De Madrid a Nápoles, pasando por París, Ginebra, el Mont-Blanc · Capítulo real 3 de 9
CAPITULO IV
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 35 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO IV.
LA LOMBARDIA.
El aulor tient4 una esplicacion con tos lectores. — Marengo. — Casteggio.— Una tarde en Pavía.— Recuerdos de la patria. — El Albergo drlla Cmre Manca. — Lugar de la batalla de Pavía. — La cartuja. — Ix» monjes.— La celda de Francisco L— Descubro á Milán.
Pues señor, héroe aquí solo en mi solo cabo, empaquetado en un coche del tren que me sacó de Turin , rodeado de eslranjeros que no he visto ni volveré á ver en toda mi vida , y reducido á hablar conmigo mismo, ó sea con mi cartera de viaje... la fínica que sabe aquí quién soy yo, de dónde vengo, a dónde voy, y á quién habría que enviarle mi saco de noche, si por acaso me muriera ó este ferro -carril hiciera una de las suyas.
Yo envidio á los hombres que sienten y callan, ó por decir mejor, que pueden callarse lo que sienten.— Yo he pasado siempre por el estrerao opuesto, de trasmitir at primer recien-venido mis alegrías, mis pesares y mis entusiasmos, — debilidad que me ha acarreado muchos sinsabores y bastantes compromisos; pues no todos los hombres administran honradamente la hacienda agena. — Desde que adquirí tan amargo convencimiento, dejé de dar á nadie parle de mis dolores, y los encerré con siete llaves en mi corazón , á riesgo de morir de una aneurisma; pero en cambio me siento cada vez mas inclinado á comunicar á los demás todos mis contentos y felicidades. — ¡Singular filantropía!... cuando me encuentro solo, (Jetante de alguna cosa bella , de algún hermoso espectáculo , de algún prodigio natural ó creado por el arte, lo primero que se me ocurre es lamentar que no se halle en torno mío toda la humanidad , participando do mi admiración ; y si estoy acompañado , necesito, para que mi goce sea completo, que los demás se conmuevan tanto como yo , que lo demuestren , que lo proclamen , que me prueben que no soy yo solo el afortunado, el entusiasta; el sensible. — De aquí mi indeclinable necesidad de referir lodo lo que veo y me sorprende; de aquí mi precisión de ir escribiendo este viaje ; de aquí la publicidad que le daré mañana ; de
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aquí mi resistencia á dejar el oficio de escritor por otro mas regalado y lucrativo...— j Oh 1 si yo no escribiera cuando viajo solo; si tío hablara cuando me entusiasmo ; si hubiera de devorar siempre mi admiración , mis inspiraciones y mis dichas, como devoro mis inquietudes y mis penas, estoy seguro de que me ahogarla.— Y de aquí también que cuando escribo no me propongo nunca como principal objeto que mi libro guste á los lectores , sino que les gusten aquellas cosas que me gustaron á mi y cuya descripción les hago. — Quiero que viajen, no que me lean ; que miren , no que me oigan ; no les presento una pintura , sino un espejo; no les ofrezco una copia de los objetos, sino un lente para que los vean por sus propios ojos. — Asi es que si yo fuera cuatrilbnaHo, en vez de dar este libro al público, costearía á todos mis lectores un viaje por Italia , y vendría confundido enü*e ellos, A fin de participar de sus emociones. — Pero ya que no estamos en ese caso , ni mucho menos , admitid , lectores mios , los mal trazados renglones que iré escribiendo con lápiz y sobre la rodilla, en mi cartera de viaje, siempre que lo permita el movimiento del U*en ó del coche en que camine y siempre que haga un alto de un minuto; pues á vosotros van dedicados y dirigidos, y muy particularmente á las' personas caí as á mi alma de que me acuerdo en cada lugar y a cada hora durante mi solitaria peregrinación.
Por ejemplo: este viaje de Turin a Milán te le dedico a U, padre mió , que me hablaste el primero de los lugares que voy á recorrer ; á ti , que me esplicabas, cuando yo era niño, la batalla de Pavía, cuyo teatro saludaré esta tarde; á ti , que darías un año de tu preciosa vida por poder decir, como yo diré dentro de algunas horas : he visitado la cartuja que retembló con el estrépito de aqnel combate , y pasado por el mismo lugar en que entregó su espada , ya vencida, el rey Francisco /.
Lo que es hasta ahora , poco tengo que contarte. — El camino de hierro que voy recorriendo, es , según la lama , uno de los mejores que se han construido en Europa ; pero sus grandes obras se encuentran acumuladas cerca de Génova, en el paso de los Apeninos ; de modo que yo no las veré hasta dentro de algunas semanas.— Hoy dejaré esta linea en Alejandría, y tomaré otra que me conducirá á Casteggio , por donde pasaré al Milanesado.
Lo único notable que me ha salido al encuentro en la hora escasa que llevo de camino desde que abandoné á Turin, ha sido alguno que oü*o puente de los muchos atrevidos y vistosos que se hallan á cada paso en esta línea.
Ahora nos encontramos parados en Asti , viejísima ciudad , rodeada de interminables viñedos, que producen el delicioso vino'de que ya he hablado en varias ocasiones.
Asti se halla situada en la confluencia del Tanaro y del Borbore. — El Tañara es muy conocido en nuestra historia por halarse dado á sus orillas una gran t»atalta en que los españoles y los franceses, mandados por el infante don Felipe, derrotaron á los piamonteses y á los austriacos... allá por los años de 1745.— i Singulares alianzas !
El tren vuelve á marchar, siempre con dirección al Este, y siempre por un
DE MADRID A ÑAPOLES. 20* plano inclinado...— El país que recorremos es monótono, pero sumamente feraz. —El sol empieza á nublarse.
Una hora después divisamos los muros y las torres de Alejandría ; y apenas tengo tiempo de recordar quo esta célebre plaza fuerte ha sido la base de operaciones de muchos ejércitos belijeranles, y sin ir mas lejos, de los mandados por Napoleón III y Yictor Manuel el año pasado, cuando el tren llega rugiendo á las puertas de la ciudad , y penetra en una estación vastísima , llave y centro de cuatro ferro-carriles importantes.
Alessandria della Paghia (Alejandría de la Paja) se llama asi f porque en su origen, cuando el papa Alejandro III la hizo construir aceleradamente, como posición estratégica que tuviera á raya a sus adversarios los gibetinos , era toda ella de tierra y paja.
Hoy no sé como será , pues la estación se halla en las afueras ; pero su perspectiva me hace comprender que desde los tiempos del gran pontífice gHetfo hasta nuestros días , la ciudad ha adelantado mucho.
Sin embargo, la Guía dice que Alejandría no encierra nada de particular, t
Yo me alegro de que asi sea, pues de este modo almorzaré tranquilamente en el buffet de la estación , aprovechando la media hora de parada que se hace aqui para mudar de tren.
Solo siento no ver las famosas esclusas del Tanaro que sirven para inundar esta comarca, derramando el rio en torno de la ciudad , siempre que la amenazan y cercan ejércitos enemigos.
Si alguna cosa pudiera dar una idea completa del mevimiento y vida de la época actual , seria el espectáculo que estoy contemplando mientras almuerzo.
El vasto salón del buffet contiene mas de trescientos viajeros quo comen apresuradamente lo primero que hallan ; casi todos de pié ; cada cual vestido a su manera (pues nada hay que se preste tanto al capricho como una toilette de viaje); revueltas las familias; confundidos los sexos; mezcladas las clases; hablándose unos a otros con la mayor franqueza, á pesar de no haberse visto nunca, y gritando la mayor parte , golpeando en la mesa ó en las copas , ó dando recías palmadas , á fin de atraer á los mozos , que contestan desde lejos con no menores gritos.
Toda esta gente se ve reunida aquí por un momento , y partirá dentro de pocos minutos en diversas direcciones. Ya os he dicho que en Alejandría se cruzan cuatro grandes ferro-carriles. Uno de ellos viene del Norte, habiendo recogido viajeros del Lago Mayor, de Milán, de Como, del Tirol, de Vcnecia y de Alemania; otro llega de Susa y de Turin , el tercero sube de Génova , trayendo á remolque toda la península; y el cuarto acude desde Bolonia, atravesando los ducados de Módena, de Parma y de Plasencia. — Y esto sin contar con el pequeúo camino de hierro de Acqui , tributario también de Alejandría.
De vez en cuando, óyese gritará la puerta del comedor.— ¡Partenzat...
Y todo el mundo deja de comer y presta oido atento a lo que sigue... Y lo
?na DB MADRID A ÑAPOLES.
que sigue es una lista de los pueblos para donde va á salir tren ahora mismo.
Y cada uno, al oir nombrar el pueblo á que se dirige, tira el tenedor ó la uuchara ; arroja unas monedas al mozo, y sale á escape, como si le acabaran de
VbU <ic VcrOiU.
anunciar que arde su casa... — ¡Muremja! f$pmeUal ¡San (¡mliano! ¡Tortomi' ¡Ponlecurone'. ¡ Yntjhern! ¡Cnslefjtjio! oigo gritar yo... y hago lo que los demás.
¡Marengo! ¡Marengo! voy esclamando maquinalmente mien^-as me dirijo al tren.
Y mi imaginación lo vé todo bajo la forma de un hombre pálido y delgado, de pequeña estalura, lacio* cabellos, ojos claros y luminosos y nariz aguileña,
DE MADRID A ÑAPOLES. 20» vestido con un largo redingote gris y llevando el clásico sombrero napoleónico. —Es el primer cónsul ; es la estatua de la columna de Vendóme ; | es Bonaparte 1
Algunos minutos después el tren atraviesa una vasta llanura tan monótona como las de la Manclia , pero cubierta toda de interminables y holgadas hileras de olivos y de morales.
A lo lejos se distingue un pueblecillo , dominado por la alta y solitaria torre ile su iglesia.— Es Marengo.
El fantasma del rendingote gris y del sombrero clásico corre desalado por los campos que median entre el ferro-carri! y aquella aldea.
Acaso ese fantasma es una ilusión óptica producida por el humo de la máquina.
Las estensas y ordenadas filas de árboles galopan en pos de él , á medida que nosotros recorremos la llanura.
Se diría que son columnas de combatientes que se lanzan al ataque. Decididamente, estoy viendo la batalla.
El estruendo del tren imita el fragor de la pelea. El humo de la locomotora representa el de los cañones. El movimiento aparente del terreno finge las cargas de caballería. Mi imaginación suple el resto.
Hace sol; pero también en el cielo hay contienda entre las nubes.— Pardos ejércitos se buscan ó se evitan en la atmosfera , dibujando sobre la tierra la movible sombra de sus masas...
Yo me creo trasladado al i i de junio de 1800. Yo me imagino la acometida simultanea, la lid sangrienta, las rápidas maniobras, la fiebre, el horror, la dispersión, los cadáveres...
En esto se nubla el sol... Un velo de lulo cubre la llanura de Marengo...
Los austríacos han vencido... Los franceses huyen por todas partes...— Son las tres de la tarde... de aquella tarde sangrienta...
Mas el sol vuelve á salir...
Nuevos fantasmas recorren estos campos...
Es Desaix que llega con sus tropas al teatro de la acción , atraído por la voz de los cañones.
Bonaparte mira al fatigado astro del día con mas ansiedad que Josué en Gabaon ; consulta la hora, y dice á sus generales: — Aun tengo tiempo de dar otra batalla.
Y recomienza la lucha. Desaix se lanza al frente de sus escuadrones sobre la línea austríaca y consigue romperla. El resto de los franceses cae sobre las dos alas enemigas y las desbarata en una hora...
Torna á ocultarse el sol...
Desaix ha muerto... ¡El bravo Desaix, que acaba de llegar de Egipto, cubierto de inmarcesible gloría ; el noble Desaix , cuyo monumento corona la cima délos Alpes!...
Pero la victoria es de Napoleón. El desastre de por la mañana ha sitio ven-
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gado con creces á la tardo. Esta doble jornada entrega toda la Alta Italia a la república francesa.— Donapar te sueña ya con el trono.
El sol luce de nuevo, inundando de oro el horizonte...
Marengo ha desaparecido...
Nos acercamos á Montebello.
lié aquí Torfonn... lié aquí Vogucra... riquísimas ciudades ambas...
Hé aquí Montebello , donde el general Lannes derrotó también á los austríacos y ganó su título de duque, pocos dias antes de Marengo, y donde el aíio pasado volvieron á luchar austríacos y franceses.
Pocos kilómetros mas allá encontraremos á Casleggio ,— otro teatro de la misma lucha...
¡ Casleggio ! . . . — Hemos llegado.
Yo echo pié á tierra, padeciéndome que acabo de desportar de una horrible .pesadilla.
El tren sigue hacia Levante en busca de Plasencia , Parma y Múdena. Yo me quedo... Estoy á cinco leguas de Pavía. — La silla de posta del correo me llevará en tres horas. — No hay tiempo que perder.
Y á la verdad , no pierdo ninguno. Cuando llego á la administración , encuéntreme los caballos enganchados y el conductor sobre su trono.
Partimos. — El terreno que atravesamos constituye el punto de intersección de las fronteras del Piamonte , la Lombordía y el ducado de Parma.
Por donde quiera que miro , solo veo morales y mas morales , signo quo demuestra la inmensa cantidad de seda que produce este país.
Pronto pasamos el Po (no sin espanto de los caballos), por un largo puente de barcas que amenaza hundirse bajo el peso del carruaje.
El avariento rio lleva aquí ya doble caudal del que le conocí ayer en Turin, y eso que todavía no han ingresado en él las abundantes aguas del Tessino. — La confluencia se verifica á legua y media de este puente.
El terreno sube un poco... Los caballos van á escape... El mayoral los arenga en italiano...
Caminamos bajo la ancha sombra de una gigantesca nube ; pero allá á lo lejos se ve una zona alumbrada por el sol. En medio de ella distingo una altiva ciudad , coronada de muchas torres , ceñida por las brillantes aguas de un rio, y cercada de frondosas huertas y estensos y verdes campos. . .
Es Pavía.
1 Salud á Antonio de Leyva , su heróico defensor I \ Salud á las armas españolas! | Salud á don Fernando de Avalos, á Lannoy, á Hernando de Alarcon, al marqués del Vasto, á don Hugo de Cardonal— ¡Salud al valeroso rey vencido! I Salud á Francisco primero ! . . .
Otro puente... Hé aquí el Graveilom, que no es sino un brazo del Tesino. —El otro brazo ciñe las murallas de Pavía.
Y esto me recuorda aquel ardid de guerra del rey de Francia, que reunió en el Gravellona todas las aguas del Tesino, á fin de asaltar la ciudad por el álveo
DE MADRID A ÑAPOLES. 211 seco de la corriente que la defiende hácia el Sur : ardid ingenioso , que era una imitación del que empleó Ciro para entrar en Babilonia; pero que no dió buen resultado al rey Francisco ; pues las aguas rompieron los diques , á consecuencia de una gran lluvia, y tomaron su curso acostumbrado.
El Gravellona sirve do frontera al Piamonte y á la Lombardía. — Aquí estaban antes las aduanas sarda y austríaca. — Hoy no bay mas que una pobre castañera, establecida con su gran anafe á la cabeza del puente.
Dol otro lado principia una larga alameda que va á terminar en la almenada puerta de Pavía.
La tarde se lia nublado definitivamente. — El viento, frió y húmedo, me trae remolos clamores de campanas que tocan á muerto. — Esto me hace pensar en que pasado mañana es víspera de Difuntos.
En el cupé del correo viene conmigo un buen señor, natural y vecino de Pavía , confitero do profesión , que salió anteayer para Casteggio á ver á un hermano suyo, y que vuelve á su casa lleno de alan por encontrar á su mujer y á sus hijos.— ¡ Hace cuarenta horas que está separado de ellos !
Nuestra conversación por el camino ha versado casi toda sobre el estado de la vonfiteria en Italia y en España. Yo le he esplicado los progresos que esta industria ha hecho en los reinos de Granada y de Valencia , y él me ha puesto al corriente de la marcha de sus negocios , ventajas de su establecimiento, géneros que ha inventado y estudios á que consagra sus insomnios. — El tal confitero es hombre de una elevada ambición y de no común inteligencia. Aspira á ser el Napoleón de su oficio , y tiene en mas la gloria do su confitería que los provechos pecuniarios. — Ahora se dedica á perfeccionar el dulce de pimiento.
Al avistar a Pavía , le he preguntado hácia dónde cae el lugar de la batalla, pero él me ha respondido , como si le hablara de la de Magenta:
— Fue mucho mas allá... en el camino de Milán á Turin.
Yo le he dicho que se trataba del siglo XVI , y de un rey de Francia hecho prisionero por los españoles, en el parque de una Cartuja.
—La cartuja se halla al otro lado de la ciudad , rae ha respondido gravomente ; pero yo soy de Pavía , y no he oido hablar nunca de semejante batalla. Ya sabe usted que se miente mucho cuando se trata de países lejanos. Aquí no se han conocido roas batallas que la que le he dicho á usted , y la de Marengo ; y esas tuvieron lugar á bastantes leguas de Pavía. | Como no lo diga por Garibaldi!... Pero bien que usted habla del siglo XVI...— j Nada... nadal... Usted viene equivocado. Aquí no ha sido preso jamás ningún rey de Francia.
Yo me he dado por satisfecho con esta esplicacion , y he vuelto á la conversación de los confites.
Al llegar á la puerta de Pavía (j)orfa di Ticíno), mi compañero de viaje se apea del coche y pasa á los amantes brazos de su familia.
Yo penetro en la ciudad , asomándome alternativamente á las cuatro ventanillas del cupé , con el lápiz en una mano y la- cartera en la otra.
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Los vecinos de Pavía se asoman por su parte á las puertas y á los balcones fiara ver pasar el correo.
La importancia que dan á un acontecimiento tan insignificante , y el silencio que reina por doquier, me demuestran desde luego que la ilustre Pavía es una ciudad sedentaria, falta de vida y animación , que vegeta pacificamente a la sombra de su histórico pasado.
Las calles que recorro hasta llegar á la administración de correos son tristes y solitarias. La yerba crece impunemente entre el empedrado. Las casas tienen grandes balcones , muy volados ó salientes , como en muchas ciudades de Andalucía. Estos balcones están llenos de enormes macetas, en que no solo crecen llores, sino también árboles frutales y otras corpulentas plantas , entre cuyas verdes hojas cantan, su presente desdicha y sus pasados amores millares de pájaros prisioneros.— Sobro las puertas de las casas se ven muchos mas escudos heráldicos que muestras y rótulos de tiendas.— Todo esto me recuerda algunos barrios de Valladolid y de Segovia.
Y la verdad es que el parecido se justifica por el parentesco.— Pavía ha pertenecido durante siglos enteros á la monarquía española.
Desde el correo soy conducido al mejor hotel de la antigua ciudad de las cien torres.
El primitivo hotel italiano se llama albergo , asi como el restaurant ó fonda se llama tratoria.
Heme aquí, pues, en el Albergo de la Croce bianca, caserón antiquísimo, sumamente incómodo , en el que no hay un solo huésped , por lo que he podido disponer del aposento principal. — Este aposento es un salón , en que pueden correr caballos , adornado de muebles seculares, y provisto de dos camas inmensas, altísimas, históricas, en que han debido dormir Antonio de Leyva y Juan de Urbina, y morirse diez ó doce generaciones.
Afortunadamente, toda esta fúnebre grandeza se disfruta casi do balde.
Son las cuatro.— Salgo á recorrer la ciudad; á disponer mi cscursion á la Cartuja y al lugar de la batalla , y á preparar mi viaje á Milán , que dista de aquí nueve leguas.— A la noche continuaré estos apuntes.
Vengo de visitar todas las cosas notables que encierra Pavía. Solo me falta ver la Cartuja , que se halla en el camino de Milán, por lo que he decidido detenerme mañana en ella, á mi paso para la capital de la Lombardía.
En cuanto al parque en que se dió la batalla, ya sé dónde so encuentra.
Trabajo me ha costado adquirir esta última noticia ; pues todas las personas á quienes be preguntado por esas calles de Dios , me han respondido , lo mismo que el confitero, que aquí no se sabe de- mas batallas que de las de Casteggio, Montebello, Magenta y €avriana.
— Merezco este castigo, me decía yo al oir tales contestaciones; merezco este castigo por desmemoriado ó por ignorante , que es igual.
0 bien csclamaba , — para vengarme de aquellas gentes :
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ÜK MAÜKIl) A ÑAPOLES. 213 — j Comprendo que estos desgraciados uo tengau uoliuia de semejante batalla! ¿Qué les va á ellos en tan señalada gloria? Aquel memorable dia no pertenece á los anales de Italia, sino á los de España y Francia. Los italianos (entonces, como otras muchas veces) fueron testigos de ágenos triunfos; eran la prenda disputada por los estranjeros; dejaban de ser esclavos del vencido para pasar á serlo del vencedor. ¿Qué les importa , pues , á los hijos de Pavía que en 1525 los españoles vencieran bajo estos muros á los franceses , ó que los franceses hubieran vencido á los españoles?...
¡A. fé que en España no se olvidara nunca aquella lid! — jA fé que los franceses no la olvidarán tampoco !
Quiso al fin el cielo depararme un padre cura muy entrado en años y de bondadosa fisonomía, el cual salta de una iglesia al mismo tiempo que yo entraba.
Tuve, pues, levantada la mampara hasta que pasó , y respondiendo entonces al espresivo saludo con que me dió las gracias , me atreví á decirle, sombrero en mano:
—Perdone usted, señor cura.
—Hable usted , señor caballero.
(Todo esto en italiano, ó lo que es lo mismo , en música.)
—Quisiera usted decirme hacia qué parle de la ciudad se dió hace tres siglos y medio una batalla...
El cura se sonrió cariñosamente, y me interrumpió de este modo:
— Lo habia adivinado. . . Usted es español. . .
— Para servirle, padre mió, respondí soltando la mampara.
— Y como español (continuó el buen viejo, prendado de mi respetuosidad,) va usted buscando el lugar en que sus compatriotas derrotaron é hicieran prisionero al rey de Francia...
— Justamente, señor. Eso es lo que busco.
— Pues bien, hijo mío. Vamos a cuentas. ¿Usted viene de Milán?
— No señor. Voy á Milán.
— Perfectamente. ¿ Usted deseará ver la famosa Cartuja de Pavía? — ¡Oh 1 ¡si lo deseo!...
— Perfectísimamente. ¿Usted acaba de llegar á Pavía por la ¡torta Ti ciño ?
—Hace media hora...
—¿Usted no ha visto todavía nada?
— Nada...
* — ¡Buenísimo!— Pues señor... Yo iba a dar un paseo por las calles, porque la tarde está demasiado fria para ir al Stradone (el paseo público) y además amenaza lluvia... Pasearé con usted; le enseñaré las principales cosas que comprende la ciudad, y luego le dejaré...— ¿Dónde vive el señor caballero?
—En el Albergo de la Cruz blanca me tiene usted á sus órdenes ; pero debo partir mañana... .
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— Mañana mismo, añadió el señor cura, indicándome con un ademan que tuviese calma.
A todo esto , no me liabia dicho todavía lo que yo deseaba saber.
—Lo primero que vamos á hacer, prosiguió mi venerable cicerone , es ir á ajusfar un carruaje particular que le conduzca mañana á Milán. Llevando usted á sus órdenes el coche, puede hacer alto en la Cartuja, que se halla á media legua de Pavía, y detenerse allí todo el tiempo que quiera. Corea de la Cartuja, ó sea en torno de ella, está el parque de Mirahelh, en que se dió la batalla...
