . . —¡Por mi fe que esto seria sumamente poético!
i Dejad , dejad comer á la hambrienta tierra ! ¡ No quebrantéis las leyes naturales!— ¿Quién puede asegurar que el oidium , el cólera, el desorden atmosférico que se nota en todos los climas y en todas las estaciones , las nuevas ideas que tanto os intimidan , los fenómenos morales que os asustan , la decadencia de las bellas letras , la escasez de algunos metales preciosos , y hasta la carestía de los inquilinatos , no consisten en que la madre tierra echa de menos su ración de carne humana?
¡Quién lo sabe, señores, quién lo sabe!...
Pero son las nueve y media... No hay tiempo que perder. Las demás cosas que he visto en Turin , asi como los que no he visto , serán asunto de otra conversación, si por acaso vuelvo á esta ciudad , lo cual puede suceder...
Ahora pensemos solamente en que esta noche dormiremos en Pavía y mañana á la noche en Milán ; y en que hoy es pleniluvio , y yo necesito estar en Yenecia antes del cuarto menguante.
Adiós, pues, al Piamonte... Adiós... ó/d rivedercH— En medio de todo, fuerza es confesar que este es gran pueblo. — Su civilización , sus buenas costumbres, sus adelantos materiales ; el severo carácter, acendrado patriotismo, probada fortaleza y noble compostura do la raza ; la sensatez y laboriosidad de las clases pobres; la ilustración de la nobleza; et orden administrativo; las virtudes cívicas y privadas de que dan sus hombres públicos tantos ejemplos; la paz y la libertad que reinan en todas partes, á pesar de las graves circunstancias porque atraviesa el país ; la red de ferro-carriles , carreteras y canales de riego y navegación que envuelve todo el territorio; el estado de los campos; la seguridad con que se camina por las mas pobres y solitarias comarcas , y la prodigiosa rareza de los crímenes , se atraen la simpatía del viajero , haciéndole olvidar lo que baya de violento, de temerario, de desleal y de odioso en los medios de que, al decir de algunos, se ha valido el gobierno piamontés para hacer ostensivas á toda Italia la libertad , la prosperidad y la independencia que aquí se disfrutan.
¡ Las diez menos cuarto ! . . . — Cojo mi saco de noche ; dejo el hotel ; entro en rmcettara; grito al cochero: ¡Sfrada-ferrata di Almamlrm!... llego al camino de hierro , cuando el tren principia á moverse ; lo asalto al paso con mil apuros. .. y pocos momentos después estoy ya tan lejos de Turin , que apenas diviso por encima de los frondosos árboles de Moncalieri, la enhiesta cima y el mortuorio templo de la Su^rrja, paladión de la independencia del Piamonte.