— i Gracias á Dios!
— Espérese usted, jóven. — Aquel es un paraje amenísimo , donde lo aconsejo que almuerce.. . para lo cual hará usted que le dispongan esta noche en el albergo un cestito de provisiones. — Allí podrá usted recordar la batalla , después de haber visitado la Cartuja, y con tal que prosiga su camino antes del mediodía, llegará á Milán con sol. — ¿Qué le parece mi programa?
— Es escelente, dije yo con toda verdad; y solo siento que usted se incomode...
— Yo no me incomodo... Al contrario... Yo tengo particular afecto á los españoles. Como hijo que soy de Pavía, he leído con detención su historia, y no he podido menos de entusiasmarme con la relación de los grandes hechos que acometieron en este país los generales y soldados do Cárlos V. — No es que yo sea cortesano de la fortuna y me ponga siempre del lado del vencedor, sino que hallo mas grandes, mas nobles y mas generosos á Pescara y á Ley va que á tantos otros capitanes de diversas naciones como alternaban con ellos.— Vea usted si no loque hizo el francés Lautrec en 1527 para vengar la derrota de 1525... ¡Entregó á Pavía al pillaje de sus tropas durante una semana ! . . . ¡ Permitió el saqueo y la violencia!... ¡Se ensañó en una ciudad inocente y desarmada! ¡ Como si Pavía tuviera la culpa de que los franceses no hubieran podido resistir á los españoles en el parque de MirabelloU — ¡ Ah! jpero Antonio de Leyva!... El que á mí me enamora es Antonio de Leyva! — Yo me lo figuro encerrado aquí en Pavía , sin recursos de ningún género , casi moribundo , con la mayor parte de la guarnición sublevada porque no se le pagaba hacia muchos meses ; con la plaza casi abierta hácia el Sur, á consecuencia de haber estraviado los franceses las aguas del Gravellona ; sin noticias del ejército español ; amenazado por el hambre... Y bien: ¿Qué cree usted que hizo aquel insigne caudillo en semejante aprieto? — Leyva empezó por reunir á los españoles, que constituían la mitad de la guarnición de Pavía, y en vez de pagarles, les pidió y alcanzó que le dieran todo el dinero que tenian. (Verdad es que los españoles no eran los sublevados.) Con aquel dinero apaciguó á los alemanes, quo componían la otra mitad de la guarnición, y de esta manera pudo contar con todos ellos á los pocos días, para rechazar un tremendo asalto, en que mataron dos mil franceses y al duque de Longueville, que los mandaba. En otra ocasión, y para acallar también las quejas de los mismos tudescos , reunió toda la plata de las iglesias , la que pidió
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prestada por la ciudad y la mucha que había empicada en adornos militares , y acunó una infinidad de moneda.— ¿Pues y sus salidas y sus ataques al campamento enemigo? ¿Y aquel sitiado convertido en sitiador? ¿Y su último rasgo, el dia de la batalla, cuando se hizo llevar á ella en una silla de manos al frente de la guarnición , que cayó como un rayo á retaguardia de los franceses y decidió en un momento la victoria?... ¡Ahí j bravo! | bravo Ley va! Crea usted que aunque soy eclesiástico y me veo tan viejo , pelearía yo todavía con gusto á las órdenes de un hombre semejante 1
Aunque yo sabia todas estas cosas , me agradaba oirías en Pavía y de boca de aquel viejo , por lo cual me guardé muy bien de interrumpirle.
En esto llegamos á la Plazti Grande , donde hicimos el ajuste del coche que ha de llevarme á Milán.
La Piazza Gratule es fea, vieja, sucia, melancólica. Rodéanla unos pórticos enanos , desiguales , de arcos algo apuntados, construidos , se conoce , hace algunos siglos.
Lo único bello que he. visto en aquella plaza ha sido unas enormes pilas de hermosísimas frutas de muchas clases, on que no sabia qué admirar mas, si el tamaño , si la variedad ó si la profusión.
En la casa de ayuntamiento (que diríamos en España), llamó mi atención una imagen de la Virgen delante de la cual ardía una lámpara.
—Veo , le dije al cura , que los vecinos de Pavía son muy devotos.
—Como todos los lombardos , me respondió el padre de almas. Ya verá usted en Milán.
—Reparo también, continué yo, que sus paisanas de usted son estraordinariamente altas.
Las lombardas lo son por lo general ; pero las hijas de Pavía , sobre todo,
tienen fama por su estatura. Las hay que miden cinco piés y medio.
El cura se quedaba corto. En aquel momento pasaban á mi lado dos señoras que hubieran podido servir como granaderos.
Estas señoras y otras muchas que he encontrado esta tarde , llevaban mantilla de tul. — En su rápido andar y desgarbados movimientos había no sé qué fantástica nobleza.
En cuanto á los hombres , casi todos usan nuestra capa española.
A este propósito, me recordó el cura que hace poco mas de un siglo, en \ 745, los españoles se hicieron otra vez dueños de Pavía.
—Yo tengo setenta años , prosiguió después con tristeza el buen sacerdote , y durante ellos Pavía ha cambiado cinco veces de nacionalidad. Cuando yo nací era austriaca; luego la hicieron francesa ; después la devolvieron al Austria; en seguida se emancipó y fue italiana ; al poco tiempo la recobraron los austriacos, y hoy forma parte de los Estados del rey de Cerdeña. Tal es el destino de Pavía. Y sin embargo ella ha sido ilustre y poderosa como las mas grandes ciudades de la península. Ella ha sido on la antigüedad capitaj de la Lombardía , república independiente, Estado feudatario del imperio de Carlo-Magno. Aquí tiene su pa-
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lacio la célebre familia Malaspina. Aquí reacio Lanfranc, el famoso arzobispo de Cantorbcry, que civilizó la Inglaterra. Aquí nació Cardan...
— ¿ Cómo ? ¿ Cardan es de Pavía ?
—Ni mas ni menos que yo.
Este Cardan es aquel sabio módico , matemático , astrólogo , visionario , espiritista , como se dice hoy , que predijo el dia en que habia de morir , y que á fln de no equivocarse , dejó de comer cuando vió que se acercaba el plazo , consiguiendo á la postre que el hambre cumpliera la profecía.
El cura continuó de esta manera:
— Hoy solo le queda á Pavía su renombrada universidad, y 25,000 habitantes dedicados á la agricultura , á la sedería y á las ciencias. Verdad es que dentro de quince dias , esta desanimación y tristeza que advierte usted hoy en calles y plazas , se tornarán en júbilo y ruido , con la llegada de 1 ,400 estudiantes que están de vacaciones ; pero luego viene el verano , y vuelve la decrépita ciudad á su pacífico sosiego.
En estas y otras conversaciones se nos ha pasado la larde , que , merced á la afabilidad é instrucción del señor cura , ha sido una de las mas aprovechadas de mi vida.
Asi fuimos á la catedral, á la universidad, ai castillo, y á otras muchas partes, yo preguntándole lo quo no sabia, y él refiriéndome lo quo se le antojaba.
La catedral se empezó en el siglo XV y aun no está concluida. Una de las cosas que quedan por hacer es la cúpula , en cuyo hueco se ha tendido provisionalmente un cielo raso.
En este templo hay un magnífico sepulcro de mármol blanco , adornado con mas de trescientas estatuitas de santos y personajes alegóricos de un mérito nada común. — Aquel sepulcro encierra las cenizas de San Agustín.
Acerca de la identidad de estas cenizas , hay encontrados pareceres. — Por ejemplo: el Itinerario de Italia la niega; y el sacristán que enseña el monumento, la afirma. — Aquel dice: pretenda tombeau. Este dice: vera lomba.
Yo me quedo con el vera del sacristán.
En cuanto al vecindario de Pavía, le llama piadosamente : l'Arca di San Agostmo.
La Universidad es magnífica y una de las mas antiguas y reputadas de Europa. Su fundación se atribuye á Carlo-Magno. Comprende cuatro patios espaciosos , una multitud de clases , el mejor Gabinete anatómico de Italia , un Museo de Historia Natural, otro de Física, una gran Biblioteca y un Jardm botánico.
II Castello es el antiguo palacio de los Visconti, convertido hoy en cuartel. —Allí debió de habitar Antonio de Leyva.
Pero la verdadera rareza de Pavía no es ninguna de estas, sino sus famosas cien torres, de que ya quedan muy pocas en pié.
Estas torres no coronan templos, castillos ni palacios, como cualquiera se
Dfc MAI-KID A ÑAPOLES.
I'urlada de ta Cartuja de Pavía.
ligurara , sino que arrancan de la tierra , en medio de las plazuelas y hasta de las calles, y se levantan solas, escuetas, cuadradas, angostas, altísimas, al modo
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de colosales maderos clavados en el suelo. — Todas son de ladrillo, sin que el arto haya entrado por nada en su construcción.
— Padre, ¿qué representan esas torres? le preguntó al señor cura. ¿Para qué servían ? ¿Qué significaban?
—No servían para nada, y significaban solamente el ridiculo estremo á que puede llegar la vanidad del hombre. Estas torres las levantaban los antiguos magnates de Pavía (los Bottkeüa, los Olevano, los Mezzabarba, los Brambilla y otros de que ni aun queda memoria), para conmemorar el nacimiento de sus hijos. Al principio fueron pequeñas ; pero luego I09 señores empezaron á competir sobre quien las construia mas altas , y llegó á haber algunas de una elevación prodigiosa. Estas fueron las que se hundieron mas pronto , no sin graves daños para la ciudad. ¡ Como eran tan altas y tan endebles, el mas leve terremoto las derruía! — Esto mismo les pasa á los soberbios.
Confesad que mi cicerone de hoy no tiene precio.
Cerca del oscurecer, el señor cura hizo una paradita de las suyas, y me dijo:
— Amigo mío (permítame usted darle este nombre), yo me retiro á casa...
— Señor cura , tendré el honor de acompañarle a usted.
— No lo permito , á menos que quiera usted tomar posesión de ella , y acompañarme á hacer colación.
—Le doy mil gracias ; pero harto he abusado de su bondad. Si usted quiere venir á mi pobre albergo.. .
— Esta usted en la puerta.. .
— ¡Oh! ¡ qué bondad ! \ me ha traído usted hasta aquí !
—Nada. Descanse usted, que mañana tiene que hacer un viaje.
De buena gana seguiría copiando la larga serie , no diré de cumjjlidos , sino de requiebros y protestas del alma que nos dirigimos todavía antes de separarnos el señor cura y yo. Tendría una complacencia en ello, aunque solo fuera por no olvidar nunca las afectuosas palabras del respetable anciano y aquellas en que consignó yo la eterna gratitud y agradabilísima memoria que me llevaba de su merced ; pero temo enojaros con semejante relación , y habré de limitarme á deciros que el buen viejo lloraba cuando me dijo adiós , y que yo me quedé clavado en mitad de la calle, como una de aquellas macilentas torres, procurando darme cuenta de este encuentro , de este tipo y de la emoción con que le he visto desaparecer para siempre.
¿Quién sabe? ¿Quién conoce los parentescos ignorados, físicos ó espirituales, que mediaran entre personas que se crean estrañas? ¿Quién me dice á mí que este padre cura no es un alma española en un cuerpo italiano? ¿Quién me puede convencer do que su cuerpo no es una renovación del de cualquiera de los españoles que murieron en Pavía hace trescientos treinta y cinco años? ¿Quién me asegura que cuerpo y alma no descienden de algún personaje con quien yo simpatizo al través de la historia? Y ademas, ¿no estuvo aquí mi décimo abuelo? ¿Seré yo sobrino del señor cura? ¿O el señor cura no existirá realmente? ¿Será una visión mía? ¿Será el genio de la ciudad que se ha despertado para hacerme los
DE MADRID A ÑAPOLES. 2i9 honores de ella? ¿Será el QtMtnuxlo de la Pavía histórica , el alma de los tiempos pasados, que ha vibrado á compás con mi alma? ¿Será una recompensa que me ha otorgado el cielo por haber cumplido esta peregrinación de gloria? jTodo es posible!
Como quiera que sea , yo he vagado por las calles otra hora mas , embozado en una capa que en nada se diferencia de las que aquí se usan , solo y bastante triste, viendo jugar á los chicos en las plazuelas, á la luz de la luna, y oyendo en todos los campanarios el toque de Vigilia con que se recuerda á los fieles que mañana es víspera de'Todos los Santos...
Y como este toque, y aquella luna, y aquel juego de los muchachos, y aquellas vetustas casas , y aquellos grandes balcones (al través de cuyos cristales se percibía ya la luz de la velada doméstica , y acaso también la amante sombra de alguna beldad que esperaba á su rondador); como todo esto, digo, era igual á lo que se vé al anochecer en las antiguas ciudades españolas , á lo que. ahora mismo se verá en aquella en que yo nací , á lo que constituye el tétrico fondo de la historia de mi niñez.. . he tenido momentos de profunda melancolía, en que he suspirado por la patria ausente, y momentos también de ilusión, en que me ha parecido estar en España, y he creído reconocer á los transeúntes, y amar de largo tiempo á alguna de aquellas pensativas y descontentas hijas de familia que nadan la centinela en los balcones , y ser tertuliante y familiar de muchas de las casas en cuyo portal acababan de encender un farolillo , y á cuya puerta daba un aldabonazo, muy conocido ya sin duda, el padre que volvia de paseo ó el novio que entraba de visita... — T este delirio , alimentado á un mismo tiempo por los afectos del hombre y por la imaginación del poeta ; esta fantasmagoría , fruto del corazón y del alma , se combinaba y fundía con los recuerdos históricos ; iba y venia por el tiempo, reflejando lo pasado en lo actual ; daba cuerpo y vida á los dramas y leyendas , á las novelas y pinturas que esta lejana tierra ha inspirado á los ingenios españoles; y confundiendo la verdad y la ficción, unas generaciones con otras, y la distancia con la antigüedad (cosa sumamente fácil), hacíame creer , por último , que me encontraba en España , dormido y soñando con una ciudad quimérica ; que la historia era un mundo fabuloso ; que Pavía solo había existido en la imaginación de un romancero, y que si no hubiera España, no habría Pavía , como sino hubiera ojos, tampoco habría colores.
En el momento que escribo estas líneas , mis ideas son muy diferentes.
Serán las diez de la noche. Me encuentro solo en el vasto salón de los dos lechos. La bujía que me alumbra no alcanza á esclarecer los altos artesonados ni los ángulos de la habitación.
Cerca de mí distingo vagamente una lámina , único adorno de la pared en que se apoya la mesa.
Esta lámina representa una escena de la fíosmunda de Alfieri.
Rosmunda es toda una faz de la primitiva historia de Pavía.
En un cuarto contiguo á este, y separado de él por una puerta condenada , oigo hablar en italiano á unos huéspedes que han llegado esta tarde
220 ÜE MAMIIÜ A MAPOLES.
al Albergo , y los cuales han comido en la mesa redonda al mismo tiempo que yo.
Son dos jóvenes marqueses de Milán , soldados voluntario) , sargento el uno y cabo el otro, que vienen de Florencia con parte de su batallón & relevar la guarnición de Pavia.
Los demás soldados se han alojado por la ciudad.
Ahora poco , cuando aun estábamos a la mesa , entró en el comedor una elegantísima y hermosa jóven, que se lanzó al cuello del marqués sargento, y le llenó de besos toda la cara. *
Era una hermana suya , residente en Milán , que no le habia visto desde antes de la última guerra, y que sabedora de que esta noche llegaba el marques á Pavía, ha venido á sorprenderle de este modo, haciendo uso de su reciente indemnidad de casada.
De la conversación de los tres jóvenes , he deducido que el feliz hermano ha hecho toda la campaña de 1859 ; que fue ligeramente herido en Pallestro , y que tiene una novia, amiga de su hermana y hermana de su amigo el aristocrático cabo.
Después de las primeras espansiones han entrado los tres en esa habitación, donde les oigo hablar y reír, ó locar el piano y cantar...— La marquesita tiene una voz preciosa.
Ksta escena es la última faz de la historia de Pavía.
En medio do su alegre concierto , ha venido á interrumpirlos el sargento segundo, con otros cabos de la compañía, á lio de darle cuenta al primeroM alojamiento de la tropa, y pedirle no sé qué dinero ú órden de raciones, lodolocual lia entretenido largo tiempo al pobre marqués. Pero no bien han quedado solos, ha vuelto (x principiar la fiesta ; y en verdad os digo que yo no recuerdo haber oido muchas carcajadas tan argentinas , tan frescas y tentadoras como las quo lanza á cada instante la recien-casada marquesita.
Ya vi mi cielo yo claro algún día... Moslrábaseme amiga la fortuna , pareciendo en mi bien estarse qued?...
dice fray Luis de León.
Con que vamos á acostarnos en cualquiera de esas dos horribles é inconmensurables camas, que mas que para el sueño, parecen dispuestas para la muerte ó para el insomnio.
Mañana á estas horas mo encontraré probablemente en el teatro do la Scata de Milán.
Esta esperanza me consuela de muchas cosas. <
Dii 31
Son las once de una hermosísima mañana. Estoy en el parque de Mirabeüo,
DE MADRID A ÑAPOLES. 221 á una legua de Pavía, eu el mismo lugar en que, al decir del sacristán de la Carluja , fue hecho prisionero el rey Francisco. Acabo de pasar dos horas en el monasterio , cuyos altos obeliscos y arrogante cúpula aun distingo desde aqui. También he almorzado ya , del modo y manera que me aconsejó el cura. El cochero que me conduce, y que no se ha desdeñado de participar de mi merienda, ha vuelto á enganchar los caballos al cabriolé ó calesa en que he venido , y me aguarda sosegadamente en medio de la carretera , que distará de aqui un tiro de bala.— Voy , pues , á abandonar estos lugares; pero antes, bueno será que me desahogue en mi libro de memorias del entusiasmo ardiente que me ha causado la maravillosa Cartuja , y de los gratos pensamientos que me asaltan en este I&rque.
La Cartuja de Pavía es indudablemente un prodigio de arte. La misma imaginación no puede soñar un monumento tan rico , tan primoroso , tan acabado, tan bello. Acaso, en cuanto á belleza, y considerando esta maravilla en conjunto , la superan otras obras de arquitectura, por ejemplo , nuestras catedrales de Se villa, do Burgos y de Toledo. Quizás y sin quizas, aquellos templos hablan mas alto á la imaginación , despiertan mas nobles y religiosos sentimientos, elevan mas el ánimo , son mas solemnes, y por decirlo asi , mas ideales. Pero la Cartuja de Pavía no debe considerarse bayo este punto de vista: en ella no hay que atender al espíritu, sino á la forma: su ideal no es la religión ; su ideal es el arte. Dicho se está, por consiguiente , que su estilo es del Renacimiento.
Para mi , el Renacimiento revela un gran fenómeno moral , social , político, religioso, cuyas causas no debo examinar ahora. — Baste decir el efecto que me producen sus creaciones mas peregrinas.— Yo creo que en la Edad Media, el arte se hallaba al servicio de la religión, y que desde el Renacimiento, la religión se puso al servicio del arte.— En las iglesias góticas y bizantioas, en las pinturas anteriores á Rafael , y hasta en la primera época de este soberano artista, la forma es lo secundario : lo principal es el sentimiento. Pintores y arquitectos trabajan por devoción; y la fé, el amor divino, inspiran todas sus obras: el mundo espiritual es su mundo; la hermosura del alma, su tipo de belleza; la glorificación de Dios , su afán y su deseo.— El Renacimiento (ya lo dice su nombre) es la vuelta del paganismo ; es la adoración de la forma humana ; es la exaltación de la belleza terrena ; es el arte por el arte ; es el culto de la materia ; es la verdad racional. — Los términos se han invertido. El fin se ha convertido en medio y el medio en único fin.— La religión es ya el asunto, el protesto, la oca* sion del arte ; como antes el arle había sido el auxiliar , el devoto , el sacerdote de la religión. — Giotto ó Perugino, por ejemplo , le decian á su paleta: «dáme colores con que pintar una Virgen.» — Ticiano y Miguel Angel le decian á la Pasión: «dáme asunto para pintar un cuadro.» — Y lo mismo aconteció con la arquitectura y la escultura.— Y lo mismo aconteció también con la poesía.
Pero todo esto seria demasiado largo de esponer y de probar, y la ocasión no se brinda á ello.
Diré , pues , únicamente que si la Cartuja de Paria , con ser un portento de
222 DE MADRID A ÑAPOLES.
arte , de gusto y de riqueza , no conmueve profundamente el ánimo f consiste en las razones prefijadas. — Su conjunto maravilla, pero no impone; admira, pero no persuade; recrea, pero no enamora.
Examinada detenidamente, ya es otra cosa. Como obra de transición (pues está muy lejos de ser puramente clasica ó pagana); como término medio entre el el gótico y el greco-romano; como hija del siglo XIV; como plateresca, en fin (que este es su verdadero carácter), la Cartuja de Pavía refleja todavía en sus detalles el espíritu místico de los siglos medios. Los bajo-relieves, las esculturas y los mosáicos que la revisten , reúnen muchas veces el primor artístico y el sentimiento cristiano. El aspecto general de la fachada , de las naves y hasta el de las capillas , ofrece todavía, gracias á la multitud y finura de sus adornos, algo de aquella sutileza , de aquella vaguedad , de aquel esplritualismo que escluyen completamente las líneas horizontales, los arcos perfectos, las recias columnas y el triangular frontispicio que hay encima de la puerta. La riqueza , en fin , la gracia, la asombrosa inventiva de tantos y tan renovados accidentes como decoran todas y cada una de las partes del edificio , hacen á este templo digno de su fama, y concluyen por acallar las severas exigencias de la mas rigorosa critica.
Después de este prefacio, que no sé si me perdonareis, voy á daros una breve idea de la iglesia y del monasterio , sin volver á meterme en semejantes honduras.
Viniendo de Pavía, por una carretera espaciosa, que va recta y llanamente á Milán , encuéntrase á la derecha , después de andar una legua ó poco menos, un camino de segundo orden , que lleva , por entre altos árboles , hasta un puente echado sobre un canal navegable.
Este canal (naviglio) pone en comunicación á Milán y Pavía. Al otro lado de él se pasa una verja de hierro y se llega á un vestíbulo de hermosa arquitectura , cuyo interior está pintado al fresco por fjtini, de quien , según mis noticias, tendremos ocasión de hablar mucho dentro de pocos días.— Lnini fue el discípulo mas aventajado de Leonardo de Vinci.
Despue9 del vestíbulo, encuéntrase un ancho palio ó compás, demás de cien metros de longitud, cerrado á derecha é izquierda por altos y regulares ediGcios (que son hospederías , almacenes y otras dependencias del monasterio), y en cuyo fondo se ve la fachada principal de la iglesia.
A. pesar de cuanto hemos dicho , ó sea antes de pensar en ello , no habrá nadie que no se detenga maravillado al descubrir aquella obra portentosa. — Su magnitud ; su noble regularidad ; el brillo del mármol blanco , dorado por los áiglos; las mágicas labores que bordan toda aquella gran masa; la armoniosa disposición de tantos accidentes ; las mil columnitas ; las altas galerías de calados arcos; las innumerables estatuas; la piedra de colores que da mas realce A lo esculpido en el segundo cuerpo ; la abundancia y proligidad de los adornos, de lo? bajo-relieyes, de los bustos, de los medallones; y sobre todo, el lujo, la suntuosidad, la magnificencia, que se combinan allí con el gusto mas refinado, hacen
DE MADRID A ÑAPOLES. 22.1 creer al caminante que lo que tiene ante los ojos es un precioso manto colgado de cielo, que le oculta regiones sobrenaturales ; ó un velo de gasa y oro, en que los ángeles , no los hombres , han bordado primorosos trasuntos de cuanto vieron en su patria, la Jer.usalem eterna.
Y si al caminante no se le ocurre nada de esto, por lo menos habrá de reconocer que, á pesar de la fama universal de la Cartuja, nunca se prometió encontrar en el seno de los campos , en tan solitario y monótono paraje , un tan singular prodigio; y que siquiera una vez, la realidad ha mejorado con mucho las ilusiones mas doradas de su mente.
Vista de cerca esta Tachada , causan verdadero asombro las mil obras maestras que constituyen su ornamentación. Hay detallos allí que gozan de una celebridad europea. Los bajo-relieves son tan preciosos , que algunos crueles amantes del arte no han podido resistir á la tentación de arrancar ora una cabecita, ora una mano casi imperceptible, ora un ángel que pudiera llevarse en un alfiler, lo cual ha dado origen á sérias reclamaciones cuando se ha sabido su paradero. — Estos bajo-relieves representan por lo general episodios de la vida de Juan Galeazzo Yisconti , fundador de la Cartuja , ó asuntos tomados de la historia de la órden de San Bruno.
Todo el mundo sabe que Juan Galeazzo Yisconti fue un duque de Milán, perteneciente á aquella (amilia de Atridas que por espacio de dos siglos presidió los deslinos del Milanesado. — Este tal contentóse , á lo que parece , con asesinar á un tio y á unos primos suyos, á fin de heredar el trono , y con enjendrar dos hijos, Juan María y Felipe María, que dejaron en mantillas en punto á crueldad á todos los Yisconti , sin esceptuar al renombrado Azon. Mas, por fortuna suya, (de Galeazzo hablamos), y por fortuna también de la humanidad y del arte, casó con una mujer piadosa , que logró infundir en su alma el temor de Dios y vivos remordimientos por tamaños crímenes, y ya en este estado, queriendo el usurpador y asesino desenojar al cielo, fundó nada menos que la catedral de Milán y la Cartuja de Pavía. Para esta última obra , dió el parque en que nos hallamos (el cual mide legua y media de circunferencia), disponiendo que se levantara al lado de la iglesia , dedicada á la Virgen de Gracia , un monasterio para veinte y cinco cartujos, asignándoles un millón de renta, á fin de que incesantemente perfeccionasen la maravilla que les dejaba á modio hacer.
Ahora bien , uno de los bajo-relieves que adornan el porche de la puerta principal , representa el acto do poner Visconti la primera piedra de tan insigne monumento, — cuya ceremonia se verificó el día 8 de setiembre de 1590, á presencia de toda la corte y vecindario de Milán, que habia acudido por una parte , mientras que por la otra habia venido una legación , comisionada al efecto por el Sumo Pontífice , compuesta do priores y visitadores de las principales cartujas de Italia.
Otro de los bajo-relieves representa la consagración de la nueva iglesia por un cardenal español, obispo de Murviedro, á presencia también de muchos obispos y caballeros. Entre estos últimos se ve al embajador de España en la
221 DE MADRID A ÑAPOLES.
oórte de Milán. De buena gana quisiera yo saber quién era este embajador. En el interior del arco de la portada se lee la siguiente dedicatoria :
MVI ' l TIRGI.M , MATRI , HU I:, 5PO.NS V ORI.
(A la Virgen María , Madre, Hija y Esposa t\e Dios.)
El interior del templo no puede describirse. — Yo no acierto a decidir qué es mas notable en él , si el gusto ó si la riqueza ; si los lineas generales ó la uma-
Calednl de Mitin.
mentación ; si el primor de los accidentes considerados en si , ó el armonioso aspecto de su conjunto. — Os diré, pues, fínicamente, a fin de que vuestra imaginación conozca siquiera el espacio que ha de poblar con sus mas bellas creaciones , que la iglesia tiene la forma de cruz latina y se divide en tres naves, además de las dos que forman los brazos de la cruz. Todas las bóvedas son azules con estrellas de oro. La arquitectura recuerda mucho el gótico, sin serlo precisamente. Dirlase que es un .gótico ilalinnizndo , mas amplio, mas regular, mas simétrico, mas sólido que el de España y el del Norte. En la base ó arranque «le aquella bóveda, que semeja un cielo, vénse grandes frascos del Borgognone, representando patriarcas, santos y profetas. Siete capillas, separadas de la nave central por verjas de bronce y hierro y que se comunican entre si , constituyen cada nave lateral. Cualquiera de estas capillas (tasaría en otra parle |»or un portento. Durante trescientas años, una dinastía de artistas (la familia Sacchi) lia
DE MAhKII» A NAI»OLKS. tt5 tenido vinculado el encargo de adornarlas , y son innumerables los mosaicos , las estatuas y los bajo-relieves de gran mérito que han acumulado allí una y otra generación. Añádase á esto una soberbia colección de cuadros del mismo Borgognone y del maestro del divino Rafael , deV sublime Perugino (estos cuadros del Perugino son copias : los originales han sido robados por los conquistadores ó vendidos por los religiosos en épocas de tribulación); revestid los altares de ricos mármoles , de enormes malaquitas , de pórfido , de alabastro oriental , de serpentina y de piedras aun mas preciosas ; imaginaos las verjas , de una riqueza
F.l Arco de la Par , en Milán.
y de un gusto artístico que esceden á toda ponderación ; salid á la nave central y ved los monumentales candelabros del célebre Fontana; las puertas de concha, nácar, marfil, plata y ébano; los magistrales vidrios de colores; la sillería del coro, riquísimo museo de escultura en madera; figuraos, en fin , la alta y elegante cúpula , en que Casolani di Sienna ha pintado al fresco el Apocalipsis, con una notable fuerza de fantasía y de colorido, y aun no tendréis idea de todo Jo que la paciencia , el saber, la devoción , el arte y la opulencia han reunido en aquella iglesia solitaria.
Réstame hablar, como de una de sus obras mas acabadas y sublimes, de la capilla mortuoria de Juan Galeazzo, situada en la nave trasversal de la derecha. —Los religiosas, agradecidos al fundador de tan suntuosa iglesia y rico monasterio, no han escaseado medio alguno de embellerer y realzar el mausoleo de
226 nfc Madrid a ñapóles.
Visconti. — Ciacuenta ó sesenta años emplearon varios insignes artistas en esculpir su sepulcro , que es una especie de retablo, del mas delicado estilo plateresco, en el que la piedra ha llegado , bajo el cinoel del genio , á conmoverse, á sentir, á palpitar, á idealizarse, á hablar de tal modo, que parece haber desaparecido la primitiva materia de aquella obra milagrosa, para convertirse en flores, angeles, marciales atributos y seres animados. Alli se ven dos grandes bajo-relieves , que representan escenas de la vida de Galeazzo; una hermosa estatua de La Virgen, coronando el altar, ó sea el segundo cuerpo del sepulcro ; y en la parte inferior, detrás de dos elegantes arcos , encuéntrase la urna cineraria , de noble y severo corte, sobre la cual yace la estatua del poderoso duque, custodiada por dos magníficos genios, que son , si no me engaño , la Fama y la Victoria.
i Y ved lo que son las cosas humanas!— Juan Galeazzo Visconti dispuso en su testamento que su corazón fuese trasladado á Vienne, en el Delfinado; que sus entrañas se sepultasen en la catedral de Santiago de Galicia, y que sus huesos fuesen conservados en la iglesia de la Cartuja , en el lugar donde se levanta el fúnebre monumento que he descrito. Ahora bien ; mientras este se construía, los religiosos depositaron en otra parte los restos de su protector ; mas hé aquí que una vez terminado el mausoleo , nadie pudo acordarse del sitio en que habían enterrado provisionalmente á Visconti. — La suntuosa urna deque hemos hablado, está por consiguiente vacia.
Es decir, que aquel hombre que habia erigido dos de los templos mas hermosos de la cristiandad ; aquel hombre que habia fundado un monasterio , ricamente dotado , para que fuese su perpetuo albacea y prosiguiese la obra de reconciliarle con Dios ; aquel hombre que murió convencido de que sus restos dormirían el sueño eterno en un magnifico sepulcro y á los pies de su abogada la Virgen Marta; aquel hombre, en fin, á cuyas cenizas hubieran tributado los cartujos, durante siglos y siglos, todo linaje de exequias y de honores, yace en ignorada sepultura, sin que una cruz preste sombra á sus despojos mortales, sin que una oración , una flor ni una lágrima haya purificado la olvidada tierra que tragó ansiosa al parricida , al asesino , al usurpador, al tirano. — Diríase que Dios no habia querido admitir al reprobo en su santa casa! Ni faltaría quien creyera, en aquellos tiempos supersticiosos , que el diablo so habia llevado el cuerpo de Visconti á los profundos infiernos , no contento ni pagado con tener allí su alma. — De cualquier manera, el lance es sumamente cómico, y yo me he reído mucho al saberlo de boca del sacristán, que acabó también por reírse. — La iglesia ha sido siempre democrática en sus relaciones con los reyes.
El monumento de Juan Galeazzo recibe luzde una alta ventana , en cuyos vidrios se ve pintado , por cierto magistralmente , un colosal retrato de San Gregorio el Grande. — ¿Qué hace allí ol austero y noble Pontífice, interpuesto entre el cielo y el mausoleo de Visconti? — ¿Es un mediador ó es un anatema? ¿Defiende al arrepentido, ó acusa al hipócrita que pretendió engañar al cielo? ¿Acepta la Cartuja, ó la rechaza? — ¡Quién lo salte!
Desde la iglesia he pasado al monasterio , que es vastísimo.
DE MADRID A ÑAPOLES. 227 El claustro grande, en torno del cual se encuentran las celdas de los religiosos, tiene 125 metros de largo por 102 de ancho. Su arquitectura es severa y magestuosa.
Pero al penetrar en aquellos sitios, yo no lie pensado ya en las arles, sino en los cartujos. Una honda paz, nunca sentida, se ha apoderado de mi espíritu. Reinaba un silencio perenne, sublime, deleitoso. La luz del sol se esparcía alborozada por tanta soledad. Unicamente las aves, que cruzaban el alto cielo y pasaban inadvertidamente sobre el patio , daban señal de la vida dej mundo y del mundo de la vida.
Todas las celdas estaban cerradas.
Eran veinte y cuatro , sin contar la del prior.
Algunas se encontraban vacias , ó sea habitadas por el cadáver del último cartujo que vivió en ellas.
En esto se abrió una, y apareció un monge.
Yo me estremecí involuntariamente, creyendo ver un resucitado.
—Es el padre Ludovico, rae dijo al oido el sacristán. Ya á la celda del prior.
Nosotros nos habiaraos parado. El religioso avanzaba con los ojos clavados en el suelo. Al pasar por delante de mí , bajó aun mas la cabeza y se levantó un poco la capucha.
Era un hombre alto, moreno, demacrado, bastante jóven... — Yo creo que no tendrja treinta años. — Llevaba afeitada la cabeza, y veslia un sayo blanco de laña , ceñido á la cintura con una correa negra. — Si yo hubiera visto sus ojos, podría deciros algo de su historia... Pero como no se los ví, ni aun adivinarla me es dado.
I>espues entramos en una celda vacía— Su último morador se murió hace dos
— ¿Era viejo? le preguntó al sacristán. — Tendría cuarenta años.
La celda , ó por mejor decir, la casa de cada cartujo , se compone de dos lusos y un pequeño jardin.
El piso bajo comprende una habitación con chimenea de campana, y uncuiartitopara leña.
El jardin de la celda que yo veia, habría tenido flores... Pero sus secas matas estaban ya por tierra.
En un rincón habia un pozo, cuyo ocioso acetre y reposadas aguas me llena- "» de melancolía.
No lejos se adivinaba el lugar de la sepultura , abierta mil veces por el monje que allí había vivido, y cerrada la última vez por sus compañeros. En el pigo ait0 naD¡a j0s aposentos , uno de ellos con chimenea. En jergón de paja que ví tendido en el suelo, habia servido mucho tiempo de cama al solitario.
r:,'
228 DE MADRID A ÑAPOLES.
Allí se acosló con sus pensamientos; allí se revolvió con sus dolores; allí soñó tal vez con su pasado.
Sobre una pobre mesa se veían un crucifijo, una calavera, un tosco recado de escribir y un rosario.
Completaban el ajuar una silla, una alhacena con algunos libros, una pila de agua bendita y una palmatoria.
En el otro aposento habia algunas tablas y un banco de carpintería con sus correspondientes herramienta?. — ( Y nada mas! — j Y aquello era.. . aquello babia sido toda una vida I*
Hé aquf ahora las noticias que me dió el sacristán acerca de los cartujos, refiriéndose sin duda ú algún libro; pues su relación fue tan rápida y acompasada que se conocía que hablaba de memoria.
— «Aquí no se sabe nunca nada de lo que pasa en el siglo. Los acontecimien" tos que mas ruido hacen en el mundo, son ignorados por los religiosos durante años y años , hasta que el prior cree conveniente revelarlos A la comunidad. — Los cartujos son á un mismo tiempo cenobitas y solitarios. Como cenobitas, van todos los dias á la iglesia á celebrar los Santos Misterios y cantar los Divinos Oficios. Los dias ordinarios se reúnen tres veces: una, á media noche, para cantar maitines; otra, por la mañana, durante la misa conventual y misas privadas ; y otra, por la tarde , á la hora de vísperas , que en los dias feriados van seguidas del oficio de difuntos. Los domingos y fiestas, comen reunidos en el refectorio, donde uno de ellos lee en alta voz, sin que sea permitido á los demás hablar una palabra. Una vez por semana dan juntos un ¡lasco de tres horas , y los dias de fiesta gozan de algún recreo, en que están prohibidos los juegos, la música y todo lo que sea contrario á una vida de oración y recogimiento.— Como solitarios , los cartujos pasan todo el tiempo restante metidos en su celda , en donde no pueden recibir á nadie sin licencia del prior, y de donde no salen sino para ir á la iglesia en las horas de oficios , ó al cuarto del superior cuando lo reclama algún asunto muy importante. — En cuanto al empleo que hacen de su soledad , consiste en rezar las horas que no se cantan en la iglesia , y un oficio particular á la Virgen; en estudiar la Sagrada Escritura, la Teología y los Santos Padres , y en hacer algún trabajo manual que sirva de distracción al espíritu y de ejercicio al cuerpo. — Estos trabajos son generalmente obras de carpintería , 6 el cultivo de su jardín. — Cada cual tiene en su celda un cuadro en que están marcados todos los deberes y ocupaciones que tiene que cumplir en cada hora del dia, según las estaciones. — Acuéstanse temprano, y después de cuatro horas de sueño , la campana les avisa que se levanten y recen en su celda los maitines del oficio de Alarla, y tres cuartos de hora después han de estar en la iglesia, donde se canta á media noche el oficio canonical. De vuelta en sus habitaciones , rezan aun hasta las tres de la mañana , que se acuestan para dormir otras dos ó tres horas. — Los cartujos ayunan ocho meses del año , y comen perpetuamente de vigilia. Durante el Adviento y la Cuaresma, asi como todos los viernes y muehos dias señalados, se abstienen hasta de lacticinios. Por ül-
DE MADRID A ÑAPOLES. ' 220
timo, les está prohibido el uso de ropa blanca, y duermen siempre vestidos, sobre un pobre jergón como el que acaba usted de ver.»
Esta relación , lejos de espantarme , me ha causado envidia , y he lamentado mi flaqueza de alma, que me impide abrazar una vida semejante. Su rigor no me asusta... Ni aquello es rigor. Yo he llevado en Africa una existencia mucho mas dura, mas incómoda, menos sana, mas llena de privaciones y peligros, y sin embargo no recuerdo haber vivido nunca mas feliz , mas alegre , mas descuidado, mas satisfecho.— El desprecio de la materia, la reducción de las necesidades , la vida natural, la certidumbre del porvenir, la contemplación solitaria, el olvido de toda vanidad , el coloquio perpetuo del hombre con su alma y de su alma con el infinito , son goces muy superiores á todos Ios> placeres que encierra la sociedad.
— ¿Y la mujer?— me diréis.
Es verdad. — Pero yo supongo que cuando os encerráis en una cartuja lleváis ya en la mente un océano de recuerdos. — La mujer pasó ya por vuestra vida, escribiendo muchos adorados nombres en vuestro ardiente corazón. — Y lo mejor de una mujer es su nombre y su memoria. — Para el que amó ya , para el que vió morir, ó casarse , ó envejecer, ó convertirse en lodo viviente las prendas de su alma, el retiro es un desposorio con lo pasado; es la vuelta á los primeros amores; es un matrimonio á la turca con todas las mujeres de su vida; es un valle de Josaphat, en que vuelve a ver todo lo que perdió; es una resurrección anticipada ; es la fidelidad de la muerte. — ¿Qué mejor casamiento?
— Pero ¿y los hijos?
Tenéis, razón .—La gloria, la honra, la magestad y la dicha de tener hijos deben comprarse al precio de la paz de la existencia , y hasta me atrevo á asegurar que se saldrá ganando.— ¡Tener hijos debe de ser un cielo! — KI que tiene hijos no envejece, no pierde el tiempo, no malversa la vida; no malgasta su alma.— Sus años van cayendo en una especie de caja de ahorros, que en cualquier momento puede presentarle reunido , efectivo , contante y sonante , todo el capital que antes se le convertía en sombras , en recuerdos , en olvidos ó en remordimientos. Y esta caja de ahorros son sus hijos.— «¿Qué he hecho yo de estos años? ¿Dónde está mi ayer? ¿Dónde está mi juvontud?» se pregunta un padre; y vuelve la cabeza , y ve reunidos en el hijo de sus entrañas , en otro él , en él mismo , en su propia sustancia , en la vida de su vida, todos aquellos años, toda aquella historia, toda aquella juventud que echa de menos. — ¡ Ay del que muere sin dejar fruto ni semilla! j Ay del que no vincula sus esperanzas! j Ay de los solterones !
¡Macbeht no tiene hijos! — ; Consuélate, pobre padre, que has perdido el tuyo! — ( Macbeht tiene mujer... y una mujer estéril !!
Quedamos , pues , en que ser cartujo es preferible á ser casado , y en que ser casado y tener hijos es preferible á ser cartujo. — La suprema desgracia , por conguiente, seria hacer el sacrificio de casarse, y dar con una mujer infecunda. — Esta desgracia es mucho mayor que la de tener hijos y perderlos. — En este íil-
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timo caso , yo creo que optaría por tenerlos y morirme. — Lo que nadie debe desear es no casarse y tenerlos. . . ; Esto menos que nada !— Pero hasta ahora no se me ha ocurrido el colmo del horror. . . — ¡ El colmo de! horror debe de ser el llegar a dudar de que nuestros hijos sean nuestros!!!— Vuelvo á creer que lo mejor es ser cartujo.
Con quo vamos al grano, que el sol se acerca al cénit, las caballos se impacientan en el camino, y yo quiero llegar á Milán de dia, según me aconsejó el señor cura.
Poco me resta quo contar.— Al volver a la iglesia , mostróme mi bondadoso guía uña silla del coro , y me dijo :
— En esa silla se sentó muchas veces Francisco I , durante los días que estuvo preso en esta Cartuja.
— j Ah ! j es verdad ! respondí yo. Se me habia olvidado pedirle á usted noticias acerca de aquellos acontecimientos.
— Al pasar por el claustro grande , ha podido usted ver el balcón del aposento en que vivió el rey de Francia. No le he llevado á usted a él, porque no se puede entrar sin licencia del prior.
— Dígame usted. ¿Y cómo fue que los españoles trajeron su prisionero á la Cartuja , en vez de llevarlo á la fortaleza de Pavía?
— Porque lo pidió él mismo, tomando á mengua el entrar preso en una ciudad que no habia podido rendir en año y medio. Yenia levemente herido; cubierto de sangre y rendido de cansancio ; pero resignado y hasta afable. Al entrar en esta iglesia , rodeado de su oórte , prisionera como él , los religiosos , que cantaban vísperas en el coro , indiferentes á lo ocurrido á las puertas mismas del monasterio, entonaban precisamente el psalmo 118, que dice: ttonum mthi qma hnmüiasti me, ut discam justificationes tuas.— (Es un bien para mí que me hayas humillado, para que aprenda á conocer tus juicios.)— Y es fama que el rey cayó de rodillas y unió su voz á la de los monjes , cantando en voz alta y con un fervor indecible aquellas palabras tan consoladoras y tan acordes con su situación.
A la verdad , yo no sé qu¿ es mas bello en esta escena : si la calma solemne con que los cartujos siguieron aquel dia los preceptos de su regla , sin prestar atención al estruendo de la batalla ni a la suerte de los imperios , ó la magnánima resignación del rey vencido que interpreta tan piadosamente su desgracia, y escribe luego á su madre aquellas palabras célebres:— Madame, tout est perdu, fors l'honneur.
Mientras yo pensaba asi , el sacristán me ha sacado de la iglesia para conducirme A este punto del parque, donde me ha dejado solo, después de decirme con la mayor finura:
—Le he traido a usted al lado de esta pobre casa , que se llama por mas señas la Bepentita, porque aquí fue precisamente donde el rey Francisco se vió obligado á rendirse. — Allí tiene usted el coche. — Felicidad y buen viaje.
Y aquí me tenéis hace dos horas procurando rehacer en mi imaginación el
DE MADRID A ÑAPOLES. 231
cuadro que presentaría este parque el viernes 24 de febrero de 1525.— Y veo luchar como en una justa , cuerpo á cuerpo y brazo a brazo , á tantos ilustres capitanes y valerosos príncipes vestidos de hierro , terciopelo y oro. . , — Veo al marqués de Pescara, caballero en su viejo y querido Mantuano , que perdió aquí la vida, sembrar el terror y la desolación al frente de los arcabuceros de Castilla.. . Veo á otro puñado de españoles arremeter contra la numerosa artillería francesa y apoderarse de los cañones , matar á los artilleros y desjarretar los caballos.. . Veo aparecer por la parte de Pavía las heróicas tropas que la guarnecen, capitaneadas por Leyva, que va moribundo en una silla de manos : la caballería francesa, que se ve atacada por la espalda , huye y atropella á los suizos ; estos se dispersan arrojando sus armas; y perdida la vergüenza, dice la historia, huyen también los franceses*. Veo en fin , al rey de Francia, haciendo prodigios de valor. Sus mas ilustres capitanes, Tremoville, Bonivet y La Pallissade, han muerto ya á manos de nuestros arcabuceros. El lucha todavía, y vence y mata con su lanza irresistible á enemigos tan poderosos como el marqués de Santangel. Pero todo es ya inútil... Sus alemanes están deshechos... Su gente de armas riega la tierra con su sangre... Solo le queda el recurso de la fuga, si no prefiere morir. — Asi lo comprende el bravo monarca , y poniendo espuelas á su caballo , se dirige hacia el Tesino , .
Al llegar á esta pagina de mi libro de memorias , no puedo resistir á la tentación de ceder la palabra a un testigo presencial de aquellos hechos, al soldado Juan de Oznayo , paje de lanza del marqués del Vasto , y mas adelante fraile de Santo Domingo. La relación de la batalla de Pavía , escrita por este soldado , se encontró en un códice de la Biblioteca del Escorial , y ha sido publicado en la colección de Documentos inéditos para la Historia de España. El mas elegante cronista no hubiera dado á sus descripciones el colorido , la frescura, la verdad, la vida que se encuentran en la tosca relación de Oznayo. — lié aquí como pinta la prisión del rey :
«Iba casi solo, cuando un arcabucero le mató el caballo, é yéndose á caer con él, llegó un hombre darmas de la compañía de don Ugo de Moneada, llamado Joanes, vizcaíno, ó viéndole tan señalado, va sobre él cuando el caballo caia, y poniéndole el estoque al costado , djjole que se rindiese. Y viéndose en peligro de muerte, dijo: «A vida, que yo soy el Rey.» Y el vizcaino lo entendió, ó diciéndole otra vez que se rindiese, dijo: «Yo me rindo al emperador.» Como esto dijo, vió el vizcaino luego allí á Cuenca, alférez de su compañía, que le tenían cercado de franceses , y en peligro , porque le querían quitar el estandarte , y el viicaino, como buen soldado, por honrar su bandera, sin tener acuerdo de pedir gage ó señal de rendido al Rey, le dijo: «Si vos sois el Rey de Francia, hacedme una merced,» y él le dijo que se la otorgaba: entonces el vizcaino alzó la vista del almete, y le mostró ser mellado, que le faltaban dos dientes de la parte de arriba, é le dijo: «En esto me conoceréis;» é dejándole en tierra, é la una pierna debajo del caballo, fué á socorrer á su alférez , é hízolo tan bien que con su
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llegada dejó el alférez de ir á manos de franceses; é luego volvió á donde había dejado al Rey, y estaba con él otro hombre de armas de Granada llamado Diego . de Avila, y como viese en tierra al Rey y con tales atavíos, fué á él que se le rindiese, y el Rey le dijo quién era, é que ya estaba rendido al emperador, y preguntándole si había dado gage , dijo que no , y Diego de Avila se lo pidió , y el Rey le dió el estoque que traia bien sangriento y una manopla : é apeándose Diego de Avila trabajaba de le sacar de debajo del caballo. Estando en esto llegó allí otro hombre de armas , gallego de nación , llamado Pita, el cual ayudó á levantar al rey, y le tomó la insignia de San Miguel que la traia al cuello en una cadena de oro. El rey le ofreció por ella 6,000 ducados; mas no los quiso, sino traerla al emperador. Estando ya el Rey en pie , acudimos allí algunos soldados é arcabuceros , los cuales , no conociéndole , quisieron matarle , no jdando crédito á los que le traían; y sin duda no le pudieran salvar la vida si no acudiera por allí Mosiur de la Mota, gran amigo de Borbon, que habia andado con él, y desmandándose hácia aquella parte, vió la contienda que allí tenian. Los que le querían matar alegaban lo qu¡j el Marqués había mandado, no creyendo ser el Rey. Como entendió Mosiur de la Mola que la contienda era por no haber quien le conociese , pidió que se le dejasen ver ; é llegado le conoció, é hincadas las rodillas le quiso besar las manos ; y el Rey le conoció , é haciéndole levantar le dijo que le rogaba que hiciese como siempre habia hecho. Viendo esto los soldados, se certificaron ser aquel el Rey , y quitándole Diego DaVila el almete por limpiarse el Roy el sudor, se ensangrentó el rostro con sangre que en la una mano traia, é pensaron algunos que estaba herido; pero no fue asi. Luego llegamos algunos soldados, é unos le tomaban los penachos é bandereta que en el yelmo traia, é otros le cortaron pedazos del sayo que traia sobre las armas, para memoria: cada uno como podía llevaba su pedazo, de suerte que en breve espacio no le dejaron mda del sayo. A todo esto siempre se mostró magnánimo, mostrando holgar de todo, y los soldados le daban materia para que riese , dicíéndole cosas donosas. En esto, el escuadrón de gente de armas, é los esgulzaros que con Mosiur de Lango (i) cuñado del Rey, habían rompido nuestra gente italiana, por poco que se quisieron detener á descansar é reposar del mucho trabajo y daño rescebido, como tan presto conocieron la perdición é desbarato de su gente é ejército , recogiendo la gente que hácia aquella parte huía, tomaron el camino de una buena villa, 18 millas de Pavía (2), donde muchos señores de los franceses tenian su recámara é estaba bien guardada. La otra gente comenzó á huir por diversas partes : algunos pudieron llegar á la puente que Guevara guardaba , ó recogidos • los mas que pudo, viendo ya venir la gente española que iba en el alcance, cortó la puente ó fuese con aquella gente en salvo , la via de Turin , y de allí padrón en Francia. Otros muchos que no pudieron tomar el camino de la puen-
(1) Era el Alenzon.
(2) Sandoval, hablándose esto mismo, dice que tomaron el ramino de Y¡g«>nven| que es «na buena Tilla , Í8 millas de Pavía .
DE MADRID A ÑAPOLES. 233
te, se lanzaron en el rio, é como venia grande, se ahogaron. Entre estos fué el escuadrón de los esguizaros é frontopinis(l), que salían de la batalla, y tomando la via del rio , no bastaban voces de españoles que tras ellos iban , prometiéndoles buena guerra é asegurándoles las vidas, porque no pereciese tanta multitud. Finalmente, con el gran temor que llevaban se lanzaron los mas en el rio, y to-
El Cnn diM]a4* de Toscjiu.
dos se ahogaron , que fueron mas de 6,000 hombres ; y otros temblando se venían á poner en manos de los españoles , asidos a los estribos , y asidos unos á otros. Asi venian con cada uno cuarenta ó cincuenta rendidos, é *con algunos mas de setenta , todos con Ligrimas pidiendo misericordia, que era compasión. Los españoles los aseguraban é prometían hacerlo bien con ellos, como cierto lo hicieron. A] esta 'sazón un buen soldado español de caballo, llamado Cristoval
(i) Sandor&l iJícp Frantopint*.
234 DE MADRID A ÑAPOLES.
Cortesía , se topó con el Príncipe de Navarra , é se procuraba poner en salvo : el español , saliéndole al encuentro , hobieron su batalla , é el Principe quedó rendido é preso prometiéndole 20,000 ducados por la vida. Alguna otra gente huyó la vía de Milán , de los cuales muchos fueron muertos por el villanaje que andaba en cuadrillas de toda la comarca , como lo han de costumbre de perseguir al vencido , y era cosa maravillosa que las propias mujeres de estos se habían juntado allí, é con la batalla andaban despojando los que caían.
» Andando las cosas desta manera , divulgóse la prisión del Rey de Francia entre los unos y los otros , lo cual fue causa que muchos caballeros franceses que estaban ya en salvo , ó se pudieran salvar , se volvieron voluntariamente 4 darse por prisioneros de españoles, prometiendo grandes rescates , diciendo que nunca Dios quisiese que ellos tornasen á Francia , quedando su Rey preso. Sabido por los señores do nuestro campo, todos caminaron á verle, y el primero que llegó fue el Marqués de Pescara que a la sazón venia de junto a Pavfa, con gran gente que consigo llevaba é con algunos que salieron de Pavía , había hecho huir los italianos que habían quedado sobre Pavía , y de ellos traía muchos presos. Sabieado , pues , dónde estaba el Rey de Francia , fué allá , y halló con él muchos soldados, y otros eran idos en seguimiento de la Vitoria. Estaba allí Musiur de la Mota, y viendo al Marqués, dejó al Rey, y dejándole con él, fué á buscar al Duque de Borbon, por traerle allí. El Marqués, hincadas las rodillas con gran acatamiento , pidió al Rey las manos , ó no se las quiso dar, ó se las puso sobre los hombros , é lo hizo levantar, mostrando holgarse mucho con él , é habló con buen semblante rogándole que mirase lo que con caballeros vencidos se debia , é que los prisioneros fuesen tratados con la piedad que siempre han tenido españoles, como la mejor gente del mundo. Al Marqués le vinieron las lagrimas de oír lo que el Rey decía, siendo tan gran señor, y por no le afligir, las disimuló diciendo: que su Magostad no tuviese pena, certificando que á los españoles les pesaba de las muertes pasadas , é quel haría todo buen tratamiento á los soldados presos, é los pornia eu libertad. El Rey mostró agradescimiento. Luego llegó allí el Yisorey de Nápoles , y haciendo el acatamiento quol Marqués , fue recibido del Rey con buen semblante, é á todos decía buenas palabras que movían a piedad. Llegó el Marques del Vasto con el mismo acatamiento, y el señor Alarcon. Viendo el Rey la persona del marqués del Vasto (1), tan señalado en gentileza entre todos , con buen semblante é risa le dijo: "Marqués , yo be deseado mucho veros ; pero no quisiera que se me cumpliera ansí , sino que yo pudiera haceros la honra que merece vuestra persona.» El Marqués le respondió con mucha gracia: «Señor, á Dios gracias por todo, que desta manera bien puedo yo decir que se me cumplió mejor á mí mi deseo , pues veo á vuestra Magostad en poder del Emperador mi Señor.» Lo uno y lo otro díó algún regocijo. A esta sazón vieron llegar allí cerca al Duque de Borbon (2), su esloque en la mano
0) Hijo del marqués «le Pescara.
(2) Príncipe francés, pariente y enemigo mortal de Francisco I.
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muy teñido de sangre francesa , é la camisa que sobre el sayo traia ; que bien mostraba no haber estado ocioso. Como el Rey le vió , preguntó quién era , é diciéndoselo, dió dos ó tres pasos atrás retirándose , casi poniéndose á las espaldas del de Pescara , con alguna turbación . Conociendo esto el Marqués , salió adelante basta donde estaba el Duque , ó con hermosa gracia le dijo que le diese el estoque. El Duque traia la vista del almete levantada, y dijo con gran alegría: «Yo soy contento, señor Marqués, de os dar mi estoque, pues tan justamente os deben hoy los nacidos las armas por vencedor;» y tendiendo la mano se le daba. El Marqués con mucho agradecimiento de la honra que le daba, le suplicó que poniendo el estoque en su lugar, se apease, ó con toda mansedumbre é acatamiento hablase al Rey, pues allende del deudo, le obligaba verle en su prisión. El Duque dijo que ansí lo haría: asi fué á ponerse de rodillas delante del Rey, é porfió que le diese las manos, ó no lo pudiendo acabar, con los ojos llenos de agua dijo: «Gran Sira (1); si mi parecer se hubiera tomado en algunas cosas , ni vuestra Magostad se viera en la presente necesidad , ni la sangre de la casa y nobleza de Francia , anduviera tan derramada y pisada por los campos de Italia.» El Rey con gran turbación de. rostro, alzando los ojos al cielo con un entrañable sospiro, respondió: «Paciencia, pues ventura falta.» Como el Marqués vió la pena que el Rey recibía , hizo á Borbon que se apartase un poco, y con palabras alegres dijo al Rey cuanto convenia á su autoridad no mostrar turbación , ni pensar que habia otra ventura sino la voluntad de Dios que habia permitido aquel revés , y que le debía dar gracias por le haber traído á poder del mas benigno príncipe del mundo. El Rey se lo agradeció, respondió (2) alegremente. Diéronle allí un chapeo del Yisorey. Asi armado en blanco, salvo las manos é la cabeza , subió en un cuártago sin espuelas , é mueven todos aquellos principes con él hacia Pavía, las banderas españolas tendidas, recogiendo alguna gente, porque mucha de ella iba siguiendo el alcance, 6 vinieron por mandado del Marqués por donde el Rey los pudiese ver, é muestran le el escuadrón de los tudescos que todavía estaban juntos; é pasando cabo los españoles, le hicieron una muy hermosa salva.
»Allí pasaron cosas de reir. Unos le decían : «Ea, señor : que en semejantes toques se muestra el valor de los príncipes.» Otros «que podia estar seguro que él seria mejor tratado en poder del Emperador, que lo fuera el Emperador en el suyo.» Otros «que pensase verse preso de la mejor gente del mundo , é que todo lo habia de dar por bien empleado.» El Rey se reia de todo esto, y preguntaba lo que querían decir, lo cual le declaraba Mosiur de la Mota que allí venia. En esto llegó á él un arcabucero español , llamado Roldan , y bien se le podia llamar por su esfuerzo : traia dos pelotas de plata é una de oro en la mano , y llegado á él le dijo : «Sepa vuestra Alteza que ayer, sabiendo que se daría (a batalla , hice seis pelotas de plata é una de oro para mi arcabuz ; las de plata para unos musiures,
(1) Sire.
(2) Tal vez : e respondió.
236 DE MADRID A ÑAPOLES.
y la de oro para vos : creo que empleé las cuatro sin otras muchas de plomo que tiré á gente común : no topé mas musiures , y por esto sobraron dos : la de oro véisla aquí , y agradecadme la voluntad de os dar la mas honrosa muerte que á príncipe se ha dado. Y pues codicia de oro os puso en este peligro, yo quisiera hartaros de una vez para toda vuestra vida ; mas pues Dios no quiero que os viese en la batalla, tomadla para ayuda de vuestro rescate, que ocho ducados que es una onza pesa.» El Rey tendió la mano y tomóla, y dijo que le agradecía el deseo que había tenido y mas el darle la pelota. Esto fue muy reido.
» Todavía se iban acercando á la cibdad , ó á la contina topaban caballeros franceses en poder de españoles , que ellos holgaban ser vistos de su Rey , y él los saludaba alegremente , dicíéndoles por gracia que pensasen de aprender la lengua española , y que pagasen bien los maestros , que haría mucho al caso; y siempre encomendaba a los señores que hiciesen que los que los llevaban los tratasen bien. De8ta manera llegaron cerca de Pavía, y viendo el Rey la puerta, detuvo
el cuartago con alguna turbación
(Hasta aquí el soldado de entonces: lo demás me lo ha contado el sacristán de ahora.)— Prosiguen mis apuntes.
Recordando todas estas cosas, espero á que mi reloj marque las doce;
salgo, del parque; despierto al cochero ; subo al cabriolé y seguimos adelante hacia Milán.
Hace calor. El último sol de octubre se despide de la tierra enviándole todo el fuego, todo el amor, toda la vida que aun pueden derramar sus rayos.
La naturaleza, próxima ya á la muerte, y presintiéndola quizas, está sumergida en una somnolencia estática , semejante á la felicidad melancólica que esperimcnta una hermosa y enamorada tísica el último dia que se levanta... ¡el último dia que ve la luz y el cielo, sentada cerca de un balcón , en frente de un janlin que principia á perder sus hojas!...
Duerme sosegado el aire... Zumlian aun algunos insectos sobre las flores postrimeras del otoño... Los pájaros se disponen a abandonar los árboles en que han pasado tantos meses de amor y de ventura... El agua devuelve al cielo su plácida sonrisa... — El cochero, poseído, como toda la creación, del misterioso encanto de esta hora, ha vuelto á dormirse sobre el pescante... — Los mismos caballos trotan jubilosa y acompasadamente , sin que nadie los ostigue , cual si fuese en ellos voluntario, y hasta les causase cierto placer, el recorrer estos campos en un dia como el de hoy... — ¡ Inolvidables momentos!
La llanura se pierde de vista por todos lados , sin que se descubra en ella alma viviente; ni un pastor, ni un viajero, ni un campesino... [Nadie! — T como el cochero duerme , y los caballos parecen dos máquinas , y hay tanta quietud en cielo y tierra, y todo se diria sumergido en un parasismo magnético , mi soledad es absoluta , mi aislamiento completo ; mi constante meditación , la única conciencia de la vida universal.
A veces creo que viajo por el aire. El coche , los caballos y el cochero par*-
DE MADRID A ÑAPOLES. 23? eeu hechos de una sola pieza de materia inerte , impelida por un poder fantástico.
El camino sigue leguas y leguas entre dos solitarias filas de arboles...
Paralelamente con él , dilátase á la izquierda el canal de que ya hemos hablado, cuyas aguas ponen en comunicación al Pó y á Pavía, con Milán y con los lagos Mayor y de Como.
Esa era la antigua grande arteria del comercio lombardo.
Allá, muy lejos, descubro los Alpes, mudos testigos, vigilantes eternos, que nunca dejan de ver, por mucho que se aparte de ellos, al que recorre los estensos territorios de la Alta Italia.
Pero ¿qué otra montaña es aquella que distingo á seis ó siete leguas de distancia , sola en mitad de la llanura , y en cuya masa cuadrada reverbera á veces la luz del sol como en un colosal espejo?
Yo no os perdonaría que no hubieseis leido la mejor novela que ha visto la luz pública después de nuestro Quijote. Yo quiero creer que todos conocéis la obra inmortal de Manzoni , Y Prombsi Sposi , á cuyo lado palidecen las mágicas resurrecciones de Walter-Scott , y dejan de ser tan singulares y milagrosos los estudios de Balzac.
Pues si habéis leido eso libro, recordareis que el pobre Renzo, el noble y sencillo amante de Lucia , el héroe por fuerza de aquella célebre asonada , que se deja muy atrás la descrita por Victor-Hugo en Notre Dame de Parte, hizo un viaje de Monza á Milán, en donde nunca había estado ni conocía á nadie; y que al llegar á cierto punto de esta misma llanura , aunque por otro lado de ella, vio á lo lejos queüa gran macchina del duorno , que se elevaba sola sobre el llano, como si en vez de surgir de en medio de una ciudad , se levantase en un desierto ; y recordareis también que el jó ven campesino , olvidando todas sus penas , se empinó sobre la punía de los pies... (¡oh Manzoni!) para ver mejor, aunque á tal distancia, aquella octava maravilla de que tanto habia oido hablar desde muchacho!
Y bien : lo que yo veo ahora es lo mismo que vio Renzo hace doscientos cincuenta años; ¡la gran macchina del duomo; la catedral de Milán!
También yo he oido hablar de ella desde niño : también la vi en mis primeros años en aquellas ca t aliñe las que hoy se llaman cosmoramas : también me he puesto de pie en el coche , como si de este modo hubiera de ver mejor lo que pasa en este país por octava maravilla, como entre nosotros el Escorial ; también me asombra á mi aquel enorme edificio , que brota de la llanura como se destaca una isla sobre la superficie del Océano. — El resto de la ciudad no se descubre todavía.
A mitad de camino pasamos por Binasco, donde el cochero despierta y cambia de caballos, en tanto que yo veo el antiguo castillo , restaurado últimamente, en que Felipe María Visconti dio tormento y decapitó á su mujer, la bella y virtuosa Beatrice di Tenda , por celos infundados , ó por ferocidad natural de aquel bijo y nieto de asesinos.
Y no digo mas acerca de este asuuto ; pues supongo que lo habéis sentido y llorado con toda el alma al dulce son de las melodías de Bellini.
i Solo os advertiré (pues esto no consta en la ópera) que ai Felipe María Visconti mató á su mujer, su hermano, Juan María Visoonti, mató a su madre!!.. .
¿Qué os parecen los hijos de Galeazzo , del fundador de la catedral de Milán y de la Cartuja de Pavía?
Estamos en marcha. . .
El cochero canta para no dormirse ; y canta una balada tirolesa , tan expresiva y tierna como toda la música de montaña.
Estos caballos son mas bulliciosos que los del tiro anterior.
En el camino se empieza á ver alguna gente. Por una parte nos alcanza el correo de Pavía: por la otra se cruzan con nosotros varias sillas de posta. — Todo ha cambiado en el viaje.
Ya no es solamente ü Duomo lo que se descubre de Milán , sino una multitud de torres, cúpulas y campanarios...
Un vientecillo fresco y aromoso menea mansamente los altos arboles que se cruzan á veces sobre la carretera.
Del canal que siempre nos acompaña, se desprenden mil ramales que esparcen el riego por toda la llanura.. .
Démos un adiós á la soledad y á la tristeza.
Ya principian las casas de campo ó sea las avanzadas de Milán.. . — El suelo es cada vez mas fértil. — Los olivares y los bosques de morales y moreras se pierden de vista por todos lados. — La capital, que se veia desde tan lejos, no se distingue ahora que la tenemos tan cerca. . . pero en cambio se oye su vago y remitente murmullo.
Estas casas y estos huertos que vemos á los lados del camino , constituyen ya un barrio de Milán. — Hé aquí la muralla... Hó aquí la puerta... (Porto Tkinese.) — Pasamos la verja de hierro que sirve de entrada; — luego bajo un arco de triunfo, sustentado por cuatro columnas de granito;— después sobre un gran canal...
Esto es hecho : estoy en la capital de la Lomhardia. Son las cuatro de la larde.
II.
l'n pasco por, las cultos de Milnn. — Estética recreativa. — Primera visitan la catedral.— Guillermo Tell en el Teatro Ar ta Sr«/o.— Recuerdos históricos.
—¿A. qué hotel vamos , señor? me pregunta el cochero, parándose en la encrucijada de tres calles.
— Al que esté mas cerca de la catedral , con tal de que sea bueno.
— Entonces iremos al Hotel de la Ville , que se Italia situado á pocos pasos del Pnnmo y en la mejor (alie de Milán : en el corso Francesco
DE MADRID A ÑAPOLES. 239 — Vamos andando ; pero no muy deprisa. El coche toma por la calle de en medio.
El primer aspecto de Milán , al menos por este lado, recuerda en cierto modo á Sevilla.— Las casas son grandes , y entre una y otra se ven á veces magníficos jardines. Las calles, limpias, bien empedradas, pero estrechas y torcidas, busoan indecisamente un centro. La ciudad es completamente llana. Hermosas tiendas de comercio alternan con los amplios y vacíos portales de los palacios. A veces asoman corpulentos árboles por encima de las tapias de los huertos, y prestan sombra, olor y frescura á la calle contigua. El ornato y color de las fachadas son por lo general alegres y graciosos. No hay , en Qn , rincón ni espíanada , calle ni plazuela, donde no se encuentren abundantes puestos de flores.
Pasamos sobre otro canal que marca ei recinto de la ciudad antigua.
Aquí ya el movimiento y la vida de la población son estraordinarios. Miles de carruajes, muchos de ellos elegantísimos, discurren en todas direcciones. La gente comm'il faut se dirige á paseo en carretelas descubiertas , en lindas victorias, en americanas y en oü*os vehículos á la moda. Los coches de alquiler conducen á la clase media y á los hombres de negocios. Los ómnibus llevan de una parte a otra falanges enteras de ciudadanos de todas clases.
Desde luego llama mi atención la singular hermosura de los milaneses de ambos sexos.
Yo he oido tachar á estas bellezas, sobre todo á las femeninas, de demasiado fuertes, de muy huesudas y pesadas, y reconozco que algo liabrá de cierto en esto cuando se las contemple de cerca. Pero vistas asi , á distancia , las hijas de Milán son lo que se llama en nuestra tierra muy buenas mozas.
Su noble estatura; sus amplias proporciones; su altiva cabeza ; su despejado y tranquilo rostro, blanco, lleno y descolorido, en que se destacan briosamente las dobles trenzas de su pelo, negras y relucientes como sus ojos; su misma quietud , su misma pesantes marmórea, les dan un aire grandioso, monumental, estatuario, que si carece de la esquisita insinuación de la gracia, inspira en cambio un sentimiento muy parecido al culto , y no sé qué temeraria ambición, semejante á la que nos hace desear subir a la escelsa cumbre de los montes.
Porque no hay que olvidarlo: la mujer es la musa, la inspiradora , el modelo ideal de todas las artes , como el hombre es la suma y clave de todas las ciencias.—Ya digimos que en el entendimiento del hombre está condensada y oculta, inesplorada y latente la sabiduría infinita: pues asimismo, en la belleza de la mujer reside la pauta misteriosa , la ley estética de todo lo que es y puede ser hermoso en la madre naturaleza y en las imaginaciones del hombre. — Hay, por consiguiente, mujer-poesía, mujer-pintura, mujer-escultura, mujer-arquitectura y mujer música. — Y liasta hay mujer-oBcio, mujer-industria y mujer-comercio 1— Pero estas últimas son aberraciones monstruosas, como las culti-latirú-parlas, las amazonas, las vestales y las feas.
En cuanto á las primeras que he citado , y permitidme la digresión, en cuanto á los cinco tipos eternos de las artes , ya comprendereis que no deben confun-
**> . 1>K MAOHIÜ A ÑAPOLES.
ilirse entre sí.— Las cinco pueden ser bellas , y no parecerse en nada la una á la otra. Digo mas: algunas de ellas pueden no ser hermosas , é inspirar, sin embargo, vehementísimas pasiones.
La mujer-música, por ejemplo, puede llegar á ser una divinidad, aunque
l'l-ua SabviM rn l'ailua.
esté desposeída de hermosura fisioa; aunque tenga las facciones irregulares; con tal que no sea antipática al estómago, a la conciencia ni á los sentidos. (Y no llamo mujer-música á la mujer que canta , sino á aquella que produce en nuestra imaginación los mismos efectos que el canto, y que por consiguiente lo inspira.) La mujer-música, para ser un prodigio, solo necesita que su alma se filtre al través de su cuerpo; que sus ajos besen; que sus manos hablen entre las vuestras; que
iJfc MAÜltllJ A ÑAPOLES. -¿U
al tiempo de andar, las leves ondulaciones de su talle revelen la esquisita naturaleza de sus mas recónditos pensamientos ; que sus ademanes , su voz , sus actitudes, sus gustos, sus instintos, sus aficiones de todo género den por resultado un conjunto armónico de elegancia, de delicadeza, de gracia, de refinada sensibilidad , de no sé qué espiritualismo voluptuoso que parezca el celaje intermedio que separa ó reúne los cuerpos y las almas.
La mujer-poesía no tiene tampoco precisión de ser hermosa. Basta con que recuerde y represente algo que sea bello. La fealdad y la belleza no son antitéticas. Fea es una tempestad ; fea es una tigre ; feos son los verdugos del San Bartolomé de Rivera; y sin embargo, todo esto es muy bello. Yo temo, pues, por mujer-poesía á aquella que corresponde á un sentimiento poético: v. g. la de anticuada figura, que se diría sacada de una hornacina gótica ; la tétrica y sombría, que parece una lady Macbelh; una tísica en segundo grado, cuyos ojos reflejan ya la eternidad ; una campesina fresca y arrebolada como un albarícoque criado al sol ; una gitana de color de cobre , flexible como las mimbres con que fabrican celtas, que recuerda la vida nómada de Asia y África; una americana dura , feroz , de aplanada cabeza , torva mirada , amenazante boca y desenvueltos hombros , que traiga á la imaginación las historias primitivas, las trajedias salvajes y los amores de las fieras, y otras muchas mujeres j>or el mismo estilo, cuyo principal encanto ha de ser siempre el misterio.
La mujer-pintura es aquella en que adoramos la suavidad de su tez , las penumbras de su garganta , las medias tintas de sus ojeras , el carmín de sus frescos labios, el amoroso vapor en que nadan sus menudos dientes, la sombra de los parpados sobre las mejillas, la placida lumbre de los ojos, el apacible tono de la carne, los suaves hoyos de la risa, el lánguido ondear del pelo, los dintornos del talle, puestos de relieve por los siete colores de la luz , y sus puros contornos, dibujados por los tres lápices de las tinieblas; la tersura , la diafanidad , el calor, la blandura, el perfume, la mirada, la sonrisa, la graciosa regularidad de las facciones... pero no el alma y la gracia como en la mujer-música ; no la originalidad y el misterio como en la mujer-poesía ; no todavía el dibujo, ni las proporciones, ni la economía genoral , como en la mujer-escultura, de que hablaremos después. — La mujer-pintura os la que generalmente se llama una mujer bonita.
Mujer-arquitectura os la que no puede considerarse sino en determinadas circunstancias , en cierta hora , en tal ó cual sitio, rodeada de tales ó cuales atributos. Como este arte es complejo, y por decirlo asi, compuesto, la mujer que lo simboliza se representa siempre combinada con otras muchas cosas que no son ella. La mujer-arquitectura ha de estar, por lo tanto , peinada de este ó aquel modo , vestida de una manera dada , de pie sobro un trono , recostada en una barca á la luz de la luna, leyendo debajo de los árboles , bailando , corriendo la posta, galopando en un brioso trotón , asomada á una ventana, etc. , etc. Para esta mujer se inventaron los miriñaques, los vestidos de cola, las diademas, los revoques y afeites , los velos , los carruajes de doble suspensión , los palcos de los
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teatros , las plumas y las joyas , y los lacayos elegantes.— En resumen : estas mujeres solo son bellas dentro de su posición accidental.
Viniendo ahora á la mujer-escultura, que es la que estamos viendo, os diré que es aquella de correctas formas, justas proporciones, clásicas líneas y equilibrados miembros, que, con espresion ó sin ella, insulsa ó agraciada, ingeniosa ó estúpida , simpática ó repulsiva, despierta en nuestro corazón aquel amor innato á la belleza humana , que tantas veces se convirtió en idolatría , y una instintiva adoración al inmutable tipo de la forma, ideal artístico de los griegos; — Elena inmortal , tan infiel como querida, tan hermosa como ingrata.
Decíamos , pues , que las milanesas parecen nobilísimas esculturas.
En cuanto á los milaneses... que los analicen las escritoras.
Yo repetiré solamente que son también muy buenos mozos.
Milán es hoy un pueblo alegre, ruidoso, voceador, entusiasta.
Y digo hoy , porque ayer no era lo mismo.
Ayer gemía bajo la dominación austríaca, y los viajeros que iban estos últimos años de Milán al Piamonte, nos hablaban de la tristeza, del marasmo, del lúgubre silencio que reinaban en toda la Lombardía, como hoy se habla en la Lombardía de la tétrica desesperación y amargo desaliento en que yace la misera Yenecia.
Figuraos, pues, el jubito, el vértigo, el ansia de vida y de placer que agitarán á Milán , después de tantos anos de servidumbre. — La bandera tricolor italiana ondea, no solo en los edificios públicos, sino en muchas casas particulares. Las esquinas se hallan totalmente cubiertas de anuncios de libros, de espectáculos y de ceremonias referentes á la resurrección de la Lombardía , á su independencia, ásu libertad. Los retratos de Garibaldi, Víctor Manuel, Napoleón y Cavour se encuentran en todas partes. La Milicia Nacional (de rigoroso uniforme) recorre calles y plazas , respirando á grandes tragos el aire de la libertad, y midiendo con marciales pasos el alborozado suelo de la nueva Italia. Los organillos tocan , entre otros, aquel vehemente himno, cuya letra dice :
¡ üue muera Racfetzky ! . . .
himno prohibido durante once años , bajo pena de la vida ; ó aquel otro , compuesto el año pasado, cuyas primeras palabras son , si mal no recítenlo :
Ewíva l'llalia A NapolooiiP...
Los últimos resplandores del sol , hiriendo horizontalmente las lachadas de algunas, casas, reverberando en las vidrieras de los balcones y haciendo bullir como un dorado humo el polvo de las calles, presta su alborozada luz á la gozosa muchedumbre.
La lengua italiana deja sentir sus melódicos acentos en gritos y cánticos, en los pregones de los vendedores y en los fugaces diálogo*? de los transeúntes...
Al doblar una esquina, leo en un cartel : Teatro he la Scala... Ogyi mercoledi. . . di T1.1.RRM0 Teia. . .
DE MADRID A ÑAPOLES, 243 j Oh fortnna! ¡Esta noche se canta Guillermo Telf... la obra maestra de Ro-
sini ! ¡Y en el Teatro de la Scalaü — No faltare , A fé mia.
Asi andamos todavía un cuarto de hora. — Kl cochero se ve muy apurado
para abrir camino al cabriolé entre tantos carruajes como se cruzan en todas di-
Al fin desembocamos en una plaza irregular... Levanto la vista... Y ¿qué es
lo que
veo
— ¡ Para ! ¡ Para ! le grito al conductor.
Este detiene los caballos , y señalando á lo que tanto me había sorprendido, ilu-e quitándose el sombrero: — I Ecco il fíuomo !
Kl aviso llega tarde.— Yo he adivinado, yo he senti.lo, yo he reconocido ya" ¡i la Catedral, — ¿Qué otra cosa puede ser esta montaña de mármol que se eleva »?n medio de la plaza?
Pocos edificios, acaso ninguno, producirá en el animo del que lo mira por primera vez , una admiración tan súbita, tan espontánea, tan decidida como la Baladra] de Milán. — Aun para el hombre mas rudo, mas lego en artes, mas inmd¡ fe rente y frió, verla y entusiasmarse serán una misma cosa. — Y es que hay en este monumento (aparte do su mérito artístico, y quizás sobre él), no sé qué hermosura física, material , esterna... al alcance del gusto mas vulgar.
Semejante circunstancia , tratándose de obras de arte , no es una recomendación, sino, por el contrario, es casi siempre nn síntoma funesto. — El vulgo se complace mas de lo raro quede lo bello, de lo abigarrado que de lo puro, de lo difícil y laborioso que de lo noble y sencillo. La plebe , que se detiene estasiada delante del churrigueresco trasparente de la Catedral de Toledo, del enorme Safe Cristóbal pintado en sus muros, de la fachada del Hospicio de Madrid , de los Santos Je ¡Votara y de otras aberraciones por el mismo estilo, pasarla indiferente por delante del Parthenon ; ve sin asombro el Jacob de Rivera , y no encuentra bello, sino grotesco y ridiculo, un bajo-relieve del siglo XII. — Sin embargo , hay creaciones privilegiadas , que son á un misino tiempo sublimes y poblares, y cuya hermosura afecta de igual manora al perito que al profano. — Tales son, por ejemplo, el palacio árabe de Granada ,-cl San Antonio de Morillo 1 el grupo de ÍJiormufe.—Y tales son, en otro orden de ideas, el Quijote, Napoleón el grande y el Barbero de Sevilla.
Pues esto precisamente acontece con la catedral de Milán. Y vais a comprenderlo.
La catedral de Milán es el mayor edificio de mármol blanco que hoy existe. >' está construida en estilo gótico.— El gótico, que da un aire místico, ascético, solemne y pavoroso, á pesar de su ligereza, á la piedra amarilla ó parda , renegrida pop el tiempo, en queso emplea comunmente, es risueño, gozoso, angefoil, triunfante, cuando labra el marmol blanco.— Por otra parte, el gótico (como ya lo hemos indicado una vez) modificó sus líneas al pasar los Alpes; se dilató, por decirlo asi, al ardiente sol de Italia; rellejó algo de lasarles paganas
JU DE MADRID A ÑAPOLES.
<|ue le salieron aquí al encuentro; y ensanchó sus ojivas, aclaró sus naves, perfiló mas cuidadosamente sus columnas , y albergó en sus capillas y contuvo en su3 bóvedas el luminoso y perfumado ambiente del Mediodía.— Semejante trasformacion (que yo no celebro; pues despojó al estilo gótico de lo mas esencial de su carácter) dió lugar a una arquitectura de transición, decadente, desvirtuada, híbrida en ocasiones (las ventanas y las puertas de la fachada del Dttomo son greco-romanas); pero arquitectura reveladora, espresiva, acomodada al tiempo y al lugar en que se produjo , y no exenta de gracia , de sublimidad y de poesía.
Ahora bien: la catedral de Milán, blanca como una paloma; vaga y aérea como todos los edificios góticos ; alegre y brillante como un templo gentil ; bañada en la fulgente luz del cielo italiano; bordada, como un velo de encaje , de vistosos casetones cuajados de estatuas ; de elegantes doseletes , de preciosas molduras y de finas archivoltas ; coronada de cien esbeltas agujas , que se levantan al cielo como atrevidos cipreses ; poblada toda de esculturas , que se escalonan desde la base de las pilastras hasta su altísimo remate , y que parecen representar las gerarquias celestes; esta catedral, decía, mas hermosa como ídolo que perfecta como símbolo , produce en todos los ánimos una grata y dulce emoción, un sentimiento blando y cariñoso, una respetuosa confianza, semejante a la que inspira el amor materno ; una devoción concreta, determinada, local; no sé qué halagüeña simpatía , en fin , que se dirige a la voluntad por medio de los sentidos.
Y esto se esplica sin esfuerzo alguno. — Los italianos, que (como muchos españoles) ponen mas fe en la Virgen que en Dios, hasta el estremo de haber algunos que jamás piensan en Dios y siempre tienen en sus labios el nombre de la Madonna; los italianos, que no han dejado nunca de ser un poco gentiles, y sienten y comprenden mejor en la religión cristiana todo lo que es hermosura, triunfo y esperanza, que lo que es rigor, penitencia, trabajo, miedo y sufrimiento: los italianos, que por naturaleza y por tradición se complacen en adorar •M)mo bueno lo que es bello; en confundir en un mismo culto á la mas hermosa y á la mas pura de todas las mujeres; en referir el ideal de la virtud al ideal de la forma artística... no revisten sus afectos religiosos de aquella austeridad, de aquella misantropía , de aquella fúnebre compunción que hace amables á otras almas entristecidas todos los tormentas del Calvario; que las lleva á pedir á Jesucristo parte en sus dolores , y que acaba por presentarles el mundo como una larga Calle de la Amargura. Sus iglesias, por consiguiente , no son tampoco tris - les y luctuosas como aquellas que todos conocemos y que yo tanto amo, en que el espíritu fatigado de las vanidades y alegrías mundanas encuentra no sé qué santo terror, no sé qué paz mortuoria ; tiniebtas y soledad en las capillas ; luz profética, reflejo de otro mundo, en las mortecinas lamparas; dolor mayor que el nuestro en las imágenes del Crucificado que vemos en los altares ; santidad y sosiego en todas partes... — La religiosidad y los templas de los italianos son, como la catedral de Milán, festivos, gozosos, entusiastas, idolátricos, semi- ^entiles.
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DE MADRID A ÑAPOLES. 24:.
Marle Nascenu (á la Natividad de María) está dedicado il Duomo. — Y su riente aspecto , su blancura, su esplendidez, justifican la advocación. — El eslilu gótico ha perdido aqui su solemne tristeza. El sentimiento germánico se ha trocado en pasión latina. El sol de Italia lia desvanecido las eternas nieblas del Norte. La piedad se ha convertido en amor: el misterio en júbilo: la oración er himno. — La catedral de Milán es , por tanto , la casa de la Virgen : es un templo levantado en su honor: es la Virgen misma:— domus áurea.
Pensando estas cosas y otras muchas he permanecido en la catedral mas de inedia hora, sin atreverme á pararme en pormenores, de miedo de pasar en ella el resto del día , y sin resolverme á ir en busca del Hotel de la Ville y dar por terminado mi viaje.
Al fin decido esto último, con gran contentamiento del cochero; pero no sin prometer al Duomo volver antes de una hora.
Entro, pues, en el Corso Francesco, que principia en la misma plaza de la Catedral.
Llámase Corso ou este pais toda calle que , arrancando del centro de una ciudad , llega hasta sus afueras. Las calles secundarias llevan el nombre de contraríe, y las de circunvalación el de strade.
El Corso Francesco es la arteria principal de Milán, y se dilata con los nombres de Corso y de Borgo (barrio) di Porta Oriéntale. — Es ancho y vistoso, aunque no recto , y sirve de punto de exhibición á la alta sociedad lombarda, que se pasa la tarde andándole y desandándole in carrozza , y departiendo amigablemente con los que pasean á pie por las aceras.
El Hotel de la Ville, donde ya me encuentro, es inmenso, destartalado, pero magnifico y lujoso.
El balcón de mi cuarto da sobre el Corso , frente por frente de San Carlos Borroneo, enorme iglesia mal proporcionada; remetió servil, pero infortunado, como tantos otros, del Panlheon de Agripa; redonda por consiguiente, coronada de una cúpula chata , y precedida de un exagerado pórtico de colosales columna* corintias de granito, en que se apoyan algunas casas viejas , acabando de afearle y escarnecerle.
En cambio, la vista del Corso, lleno de suntuosas tiendas, y cuajado de elegantes coches y de una copiosa multitud, es muy bella y animada en este instante. —Dicho se está, sin embargo, que damas y caballeros, tiendas y carruajes, edificios y cocheros, están adornados al estilo de París.
Desde el hotel me vuelvo á la catedral ; pero al llegar á la plaza que lleva m nombre, reparo en otro gigantesco edificio, en que hace poco no lijé la atención, preocupado como estaba con la Tachada del Duomo.
— ¿Qué palacio es aquel? pregunto á una viejecita que vende estampas, medallas y relicarios alusivos á San Cárlos Borromeo, sentada delante de una mesilla, á las puertas de la catedral.
— El Palacio de la Corle, me responde la interrogada , — no sin aconnejarrnp que le compre algo , como memoria de mi visita al finomo
•2t« DE MADIUD A ÑAPOLES.
Yo lomo ol consejo; jiero dejo para mañana la visita ; pues no es cosa de ver de prisa y coa poca luz aquello que se ha estado deseando durante uu cuarto de siglo.
Dirljomo , por lo tanto , al Palacio , adivinando que en él tiabrá inucbo menos que estudiar.
El sol acaba de ponerse.
Yo no tengo noticia de este palacio , aunque sospechaba su oxistencia.— Aténgome, pues, a las noticias que rao da el conserje quo me lo ensena y á mis propias observaciones.
Iloy no lo habita nadie ; pero está amueblado y dispuesto para recibir a Víctor Manuel , que pasara aquí ol Carnaval.
El edificio no es notable como obra de arquitectura , á no sor por su magnitud.— Según el conserje , fue odilicado á principios del siglo XIV por Azon Visconti, y contuvo muchos frescos de (¡inflo. Después vino en ruinas y quedó deshabitado, hasta fines del siglo último, en que se reconstruyó casi totalmente. — Los Visconti , los Sforza y los gobernadores españoles y franceses han vivido entre tanto en ol Caslello, situado a la otra parte de la ciudad , y convertido hoy en cuartel y ciudadela.
Por consiguiente , la gran importancia histórica del palacio en que nos hallamos consiste en haber sido residencia de los vireyes y gobernadores generales austríacos , cuando Milán era capital del reino Lombardo-Véneto , ó sea hasta hace quince meses. — Este era, pues, el centro del odio de los italianos al Austria. — De aquí partían las medidas de rigor, los decretos tiránicos, las prisiones arbitrarias , las scutencias de muerte ; y hácia aquí se dirigían las maldiciones, los juramentos do venganza , las conspiraciones continuas, las cancionas patrióticas, los alborotos do las teatros, los conatos de regicidio.
Tieno este edificio otro aspecto interesante , y es el que se refiere á Napoleón I. — El moderno César se hizo coronar aquí rey de Italia. El gran Salón de las Cariátides , que es precioso , se halla adornado con la Ajwteosis del vencedor de Marengo, pintada al fresco por Appiani. Ronaparte está representado bajo la figura de Júpiter, apoyado en el Aguila. En otro salón se ven dos admirables bustos del insigne conquistador, esculpidos por Canora , por el inmortal Cánova, por el último descendiente de Fidias!— Estos dos bustos y ol célebre grabado de Cafamafa, copia monumental de la mascarilla modelada sobre la faz exánimo del prisionero de Santa Eleua , son los" mejores y mas vivos trasuntos que lian quedado de la hermosa , clásica y sublime cabeza del capitán del siglo. — De los dos bustos do Cánova , uno representa á Donaparlo , jóven , delgado , sentimental ; al general de Italia; al héroe de las Pirámides; cuando mas, al primer cónsul. El otro es ya el César; el legislador; el dueño de Europa; el caudillo de Jena; el diplomático de Tilsitt.
En otra habitación me enseñan el lecho en que durmió Napoleón 111 después de la batalla de Magenta.
La principal reforma hecha últimamente en el palacio, consiste en haber
DE MADRID A ÑAPOLES. 247 corlado una de sus dos cabezas á las águilas austríacas bordadas con oro sobre lo? tapices de terciopelo. Con esto y con añadirles algunas cruces de Sabuya, han conseguido que estas águilas puedan pasar por latinas.
Pero son las seis y cuarto , y la mesa redonda del hotel es á las seis y media. —Vamonos allá sin pérdida de tiempo. — El teatro de la Seala se abre á las ocho, y yo no quiero perder la sinfonía...
Estamos á la mesa en el soberbio comedor del Hotel de la Yille.
Entre las veinte personas que comen al mismo tiempo que yo, no hay uua sola mujer agradable ; no tengo un solo amigo ; no se encuentran siquiera dos personas que se conozcan. — Reina, pues, un silencio sepulcral.
Yo me acuerdo de la table d' lióte de Turin , de Iriarte , de las inglesas , de España, de aquellas amables familias madrileñas que dan hospitalidad en su mesa á los hijos-pródigos , librándolos asi de la esquiva soledad de las fondas y casas de huéspedes, ó del triste velador en que come el soltero de casa abierta... y ponióme melancólico; y reniego de mi viaje...
Pero pronto viene á consolarme la idea de que todos los que callan en torno mió se encontrarán en mi mismo caso. — A. mi izquierda come un jóven alemán, y á mi derecha un jóven inglés. — Uno y otro llevan su nacionalidad impresa en la tisonomia. — En frente de mi hay un caballero que me mira tenazmente , y cuya patria no he podido adivinar. Yo le miro también , pareciéndome haberle visto en otra parte.— Será ilusión mia.
El alemán que tengo á la izquierda no habla una palabra de italiano , y me suplica que diga á un camarero no sé qué cosa.— Yo le complazco, sin darme cuenta, al principio, del idioma en que me lia dirigido la súplica.
La mesa es muy larga , y mas de la mitad se halla desierta , como un arenal , como una pampa, ó como el valle de Chamounix cuando yo lo visité.
Al estremo de ella acaban de colocarse de pie tres fatídicos espectros , al - iñados de instrumentos músicos.
Son tres artistas callejeros , vestidos con uua elegancia que da espanto...
Empiezan á tocar...— ¡lié aquí el terceto linal de Hernani!— Pláceme la elección.
Ella... — porque hay una ella (y por cierto jóven y hermosa, aunque lúgubre como el hambre) — ella loca el violin. Un hombre de treinta años lleva la voz cantante en un clarinete. Un pobre viejo toca el violón... — el violoncello, quieto decir. El resultado es admirable. -, Infelices! ¡Tan artistas y pidiendo limosna!
De pronto asáltame el recuerdo , ó bien despiértaseme la conciencia de que acabo de oir hablar en í español.— El eco de la palabra usted resuena en mis oidos... ¡Y ha sido el alemán quien la ha pronunciado... no tengo duda!
Interpelóle sobre el particular, y resulta que el jóveu habla el castellano como Cervantes. Es hijo de Prusia; pero hace ocho años que vive en la América espa- :-ñola, representando una casa de comercio y acreditado como cónsul 'le Dinamarca en la capital de una república del Sur.
24S IJK MADK1Ü A .NAWLES.
La circunstancia de tener yo amigos muy queridos en aquella apartada región , y amigos que él también conoce , acaba de relacionarnos.
II. de V... , que asi se llama el prusiano, ha venido á Europa á ver á su familia, con la que ya ha pasado un mes. Después ha recorrido la baja Italia. Ahora se dirige otra vez á su casa por Venecia y Viena; y el 1 ,° de diciembre debe de embarcarse en Liverpool para el Nuevo Mundo , donde piensa permanecer aun otros ocho años.— Esto es viajar; no lo que yo voy haciendo.— [Ese joven si que tiene motivos para ponerse melancólico á ratos!— Pero él es alemán.
Al levantarnos de la mesa, es ya cosa convenida que haremos juntos el viaje de Milán á Yerona , donde yo quiero detenerme un dia , y que luego volveremos a vernos en Venecia.
Con que varaos al teatro.
Preguntando se va á Roma , y preguntando voy yo al Teatro de la Scala.
Al fin lo descubro en una plazoleta formada por la confluencia de seis calles. La luz de la luna ilumina su alta y graciosa fachada. Muchos faroles de gas alumbran el vestíbulo. Lujosos carruajes acuden por todas partes, y de ellos descienden esas huecas , blancas, flotantes, fantásticas visiones, que representan á la dama principal del siglo XIX en toda su vaporosa magostad. Un enjambre, de revendedores de localidades y de espendedores del programa de la función , del libreto de la ópera , del argumento del baile y de los periódicos de la noche , obstruye todas las puertas del coliseo. La milicia nacional monta la guardia.
Yo no veo todas estas cosas sin cierta emoción. |Ha oido uno hablar tanto desde niño de este colosal templo de Euterpe ! ¡ Se han formado aquí tantas reputaciones ! i Han debutado aquí tantos cantantes que después alcanzaron renombre universal 1 \ Se han estrenado aquí tantas obras maestras 1
En este teatro presentó Donizetti las partituras manuscritas de Ama Bolena, üicrezia Borgia y Gemina di Vergi, y esperó temblando, con aquel terror que solo conocen los autores de obras líricas ó dramáticas , el fallo inapelable del publico. Aquí se oyó por primera vez la música de Verdi {Oberto di San Bonifazio). Aquí aparecieron también Ernani, I Due Foscari y Nabuco. Aquí ensayaron y dirigieron sus principales obras Rossini y Bellini , y de aquí fueron llevados en triunfo á sus casas. Aquí recogieron larga cosecha de aplausos la Pasta , la Malibran, su hermana Paulina, Tamburini, Moriani, Rubini, Ronconi y tantos otros célebres cantantes. Aquí se resume, flnatmente , casi toda la historia de la música moderna, casi toda la vida de la ópera. — Este es el emporio del arte predilecto de nuestro siglo.
La antigua nombradla del Teatro de la Scala no proviene , sin embargo , de estas razones, que llamaré morales, sino de su magnitud y hermosura, y del lujo y pericia que resplandecen en los espectáculos que se dan en él .
Acerca de todo esto , juzgaremos pronto por nosotros mismos.
Ahora nos resta solo decir que fue construido en 1 778 por una sociedad particular, y que debe el nombre que lleva á la circunstancia de haber sido edificado*1 m el sitio que fue iglesia de Satita María déla Scala , erigida por una princes
W. MAIHUI) A ÑAPOLES. 24!» 1 .1 familia de los Scala de Verona , casada |Hir mu señas con Barnabo Visconii , duque de Milán , grande amigo de Petrarca y padre de aquel famoso tíaleazzo, que tanto nos dio que («nsar esta mañana en la Cartuja de Pavía.
Con que vamos adelante. — Kn el despacho de billetas compro {>or unas siete («setas una llave de tedia chinga , ó sea una butaca, y penetro en el coliseo.
Indudablemente , es una magnifica obra , de amplias y elegantes proporcion*8 '. paro la verdad sea dicha , se diferencia muy poco de los demás teatros principales que nevo vistos. Cierto que es mas noble y desahogado que los do París y Turto , y el mas espacioso de toda Europa ; cierto que sorprenden sus seis órdenes
2 .0 DE MAÜKIÜ A NAK>LKS.
de palcos y su decorado del mejor gusto ; cierto que habrá habido razón para admirar este coliseo cuando tenia tan pocos rivales , y que ,' aun hoy , debe llamar la atención de ios franceses , cuyos teatros son tan incómodos y abigarrados; pero con todo , no es tan singular y estraordinario, tan monumental y grandioso como se lo promete la imaginación del viajero.
En cuanto á mí, yo digo mas.— Yo proclamo que la sala, los palcos, los pasillos y las butacas de nuestro Teatro Real de Madrid , esceden con mucho en suntuosidad, en holgura, en confort, en buen tono, á la sala, los palcos, las butacas y los pasillos del Teatro tle la Scala. — Kl Teatro Real , con ser roas pequeño que este ; con tener solamente cuatro órdenes de palcos ; con no poder albergar sino una mitad de los espectadores que caben aquí , ofrece tal lujo ó prodigalidad de espacio; aposenta al público tan cómodamente; respira tanta magostad y tanto decoro, que parece doble mas espacioso de lo que es , cual si, á los ojos do la ilusión , grandor y grandeza fueran una misma cosa.
Añádase á esto que en el Teatro de la Scala no se ve ni por asomos aquella brillante y aristocrática sociedad que en el Real de Madrid ocupa siempre todos los palcos y butacas; aquel mundo elegante, rigorosamente vestido, que acude á la ópera como á una fiesta ; aquellos dos mil guantes blancos (á dos guantes por persona) que se agitan en el aire en el momento del aplauso.— En el Teatro de la Sctda está la gente como en la plaza pública ; como antiguamente estaría en el teatro pagano abierto á la luz del sol y al aire libre ; con no sé qué abandono y conlianza , que demuestran que el espectáculo escénico no es para los italianos una función solemne, sino el acto mas ordinario y familiar de su vida. Asi es que , esceptuando los palcos de platea y los d'ordine nobile (principales) en que se ven damas y caballeros en grande tenue , el público se halla vestido de cualquier modo, conserva el sombrero puesto durante la representación (como en los antiguos anfiteatros); se agrupa de pie en el fondo de la sala , lo mismo que en Turin ; se embriaga con la música como nosotros con los loros , los franceses con el canean y los ingleses con las carreras de caballos; y al aplaudir frenéticamente,—cosa que hace con demasiada frecuencia, — se conoce que aplaude á un mismo tiempo ú los cantantes, al compositor, al libretista, á sí propio, al idioma italiano, y hasta á la Italia misma... ¡ á la noble Italia, jíatria de la música; á la imperecedera Italia, señora ayer del mundo, y hermosa vestal hoy, encargada de mantener vivo el fuego inmortal del arte !
Con que hémeen mi sed ta chinsa, que ya es una silla abierta, y por cierto nada cómoda.
¡Qué casualidad! A mi derecha se halla sentado el caballero que ha comido en frente de mí en el hotel ; aquel que me miraba lijamente y cuya patria no be podido adivinar.— Es hombre de unos cuarenta y cinco añoü, sério, condecorado con una cinta roja, y de elegante y distinguido porte. — Yo me afirmo cada vez mas en que lo he visto antes de ahora ; (>ero no recuerdo dónde , cómo ni cuándo.
Empieza la sinfonía; la sublime sinfonía de Guillermo Tell; oda inmortal tjue sirve de prólogo á un poema.
DE MADKIÜ A ÑAPOLES. 251 La orquesta es de primer orden, asi jior el cuantioso número, como por la
variedad de los instrumentos, y por la armoniosa distribución de sus parles , por
la simultaneidad y concierto de sus voces , por su mudad de espiesioH , si se me
permite esta fórmula.
Córrese el teloo. — £1 escenario es inmenso; las decoraciones esceden á lodo
elogio ; los coros y los trajes son escalentes. — Unicamente los cantantes dejan
mucho que desear.
Todos me son desconocidos. . . hasta de nombre. La compañía no es de primo cartello, ni aun de secoitdo.— Está visto; hasta que llegue la pascua de Navidad, □o conseguiré oir cantar bien en Italia. — Los grandes artistas se hallan ahora liando conciertos en Inglaterra, Alemania y Rusia.— La pobre gente que prolana este clasico escenario , desgarra mis oidos y marchita mis ilusiones, es, sin embargo, mucho mas soportable que la del Teatro Nacional de Turin.
Afortunadamente , el programa de la función se compone tan solo de los dos primeros actos del Guillermo y de un baile de espectáculo.
El argumento de este baile es turco, la música francesa, y ios pasos y pantomimas cosmopolitas. — En cuanto á las bailarinas , las hay verdaderamente hermosas.
¡Quién me lo dijera! ¡Me estoy aburriendo soberanamente en el Teatro detla Scata!
Mi vecino y compañero de mesa se aburre también á lo que parece. — El baile no tiene fin y carece de toda novedad.
Con este motivo hablamos, primero en italiano y luego en francés; y uno y otro nos convencemos de que ninguno de aquellos idiomas es el nuestro , y de que no somos tampoco ingleses ni alemanes.
— Usted es español , me dice de pronto mi vecino.
—Si, señor: y usted también, le contesto yo en el castellano claro que él acallaba de emplear.
—Me lo habia figurado desde que lo vi á usted.
—En cambio, yo creo haberle visto á usted en otra [arte.
—Yo soy el duque de U.— ; todo el mundo me conoce' en Madrid.
Kl duque de U.— es graude de España de primera clase.
—Pues si es usted el señor duque de U.— , le replico , yo no lo he visto á usted nunca; pero, conozco y trato á su señora, á sus hijos y á toda su familia: do modo que le he sacado á usted por la piula.
—Yo falto de Madrid hace tiempo.— Y usted ¿quién es?
Etc.
— ¿Conocerá usted á Fulano'/ — Sí . . . mucho. . . ¡ Qué guapo es ! — ¿Y qué se hizo de Mengano? ¿Sigue. . . — I Hombre ! ¿Y Zutano?
— i Ah! Zutano. Yo lo quiero mucho. Pues ¿y Perengano? . — i Qué bueno es Perengano !
252 DE MADRID A ÑAPOLES.
—¿Y cómo anda aquello?
— jAu! Ksjaña es esto y lo otro... y lo demás de allá... ¡Pero no hay co?a como España! Los italianos son asi , y los franceses del otro modo, y los españoles... jan! ¡los españoles 1
— j Caramba! ¡ Mire usted que es casualidad ! ¡Comer junios y pasar la noche codo con codo sin hablarnos una palabra !
— Y no obstante parecía que algo nos avisaba que no nos éramos completamente estraños.
— ¿Y viene usted por mucho tiemjio?
— ¿Y vuelve usted pronto por aquella tierra?
—¿Y vio usted a mi lamilla?
— ¡Qué mal han cantado!
— ¡Qué baile tan soso!...
—¿Usted vive en el hotel?
—¿Usted conoce á Milán?
— Etc. , etc.
—Pues señor, tomaremos té en el café del Comercio, plaza de la Catedral, y nos iremos á casa.
— ¿Y mañana qué hacemos? —Etc. , etc.
Es la una de la noche.
Paréceme que acabo de darme un baño de España.
¡Cuanto hemos charlado ese buen aristócrata y yo! ¡Qué modo de convenir en ideas! ¡Qué manera de elogiar á lodos los ausentes! ¡Qué buenos han sido lodos los hombres que conocíamos los dos ! ¡Qué embellecido por la distancia hemos visto a Madrid! ¡Qué lontería es viajar! ¡No hay nada como España! ¡Qué gana teníamos los dos de hablar en español y como españoles 1 ¡ Y como nos hemos divertido !
Ahora estoy solo , en mi celda de viajero , completando mi larga historia de hoy y formando mi programa de mañana.
¿Qué sera á estas horas del señor cura de Pavía?
Pero no retrocedamos , no nos paremos en esta cruel peregrinación , en que los sentidos, como otros tantos bárbaros, van asolando todas las ilusiones de mi vida ; van desvaneciendo todos los fantasmas de mi imaginación ; v;w reduciendo á prosáicas realidades mis sueños dorados de ver el Mont-Blanc, el Po, la Cartuja, ü Dttomo, el Teatro della Scaía y tantas otras cosas. Sigamos adelante , á fin de que pronto la luz crepuscular del recuerdo preste una nueva poesía, mucho mas bella que la de la esperanza, á estas fugaces y desabridas emociones.
¡Estoy en Milán!— Esto no significa hoy nada para mí, sino con referencia al ayer. Si yo hubiera nacido en Milán, habría deseado conocer la Andalucía. Cuando e! año que viene esté en Andalucía , la memoria de mi residencia en M¡-
I* MADftlO A ÑAPOLES. 2.13
lan me llenará de encanto. Ya lo he dicho: el hombre no ama mas que lo que desea y lo que pierde.
j Estoy en Milán ! Posesionémonos bien de esta idea.— Analicemos lo que esto quiere decir. — Establezcamos cuál era la importancia que yo daba á Milán antes de penetrar por sus puertas. — Recordemos su historia ; consultemos su plano ; estudiemos su estadística.
Milán fue fundada por los galos 587 años antes de la venida de Jesucristo, y después de haber sido capital de los Insubres , formó parte del imperio romano y se vio eclipsada por Módena y Mantua. — Pocos siglos después mereció ya ser considerada como la capital de la alta Italia; tanto, que el emperador Maximiano residió en ella.— Aquí fue donde Constantino dió su famoso Kdicto en favor de los cristianos, que cambió la faz del antiguo mundo. — Tomáronla después los lombardos y la supeditaron á Pavía , en que establecieron su capital ; pero cuando Carlo-Magno destruyó esta ultima ciudad , Milán volvió á ser la metrópolide la Lorobardia ; puesto de honor que no perdió ya nunca. — Mas adelante, cuando principió la lucha entre los Gtielfos y Gibetinost ó sea entre los Papas y los Emperadores , ó por mejor decir , entre Italia y Alemania , Milán declaróse (¡ütlfa, emancipóse de la dominación imperial y eligióse en república independiente.—Esta actitud heróica atrajo sobre ella la ira del emperador Federico I, que la destruyó en M62, no dejando piedra sobre piedra. — De aquí nació la célebre Liga Jxmbarda, alianza guerrera formada entre Milán y otras ciudades, que se habían propuesto también sacudir el yugo alemán. — Esta formidable Liga derrotó en Legnano al emperador Federico Barbarroja y obtuvo la ventajosa Paz de Constanza. — Entre tanto Milán habia vuelto á brotar de la llanura, mas floreciente y poderosa que antes. — Cincuenta años después, los emperadores de Alemania volvieron á probar fortuna ; pero formóse la segunda Liga Lombarda , y la victoria militó de nuevo bajo sus banderas. — Entonces aconteció lo que acontece siempre en semejantes casos: la gloria reemplazó á la libertad. La guerra había hecho célebres á algunos hombres, y estos hombres se prevalieron de su fama para convertirse en señores , trocando en obediencia el amor que inspiraban á sus conciudadanos. — El César de Milán fue un tal Pagano delta Torre } oriundo de los Alpes, que habia ganado una gran popularidad curando heridos; popularidad que le valió ser proclamado jefe de la república.— Una vez en este camino, se adivina el resto : el mérito se hizo hereditario : la gratitud popular á sus libertadores y el amor á la independencia se cifraron á una familia : los deUa Torre vincularon en su nombre elgobiernodeMilan.— Despuesde Pagano vino Mar tm, que dominó como Podestá. A este siguió Felipe, que acabó con las franquicias republicanas y ejerció la dictadura; pero, que, en cambio, dió mucha gloria á la república en los campos de batalla. Muerto Felipe, asomó un sobrino suyo, llamado Napoleón della Torre , el cual arrojó ya la máscara; intitulóse Señor de Milán; oprimió al pueblo; reinó por el terror, y no reconoció como arzobispo de Milán á Othon Visconti, á pesar dé estar nombrado por el Papa. Pero este arzobispo era hombre que lo entendía, y en vez de andar»* con discusiones esco-
234 DE MADRID A NAIDLES.
lásticas, montó á caballo; empuñó una espada; sublevó la Lombardía; derrotó en una batalla á Napoleón della Torre ; hfzole prisionero ; entró en Milán triunfalmente; asumió la dirección y mando de lo temporal y lo eterno, y fue origen de aquella dinastía Yisconti , que habia de reinar en el Milanesado cerca de dos siglos.— De la historia de esta familia ya hemos adelantado los principales rasgos. Todos sus señores y duques fueron tiranos, fratricidas, parricidas ó algo por el estilo, y pocos de ellos murieron de muerte natural. En cambio dieron muestras de amor á las letras y á las artes, y se les deben grandes monumentos. — A los Yisconti sucedieron los Sforza en virtud del casamiento de la última heredera de aquella casa con un famoso caudillo. Los Sforza fueron también déspotas, y casi lodos ellos murieron asesinados, desterrados ó prisioneros. — A fines del siglo XV, la Francia los arrojó del trono y se apoderó del Milanesado ; pero Carlos Y intervino en el asunto del modo que sabemos , y habiendo vencido á los franceses en Pavía , repuso en su trono á Francisco Sforza. Poco tiempo después, y á la muerte de este duque , Milán formó parte de los Estados del rey de España , en cuya situación permaneció hasta principio del siglo pasado , que fué á poder del Austria, á consecuencia de la guérra de titcesion.—Lo demás, ya nos lo dijo el cura de Pavía. El Milanesado fue invadido por los ejércitos republicanos de Francia en 1796. El tratado de Campo-Formio lo hizo centro de la República Cisalpina. En 1805 formaba* parte del reino de Italia, y Napoleón cenia á su frente la corona de hierro. Los tratados de 1815 entregaron nuevamente á Milán al imperio de Austria, que la puso á la cabeza del reino Lombardo-Véneto, y desde entonces hasta nuestros dias solo registra dos fechas notables : 1 848 y 1 859. — | No puede darse mas triste y azarosa historia !
Milán , con ser estensísima, solo cuenta 200,000 habitantes. — Como hemos dicho , se halla situada en una fértil llanura , levemente inclinada de Norte a Mediodía. — A su izquierda corre un modesto rio— el (Mona — ; pero el riego y la navegación interior de la comarca se hacen por medio de magníficos canales que atraviesan la ciudad en varias direcciones. — Milán es una de las ciudades mas ricas, mas cultas, mas manufactureras del continente. Aparte de la sedería, que es acaso su principal* industria , cuenta innumerables fábricas de lanería, platería , loza , espejos , instrumentos de matemáticas y astronomía , y de obras de bronce, marfil , alabastro, coral y otras materias. — Su campiña , muy semejante á la de Valencia , produce una cuantiosa cosecha de arroz. — El hierro, el marmol y el carbón de piedra constituyen la principal riqueza de sus montañas. — Los habitantes de la llanura hilan y tejen el algodón en sus casas , pudiendo decirse que cada hogar de campesino es una pequeña fábrica.— Por lo demás, la Lombardía es la tierra mas poblada, mas feraz, mejor cultivada y regada de toda Europa.— Volviendo á la ciudad , diremos que encierra cuanto puede contribuir al lustre y la cultura de una capital importantísima , llevando ventaja n muchas, y entre otras á nuestro Madrid, en el número y esplendor de los grandes establecimientos destinados á consagrar y propagar los adelantas y conquistas del saber humano. Hay en Milán un Palacio Real de ciencias y arfes ron 0¿-
I»E MADRID A N ACULES. 25Ü servatorio , academias especiales de Escultura y Arquitectura , otra general de Artex y Ciencias, otra de Artes y manufacturas , varias Galerías úe cuadros y estatuas , una magnífica Universidad , dos Liceos , dos Gimnasios , la famosa fíiUÜUeea Ambrosiana, que comprende mas de 15,000 manuscritos; un Museo y gabinete de historia natural; treinta hospicios y hospitales; centenares de imprentas, que no dejan de producir libros importantes ó curiosos en varios idiocias ; círculos literarios , casinos, institutos y otros muchos centras de ilustración y «le trabajo, que fuera prolijo nombrar. — Los progresos materiales del país correspondan á los intelectuales, y ceden en honor de la dominación austríaca. Milán se comunica por medio de ferro-carriles con el lago de Como , esto es , con los Alpes ; con Turin, y por consiguiente con el Mediterráneo; con Yerona y Venena , y por lo tanto con el Adriático, con Trieste, con Austria, Prusia, Bélgica, Francia, Suiza, Polonia y Rusia; y pronto se comunicara 000 Pavía y Piaoenza, enlazándose de este modo á la linea que corre por Parma , M*'»dena y Itoluña, que ira luego á buscara Ancona y la baja Italia, uniéndose á su paso á los caminos Je hierro que cercan a Florencia. — Además de esto , cuenta con una inmejorable wd de carreteras y de canales.
Milán, en fln, es una de las ciudades mas importantes del mundo, por su representación histórica , por los Concilios que en ella se celebraron , por los varones eminentes que cuenta entre sus hijos (santos, guerreros, artistas, poetas, cabios , inventores), por sus grandes desventuras ; por sus monumentos ; por sus iglesias, cuya historia se enlaza íntimamente á la de la religión cristiana; por los Jramas de que fue teatro; por las guerras á que dió lugar; por los hombres ilustres de todas las naciones que figuran en sus anales ; por su hermosura , por O riqueza, y sobre todo (para mí , que soy español) |>or haber ondeado sobre sus muros durante doscientos años la bandera de Castilla.
Tal es la ciudad en que nos hallamos, y á cuyos númenes vamos á conli.ii nuestro destino, al depositar la mitad del alma y de la vida en las temerosa! natíos del sueño.
Aislémonos, pues , y hasta mañana , si Dios quiere.
a catedral por dentro y desde lo lito «le sn pirámide.— Mu<eo «le pinturas.— La Cena df L*onanlo da Vina.- l'n anfiteatro romano Kl Ano de la hiz. — Iglesias antiquísimas. -La víspera de difunto* en un cementerio italiano. — l'n drama patriótico en el teatro *>S. Hadeifonda.
Milán 1.°ilc nnvirmbre.
iOttédia el de hoy! ¡Cuánto he visto! ¡Cuánto he andado! ¡Qué tropel de «fea? nueva* brilla todavía en mi mente' ¡Cuán diversas emociones han agitado
Í3<1 DE MADRID A ÑAPOLES.
mi alma!— La catedral... Leonardo de Vinci... el circo romano... San Ambrosio... el cementerio.. Daniel Manin... ¡<|iié estraña confusión de cosas jasadas
ÜE MADRID A MAPOLbS. 2o'. y presentes, de sagrado y de profano , de júbilo y de pena, de entusiasmo y de fastidio!
Pero vamos por partes.
Esta mañana , no bien fue de dia, tomé el camino de la catedral , donde permanecí tres horas.
Como hoy ha sido dia de Todos los Santos , el templo estaba lleno de fieles que oían misa en los innumerables altares que lo decoran.
Yo empecé también por oir una, aunque no con la devoción que debiera, pues me tuvieron constantemente distraído las novedades que eché de ver en la manera como celebraba el sacerdote la santa ceremonia. Consultando mis recuerdos de aquellos años en que estudiaba Sagrada Teología, dime cuenta al fin de que las alteraciones que me estrañaban tenian su esplicacion en que Milán no está sujeto al rito romano, sino á otro peculiar de sus iglesias, compuesto por San Ambrosio, obispo que fue de esta diócesis , y de quien hablaremos mas adelante.
También estrañé alguna cosa en el tono y la forma de cantar horas en el coro, y a esto me dijo un monaguillo que aquel era el Canto ambrosiano, que solo se usa en la Lombardfa.
Por lo demás, quedé completamente edificado con la suma devoción de que daban muestras en el templo todas las clases de la sociedad. — El cura de Pavía tenia razón. Los milaneses son muy religiosos.
Cumplido el precepto , púseme bajo la dirección de un semi-sacristan , semicicerone, que me enseñó prolijamente todas las maravillas que encierra la catedral.
Este sacristán-cicerone (dicho sea por lo que valga) era calvo , y usaba dentro de la iglesia un enorme solideo ; pero cuando salimos del recinto sagrado para subir á la parte alta del edificio , púsose un képis de miliciano , que contrastaba divinamente con sus medias negras y sus zapatos de hebilla. — Yo no podré esplicaros cómo, no siendo clérigo , se cubría la cabeza dentro de sagrado, ó cómo, siéndolo, era al mismo tiempo guardia-nacional... Pero la verdad es que esto vi ; y pues que lo vi , lo cuento. — Sálvese el que pueda.
En cuanto á la catedral , tampoco intentaré describirla minuciosamente , ni creo que esto seria dado á la mas hábil y csperimentada pluma. Figuraos cinco naves góticas , sostenidas por cincuenta y dos gigantescas columnas, de cuyos soberbios capiteles, bordados de esculturas , arrancan elegantes bóvedas ojivales: figuraos bajo estas bóvedas un espacio de 1 48 metros de longitud por 57 de anchura y 64 de elevación: figuraos en los muros, en los pilares y en las capillas liasta 679 estatuas , y casetones y doseletes dispuestos para otras \ 58 que aun quedan por hacer... (En la parte esterior del Duomo hay cerca de 2,000 estatuas, y aun faltan unas 600. Total de estatuas que tendrá con el tiempo, 3,400 y tantas. En la catedral de Milán se trabaja incesantemente hace mas de 500 años, y aun no está concluida. Los trabajos se han emprendido últimamente con grande actividad , y se cree que esta generación verá terminado el colosal pensamiento de Galeazzo Visconfi.). Figuraos, detrás del altar mayor, tres inmensas ven-
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tanas, adornadas , como todas las del templo , con magníficos vidrios de colores; en el intradós de las bóvedas, pinturas que fingen adornos esculturales; en las capillas, algunos retablos de gran mérito por su antigüedad ó por su primor artístico; en otros parajes, magníficos sepulcros de arzobispos y cardenales; figuraos , dijo , todo esto, con su riqueza , sus inmensas proporciones, su magostad y su hermosura , y formareis una vaga idea del conjunto de la insigne catedral.
Descendiendo ahora á algunos pormenores, os diré las cosas que mas llaman la atención al recorrer aquellas naves.
Primeramente se repara en un pilón de pórfido, donde se bautiza }wr inmersión , como prescribe el rito ambrosiano.— Se dice que este pilón pertenece á unas antiguas termas de no sé qué emperador de Roma.
Sobre la puerta principal de la iglesia , y en su lado interior, hay un gran balcón sostenido por dos columnas de granito, de una sola pieza, cuya longitud es de siete metros, por un metro y veinte centímetros de diámetro. Estos dos trozos de piedra son los mayores que existen en Europa , al decir del cicerone.
No son menos notables los pulpitos que rodean completamente los dos pilares próximos al altar Mayor. Son de bronce dorado, y están sostenidos por gi-andes cariátides. En la parle alta se ven los cuatro evangelistas y los cuatro doctores de la fe. Esta maravillosa obra se debe á los cardenales San Cárlos y Federico Borromeo.
La famosa estatua que representa á San Ilartolomé desollado , de que todos habréis oído hablar, es una obra de gran paciencia, que revela profundos conocimientos anatómicos; pero está muy lejos de ser una escultura interesante, — quiero decir , artística , en el sentido abstracto de la palabra.
Mucho mas bello me ha parecido un colosal candelabro de siete brazos, del mas puro gótico, entre cuyas primorosas labores, que imitan follaje, se ven innumerables diminutas estatuas. Este candelabro se llama el Arbol de la Virgen.
Pero el gran prodigio de la catedral ; su mas importante obra y el centro de la piedad milanesa, es la capilla subterránea en que descansan los restos mortales de San Carlos fíorromeo. Esta capilla está toda cubierta de bajo-relieves de plata. El sepulcro es del mismo metal y de cristal de roca , y deja ver el incorrupto cuerpo del Santo, vestido de pontifical. Diez y seis millones de reales se han gastado en adornar aquella sopultura, qué es al mismo tiempo un santuario , y en que no se sabe que admirar mas , si el gusto artístico ó la fastuosa riqueza que brilla por todas partes.
En cuanto al antigno y célebre tesoro de la catedral , tan saqueado por los innumerables conquistadores quo han dominado este pais , todavía ostenta algunos objetos de gran valor; entre ellos, dos estatuas de plata, una del mismo San Cárlos, de 100 libras de peso, y otra de San Ambrosio, de i2.'i; una Paz de oro, mas preciosa aun por su trabajo que por la materia en que está cincelada , y un frontal de plata maciza , también de mucho precio.
Finalmente , f n ol ábside se ve el sepulcro de Marina Caracciofi, famoso
DE MADRID A ÑAPOLES. 259 cardenal que tuvo la gloria de coronar á Carlos Y. Qui primam Carolo V Imp. ad Aquasgrani coronam imposuií... dice una cláusula de su epitafio.
Después de haber estudiado tan detenidamente todo el templo, me disponía ya á marcharme, cuando el cicerone me dijo:
— Espérese usted, que todavía no ha visto la catedral de Milán. Si quiere usted comprender de una sola ojeada toda la grandeza de este edificio, venga usted detrás de mí.
Y asi diciendo , abrió una puerta que hay cerca de un soberbio mausoleo , dibujado, según la tradición, por Miguel Angel y que encierra las cenizas de algunos Médicis.
Yo salí detrás de él por aquella puerta, que daba á una escalera de mármol.
Empezamos á subir. . . y hubo momentos en que me figuré que no íbamos á acabar nunca. ¡Aquella escalera tiene 486 gradas!
Cuando llegamos á lo alto , me encontré sobre la pirámide central del edificio , y vi á mis pies una inmensurable masa de mármol blanco ; una montaña semejante á aquellas, cubiertas de nieve, que visité en Saboya; un bosque de caladas agujas, erizadas, por decirlo asi , de estatuas colosales; un laberinto de escaleras, azoteas, esplanadas, arcos, puentes, pasadizos. . .— ¡ Era la catedral á vista de pájaro!
En aquella ciudad de piedra, hay una población... de piedra también. De las 13o agujas que se levantan sobre los techos, álzase una multitud de ángeles y santos , que en actitudes diferentes, parecen pugnar por abandonar la tierra. En medio de las plazas embaldosadas se ven, al modo de monumentos, preciosas esculturas que no se distinguen desde parte alguna de Milán , y que |>arecen estar espuestas á la sola contemplación del cielo. Entre aquellas estatuas las hay hasta de Miguel Angel : tales son un Adán y un Caín niño , no muy bellas por cierto, aunque siempre notables por el nombre que las ilustra.
La catedral de Milán carece de una torre (que aqui se llama campauile) digna de su magnificencia. — Ilay , sí , una torre provisional , cuadrada , de pésimo gusto y estraña arquitectura , que da albergue á las campanas y ataques de nervios á quien la mira; pero repito que es provisional y que se piensa en derribarla, sustituyéndola con un campanario gótico, adecuado al monumento de que será remate y coronación. — Sin embargo, hasta ahora no se ha presentado un solo proyecto que merezca la aprobación del cabildo.
Como podréis suponer , desde lo alto del Duomo se goza una hermosísima vista.
Primeramente se descubre toda la ciudad, calle por calle, plaza por plaza, iglesia por iglesia...— Mi mirada penetró, pues, en los jardines de los palacios y en algunas habitaciones. En las azoteas se veia mucha gente que descansaba ó trabajaba al sol. Las jóvenes que se creían solas, estaban acompañadas de mi espionaje. Los amantes que se hacían señas do un terrado á otro , rao entregaban, sin saberlo, el secreto de sus almas. Eu una parte divisaba á una madre que peinaba á sus hijos; en otra á los pequeñuelos que jugaban con sus padres; aquí
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»«ni l»E MAÜlUI) A NAFOLKS.
al estudiante que repasaba su lección; allí al que fumal* tranquilamente. — La catedral , como Dios , lo ve todo.
Mas lejos se descubrían los campos , las aldeas , los canales , las quintas , las carreteras, los ferro-carriles, ocupando leguas y legua*.
— ¿Ve usted aquella cosa blanca? me decia el cicerone. Pues es la Cartuja de Pavía. Aquel monte es la Superga... Debajo esta Turin... Aquellas cimas azules son los Apeninos... Aquella faja de niebla es el Po... Hacia aquel lado cae Magenta... Allí tiene usted á Monza... Todas aquellas blancas montañas son los Alpes... Aquel pico último dista de aquí 40 leguas... Desde ningún punto de Italia disfrutará usted una vista panorámica de los montes tan completa como desde aquí. — Desde aquí está usted viendo á un mismo tiempo el Monte Viso, el Mont-Cenis, el Mont-Blanc, el Gran San Bernardo, el Mont-Rosa, el Simplón, el Jungfrau, el Finsteraarhorn, el San Gotbardo, el Sphflgen, el Ortler... (De la Francia al Tirol ! ¡Cien leguas de cordillera! ¡Un horizonte sensible de trescientas leguas de circunferencia I j Tanto cielo como en los desiertos de Africa !
Era, en verdad, un panorama imponente; pero se pasaba el tiempo, y yo ardía en deseos de ver otras muchas cosas.
Entre ellas , la que mas me solicitaba, era la celebérrima Cena de Leonardo de Vinci, obra maestra de pintura, que todos habréis visto reproducida en magnfticos grabados , y en cuya posesión fundan los milaneses un legítimo orgullo.
Estudié, pues, desde aquella altura la situación de la iglesia de Sania María della Grasie, en que se conserva el renombrado fresco; tracéme el itinerario que había de seguir para llegar A olla, pasando jior otros lugares que me proponía visitar, y bajé á la plaza del Duomo, desde donde tomé el camino que rae había fijado, rehusando los servicios que me ofrecían cocheros y ciceroni.
Algunos minutos después entraba en el Palacio de las ciencias y las artes, llamado Brkra , donde so encuentra el museo de pinturas. — Antes de ver el Onacolo de Vincí, quería templar mi espíritu en la contemplación de otras grandes obras de pintura.
El palacio de tirera (antiguo convento , cuya licenciosa comunidad atento & la vida de San Cárlos Borromeo cuando este insigne varón trató de corregirla, por lo que fue disuelta y severamente castigada) encierra, además de la Galería de cuadros, un Gimnasio, la Escuela de Relias-Artes, el Observatorio, el Gabinete de Numismática, una gran Biblioteca con 200,000 volúmenes, y el Instituto de Ciencias , Arles y Letras. — Dicho se está , por tanto , que es un magnífico edificio.
Entrase en él por un espacioso palio , en medio del cual so encuentra provisionalmente la estatua colosal de Napoleón, esculpida por (anota. En la meseta de la escalera hay otra estatua que representa al jurisconsulto Beccaría , al ilustre impugnador de la pena de muerte. En el piso principal se halla la Pinacoteca.
Esta no llega ni con mucho á nuestro Museo de pinturas de Madrid ; pero encierra sin embargo muchos y muy buenos cuadros ile maestros tan eminente?
DE MADRID A ÑAPOLES. 2fil como Rúbeos, Tiotorelo, Dominiquíno, Palma ¡I Yecchio, Guido Keni, VanDyck , Pablo el Verooes, Giorgione y otros que citaré masadelaote.
En el vestíbulo admiré uoos hermosísimos frescos de aquel Luini cuyo nombre oí prouuociar por la primera vez en la Cartuja de Pavía.
Bernardino Luini , á quien se supone discípulo de Leonardo de Yinci por lo mucho que se le asemeja en el estilo , es generalmente desconocido fuera de Italia. Esto se esplica fácilmente. Las obras de Luini no han viajado, por la sencilla razón de que casi todas son frescos, y su reputación no viajó tampoco, porque tuvo la desgracia de uacer al mismo liemj>o que aquellos colosos del arte que se llaman Rafael, Miguel Angel y Leonaido de Yinci. Solamente hoy ha empezado á hacerse justicia al esquisito gusto y suave delicadeza de su pincel , que se inspira á un mismo tiempo en la piedad y en la forma y combina sabiamente el espiritualismo de los pintores trecentistas con la verdad humana (pagana por mejor decir) á que debia llevar el Renacimiento.
Entre las obras que ha legado á la posteridad en el citado vestíbulo , se ve una Santa Catalina trasportada al cielo por tres ángeles, que es indudablemente el original ó el tipo de otras muchas comjKíSÍcíones análogas que andan por el mundo, y las escede á todas en dulzura, inspiración y maestría.
Mas adelante llamó mi atención un San Jerónimo en el desierto, de Ticiano; que me recordó otro cuadro mayor , pero copia de este , que hay en el claustro principal alto del Escorial.
También descuella en aquel museo el célebre Baile de los amores de Albano, lienzo copiado miles de voces por el pincel , el lápiz y el buril , y que es acaso la primera obra de su género.
El cicerone ó guia de la Pinacoteca tuvo especial cuidado de decirme, al llegar en frente de un cuadro de (Juerano da Cento , que representa á Abraham arrojando á Agar, que lord Byron se había pasado muchas horas en diferentes ocasiones contemplando estasiado aquella pintura.
Yo la miré entonces con el detenimiento que jiodeis imaginaros , y la encontré llena de defectos , aunque no de tantos como le atribuye la critica de los inteligentes. Y á fuerza de examinarla, comprendí que lo que había interesado tanto al gran poeta inglés era la hermosura mortal de la madre de los agarenos y su tristísimo lloro, que no hace sino duplicar sus atractivos.— Añádase á esto la posibilidad de que lord Byron hubiese hallado en sus largos viajes, y amado tal vez , á alguna egipcia (ó no egipcia) parecida á la rival de Sara , y se justificará la predilección que le merecía el cuadro de Guercino.
Ahora, lo que yo no me esplíco es cómo el autor de Parisina pudo detenerse tanto tiempo delante de Agar ni de otro ningún cuadro de este Museo, existiendo en él una de las mas nobles y felices creaciones del arte; el Casamiento de la Virgen, obra inmortal del divino Rafael.
El S¡)ozalisio , como le llaman los italianos , eclipsa completamente todas las «lemas pinturas del palacio Brera. — Dibujo, composición, interés, poesía... hasta olor. . . (cosa rara en el sublime artista) talo es notable en tan peregrino lienzo!
262 DE MADRID A ÑAPOLES.
— Permitidme detenerme á esplicaros la manera como el pintor de Marta ha representado los santos desposorios.
Toda la parte alta del cuadro la ocupa un grandioso templo , al que so sube * por una larga y amplísima escalinata. Al pie de esta escalinata hay trece figuras del tamaño natural, que son la Virgen , San José, el sacerdote hebreo, cinco mancebos y cinco doncellas. El sacerdote, venerable anciano, suntuosamente revestido , está entre los dos desposados, cuyas diestras tiene cogidas , acercándolas suavemente , á fin de que San José coloque el anillo nupcial en la de Marta. Maria , bella sobre toda ponderación , sencilla , graciosa y noblemente vestida, alarga sus dedos do marfil hacia el conmovido esposo. Los castos ojos de la Virgen de quince años están clavados en el suelo. Su rostro todo espresa no sé qué triste ventura. José tiene también los ojos bajos, y adelanta el brazo respetuosamente, sin atreverse á dar un paso mas hácia la hija de Joaquín . Si tímida y modesta es la actitud de la esposa, humilde y piadoso es el temor del marido. Sin los trajes, atributos y accesorios que revelan el asunto de esta obra , nadie dudaría , solo con ver las caras de los dos novios , que son los descendientes de David , en cuya casa nacerla el Hijo de Dios. No es el triunfo del amor ; es un santo misterio el que se cumple en aquel instante, el que adivinan los contrayentes , el que los turba y desasosiega. Las doncellas , agrupadas detrás de María, atienden al acto con reverente y afectuosa curiosidad. Los mancebos que siguen á San José rompen sus varas, significando de este modo el mal éxito de sus pretensiones a la mano de la Virgen. En cambio, la vara de San José está coronada de flores.
Tal es la forma en que Rafael ha presentado esta escena , tantas veces y de tantos modos tratada por la pintura.
Lo que yo no pudiera haceros comprender, es la purera y la gracia del dibujo y la difícil facilidad de la composición.
Diré solamente que , como obra de la primera época del discípulo de Perugi- 110, domina todavía en la disposición de los personajes algo de aquella simetría propia de los cuadros devotos de la edad media ; pero que hay tal animación , tal villa , tanta verdad y belleza en el movimiento particular de cada figura , que ya se admira la clásica maestría del Renacimiento , sin que por esto falte en la ación el sublime misticismo que por aquellos días se empezaba á echar de menos en las creaciones del arte.
Mas no es todavía ocasión de que nos estendaraos en largos discursos acerca del genio de Rafael y de su influencia en la pintura. Aplacemos esta cuestión para el día en que veamos sus grandes obras en el Vaticano y en otros museos de Roma, y sigamos ahora recorriendo la galería de Brera.
Pocos fueron los cuadros que me impresionaron vivamente después del S/m>- zalizi». —Solo recuerdo una aguada , también de Rafael , que representa á varios personajes alegóricos , completamente desnudos, que disparan flechas á un Término cubierto con un escudo; una Virgen y el Niño de Luini, en que pude aun admirar la esquisita dulzura de este pintor; un Monje dormido de nuestro in-
DE MADRID A ÑAPOLES. 263 mortal Velazquez, sumamente deteriorado por el tiempo y las restauraciones; pero en el que se ven aun ciertos valientes toques de la mano del maestro , y un lienzo de Leonardo de Vinci , que hubiera sido notable , pero que está por concluir, y en el que los artistas pueden estudiar el procedimiento de que se valia Vinci para pintar sus cuadros. — El asunto es la Virgen teniendo en brazos al niño Jesús , que juega con un cordero, y está desempeñado admirablemente como dibujo , que es como solo puede juzgarse.
Por mi parte , recuerdo haber visto en el museo del Louvre , en París , un cuadro análogo á este, también de Leonardo de Vinci, en que el pensamiento está mas desarrollado y que produce una tierna emoción en cuantos lo miran.
Allí hay una figura mas, que es Sania Ana. Sobre las rodillas de la esposa de Joaquín se halla sentada la Virgen Madre, la cual retiene á duras penas al Niño Jesús , que juega á sus pies con un cordero.— Santa Ana mira con plácida tranquilidad á su hermosa hija, cuya atención toda es para el futuro Redentor, mientras que este solo piensa en el gracioso y alegórico animal á quien sujeta con piés y manos y que pugna mansamente por escaparse.— Es una gradación de ternuras tan encantadora en si misma , como solemne y espresiva la encontrarán los místicos. Santa Ana se complace con tener en su falda á María, la Madre del Dios hombre. María se inquieta por Jesús, al verle tan inclinado al cordero, símbolo del sacrificio. Jesús se resiste á su Madre y continúa en tierra , porque un amor mas grande que todos los afectos humanos le marca su infalible porvenir. El cordero, la victima, representa la lucha de la naturaleza con el martirio.— ¡ Y como está compuesto aquel cuadro ! | Cómo está sentido ! ¡ Cuán nobles y belias son todas las figuras 1
Pero repito que esto lo vi en el Louvre.
Desde el palacio de Brera pasó á una trattoria , hostería , taberna , figón ó lo que fuese , que vi en la misma calle , y donde me hice dar de almorzar á la italiana.
Allí habia también un magnífico cuadro ; pero cuadro vivo , digno del pincel tlaraenoo.— Borrachos , humo, poca luz, una Maritornes, vino de Monza, I»eces fritos, queso de Parma , juramentos per Baco y una estampa de la Virgen, alumbrada por una mariposa. . Hé aquí los rasgos característicos de aquel lugar.
Yo volví á acordarme de / Pramvsi Sjmsi y de ¡'asteria en que tanto peroró el pobre Renzo la noche del tumulto.— Era la misma mesa estrecha y larga: eran los dos mismos escaños de madera : eran los mismos comensales. En vano habían pasado sobre Milán dos siglos y medio.
Repuestas mis fuerzas , la Strada del Portaccio me llevó á unos jardines y alamedas que delimitan una estensísima plaza, la mayor que he visto en toda mi vida.
Era la Plaza de Armas.
Indudablemente, aquel es el punto mas bello y mas grandioso de todo Milán.
M| DE MADHIÜ A ÑAPOLES.
Diez mil árboles rodean la gran planicie , formando redobladas calles.
En un lado se ve el Caslello, antigua morada de los duques, convertida hoy en cuartel, pero imponente y noble todavía.
Rafael do L'rbino.
Detras de la fortaleza se distingue una vista panorámica de la ciudad , cuyas torres y cúpulas campean airosamente sobre el cielo. Entre ellas se levantan arrogantes las caladas agujas de la catedral , como los cedros entre los pinos.
Esta vista panorámica es mucho mas artística que la vista de pájaro que se disfruta desde lo alto del Duomo.
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En otro lado se eleva magestuoso el célebre Arco de la Paz ó del Simplón, erigido en la puerta por donde Napoleón I entró en Milán el año de 1807.
Mas tarde , cuando el Austria volvió á imperar en Lorabardía , este arco fue consagrado , no ya á la gloria, sino á la mengua del vencido en Waterloo, y se grabaron en su marmol fechas tan aciagas para Francia y para Italia como la batalla de Leipsik , la capitulación de Dresde, la entrada de los cosacos en París, la vuelta de los austriacos a Milán y los tratados de 1815. •
Todas estas inscripciones se han borrado después de la batalla de Magenta, escribiéndose en su lugar las siguientes palabras :
ALI.h iPF.RA >'/.*•: OLI KKC.NO ITaI.ITi i ALSP1CE NAPOLEON R PHIMO 1 ílll.ANLSI DEWCARONO I.'aNNO Mt.ClT.V1l
k nuNfATi da ítRvrri'
KLLIOLME.NTK HK.STITblKONO l'aNNO MI«X<IU.
El nombre de Airo de Simplón , que en mi concepto es el que mas legítimamente le corresponde , significa que en él termina la gran carretera que ya conocemos.
Por lo domas , es una obra soberbia , de puros y elegantes contornos. Toda ella esta construida con mármol blanco, y eorúuanla el carro de la I'az , arrastrado por seis caballos de bronce, y cuatro estatuas ecuestres del mismo metal, representando heraldos que parten en encontradas direcciones a estender la buena nueva.
El costo de este monumento pasó de 17.000,000 de reales.
Finalmente, entre el Airo y el Cas/eUo vénse los muros «le l' Arena, inmenso anfiteatro, digno de la antigua Roma, pero no obra suya, como cualquiera creería á primera vista , sino de un hombre de estos tiempos, aunque digno también de los siglos clasicos.
L Arena fue construida por órden de Napoleón 1 en 180'i. Su forma es elíptica y está ajustada perfectamente á los modelos de la antigüedad. El héroe del salón de las Cariátides , de la Apoteosis y de las esculturas de Cánova dejó en ella el sello de su grandeza cesárea.
A la entrada hay un pórtico de ocho columnas de granito. El diámetro grande del circo es de 750 pies. Las gradas están cubiertas de yerba. En ellas caben 50,000 espectadores.
Todo el espacio destinado á las carreras, puede llenarse de agua, convirtiendo el anfiteatro en naumaquia, y asi se hizo en 1807 para obsequiar á Napoleón con el espectáculo de una regata de bateleros y nadadores.
Desde lo alto de la gradería volví á gozar de la vista de la Plaza de Armas, de la antigua ciudadela y de todo Milán. El dia ha sido purísimo. Los caballos del Arco de la Paz parecían bordados sobre el cielo. La blanca silueta de la ciudad recortaba graciosamente el azul profundo del espacio. Los árboles , que todavía conservan sus hojas, aunque muy amarillentas, contrastaban con los cam-
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pos , en que verdea la cosecha del otoño. El horizonte era inmenso y la luz del sol deslumbradora. Las chimeneas de las Fábricas que rodean la capital parecían otros tantos obeliscos. £1 estruendo de la vida industrial bramaba allá á lo lojos. Todos los relojes daban las doce , y las campanas de cien iglesias entonaban la oración del mediodía. Los pájaros cantaban los ültimos soles del año bajo las últimas sombras de las alamedas. Los silbidos remotos de una locomotora me hicieron reparar en un tren que salía para Venecia. Yo le vi desaparecer hácia Levante, y esclaraé:— «Ya te sigo.»— En opuesta dirección recorría los campos otro larguísimo tren que llegaba de Turin , dejando en la atmósfera una larga Taja de humo, como los barcos dejan estela en el mar. Dentro del Caslello sonaban tambores y cornetas , que tocaban á no sé qué cosa. Hácia el Corso Francesco se oían , ya ruidosa , ya vagamente , los acordes de una música militar. Seria algún regimiento -que iba á misa...— Todo esto producía en mí ánimo sensaciones diferentes, pero que se resumían en admiración y respeto á Milán, cuya importancia se me revelaba en fórmulas confusas , hasta que brotó en mi mente una idea y de mis labios una frase : — «Esta es , me dije , la capital de la Alla-ítalia.» Cuya frase podía traducirse de este otro modo: «Comprendo y siento el pasado de Milán.»
De la Plaza de Armas á Sania María delie Grazie ya me quedaba poco que andar. Atravesé los paseos y las huertas en que termina la ciudad por el Oeste, y llegué al antiguo convento.
El fresco de Vinci (que no es tal fresco , sino una pintura al óleo sobre cal) se lialla en la habitación que fue refectorio. — El convento es hoy cuartel.
Atravesé , pues , claustros y patios llenos de tropa , y llegué á una puerta sobro la que se leia en una lápida, que aquel era el aposento en que se conservaba el cenácoio de Leonardo de Vinci.
Llamó , y salió á abrir il citslode de la Cena , etc.
Entró, y vi una habitación desmantelada y ruinosa , en medio de la cual había una máquina fotográfica, y una mesa llena de astampas, libritos, y otras publicaciones referentes al mismo asunto.
Figuraos, pues, la emoción con que se acercará el viajero amante de las artes al decrépito muro que ostenta una tan estimada maravilla.
1 Triste es decirlo! en aquella pared no hay pintura alguna de Leonardo de Vinci.— Lo que allí se ve es la malhadada obra de imbéciles restauradores; la barbarie de los frailes que poseyeron tal tesoro ; las injurias del tiempo ; mil abominaciones sucesivas... pero tal vez ni una sola pincelada del autor de la Cena. — Lo que allí se guarda no es , por consiguiente , sino el sitio , como en un templo ruinoso ; un testimonio vivo de que existió tan grande obra ; un monumento; una conmemoración.
Me apresuro , sin embargo , á consolaros. Nosotros la veremos tal cual fue. Yo os la describiré en su primitiva grandeza.
Para ello necesito antes referiros la historia de este prodigio del arte.
Leonardo de Vinci, uno de los hombres.mas ilustrados de su tiempo, arquitec-
DE MADRID A ÑAPOLES. 267 to, ingeniero, escultor, poeta, escritor, músico; dotado además de grandes ventajas físicas por su hermosura y estraordinaria fuerza; gladiador y nadador sin rival , había alcanzado ya imperecedera Tama por tan múltiples y raras calidades, cuando hizo olvidar sus propios méritos pintando el cuadro de la Cena. — Desde entonces , ya no se acordó nadie del magnifico canal que habia dirigido y que puso á Milán en comunicación con el Adda, ni del certamen en que habia ganado un premio tocando en una lira de plata, fabricada por él (y cantándolo magistralmente), un precioso romance, cuya música y cuya letra eran también suyas; ni de la estatua de Francisco Sforza, con que venció á su maestro Verrocchio ; ni de las fortificaciones que habia inventado , como ingeniero militar que era , á fin de neutralizar los efectos de la artillería , que empezaba á emplearse por entonces; ni de sus notables trabajos en la construcción de la catedral ; ni de sus inspirados sonetos... de nada, en fin, sino del pintor. Milán, Florencia y Roma se disputaban al artista. Los reyes de España y Francia se procuraban su amistad. Miguel Angel le temía y conspiraba en contra de él , no en el terreno del arte, sino en el de la intriga. Pero todo era ya inútil. La gloria de Leonardo llenaba el universo.
Desgraciadamente, la Cena habia sido pintada, como hemos dicho, mediante un nuevo ó infortunado procedimiento (al óleo sobre cal), y en una habitación húmeda , que en cierta ocasión llegó á verse hasta inundada. A consecuencia de esto , la pintura empezó á caerse á pedazos, cuando aun no llevaba treinta años de existencia. También quiso la desgracia que el fogón de la cocina del convento se encontrara precisamente del otro lado de la misma pared ilustrada por Vinci , lo cual sometió á los colores á una alternativa de resecación y humedad que acabó por destruirlos. Después aconteció que los frailes, á fin de recibir la comida mas caliente , hicieron ¡ en medio de la obra maestra ! una ventana de comunicación entre el refectorio y la cocina ! En 1 726 , un tal Belloti, encargado de restaurar el fresco , llevó su temeridad hasta repintar casi todas las figuras. En 1 770 hizo lo mismo un señor Maser. En 1796 el refectorio era cuadra de la caballería francesa. Mas tarde sirvió de pajar. Algún tiempo después , no sé qué alma caritativa creyó encontrar un remedio á tantos males , tapiando á piedra y lodo la puerta de la habitación ; pero cuando á los pocos años se entró en ella, enconü-áronse indicios de que habia estado llena de agua, á consecuencia de un largo temporal, hasta una grande altura. jToda esta agua habia desaparecido por evaporación!... jFiguraos cómo estaría la obra de Vinci !— Finalmente, hace pocos años , el fresco ha sido restaurado en lo posible y con bastante inteligencia; pero repito que ya solo se trata de conservar en aquel sitio una sombra , un reflejo, una memoria de la perdida maravilla.
Dichosamente para el arte , mientras que unos destruían bárbaramente el cuadro de Sania María delle Grazie, otros lo copiaban y rehacían con religioso cuidado. Para ello buscaban la admirable copia , hecha al óleo sobre lienzo por un discípulo de Vinci (Marco d'Oggione): estudiaban los bocetos de las cabezas de los Apóstoles, que el grande artista habia conservado y que aun hoy existen en
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Inglaterra, y Bossi bacia un cartón, del tamaño del original , en que ateniéndose A los dibujos , noticias y restos que quedaban de la obra de Vinci, la restablecía tal como debió ser. En Yiena se ejecutaba un mosaico, que es acaso (á lo que dicen los artistas) un perfecto fac simile del primitivo fresco. En fin, Morguen, el insigne grabador, auxiliado por todos estos datos, á costa de largos viajes, después de pasar meses y meses en el húmedo refectorio y de emplear nada menos que seis años en su tarea , produjo un magnífico grabado que es un verdadero milagro del arte.
Yo conozco muchas de las copias y bocetos que acabo de citar, y ademas había visto esta mañana en el palacio Brera (y os lo ocultaba con toda intención) el boceto de la cabeza del mismo Cristo que figura en la Cena , dibujado con lápiz rojo y negro por Leonardo de Vinci ; yo he estudiado delante del fresco las muchas fotografías del mismo y del mosaico de Yiena que vende el cusíode; yo habia reparado también esta mañana en el dicho Museo, en otra copia al óleo por el caballero Rossi, y compulsando todas estas interpretaciones, reuniendo lodos estos elementos y contemplando detenidamente la obra original , en que á lo menos quedan las lineas generales , ó sea el dibujo y la composición , puedo decir que he entrevisto , que he sentido , que he comprendido aquel prodigio de la pintura.
Y á la verdad yo no sé qué me ha admirado mas en él : si la naturalidad y el arte de la composición; si la variedad y la energía de los afectos que espresa cada apóstol , ó si la hermosura verdaderamente celestial de Jesucristo.
El momento de la Cena elegido por Vinci es aquel en que el Redentor dice con melancólica ternura : — Amen dico vobis, (¡uia unas restrttm me traditttrux est. (En verdad os digo que uno de vosotros me lia de entregar.)
Estas palabras han producido en los discípulos un movimiento de asombro, de indignación , de curiosidad , de miedo... La fisonomía de Jesús (ya sabéis que me refiero á la original de Vinci que he visto en Brera) espresa dolor y mansedumbre. Sus manos estondidas traducen la paz y la resignación con que espera los mayores tormentos.
Simón, colocado el último, á la izquierda de Jesús, duda que haya entre ellos quien cometa semejante felonía , y está tranquilo como su conciencia. Tadeo, con aire sombrío , vuelve el rostro para no ver á Judas , cual si le asaltase una sospecha. Maleo repite enérgicamente las palabras del Salvador, como diciendo: «No debéis dudarlo, puesto que Jesús lo afirma. Entre nosotros hay un traidor, w Estos tres personajes forman un grupo, ó sea una escena del drama.— Luego viene otro episodio de mayor vida y mas poderosos afectos. Felipe, suavísima figura, se ha puesto de pie y se dirige á Cristo con las lágrimas en los ojos , diciéndole : «Yo no soy : yo te amo.» Santiago el Mayor, mudo de espanto , abre los brazos con energía , como si esclamara : «Lee , Señor, en mi corazón , y verás que ni podía sospechar que eso sucediera.» Tomás se acerca al Divino Maestro, por detrás de Santiago , y levantando el dedo con ciega furia , jura vengarle si tal sucede. — Kste segundo grupo no puede ser mas vehemente, mas persuasivo.
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mas inspirado. — Sigue el Hijo de María , bello sobre toda ponderación , grande en su humildad, imponente en su tristeza.— A su derecha está Juan, el dulce y amado apóstol , con la cabeza caida y las manos cruzadas , lleno de alliccion y de pesadumbre. Pedro estudia las fisonomías, pregunta á Juan y Ies amenaza á todos lleno de ira. Judas, sentado, afectando tranquilidad, revela en su semblante, sabiamente colocado por el artista en una media luz , la turbación del criminal que se ve descubierto. Attdréx, maravillado, parece decir: «Señor, no me dejes caer en semejante tentación.» Santiago el Justo mira á Pedro, acechando una ocasión de hablarle , cual si esperase saber por él de quién se trata. Bartolomé, en fin, está de pie y adelantado sobre la mesa, creyendo haber oido mal y como pidiendo á Cristo que repita sus palabras.
Tal es la acción del cuadro , vária en sus accidentes , y llena de interés y vida por su unidad. El semblante de cada apóstol es un trasunto fiel del carácter con que aparece en los Evangelios y de los hechos posteriores de su vida. Conservando todos el tipo judio , son , sin embargo , tan diferentes entre si como lo fueron en sus relaciones con Jesús y en sus predicaciones y escritos. Otros cuadros referentes á este asunto adolecen de monotonía y amaneramiento, á causa de estar todas las figuras sentadas en fila ; pero en la pintura de Yinci , aunque los doce discípulos se hallan también necesariamente en un mismo término, hay tal movimiento en las actitudes , tanto arte en la composición , tanta naturalidad y tanto fuego en cada personaje, que su obligada disposición delante de la mesa parece accidental ó escogida por el artista.
Al salir de Santa María delle Grazie, formé una lista de las mas notables iglesias de Milán ; tomé un carruaje , y díjele al cochero que me hiciese pasar por todas ellas.
Las iglesias de Milán pueden dividirse en tres clases. Antiguas basílicas, venerables por su fecha, por su rara arquitectura y por los grandes varones que figuran en su historia; iglesias del renacimiento, resplandecientes de lujo y alegría, é iglesias modernas, solo recomendables por su clasicismo artístico.
Entre las primeras , la que mas llama la atención es San Ambrogio , fundada por San Ambrosio en el siglo IV , y en la cual so cree tuvo efecto aquella célebre escena, tan soberanamente reproducida por la pintura, en que el dicho santo prohibe la entrada en el templo al emperador Teodosio , á consecuencia de haber este mandado degollar á 7,000 habitantes de Tesalónica. — También fue en esta iglesia donde San Agustin abjuró sus errores y se convirtió al cristianismo. — En ella predicaron San Basilio , San Juan Crisóstomo y otros Santos Padres, y bajo sus bóvedas fueron coronados muchos reyes y emperadores. — Monumentos de tan grandes tiempos son los innumerables bajo-relieves, bustos é inscripciones que decoran el atrio, verdadero museo de las artes cristianas. — El interior del templo ha sido restaurado varias veces y en diversos estilos, que le han arrebatado su primitivo carácter.
En San Lorenzo, también antiquísima, se encuentran asimismo grandes recuerdos de los primeros siglos de la Iglesia; entre otros, una capilla, cuya
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fundación se atribuye á la mujer de nuestro rey Ataúlfo. Muchos arqueólogos é historiadores niegan el hecho ; pero la tradición señala hasta el sepulcro que encerró las cenizas de Placidia.
San Nazaro Grande , erigida por San Ambrosio sobre un teatro gentil , y San Stéfano in Rroglio , edificada por San Estéban en el siglo V , merecen del mismo modo, como vestigios de las artes barbaras, todo el respeto y toda la admiración del viajero.
Las iglesias del renacimiento, que tanto abundan en Milán, son alegres, brillantes , lujosas como las habitaciones destinadas á saraos y festines en los palacios reales. El oro y el marmol relucen por todas partes. La pintura, la escultura y la arquitectura agotan todos los medios de lucir sus encantos, con tal de hermosear la casa de Dios ; y la verdad es (á mi juicio) que no logran sino profanarla.
La luz del sol refleja en los dorados capiteles de las columnas corintias , en los frescos de las cúpulas, en el bronce de los pedestales, en los marmoles bruñidos.—La riente hermosura que resulta de esto , es demasiado mundana. — San Alejandro y la Madona di San Celso son las que brillan mas por semejante estilo.
En cuanto á las iglesias de arquitectura greco-romana , lo mismo podrían servir para teatros que para bolsas , para templos de Y esta que para academias ó liceos.— Su belleza es puramente artística.
Réstame consignar que unas y otras deben visitarse aunque solo sea como museos de pintura. Luini , Ferrari , Crespi , Lodi , Borgognone y otros grandes artistas han dejado en ellas sus mejores obras.— En este sentido recomiendo á San Maurizio il Maggiore y á San Giorgio in Palazzo.
De camino que he recorrido todos estos templos , situados en opuestos estreñios de Milán , he visto la ciudad entera , asi los barrios elegantes como los habitados por la plebe.
En todos ellos he pasado á la puerta de seculares palacios , notables unos por su bella arquitectura , y otros por los históricos nombres que llevan.
Pero el lugar que mas me ha impresionado, á causa del sello de antigüedap que conservan lodos los edificios , es la Piazza dei Mercanli, verdadero centro del Milán de todas las épocas, foco de los motines, emporio del comercio, mentidero público, asiento do la Bolsa y atrio del palacio de la Ragione, construido para servir de asamblea al Consejo de los ochocientos , cuando Milán era república independiente.
En otras plazas he visto fuentes públicas bastante graciosas , pero no tan bellas como las puertas de la ciudad , entre las que merecen especial mención la Porta Oriéntale y la Porta Romana.
Esta última es un arco de triunfo, levantado para celebrar la entrada de Margarita de Austria, mujer de Felipe III de España, en la ciudad de Milán, cuando la ciudad de Milán era una capital de provincia dependiente de Madrid, como hoy Palma de Mallorca.
Finalmente, he pasado una media hora en la Biblioteca ambrosiana,
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donde he visto muchos libros, mas de 100,000; pero no he abierto ninguno.
En cambio he leído varias cartas de amor, originales de Lucrezia Borgia, dirigidas al cardenal Bembo.— Una de ellas dice: Ahí le envió, mi bien amado, algunos de estos mis cabellos que tantas veces elogiaste. . .
Al llegar á este punto, dióme la humorada de preguntar al bibliotecario:
— ¿Y los cabellos?
— Arriba los vera usted , me respondió este con la mayor seriedad .
Y en efecto, en una galería de objetos preciosos que hay sobre la biblioteca, enseñáronme después , al través de un cristal , un hermoso rizo de cabellos rubios perfectamente conservados.
Ya no hay mujeres como Lucrezia Borgia.
Mujer temible se llama hoy á aquella que devora la fortuna de los hombres . . .
i Hasta el crimen se ha empequeñecido entre nosotros !
La contemplación de los cabellos muertos de una mujer que fue muy hermosa y muy enamorada, conmueve siempre á los hombres* bien-nacidos... ¡Comjirendo que se guarde con tanto cuidado el pelo de aquella Magdalena impenitente!— Pero esto no es escribir : esto es pecar. — Yo me arrepiento de lo que acabo de decir, no sin dolerme de no haber sido victima de aquella mujer de cuatro maridos.
Lucrezia Borgia , Margarita de Valois y María Stuardo serán siempre compadecidas. . . j Ellas amaron mucho ! . . . — Mas dejemos esto.
Desde la Biblioteca ambrosiana fui en busca de mis nuevos amigos del hotel, el prusiano H. de V.— y el español duque de U.— , con quienes estaba citado, y nos marchamos juntos á visitar los cementerios, como buenos cristianos que somos («1 prusiano es protestante), y como víspera de difuntos que ha sido hoy.
Los cementerios de Milán son muy sencillos. Redúcensc á cstensos bosques de ' cruces de madera.
En ellos habia muchísima gente arrodillada , rezando , llorando ó cantando psalmos mortuorios. Todos tenian la cabeza descubierta. Nadie comia castañas ni otra cosa alguna.
Yo recordé nuestros cementerios do Madrid , y la sacrilega romería que va A ellos todos los años , en son de fiesta , á conmemorar los difuntos , y encontn'4 que en Milán se trata a la muerte mas cristianamente que entre nosotros.
Pero esta compunción era del público; no del gobierno.
El gobierno ha permitido que esta noche haya función en los teatros.— No es que yo proteste contra semejante tolerancia.— Solo consigno el hecho.
Y estoy tan lejos de protestar, que en este momento vengo del teatro.
Dos funciones interesantes se daban esta noche : la una era en el teatro Ré, donde se estrenaba el drama nuevo titulado: El desembarco de Garibaldien Sicilia ; y la otra , en el teatro de San Itedegonda , donde s« representaba : Daniel Manin ó Yenecia en 1848.
272 DE MADRID A ÑAPOLES.
Yo elegi este último , y el duque y el prusiano fueron de mi opinión.
En el teatro de San Redegonda cuesta un palco d'ordine nobile (esto es , la localidad mas cara que puede tomarse), la cantidad de 3 francos, comprendidas tres entradas. — Y sin embargo , ni el coliseo, ni la compañía ni el público eran
IMyuia.— Las Torres ¡uclinadiis.
de la última clase. — Ya os he dicho que el teatro para los italianos no es un artículo de lujo, sino de primera necesidad.
En cuanto al drama, escrito últimamente para escitar el amor y la compasión á la misera Venecia , tiene la fuerza de un millón de caballos. — En él se habla del rey de Ñapóles, llamándole simplemente el reij Bamba', en el se trata á
DE MAIUUI» A ÑAPOLES, 273 Pió IX de una manera lamentable; en él se nombra a Cavour, a Garibaldi, á Víctor Manuel , al emperador de Austria, á Radetzky y a otras muchos persona-
Viȟ de Venena.
J^que aii'lan por el mundo; en él hay PMMM y mueras, himnos, cañonazos, po- '•''ia austríaca , motines populares... todo lo que puede encender la sangre de •s masas.
Kl jiersouaje mas interesante , después del defensor de Venecia , es un inglés, Partidario ile la indpppndenna y de la unidad de Italia.
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El último acto sucede en Parts.
Manin , devorado por el amor patrio , por el dolor de ver sufrir bajo el yugo estranjero á la hermosa ciudad que creyó un dia hacer libre , y por la mas melancólica nostalgia, se encuentra moribundo.
En el momento de espirar, otórgale Dios la visión de lo porvenir, y presencia la emancipación de una y otra ciudad de Italia; y ve á Roma en un trono; y en torno suyo á Turin , Milán , Florencia , Nápoles , Ifelermo , Parma , Boloña , Módena... amorosamente agrupadas.
Todas estas ciudades eran representadas por otras tantas actrices, que daban forma corpórea a las imaginaciones del agonizante patricio.
Cada una llevaba la bandera y los atributos de su pasada historia , y los deponía á los pies de la capital de la península.
Era la alegoría de la unidad italiana.
Sin embargo, el canto de triunfo no se entonaba.
— ¿ V Venecia? preguntaba Manin...
¡ Y nadie respondía ! — Venecia yacía aun en triste servidumbre.
Entonces óyense remotos cañonazos , rumor de espadas y gritos de agonía. . — Todos tiemblan...
Pero hé aquí que por último estalla el himno de victoria... el ansiado canto de triunfo... y aparece en escena una mujer pulida, vestida de negro, llevando en la mano un estandarte hecho girones...
;Es Venecia!
[Venecia, que acaba de emanciparse y que se prosterna á los piésde Roma, concurriendo á formar con todas sus hermanas el que por tanto tiempo se ha llamado soñado reino!
Os lo diré con franqueza. Este llnal de un tan ridículo drama , tenia algo de sublime. Aquella alegoría estaba bien imaginada. El asunto era noble y digno... la causa de Venecia, justa... el entusiasmo de los actores indescriptible...
Asi es que el público lloraba y aplaudía. — ¡Venecia! ¡Venecia! gritaban ma¿> de mil voces.
Los músicos de la orquesta se habian puesto de pié , y tocaban vueltos de cara á los espectadores, á tln de manifestarles su emoción de este modo... I Hasta nosotros aplaudimos sin damos cuenta de ello !
Todavía no sé qué pensarán de las recientes acontecimientos en los deuiáá pueblos de Italia ; mas por lo que he visto en Milán desde que puse en él la planta hasta este momento, me atrevo á decir que la anexión de la Lombardla al Piamonte ha sido el deseo y el voto de todos los milaneses ; que no existen entre el Po y los Alpes elementos algunos de reacción , y que , por el contrario, la opinión pública, la opinión unánime, empuja á Víctor Manuel á ultimar su obra, libertando á Venecia y estableciendo su córte en Roma. La gratitud de los lombardos á los píamonteses solo puede compararse á su odio á los austríacos ; y su devoción y religiosidad son tan fervientes como profunda es la antipatía que les inspira el
DE MADRID A ÑAPOLES. 275 gobierno de los Estados Pontificios. Todas las personas con quienes habláis; desde el eclesiástico al militar; desde el procer al mendigo; asi el pobre ochero, á quien examináis para entretener los ocios de una caminata , como el escritor y el artista cuyas obras se ven espuestas en la calle ; lo mismo el rico comerciante, que el mozo de café , distinguen y separan perfectamente á Pió IX , representante de Jesucristo en la tierra, de Pió IX , rey de Roma; y aman y respetan al primero, tanto come combaten al segundo.
Al salir del teatro he reparado en que la luna empieza á menguar ; y como yo tenga empeño de entrar en Venecia de noche , en góndola y con luna, he decidido partir mañana mismo.
Nada me resta que ver en Milán.
Según estaba tratado, H. de V. me acompañará hasta Yerona, donde yo haré noche y permaneceré pasado mañana casi todo el dia.
El me esperará en Venecia, en el Hotel d'Europe:
De Yerona á Venecia se va en poco mas de cuatro horas.
Asi, pues, pasado mañana á la noche dormiré al blando arrullo de las lagunas , en el seno de la reina del Adriático.